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ANALIZAME
Con el corazón
Ocho hinchas vieron el partido junto al Suple.
Sufrieron, festejaron y, después, analizaron al equipo de Mostaza.

No hay ninguna duda: Racing los junta. Los moviliza, los apasiona, los
hace sentir únicos por poder vivir esa pasión inexplicable. El fanatismo
se transmite de generación en generación. La cuestión está en los
genes, ¿vio? Ellos son hinchas de la Academia y tratan, intentan no
perderse ningún partido del equipo de Mostaza Merlo. Está a la vista: aún
no son las cinco de la tarde de un miércoles y ellos han dejado sus
ocupaciones para ver a su querido Racing. Vibran, lloran, sufren, gozan,
festejan. Viven su locura académica con el corazón. Son hinchas, claro,
con las revoluciones a mil, ¿alguien les puede pedir un poco de frialdad
para analizar a su equipo?
El Suple lo hizo. Ayer, en el Cilindro, reunió a ocho simpatizantes con
un objetivo: que sean periodistas por un día. O periodistas-hinchas,
claro. Tampoco es cuestión de exigirles que su sangre deje de ser blanca
y celeste y se torne roja... (¡Eso jamás! El color de la sangre de la
gente común es prohibida por estos pagos) Ahora son ellos los que van a
analizar al equipo. ¿Quiénes? Señoras y señores racinguistas, con
ustedes... los hinchas.
"¡Ese es el Macaya de Racing!", se oyó a lo lejos sin que
nadie pudiera identificar al autor de semejante afirmación. La frase iba
dirigida a Julio Jofre, jubilado de largos pero bien llevados años.
"Fanático de Racing", según se autodefine. Se suma a la foto
grupal en el Hall de la Fama y se mueve a paso lento hacia la platea, en
donde verá el partido. Del más veterano pasamos al gurrumín. Y como son
dos los que acusan 17 abriles, las damas primero, pase, póngase cómoda.
Aquí está Vanesa Darrigan. "Soy estudiante y vivo en San
Telmo", se presenta la niña, para nada tímida, aunque sonrojada por
las cargadas de la multitud masculina. Así pasan, uno tras otro, los ocho
nuevos cronistas. Faltan minutos para el inicio del partido. Es hora de ir
a ocupar los lugares...
Ahora, a vivir, a sentir. "¡Goooooool! ¡Vamos, carajo!" A los
17 dejan parte de sus voces en el festejo del gol del Piquetero Arce. El
resto es lo de siempre. Sufrir, esperar un golcito más que no llega...
Aplausos al final, algunas dudas por lo que vendrá. Pero qué va, está
bien. Tres puntos.
El reencuentro es, otra vez, en el Hall de la Fama. "Cómo se sufre,
¡eh!", se oye. Hay caras todavía tensas de sufrimiento. Y llega la
hora de analizar el 1 a 0. Por lo menos, así lo ven ellos...
Gracias a OLÉ por la información
brindada.
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