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La cabeza llena de sentencias
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La cabeza llena de
sentencias

Autor: Alejandro Vallarino

 

Capítulo I


"Me sacaste del animal / para hacerme animal desgraciado"

"Tengo unas pocas herramientas para ver /que no veo nada"

H. P. Habber (Globalización y Poesía)


La cabeza llena de sentencias. Solo cuando descansan se puede vislumbrar algo.
Cuando no están no existe quien nos compare, quien nos juzgue, quien nos ponga en vereda ¿qué sería el hombre sin el deseo de ser algo distinto?.
Ser hombre, ser la criatura más alienada, más ruidosa, más librada a su suerte. Con un pie en lo que es y otro en lo que puede ser.
La criatura del ningún lado.


Es extraño no tener presentes continuamente los pulsos del corazón, los movimientos de los intestinos... Suceden simplemente. En cambio el cerebro- mejor dicho su proyección, la mente- no deja en paz nuestra atención.(Extraño por cierto , porque el nos proporciona el sentido de la atención)
Las lecturas, los hechos de cada día, la televisión, una frase pescada del zapping, alguna otra escuchada de espaldas en el colectivo. La criatura se alimenta, convierte a su capricho, los juicios, los hechos, en materia prima de su sistema. Les da jerarquía, los reemplaza, los reclasifica, los distorsiona, los olvida.....

Nunca se es profundo cuando se habla del avatar humano. Se avanza bajo la superficie y se descubre un abismo. Cuando se conquista ese abismo se descubre que no es más que otra superficie. Pienso en Platón, en Cervantes, pienso en Dostoievski, en Shakespeare, en Nietzsche, en Jung. Cada uno parece haber corrido los límites. Pero, ¿se puede avanzar en un Abismo? .Pienso en un ensayo que leí de H. P. Habber :"¿Será el hombre un señuelo del Universo para conocerse a sí mismo?" (Platón y Sócrates; ¿Cervantes y el Quijote?).

En un acceso de omnipotencia juvenil, de adolescente feroz y seguro en su inseguridad, quise hacerlo. Negué casi el cuerpo. " Si las manifestaciones espirituales hubieran sido suficientes, la creación del mundo habría sido innecesaria y vana." (Rumi). Probé ser santo, estrella de rock, poeta maldito con horario de oficina, buzo, diletante, negador, suicida, doliente, alma en pena, libertino.....Miré al mundo por sobre el hombro. En mi conciencia temía pecar de soberbia. Más bien pecaba de pueril.
El deseo desmedido, la actitud omnipotente, la soberbia, tienen mucho de ingenuidad infantil.
Viví al filo del mundo y no ví el otro lado. Me detuve entonces. Pensé en el verso de Rilke " Hilo de seda, tu penetras en la trama". Entonces detuve el mundo en gran medida, intenté verme sin pasión, pero tampoco vi el otro lado. Conócete a ti mismo no es observarse como una polilla seca clavada en un telgopor. Todo en nombre de la verdad.
"¿La verdad?. Un pasatiempos de adolescentes o un síntoma de senilidad" (E. M. Cioran)

Después llegó el dolor. Y ya no hubo teorías ni actitudes teatrales. No se puede pactar con el dolor, lo subrayé de alguna novela de Hemingway.
Yo era un día nublado. Nada podía hacer más que acostarme y esperar la mañana. Suplicar que al observarme con el primer pensamiento consciente, el dolor ya no estuviese. Pensaba en Marivaux: porque el hombre es tan limitado en todo, menos en la capacidad de sufrir. El dolor embrutece. Llegue a pensar en la muerte como única liberación. La niebla duró dos años. Mi mesa de luz tenía unos libros. Pensamientos de Pascal, ("Salomón y Job son los que mejor han conocido y hablado de la miseria del hombre: el uno, el más dichoso, y el otro, el más desgraciado; el uno, conociendo la vanidad de los placeres por experiencia; el otro, la realidad de los males") el Eclesiastés, ("No nos leemos en los muertos") los ensayos de Montaigne (".....los muertos nos trajeron hasta aquí y nos enseñaron prácticamente todo lo que sabemos.)
Pero por sobre todo me consolaba con una recopilación de los Mitos Ranqueles: "En un principio fue el Fuego Cósmico y el Vasto Abismo negro y celeste; la Tierra Despojada y el Agua Incontenida. Intentaron un acuerdo para limitar sus formas y funcionar como una unidad. Pero sus potencias no lograron armonizarse. De la fricción de sus conflictos se creo la Vida. Rápidamente se expandió por la Tierra, por el Fuego, el Aire, el Agua.
Pero los Elementos sintieron en la vida un parásito molesto. Intentaron quitársela sistemáticamente. Esto creo el Dolor. Y como todos sabemos el Dolor creo el Tiempo."

Eran los días de andar con los brazos abandonados al péndulo. Las manos abiertas, las palmas flojas y entregadas. La tristeza es también síntoma en los músculos.
-¿Qué hay que hacer cuando se está demasiado triste?
-Creo que tu problema no es sentirte triste, sino pensar que debes hacer algo.
(Gabriela Piafht ,"Doctor, dígame ya")

¿Qué me produjo tanto dolor?. Realmente no lo sé. La herida de la vida dije en algún momento. No lo sé. Puedo saber que lo desató. Fue una juvenil pena de amor.
Reconocer el fracaso de lo que siempre esperamos. El ser violentamente expulsado del territorio del amor. El dolor de resistirse a volver a la oscuridad. No lo sé.
"Prendiste un faso y la mente me hizo crack, bajé los peldaños y perdí mi rostro por ahí Y al salir te ví entre las sombras, y con mi mejor cara de tonto me fui. Y había un brillo en tu cara, y había alguna turbulencia; había alguna estupidez en mis "habías" y en tus gestos.
Anduve ciego y sin timón, ojos y alma; hice de mi dolor un carro sin control. Arrollé tu recuerdo, destruí mi calma, y con mi mejor cara de tonto me fui."

Lo extraño es que yo produje la ruptura (La separación física, no la otra). Como un estúpido Sansón que derrumba las columnas y se echa el templo del dolor encima. Nunca sabré bien por que lo hice. (Debo decir que, por sinceridad expresiva, evitaré el "siempre" y el "nunca", cambiándolos por los molestos "quizás" y "tal vez").
En la última película de Kurosawa "Madadayo", el maestro transita la vida estoicamente, pero sucumbe a un dolor paralizante en la vejez, por la pérdida de su gato.
Una vez leí por ahí que es digno sucumbir al dolor. En cambio al placer y a la alegría no. Un pensamiento de Pascal me parece.

En ese entonces renegué de todo lo que no era aprendido con dolor profundo. Había simplificado mi idea del mundo. Me había vuelto menos egoísta, " Algo bueno tiene el dolor profundo (dentro de su lógico horror), quita parte de tu ser de las mandíbulas de la existencia cotidiana". H. P. Habber (Globalización y Poesía).
Todo lo medía por "el peso en el pecho". Espero que alguien comprenda. En el pecho se "unen" el alma con la carne. Un sensor en "carne viva", en "alma viva", que no se cerraba. Pero demasiado dolor termina arruinándole el corazón al hombre. Un par de años después, sentado en un bar mugriento, descubrí que ya no estaba más.
El mundo no se explicaba entonces solo con dolor.

Ya no creo en el valor superior de lo "profundo "con respecto a lo "superficial". El entramado incluye todo. Mejor expresado: "Un cúmulo de polvo se ha formado en el fondo del anaquel, detrás de la fila de libros"..." Tal vez el cúmulo de polvo no sea menos útil para la trama que las naves que cargan un imperio o que la fragancia del nardo" (J. L. Borges 1982).


Ahora quiero preservarme. Aunque no sea más ese hombre único, doliente. "Un hombre alegre es uno más en el coro de los hombres alegres, un hombre triste no se parece a ningún hombre triste" (M. Benedetti).
Preservar mi carne, mi mente. El alma no sé. Los argumentos de su existencia son literatura (al igual que la idea de Dios, no puede ser otra cosa más que un prejuicio).
Por eso decidí escribir la novela. No manejo los códigos, ni conozco el armado de tramas, ni las trampas para retener a los lectores. Tampoco las estructuras, las metáforas, ni las perfecciones técnicas que gustan premiar los jurados.
Lo hago simplemente porque necesito el dinero del premio.
Y usaré las toscas herramientas que poseo.


Capítulo II


"La materia es el obstáculo entre la eternidad y la nada"
Pascual Blastein (Existencialismo y Dinero)


Cada momento que lucho por no levantarme y abandonar todo es un triunfo de alto esfuerzo. Las cosas se nos resisten, tienen su propio curso, no les importa nuestra voluntad.
¿Para qué hacer algo? Si el fin de todo es la muerte, la disolución, el olvido.
"Tanto ruido de transformar para el sencillo hecho de perdurar. Para reunirse con la Nada. Nosotros, la representación sensible de la Nada." (P. Murphy)
La existencia no necesita de nuestras obras. No necesita que la expresen, es en sí un infinito acto de expresión.
Pero yo he leído poemas, he escuchado sinfonías, canciones de rock y sentí el portal que se abre por mezquinos instantes. Eso justifica todo esfuerzo humano.
No somos hijos de lo que perdura, ni nuestras acciones, ni nuestros templos son aceptados por lo Eterno. Somos hijos del instante.
Nuestras biografías son desesperadas, trabajan contra el tiempo y la decadencia. El límite le da más espesor al canto y nuestra dolorosa insolencia (¿ignorancia?) contra la muerte lo hace bello.
La eternidad lo tiene todo, menos los límites caprichosos y violentos que cincelan la existencia. Citando a Blake "La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo". Me gustaría traer un fragmento de mi amiga Gabriela Piafht:
"Nos escapamos de entre tus dedos. Y si nos tomás con furia de posesión, simplemente nos disuelves. Nos podrás tener un instante, después nuestro recuerdo te atormentará.
No podrás jamás sentir, lo que es poseerse invencible y eterno, y a la vez ser tan frágil.
Somos un dibujo del polvo flotando en la brevedad, bello a trasluz, que desafía a una Nebulosa" (Eternity)

Sin embargo soy incapaz de sostener esta defensa de la fragilidad. Tengo momentos en que mi actitud es el espanto.
Miraba, de madrugada, un documental sobre momias.
Me vi en esos despojos secos. Vi el obvio fin de todo. Sin defenderme con religión, ni metafísica. Razón pura. Los científicos "conversan" con la momia. La miran desde sus instrumentos, su ecuanimidad ¿a ninguno le corroe la desesperación de saberse momia? El sentido de mi vida se hizo espanto. Pero de nuevo mi limitación me salvó (La "capacidad " de olvidar el espanto).
No creemos en la muerte. Por eso hacemos tanto daño. Por esperanza desesperada de zafar.
Recuerdo un sueño que tuve. Una voz impersonal me repetía que todo era gratis, "todo absolutamente se te ha regalado. Hasta la capacidad de sentir la pérdida."


Como pueden ver, tengo algún don precario para la cita y la metáfora. Pero no me interesa cantar. "Cantar es en efecto cosa de convalecientes, el hombre sano no canta" decía Nietzsche. O esos versos anónimos que cantábamos cuando éramos chicos:
"No pretendo el fin del dolor /la quebradura es inevitable/ pero para calmar la herida, pido que lo que se rompa, cante"
Cantar es inútil y hermoso. Lo hacen las ramas al partirse, las hinchadas de fútbol ante el inminente descenso de categoría. Los pájaros de jaula. Las ballenas aguardando la extinción.

Ahora tengo diez años. Es invierno. Estoy en la casa de mi amigo de la vereda de enfrente. Se hace de noche. Nos metemos a conversar con la abuela en la cocinita del fondo. Los techos son altos. La abuela prende una hornalla y se va entibiando el ambiente. Jugamos al culo sucio con las cartas ajadas. La hornalla sisea. Veo los flecos azules de la llama. Después contamos historias de aparecidos y fantasmas. El vidrio de la ventana deja escapar un recuadro de luz que se proyecta en el piso del patio. El resto es una inquietante tiniebla. Una pizarra negra para escribir todos mis temores de niño.

Ahora escribo mis fantasmas porque quiero el dinero del premio. Me he echado a perder. La necesidad inmediata es mezquina, embrutecedora. Vivimos en un lugar del mundo donde todo está estructurado para obligarnos a la carroña. Pienso en la naturaleza. Ser un animal herbívoro tampoco es una solución. ".. después de todo un tigre es una oveja que aprendió a comer carne." (William Blake)

Desde ya les aviso que la historia no va a ser redonda, ni los personajes van a estar cuidadosamente delineados. Las técnicas, si bien son necesarias, crean límites y recortan el vuelo.
Aunque pensándolo bien eso no es cierto. Bach por ejemplo trabajo con una armonía primitiva, simple. Sin embargo eso agudizó su ingenio al máximo y logro abrir por muchos instantes el "Portal". El don de vencer las circunstancias. También se refugió en el convento, el único lugar que pudo haber preservado su genio. Si hubiera vivido en nuestros tiempos, se hubiera hecho quizás estrella de rock.


Capítulo III

Ella me dijo, sin decirme:
- No soporté escuchar más las voces sin poder sentir jamás la Voz.
La entendí perfectamente.
(Gabriela Piafht ,"Doctor, dígame ya")


"El libro que no encierra un contralibro es considerado incompleto"
(J. L. Borges " Tlön, Uqbar, Orbis Tertius")


 

Señores Jurados, quiero defender mi posición. Si bien el motivo de escribir solo por el dinero parece ser no ético, mi necesidad parte de algo más profundo. Me siento abrumado. El casco psíquico que contiene lo que soy, no me tolera. Necesito el dinero también. Pero eso es solo un disparador. "Solo el artista dudoso parte del arte; el artista verdadero saca su materia de otra parte: de sí mismo..." (F. Klemm "El Banquete Telemático").

Lo que dije anteriormente del canto no es del todo verdadero. Hablé con un poco de resentimiento. Escribí poemas y canté durante más de quince años. Fui/soy ignorado por completo. Tengo entonces derecho a una molesta picazón de resentimiento.

He cumplido treinta y dos años. Mi diagnóstico es enfermo de deseos. La melancolía de la que me acusan los que me conocen no es más que deseos reprimidos. No me explico bien porque no trabajo para cumplirlos.
Mis acciones son a veces diametralmente opuestas. Me pregunto si en verdad deseo lo que realmente deseo. Creo que no.
Enfermo de deseos. Enfermo de no saberme. De morder mis límites y ver la corta cadena que separa mi collar del palo donde estoy atado.
Triste circunferencia trazo alrededor de lo que soy. ¿Por qué me doy cuenta?
He cumplido treinta y dos años. Aún soy joven para morir. Quien no muere joven merece morir decía Cioran creo.

"¿Quién concede todavía importancia a una muerte bien acabada? : Nadie. Hasta los ricos, que podrían sin embargo permitirse ese lujo, comienzan a hacerse descuidados e indiferentes; el deseo de tener una muerte propia es cada vez más raro. Dentro de poco será tan raro como una vida personal." (R. M. Rilke -Los cuadernos de Malte Laurids Brigge)

Estoy a tiempo. Sobrevivir a la lozanía es pactar con algunos demonios. No voy a nombrar la Legión, solo los que se me presentan ahora: Oportunismo, Avaricia, Astucia y sobre todo al que más temo: el de la Cobardía.
"Sobrevivir es trocar la lucidez de la palabra desinteresada, por la lucidez de la astucia muda."
Los griegos veían con desconfianza a los guerreros que llegaban a la madurez, ni hablar a la vejez." El amado del cielo muere joven." ( Menandro)
Sobrevivir es ahorrar el atado de leña. Se vive más tiempo pero medio muerto de frío Vivir es encender toda la carga y consumirse en una llamarada gigantesca y bella." No te quemes en conservarte" (Jim Morrison - The End).
¿Qué diferencia hace a la Eternidad veinticinco años, cuarenta, ochenta? Una chispa en sus procesos titánicos. Sin embargo para nosotros los hombres si la hay: Belleza, Dignidad.

Las sentencias me atormentan. Cuando lean (y premien tal vez) esta novela estaré muerto. Me interesa el dinero para cubrir en parte el dolor que provoqué y voy a provocar (muchos dolores humanos se curan con dinero; los que no se curan, entre otros, son la herida de la vida y el tormento de la avidez).
Aunque no me siento del todo culpable. Como escribía Kafka: " Ciertas culpas son también un acto de soberbia. Pretender que uno podría haber manejado las incontables tramas del suceder, cuando no se fue más que un pequeño codo que desencadenó los actos al final de la cañería cósmica. Nos deslumbra, nos culpa, ver los hechos ligados a nuestras acciones. Pero la trama es infinita. (Carta al padre).

Pienso que si tuviese ese dinero antes, quizás no elegiría la muerte, sino sobrevivir, con todo el atentado a la belleza y a la dignidad que eso implica. Como pueden ver, siempre surge la esperanza, se adapta a cualquier tipo de infortunios, hasta los irreparables. Dicen que fue el demonio más grande liberado de la caja de Pandora: la esperanza da vida al hombre para permitir que los demás males sigan mordiendo.
Otra voz que hay en mí me dice que sobrevivir también tiene su belleza, pero no puedo hacerle caso a todas, me llevarían a la muerte o a la locura...


Cesa y recomienza la lluvia. Si escampara y el sol secara, calmaría mi mal ánimo. Deseos que nos prometen. Camuflaje de sentidos. Calmando el vacío con sed.
El alma sigue turbia y echa culpas (en este momento se está inflamando el cielo nublado y casi pasa un rayo de sol hasta la pared)
Le tiro golosinas a mis voces, pero después de masticar arrebatadas, vuelven a lo que eran. Cuanto más compro, más quieren. Cuanto más dinero tengo, más caprichosas e impacientes se vuelven. "Tener dinero para así poder disfrutar en paz las cosas que no necesitan dinero, y pensar tranquilo como aumentar el capital" (Ambrose Bierce)
Nada en ésta góndola ensanchará mi espíritu, ni siquiera me dará un sentido más, ni ampliará mi cuerpo físico. No podré salir de mí, ni ser algo distinto al yo.
"...cuan recortado me vi. Como supe brutalmente mi contorno. Antes la medida de mis sueños se mezclaba con mi ser. Me hacía inmenso. Entonces llegó el recorte. Y me ví. Insoportable. La limitación. El dolor. La desesperación."

"Supe el valor de los momentos, que no había pasado ni futuro, solo un azote psicológico. Supe entonces el valor de los momentos. Y los quise coleccionar. Entonces descubrí que nunca supe el valor de los momentos."

"No puedo retenerlo, retenerlo es no comprenderlo.
(Krishnamurti Diarios de juventud).
Sin embargo, quiero tener.

Envejezco. Nunca más ser niño. Nunca más esa ventaja de ignorar las caravanas de sombras que suceden a las mezquinas bocanadas de luz.
Les regalo cosas, les invento historias a mis sobrinos para que me presten los ojos, para que me recuerden lo que es no saber.

Ahora me miro al espejo, con algunas canas y me digo, nunca más joven. Vivir es abandonar supuestos paraísos, pero no lo son. En paraísos se transforman por el dolor de abandonarlos. Cuando llegue la vejez presiento lo mismo. Seguramente abandonaría este estado de dolor actual, como un supuesto paraíso.

Trato de ser objetivo con los cambios. Aunque parezca extraño he notado que los rostros no solo se deterioran por la natural disolución de la materia. Se labran con la mezquindad y el resentimiento. Nos volvemos viejos y horribles.
Comienzo a ver esos indicios de fealdad en mi cara. Y ni mencionar el espíritu, "la vejez pone mas arrugas en el espíritu que en la cara" decía Montaigne.
Por momentos quiero y vuelvo a pensar como niño. Por momentos pienso como si mi vejez pronta ya estuviera. Tal vez nunca deje de ser niño y siempre fui viejo.
Las sentencias totalmente opuestas van arrebatándose los turnos en mi cabeza.


Capítulo IV


"El comercio es, en su esencia, satánico"
(Cohetazos - Charles Baudelaire)


"Alguien debió conservar y cuidar con amor este jardín de gente."
(Jerzy Kosinsky Desde el jardín)


"No blasfemes contra el diablo. Él pone la empresa de la cual comemos."
(A. Smith)


Los convencimientos morales de la juventud se van dejando seducir por la comodidad. Esa búsqueda de la verdad, esa mente afilada que no repara en gastos, le deja paso a una somnolencia mental. Temerosos de seguir perdiendo lo que día a día nos van quitando. Embrutecidos por tener que emplear tratos cada vez más miserables para sobrevivir.
Me vienen a la mente esos gallineros disfrazados con colores pasteles y diseños postmodernos. Con planes en cuotas tan siniestros que el mismo diablo envidiaría la ocurrencia. "...falsas promesas que se utilizan para justificar e idealizar la necesidad criminal e insaciable de vender" (John Berger).
La impotencia me pone mordaz. Recuerdo el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce :
"Hecha la publicidad, hecha la trampa."
"¿Quién puso el huevo por vez primera, el cliente o la vidriera?".

Toda la dispersión que iba llenando nuestros sentidos, ese tic tac lento como el sol que tiene la vida humana, queda bloqueado por la avidez.
Este orden económico es tan feroz y totalitario, que nos hace creer que es la única manera de vivir. Pero me animo a decir que vivir así es un acto de fe que se basa en "evidencias" en lugar de templos, milagros o reliquias. Fe en Darwin y el Dinero. Evidencias comprobables. El pez rico se come al pez pobre. La supervivencia del más adinerado. El poder adquisitivo aleja la Nada, la Muerte.
Hablando de Darwin, quisiera transcribir un poema de H. P. Habber que habla del tema, de una manera muy graciosa y patética:

Peleaba Darwin con unos monos
por el último trago de agua dulce
sobre el Beagle
Cayeron en revuelo
sus apuntes al océano
y Darwin igual tenía razón.

Estaba San Francisco esperando los estigmas
enfermo, famélico.
Renunciar al alimento terrenal
- lleno de miserias -
Renunciar a la existencia terrenal
- límites y penas -
por Pan y Vida Eternos
y Darwin seguía teniendo razón.
(San Francisco y Darwin)


No puedo negar que este orden en que vivimos, es bastante parecido a la naturaleza.
"Un terrible saurio clava sus colmillos de puñal en la carne de otra criatura. ¿De que avance me hablan?. Una decisión política o empresarial "clava" su dentellada en miles de seres indefensos. Sin hablar de los crímenes personales, diarios, domésticos, entre los cuales somos víctimas y victimarios en distinto orden. ¿De qué avance me hablan?" (¿De qué avance me hablan? -E. Sábato).
Nuestra nueva religión pone todas sus esperanzas en la tierra. Y negamos la muerte y la vejez, pero no se puede, terminan colándose en nuestras vidas en otras formas. Mujeres ricas y desesperadas estirándose los pellejos para no sentir que el tiempo las va apartando, les va quitando el alivio animal del sexo, las va acercando a la muerte. Pero solo engañan al espejo. " Detener la vejez, más patético que la vejez misma." P. Villanueva
Negamos la muerte, pero tenemos una oscura atracción a verla por TV. Ante una tragedia el despliegue para informarla es instantáneo, megatécnico.
Lástima qué remediar no nos sea más apetecible que fisgonear. Necesitamos ceremonias de muerte.
"No te borres las manchas de los hombres, vuelven y salen, furiosas, en nuevas formas"
Nos llenamos de aparatos, proyectos, objetos, compañías jóvenes y hermosas. Pero no podemos zafar.
" La frivolidad es la manera más barata de tener miedo". (Baudelaire)
Tal vez no sea la más barata, pero si la más perezosa. Y como decían las viejas :"Los perezosos trabajan más"
El sueño americano hace agua. No hay lugar en este mundo para que todo sea una planicie de podios.
No hay lugar para todos los destinos que deseamos. Sin embargo hay lugar en nuestras mentes para desearlos infinitamente. ¿Ese abismo en nuestra naturaleza alimenta este sistema?


Ya nada se lo ve como otrora.
Todas las mañanas que mateo mirando el jardín, son una sola. El recuerdo embota todo el sentido de asombro. Y cuanto más bagaje de recuerdos, más ciega es la mirada.
Cada vez se ve menos el mundo y más el peso de la mente.
"El presente estaría lleno de porvenires, si el pasado no proyectara sobre el una extraña sombra" (A. Gide)
Los miedos imaginarios se vuelven tan brillantes a cada despertar, como el sol real de cualquier niño que sale al patio.
Comenzamos a reescribir el pasado. Eso se ve claro en nuestros amigos. Van cambiando detalles de una anécdota en común y persisten a muerte en que fue así (¿o somos nosotros los distorsionadores tercos?).

"A medida que se asciende en pensamiento, se libera de ciertos pecados, pero se está expuesto a otros relativos a esa altura" ( F. Nietzsche- Fauna de montaña)
Pero no todo es malo para el que cumple años. Empezamos a levantar capas de nuestros pensamientos y debajo de lo que amábamos con pasión y justicia, encontramos otro tipo de intenciones; bondad por temor, inseguridad, búsqueda de sexo, reconocimiento.......
Nos sorprendemos repitiendo lo que detestábamos de nuestros padres (¿lo hacíamos porque nos latía inevitablemente?).
Y el pasar del tiempo modifica el sentido de la proporción: los jóvenes son cada vez más jóvenes. Los viejos son cada vez mas jóvenes. Los muertos van rejuveneciendo.

De niño pensaba que madurez era seguridad y claridad. Se ven muchos hombres seguros, eso es innegable, pero no claridad. La seguridad sin claridad.
Quizás la seguridad no sea más que un sentimiento. Como está estructurada la existencia, nada lo es. En nombre de ella hacemos más daño que el que nos hace la naturaleza y el azar. Y los que están más "seguros" en este mundo son lo que más daño hacen.
"No solo somos bocados del tiempo, de la existencia. El mundo de los hombres acaba con lo que el Universo nos perdona" ( M. de Montaigne).
Acumulamos por seguridad, progresamos, nos aislamos, desteñimos cada día con el lente "de lo que tememos y hay que prevenir". Queremos prevención.
Los cementerios están llenos de gente desprevenida, tanto como de gente prevenida...

"Si estás seguro, verás el fuego del infierno." ( Jalalud-Dim Rumi -El Masnavi)


Capítulo V

"No hay nada más mezquino que tener un jardín al fondo".
L. A. Spinetta (Jardín de Gente)

Avenida Rivadavia. Hacia la izquierda el Abismo del Once.
A la derecha la cúpula de Flores. Y una rebanada de sol.
No está muy bueno el aire. Soy ansioso, nunca espero el semáforo. Bajo el cordón. Un tonto que presiona la arteria. Allá Mc Donald´s. El olor de las hamburguesas. Corro ansioso a mi departamento sin ventanas. Me miro sin querer las venas de las muñecas. Siempre me ha dado impresión verlas. La arteria, la vena. Por donde pasa la vida, por donde se corta.
Nadie lavará mi ropa. La suciedad se acumula. Nadie va a hacer nada.
La cama está revuelta, como todas las veces sumadas que nos revolcamos.
Desde el pulmón (pozo cerrado por los cuatro costados) del edificio suben a la ventana olores y diálogos acoplados. Ya no pertenecen a personas, sino a una policriatura que habita allí. Un pájaro se posa en la cima. Canta. Y como el pozo amplifica la miseria de los vecinos, también lo hace con la belleza del canto.
Si quiero saber del cielo debo sacar la cabeza y buscarlo desde el fondo de ésta chimenea.
Cuando está muy oscuro(siempre), salgo por internet. Pero estoy acá, postergo nomás.
Las líneas de la web, se hunden en el tuétano de alguna criatura.
Las líneas del hombre solo, se hunden en la fibra de la existencia.
Regalé las plantas, se me secaban
donde no hay luz para ellas, no hay luz para mí (solía decir)
Pero no es así. Por un cruel milagro sigo haciendo fotosíntesis. El piano está callado, la música me ha abandonado, ¿o es que estoy curado?
El dinero es poco y a borbotón, por eso lo consumo compulsivo, como un alcohólico forzado a la abstención.
El comercio es voraz, apenas sé defenderme. Pero defenderse ahora es arremeter. Duermo solo casi siempre. Atento a los suspiros de la policriatura y el bidé que pierde.
Estoy como cansado ya, no de los músculos digamos. Estoy cansado del Ningún Lado.
Esperando que cada mañana de bruma, no sea una mañana de bruma.


Capítulo VI


" ¡Madame Bovary soy yo!"
(G. Flaubert)
"¡La Lejanía soy Yo!"
(Arcadia´s Waltz)

Ahora tengo una pequeña casita con un jardín tapiado. Tuve que optar. Entre una ventana en las alturas, con un brutal infinito, y un jardín de paredes con geometría de cielo, elegí el jardín.
El exceso de infinito en bóveda, me iba a llevar a la muerte.
Se está acabando el mes y aún no se como voy a pagar el alquiler
Toda la vida quise tener jardín. Ahora lo tengo pero no lo puedo disfrutar. (Cuando pedimos algo a Dios, o a la Providencia o a quien sea, debemos adjuntar que venga con el don de poder disfrutarlo).
Miro el césped y digo "me gustaría que fuese de mejor calidad"
Miro las hiedras y digo: "Lástima que son muy chicas aún". No hay contemplación sin
contaminar. El deseo susurra mentiroso: "al cumplirme te daré serena contemplación".
Ser como los árboles. Valientes, soportando vida y muerte donde la suerte, Dios, el hombre, el azar o que sé yo, los germinó.

Empezamos a ser viejos, sabemos algo ahora: los días son lentos y veloces los años. La belleza nos esquiva. Entonces creemos que tapiando un terrenito podemos retenerla. Los muros hacen al jardín brillante y estúpido. La insana humedad fomenta cosas que no prosperarían allí afuera.
Como un niño encerrado con los clásicos.
Si bien es verdad que necesito el dinero del premio, mentí anteriormente al decir que no se como pagar el alquiler de este mes. La plata casi está. Lo dije para darle más gravedad al relato.

Capítulo VII

"Ansiamos tener grandes y externas aventuras. Pero cada día interno que sucede en nuestra mezquina y vulgar vida, es mucho más profundo y complejo que cualquiera de esas aventuras."
Dr. H. P. Habber ("Carne y símbolo)

"Inclusive hasta el mecanismo interno del deseo de una aventura, es mucho más profundo que la misma"
María Teresa de Mc Gnany (Ampliaciones a la obra de H. P. Habber)


Recuerdo cuando perdí el antepenúltimo empleo. Me bañé, me vestí, con cuidado y apuro como si tuviera un compromiso de horario, y salí disparado a la calle. Por ese entonces comenzaron mis peregrinaciones simbólicas. Las nuevas digo, porque de niño hacía protoperegrinaciones.

Es solo un símbolo, como los peregrinos a Compostela.
Como los marmóreos pies en Grecia.
Es simplemente materia y conciencia.
Carne y símbolo.
Camino toco la piedra, vuelvo.
Observo a mi mente.
Carne y símbolo.
( "Carne y símbolo" - H. P. Habber)

Voy masticando un pensamiento generalmente doloroso. La vida de la calle me interrumpe, me distrae. El tránsito, el sexo, un diálogo banal, la lluvia, un edificio, unos chicos en bicicleta. No me detengo casi nunca. Incluso a veces acelero para restarle energía a la mente con los músculos. La noche que murió mi abuela mi madre se puso a fregar ropa compulsivamente. Yo acelero el paso.
Me gusta peregrinar a partir del atardecer. Ver como las gentes llegan de sus ocupaciones. Verlas reunidas a través de las ventanas de las casas, de los restaurantes. Todo, sumado a mi andar, me protege con un desamparo doloroso, aliviante. Caer en un pozo, sentir el fondo, no hay más de que preocuparse.

Ahora estoy dispuesto a inventarte. Extraña necesidad: irreal para poder tomarla, pero con un peso físico en el pecho. Pondré un rostro que vi por televisión. Yo no sé que es lo que quiero hacer con esos labios, mi tormento no se detiene en las prácticas sexuales.
Tus ojos de un azul, tonto y bello. Todo depende de mí. Soy el que arde con esas combinaciones.
Quiero besarte en primera instancia. Pero nunca podré violar más que tu psiquis y tu cuerpo. ¿Qué más lejos se puede?. Mirarme al espejo y ser vos. Sería bueno. Pero eso no justifica sentir tan intenso.

Ahora tenés el rostro de alguien que conocí.
Sigo peregrinando. Llego hasta tu casa, con la reja antirrobo, el jardincito encementado. Un gato blanco y marrón acurrucado. Un inmenso ¿fresno? ¿nogal? en la puerta. No distingo bien después de caminar tanto, sumada la oscuridad y mi presión baja. Pego la vuelta. Cruzo las vías de la estación Villa del Parque. Arcadia se llama en mis símbolos.
Como la tierra del ensueño pastoril en la que creían los griegos. Acá la gente no parece pobre, tiene hermosos jardines, vidrieras copiosas. Los niños tienen juguetes caros. Las chicas y los chicos tienen las curvas del deporte y el cuerpo en paz. Alimentados sistemáticamente con fibras. Y no con abdómenes de azúcares refinados.
Y por sobre todo en Arcadia vivís vos, aunque creo te mudaste, no importa, para mi mitología no afecta.
Una vuelta escribí, sin dejar de caminar:


Vals de Arcadia

¡Cómo se acuesta y se levanta todo cada día!
marea circular
mas dos olas nunca rompen igual
Avanzo y soy blanco de éste sol
sin sombras, han quedado abajo
Mediodía.
Cada abrazo su rato, bajo la constelación
el sosiego de no juzgar
el augurio de un pájaro
Cielos en rol sobre mis ojos
claroscuro alma de todos
cada cosa su demonio

Entrecierro los ojos y veo
geometrías de luces que van
Detener los colores
y no dejar de orbitar
Tironear los pulsos del aire
El río que adivina su cauce.
Luz manantial
La naturaleza su partitura ejecuta
creando dolor belleza
sin importar diferencia
Ser ingrávido y bello
no apoyado sobre nada
sobre desgracia de nada

¡Cómo se acuesta y se levanta todo!

Arcadia es como Strawberry Fields de John Lennon.

Mi sombra entra y sale de las otras sombras de la noche. Seguramente alguien ha visto las líneas vivas de mi cara, animadas por los focos y el andar, las luces de mercurio, el viento y los plátanos amarillentos.
Paso frente a un quiosco. Los adolescentes- pájaro. Y como pájaros, está en su naturaleza aletear escándalos y saquearnos los sembradíos.
Estoy conmigo mientras cruzo irradiando en la noche helada.
Debo exigir pulso a mi cuerpo para quitarle campo a mi mente.
Acelero el paso. Soy criatura de piel fría, carne tirana, hueso caliente,
mascando palabras. (Carne y Símbolo)

Llego a casa. Generalmente dejé alguna luz prendida. Me lleno un vaso de whisky.
En el mundo real no ha sucedido nada. La mente ha ido y venido por el tiempo y el espacio, por infinidad de supuestos. He perseguido la Lejanía.
Fui a buscar a alguien con quien fantaseo. Recuerdo un sueño donde me decías:
- Mi madre te ha visto rondando el suicidio por las vías
Sonreí, y pensé:
- Eso no es cierto, pero me sirve de excusa para no "deschavar" mi interés sentimental.
-Yo no toqué la rosa Señor" (me disculpo, me justifico).
-El romance consiste en mirar su lejanía y andar y andar, caminar y andar, caminar y acostarse exhausto y borracho.

Yo sé que todo es una ilusión. Yo sé que puedo destruir todo. Pero ¿que quedaría de mí si acabara con la locura?.
Yo sé bien" Ni el beso de la boca más hermosa borra las paredes de esta mazmorra". (M. de Unamuno- Del sentimiento trágico de la vida).
Pero como decía Cioran: "que es el hombre sino polvo prendado de fantasmas"
Si le quitamos los fantasmas, no queda más que polvo.

"No hay nada más allá de la hilera de paraísos"
Arcadia´s Waltz (La Tierra de los Consuelos)

Los días buenos y malos se suceden con cierta regularidad. Como en psicología, hay también en la vida "días compensatorios". Andando por la calle Yerbal, hacia el oeste, con el sol poniente delante. Algo cesó de rumiar. El ronroneo de la mente quizás. Como un zumbido que está siempre y ya no escuchamos por acostumbramiento. Pero se detiene y descubrimos que nos estaba perturbando.
Cesó. Ahí se reveló el contraluz de la tarde. Miré un álamo inmóvil. Una cara de sus hojas le daba existencia a la luz del sol. La otra cara, con su sombra, la nombraba.
Todos los contornos de las gentes y las cosas mordidos por la luz. Un haz de insectos. Ya se perdió el instante. Otra vez está el zumbido.
Somos como la tierra. Lo damos todo a cambio de unas gotas de lluvia.
Lo damos todo hasta hacernos grietas.
Quien pudiera dejarse suceder por la luz. La luz insostenible.
Quien pudiera tomar el estandarte de los poetas y hacer arco voltaico con el Infinito.

Sé que puedo enumerar un extraño conjunto. Momentos que no pidieron permiso a mi conciencia para conservarse. Fósiles de distintos tiempos, de distintas criaturas, que se han preservado sin importar nuestras explicaciones.
La brisa que me secó la transpiración en el cañón de dos edificios. Dos compases de Schumann. El Guardián de Kafka. La santidad de Baudelaire. El instante de amor que pagué brutalmente al dolor. Un camino ondulante al borde del lago Huechulafquen. Un momento de niños amarrados a mi cuello.
Excitado y ebrio, una madrugada helada de julio, entregado al animal, olvidando el dolor de ser humano.
Una tormenta eléctrica en Monte, que me aterrorizó bellamente, detrás del alambrado, detrás de la arboleda.
Esas veces que corrí de la playa hacia el mar, especialmente en la infancia y en el amor. El silencio de mi cerebro, esa vez sentado en tu casa. Con una ventana alta que miraba hacia el norte.
Una hermosa fila de plátanos, atestados de zorzales que cantaban con el albor.
Los ojos enfermos de lejanía que vivían en un noveno piso de Flores, pero padecían en el horizonte.
Una vez que vencí la culpa. Era invierno en Buenos Aires. Violé el ciclo de las estaciones por primera vez en mi vida. Y fuimos al Norte. Y me recuerdo un instante tendidos al sol, sin tocarnos. Quizás ese fue el punto más cercano de nuestras órbitas.


"Se cree que existe un camino seguro. Pero éste sería el camino de los muertos."
(C.G. Jung)

No tener miedo, ir cada despertar como pájaros que recortan el cielo, como el cielo...
Contorneándolos.
Niño tumbado, a cielo abierto, sin referencia con el terreno
Abismándose.
Desperté con la marca de un beso dado en sueños
y suena como madera ,acre y seca al herirse.
Voy leyendo el reflejo en el vientre de las nubes.
Los rincones vienen hacia mí. Y el zumbido del silencio....
Mi reflejo está entre el vidrio y la oscuridad.
Hechos de calles, que se cortan en terraplén, que se alejan doblando mi andar.....
Niños feroces, hechos de sobra, hechos de sombra. La sobra y sombra de nuestro pactar.
Cada hombre que espera tiene una ventana.
Y cada hombre triste que espera, despierta al alba.
Y tiene un jilguero que le canta en esa ventana.
Y es bueno a las nubes ver retirar su sombra de los campos del sol.
Los domingos hay más pájaros.


No pude resolver la ecuación entre el mundo, el cuerpo, la psiquis, lo que perdura y lo que no. El temor que paraliza, el temor que nos lanza. En el patio de éste cuartel veo cumplir a cada uno su quehacer del sobrevivir. Me siento sucio y eso es más urgente que la lluvia de materia que nos llega desde el cielo real. Me siento sucio. Y es tan sencillo purificarse. Tan sencillo y abundante como el agua.
Probablemente llegué tarde para tomar mi ración física de mundo.
Soñé con una mesa con una última taza de leche y unos panes de grasa.

" Duérmeme pronto
de la superficie del sobrevivir"
(R.M. Rilke)


Lo que más temo del temor, es su voz que no entiende razón. Su tiranía del cuerpo.
Su oscuridad que no me habla. El sinsentido que puede traer.
Necesito la razón de cada puntada, el símbolo que cure cada día. La señal infalible de cada encrucijada. Y que sea clara, tan clara como la que abre los pétalos. Como el mudo lenguaje que construye los nidos. Como el recto y resignado camino al cementerio de elefantes.
He experimentado, luego olvidado y más tarde escuchado por ahí: la envidia a los animales. El hombre no puede detener las voces, cruza la calle, ve la paz de un gato desperezándose. Un perro sucio y soñoliento echado contra un paredón soleado de otoño. Una bandada de gorriones emborrachando la mañana de un domingo.
Ellos despiertan el recuerdo de un estado de beatitud perdida.
Me dan ganas de transcribir un poema de Gabriela Piafht: (Sepan disculpar las continuas citas ajenas, pero me rondan inevitablemente).

La dignidad del felino
que en la estampa muscular
muestra la belleza de su fuerza
y en ella descansa

La raposería del homo,
librado de la extinción
por una astucia que por ser tal
jamás descansa.
(Omisión de Darwin)


Capítulo VIII


"No adhiero a ninguna religión, ni siquiera a la de la razón. Creo en lo inexplicable."

" La solución de la ciencia a los problemas humanos de la alienación, la soledad, el absurdo, el sinsentido, el dolor, la muerte...no ha pasado nunca de ser un electroshock a los locos."
Monseñor Sueiro (El túnel que Sábato no vió)


"Nadie ha logrado, hasta ahora, destejer el arco iris, para citar la extraña metáfora de John Keats" (J. L. Borges- Prólogos- )

 

Sepan disculpar si pierdo continuamente el hilo argumental de esta historia. Pero los hilos conductores demasiado razonables estropean el canto fantasma y mítico de las palabras.
Las palabras deberían encender destellos oscuros de abismo.
Para textos estériles están los carteles y las miles de publicaciones que primero existen, y nunca piensan.
Las bibliotecas deberían ser quemadas secularmente. Como bosques que se incendian para renovarse o depurarse. El fuego quizás sea tan sabio como el olvido. El fuego sabe.

Trato de dejar hablar a todas las voces, intentando ser claro y ordenado. Pero ser claro y ordenado es amputar, es mutilar los términos, darle un orden a las cosas del que en verdad carecen. O quizás lo contienen, lo superan. Como un gigantesco tsunami que se devora un ejemplar de la Enciclopedia Británica.
Perdonen por la desmesura de mis comparaciones ( y por el encono encendido sin chispa aparente. Culpa de las voces que no he podido conciliar). Si bien intento ser lógico, dejo suelto en el abismo varios lazos. La demasiada razón es demencia.
Señores, si creen que con sus métodos llegaran al fondo de un Big Bang, creo que están pecando de ingenuos y mutilados. La misma religión que ustedes profesan (La Ciencia) ha demostrado que avanzó destruyendo sus paradigmas básicos. Citando al doctor Habber:

"Ciencia: Religión que no se admite como tal"

"....y no defiendo señores
el bando de los fantasmas.
Todo es nombrar lo Innombrable
Cambiando las metáforas
Yo llamo metáforas a las explicaciones.
Eso me enseñaron los Poetas
El Arte no explica.
El Arte es un abismo que enseña otro abismo.
El Universo lo premia con la vigencia.
A ustedes científicos
los recuerda como anécdota".
("Destrucción de las premisas filosóficas" 1932).

El "avance racional" de la humanidad se usa en gran parte para cubrir nuestras necesidades irracionales. Sino salir a la calle y ver en que se emplea la tecnología. ¿Cuántos de todos esos cachivaches en verdad se adaptan a nuestras "necesidades racionales?.
No sabemos que nos mueve a obrar desde nuestro más inconciente abismo. Pero seguro que no es solo "la Razón". Tal vez un "cómplice oscuro" que actua desde las tinieblas.
Bien decía Borges "Una oscura maravilla nos acecha".

Nota: Al principio del Capítulo he citado a Monseñor Sueiro. Si bien soy un seguidor de sus libros, últimamente me ha decepcionado. En un programa de televisión le oí decir, tirando abajo toda su profundidad y claridad de mirada: "La ciencia llegará al final de su camino y estará Dios diciéndole: - Te estaba esperando -".



Capítulo IX

"No creo en los milagros, pero los espero"(Anónimo).

Ha sido largo el día de hoy. Mi corazón y el mundo se han sincronizado para complotarme. Veo todo oscuro y no reniego, siento dolor y a su vez rabiosa sabiduría, por creer ver las cosas del color que son.
Son oscuros los hombres, macabras las relaciones, abismales las distancias, absurdo el tiempo y su apremio, demasiado dolor para tan solo postergar la tumba. "La herida que me separa de mi cadáver". (E. Cioran)
Salgo del trabajo, la una y media de la madrugada.
Pienso: traje poco abrigo, tengo frío no tengo guita para un taxi. Voy hacia la parada del colectivo. Justo al llegar a la esquina veo uno que se me va. Me quedo parado. No hago ningún movimiento. Parado y mirando. Era lógico. Las cosas se nos resisten. De repente el colectivo se detiene media cuadra adelante y el chofer comienza a tocar bocina. Corro y subo. Le digo gracias.
No le hice ninguna seña. Me habrá visto la cara. Se calmó el dolor.
¡ Esa idea de los milagros que uno tiene! : noticias fantásticas, encuentros con personas sobresalientes, mucho dinero. Enfermedades brutalmente expulsadas...
Ese para mí fue un milagro, aunque no entre en ninguna de las características.
No puedo explicarlo, ni justificarlo. Son hechos que llegan a destiempo y nunca de la manera que esperamos.


Capítulo X

"La belleza no discrimina"
Martha Minujín (Federico, su madre y yo - Diálogos)


"Las almas repudian todo encierro"...

"Aquellas sombras del camino azul ¿dónde están?
Yo las comparo con cipreses que vi solo en sueños"
Spinetta (Artaud)

 

 

Ahora tengo dieciocho años. Voy cruzando un campo del batallón 601 de Ingenieros de Villa Martelli, llevando la vianda de comida para el puesto del otro lado. Me gusta hacer esto. Está oscuro y no hay luz. Me guío por los ojitos de las casas lejanas. Allá, del otro lado de la General Paz. La claridad de las estrellas va en aumento a medida que mi pupila la acepta. Unos cipreses lejanos, donde dentro de unos meses habrá un tiroteo feroz, después comienza la ciudad. La lejanía de los edificios me enferma los ojos, pero me hacen creer que existe otro mundo mejor. Quisiera caminar por esas calles, ver a las gentes en los negocios, ver las luces de las cocinas. Los destellos de los televisores. Conversar.
Nadie quiere atravesar el campo de noche. No puedo creer que no hayan descubierto el placer. No puedo entender que nadie me quiera quitar ese privilegio.
Me alejo de Ellos. Sus monstruos llagan el nudo de mi psiquis. Todo el día. Tampoco me dejan dormir. Hace unos días estaba de guardia. Faltaban quince minutos para que me releven. Estaba agotado. Había un catre. - "Me tiro unos minutos." dije.
Algo me traicionó. Dormí horas. Sentí ruidos y luces, voces. Abrí los ojos, los milicos me rodeaban. Una semana preso.
Todos los soldados del batallón tienen franco. Yo los miro irse.
Un sargento me da un castigo extra. Plantar hileras eternas de libustros, de rosales. Yo cavaba los pozos, plantaba con furia y dolor. Se hacía de noche, la tierra se enfriaba, yo plantaba. El sensible sargento decía "cuida las raíces", "no pises la gramilla".(Diez años después alguien que casualmente vió las plantas dijo que estaban inmensas y hermosas).
Estoy castigado, debo entregar la vianda de noche a través del campo. Pero ellos no entienden nada, en el mismo dolor está el remedio. Cruzo el campo. Ellos no están. Ahora siento la vital tiranía de las estrellas.

Tengo todavía el gusto del milagro del colectivo en el ánimo. No he comido nada en todo el día.
Conozco un bolichito cerca de la estación de Flores. Es tarde. Los padres de familia, ya cenaron. Pido una pizza para llevar. Me siento a esperar. Veo una puta vieja, pinturrajeada hasta el ridículo. Las personas que intentan detener la vejez me inspiran ternura, tal vez veo en ellas la desesperada lucha humana. Ella está casi sostenida contra el cristal, toma algo aceitoso que parece Gancia. Un borrachín, al fondo, con un vaso (mal lavado) de vino de la casa. Tiene la mirada derramada en la T.V. Pero seguro no la está mirando.
Verlos y pensarlos. Son esenciales. La puta y el borrachín son esenciales.

Tenemos miedo, apretamos las mejillas en el vientre de las putas y los putos, para buscar amparo, consuelo. Le preguntamos a la piedra, a la que talla el mar. Le gritamos a los fantasmas de esos hombres con otro saber. Pero fueron ahogados por una ley, la misma que a nosotros nos trajo, nos guía y nos pulverizará.
Verlo todo reflejado en mi espejo, distorsión vapuleada por fantasmas.
Todos esos seres sobreviviendo y sobreviviéndose que es también penoso. Creen que cada dolor es el último, que cada día es la víspera de la felicidad. Saben de la sucesión de sombras, pero creen que ellos se librarán.
Están también los que, cada vez que se emborrachan, dicen haber sido más grandes que las circunstancias y su acecho.
"Sobrevivimos a todas las Sombras, menos a la última. No menosprecies a ninguna. Todas te pudieron haber matado." (La Odisea Canto X -50 al 54)
Tienen un poema patrón en la frente, mentiroso, pretensioso, pero muy bello por cierto: El mundo es un lugar que existe solo cuando se llega. Nunca antes. Bienvenido somos entonces a la Existencia. Soy el primero aunque no lo sea. Soy el único aunque la humanidad esté saturada. En mí la vida empieza de nuevo, la maravilla vuelve a cero.
Renuevan el pacto a cada instante.
.
No puedo más con este dolor. Exagero: Es posible que pueda. Lo he sobrevivido todos éstos años. Pero no quiero más con este dolor.


Ahora tengo 18 años. Han pasado algunos meses desde ese refugio psíquico en los campos. Es invierno. Son las dos de la mañana. Llueve. Estoy en un puesto de guardia, tengo los pies mojados, llenos de hongos. A mi costado corre el apestoso Río Reconquista. La lluvia ataca el cristal.

Debo aceptar el insomnio de mis decisiones.
Toda grandeza ejecutada nos vuelve a cero. También cada canallada. Al amanecer del día siguiente, nadie se ha percatado de nada.

Ya ven señores jurados, estoy fragmentado. No puedo hallar ningún hilo conductor; de haber uno, sería el más misterioso de todos, el Tic Tac de la mente humana. Un intento, como el Ulises de Joyce que "reproduce la corriente de la conciencia sin filtrarla lógica o éticamente" ( Jung) pero desmañado, despojado y más barato. Admito no poder integrar los pedazos de lo que soy. No van a premiar tanta inconexión. Pero trato de sorprenderlos con una sinceridad inesperada y violenta. Probablemente eso no sea literatura. Pero cuando se recuperen del estupor, mi gente tendrá el dinero del premio.


Ahora tengo diecinueve años, son las cuatro y media de una madrugada de invierno. Me refugio en la cocina. Prendo tembloroso y urgente todas las hornallas. Debo presentarme en el cuartel. Tomo un té, apretando las manos contra la tasa para calentarlas. Miro fijo la llama de la hornalla que sisea. No puedo despejar el pesar de mis días.

Comparar mi dolor y la llama, con el espanto a la oscuridad de un hombre primitivo acurrucado en la fogata. Yo soy ese ser primitivo que nada entiende. Millones de años han pasado. Nada ha cambiado. Un hombre temeroso frente al fuego.

A medida que avanzo aprendo algún artificio. Por ejemplo saber escribir es saber tachar. Se me reveló por la práctica o por haberlo leído en algún lado.
Trato de decir la verdad. Y si no la digo, en el párrafo siguiente lo hago, poniendo en ridículo mi sentencia anterior, y así in eternum.(O hasta donde haga pie mi percepción; ¿qué otra cosa puedo hacer?).
Ese dinero con el cuál contaba para el alquiler ahora se pinchó. La plata del premio (y el reconocimiento) no me liberarían del sentido y la paradoja de la vida. Pero al menos el plato y el techo estarían. Los temores primarios, calmados.

Este es el segundo otoño que voy a pasar en este cuartel. Este fin de semana no tenemos radio ni T.V. El famoso levantamiento de Semana Santa. Sábado a la noche. Subido al puesto de guardia con un fusil y una caja de municiones. Ellos me ordenaban vigilar hacia el frente, listo para disparar. Entonces decidí que no lo haría. Descolgué el arma de mis hombros. Me apoyé contra una pared. Y no recuerdo más nada de esa noche. Tenía un rosario que no sé de donde había sacado. Lo apretaba con una mano. Decidí no plegarme a sus macabros conflictos. Me preparé para morir. Y no recuerdo más de esa noche. Tal vez una somnolencia divina me protegió del vértigo del dolor.

A la mañana siguiente ordenaron franco para todos los soldados.


Premien mi novela. Tengo necesidad de dinero y ego (no sé en que orden ponerlos). Al menos ver mi libro dentro de un par de años en una mesa de saldos. Algo para darle al Yo. Como pueden ver es muy inteligente y no tiene satisfacciones. Y ustedes saben (Jurados Inteligentes creo) inteligencia ignorada, sin sobar, es puro veneno.



Capítulo XI


"Ahora lo sé, hay algo más allá de los paraísos: La infancia"
(Arcadia´s Waltz " Tierra Santa")


Tengo 12 años ahora. Es un día de escuela, un martes o un jueves quizás, a la noche.
A la distancia pienso que ese pudo haber sido mi último día de la infancia.
Ya no me gustaba vestir como niño, copiaba a los adolescentes. Las vidrieras de los negocios me devolvían un cuerpo que no era el que esperaba, era desagradable. (Como el que me devuelven las vidrieras ahora en mi madurez).
Subí dolorido las escaleras del patio hasta mi cuarto. Era muy sensible a los juicios que los adultos y los muchachos más grandes tenían de mí. Abracé a mi perro de la infancia y lloré largo y rebalsado. Sabía que el mundo esperaba mi psiquis y mi cuerpo para el sacrificio.


Ahora tengo 19 años. Ya no soy más soldado. Esta vez el hueco entre las nubes pasa sobre mi vida. Es una mañana de domingo. ("Las mañanas de sol en Pompeya nos remiten a un estado de felicidad inexplicable, ya perdido")
Bordeo el terraplén desde la calle Centenera hasta Sáenz. Me meto en el gentío de la Feria de los Pájaros. El humo de los asados, se pone de acuerdo con mi estómago: es mediodía. Una cerveza de tres cuartos con un choripán. Camino sereno hasta el Puente Alsina. Subo y en medio del Riachuelo, miro hacia abajo el abismo de mugre.
Todo lo que existe está manchado. Pero tengo 19 años, un manojo de dolores, una guitarra, un hogar y la mirada limpia. Y por sobre todo, es mi rato de sol.
Vuelvo a casa caminando y haciendo combinaciones para ir siempre por las veredas con sol. Se constela en el cielo el momento exacto del domingo. Mañana temprano, el cadete, la calle y la oficina.
Los últimos rayos de la tarde en la pampa violada por los edificios. El frío que llena los espacios que abandona la luz. Los relatos por radio A.M. de los partidos de fútbol.
El momento exacto del domingo. La única tristeza que quizás el niño y el adulto miran con los mismos ojos, por la misma ventana.
Es la noche entrada. Hace frío. Una luna llena platea la escalera del patio que lleva a mi piecita. Las hojas de la parra la manchan. " Herrumbre de la plata"; mastico despacio para retener la metáfora. Me siento en la cama, pongo el reloj en hora, me quito los zapatos y las medias frías y húmedas. Ahora es todo más real.

Cuando cambié de la adolescencia a la juventud, me ayudé del alcohol para el traspaso. (Disculpen el humor y la ironía, pero los entendidos dicen que es un síntoma de salud. No puedo callar las voces, algunas son ácidas e irónicas)
Estaba una tarde de sábado en la casa de un amigo. Borracho por supuesto. Borracho mi amigo y yo, por si la oración anterior quedó ambigua. Sabía en esa época cocinar pizzas caseras. Había algo de cristiano en hacerlo. En hacer algo por alguien.
Estaba mezclando el engrudo en una olla. Tomé la botella de aceite (esos mastodontes de vidrio que vendían antes). Resbaló de mis manos, cayó, y aplastó mi dedo índice contra el borde de la copa con cerveza.Quebré el cristal. Un chorro de sangre salto de la carne, como en los bebederos del parque de mi infancia.
No puedo asegurar que los detalles sean exactos (hablé antes de la memoria que desfigura). Soy sensible a la sangre. Empecé a ver todo nublado. Y como sabía de mi debilidad me acosté en el piso, para reducir las consecuencias del desmayo. Después de eso no recuerdo más que oscuridad. Pero no en el sentido del color y la nada. Había tibieza. No era como el sueño donde se agitan de continuo criaturas. Había abandono, no había nada que acarrear, por eso no había dolor. Como quien se adentró en un océano donde ya no rigen las mismas leyes que en la tierra, donde descubrimos que hasta ese momento el ser ha llevado grilletes.
Fui entonces volviendo, traído violentamente, alguien me estaba cacheteando para que reaccionase. Sentí entonces dolor. Dolor de volver y tener otra vez que tomar mi peso, mis miedos, mi ceguera, mi ausencia.

Tengo veinte años y estoy en la sala de Anatomía.
No me he podido liberar psíquicamente de mis padres. Ellos me soban la espalda, porque siempre fui detrás de todos los palitos que me tiraron (y se los traje). Ellos me aman porque llegaré a donde ellos y los vecinos quieren que llegue. Y yo aún soy incapaz de herirlos.
Las clases de Química y Fisiología. Yo no leía filosofía en ese entonces. Ni poesía. Estudiaba, incorporaba los conceptos de la medicina, pero me estaban desgarrando. Reducían el sentido de la vida a funciones químicas, fisiológicas. Espantoso.
Vuelvo a la clase de Anatomía. Mi única y última clase.
El olor a formol de los cadáveres me embota. Están amarronados, duros. No se parecen en nada a la vida. Estoy al borde del desmayo. Las manos con sus uñitas, sus arrugas. Las historias, los cuerpos que han acariciado, el esfuerzo. Todo ¿ para qué?. En esos trozos de cadáveres veo mi propio cadáver. Mis compañeros estiran con pinzas las capas de la piel, los nervios. Yo veo personas, ellos están como desarmando una radio.
Ese fue mi último día en la facultad. Me acuerdo que llegué a mi casa. Había para comer un churrasco, irónico y espantoso. Prendí el televisor. Fito Páez estrenaba su video "Ciudad de pobres corazones".

Ya no voy más a la facultad. Han pasado un par de meses. Me voy a la casa de un amigo en los horarios de clase. No me animé a decirlo en casa. Igualmente mi actitud empieza a traer sospechas. Nadie me ve estudiar...
El día que abandoné la facultad fue una bisagra en mi vida. Estuve muchos, meses, algunos años diría sin poder pasar por ahí. Me cuesta hablar de esta parte, de la reacción de mi familia...

Ahora suena el teléfono es mi papá y tenemos una charla muy cordial después de muchos meses de no vernos, ni hablarnos.
Ese milagro de la compensación que vuelve. En el rincón más profundo de la llaga, de repente, surge el consuelo. Ahora estoy más sereno, no voy a hablar de lo que pasó cuando dejé la facultad.


Escribir. ¿Para qué?. Si terminamos siendo los conscientes y los inconscientes bocados de la nada, del tiempo, de la disolución. En el momento de escribir ésto estoy ebrio. Seguramente después lo corregiré y será más potable. Pienso en el dolor. Solo él nos muestra nuestros contornos, nos recuerda brutalmente hasta donde llegamos, nos destila una venenosa gota de pequeñez ante la inmensidad, ante la eternidad. Estando borracho, hablan en mi las voces más sentimentales.
Nosotros, los hombres, mezquinos, pequeños, pompas del tiempo, somos eternos e inmensos en dos cosas: en la capacidad de dolor (ya lo dijo Marivaux) y en la percepción de lo que nunca abarcaremos.
Quizás las dos inmensidades no son más que una.

"Sentado aquí, contemplo interminables
espacios detrás de ella, (la loma) y sobrehumanos
silencios, y una calma profundísima
mi pensamiento finge; poco falta
para que el corazón se espante."
Giacomo Leopardi (El Infinito)

Capítulo XII


"Todo es vano en esta vida. Si peleamos valientes contra la injusticia, el tiempo transforma todo en una quijotada. La complejidad de los eslabones es ingobernable, inexplicable y absurda, juzgándola con nuestra más profunda comprensión.
Lo que sobrevive no es nuestro razonamiento, sino el destello de nuestra actitud."

( H.P. Habber "Destrucción de las premisas filosóficas")

El abeto se encorva por el viento. Me siento psíquicamente fuerte. Y seguro. Voy en el colectivo. Llueve. Apenas distingo el trayecto por los vidrios empañados. Tengo ahora respuestas. Mi tristeza ahora es furia. No estoy curado. El mal es el mismo. Mutaron los síntomas. Una mujer me roza con el paraguas mojado. Siento ganas de agredirla. Tengo argumentos contra el mundo. Detesto el acercamiento humano. "Que una mayoría padezca la misma enfermedad, hace que un chancro en común se vea como una costumbre de nuestro pueblo que despierta pasiones y es bueno mantener."
"Los desesperados son mayoría y no lo saben. Tienen todos los síntomas, pero consideran sus estertores de enfermo como actos y palabras del sentido común."
(H. P. Habber. "Kierkegaard hoy")

No me interesa morderme las entrañas. Bien decía Nietzsche : somos serpientes que no saben si tienen dientes hasta que las pisan.
El tufo humano cegó los vidrios del colectivo. Me desorienté. Tengo argumentos decía. Imagino las situaciones. Lo que le voy a decir a mi jefe, a mis compañeros, a mi compañero. Ahora el colectivo tiene asientos libres. Me voy a quedar parado, falta poco para bajar. Me avergüenza sentarme y levantarme pronto. Tengo argumentos. Ahora no me siento tan seguro como antes. Apuro las cuadras que me faltan. La puta, me moje las zapatillas. Ahora me siento furioso otra vez. Cuando llego al trabajo, todos me saludan cordialmente.
Mi ego se aplaca. Me siento un estúpido.
Errores. Nada resulta ser como pienso. Los estados de ánimo, las intuiciones, los razonamientos, pretenden predecir, pero solo hacen más patética nuestra estadía. Las tomas de posición se tornan, por momentos, ridículas. Nuestra humanidad explica y predice cuando la gravedad es cero. Y sabemos que el vivir es un bestial manojo de gravedades, fuerzas, órbitas.
Me recuerdo en este momento una parte de Los hermanos Karamazov. Había un ermitaño llamado Zósima que hacia el fin de su vida olía a santidad. Ese era el comentario de la gente. Pero al morir, su cuerpo rápidamente comenzó a pudrirse y el ambiente se tornó irrespirable. Pienso en Pascal nuevamente "El hombre no es ángel ni es bestia, y la desdicha hace que el que quiere hacer el ángel hace la bestia."
Los santos dan la impresión de haber salteado la mitad del libro de lo humano. Borrado la mitad de la aventura humana. Aunque tal vez no sea así. Solo la distancia los hace santos. Por eso la Iglesia espera tanto para nombrarlos.
Este escrito mío también entra en la categoría del error, del no poder abarcar todo lo humano. Ni siquiera poder destilar una verdad. Bien decía el Dr. Habber "¿Será la verdad la suma de todos los errores?" ("Destrucción de las premisas filosóficas" 1932)
Las equivocaciones en la lectura del código genético facilitan las mutaciones. Y eso es fundamental en la vida y su evolución. ¿Somos hijos del error?.....


"Todo intento de elevación sucumbe ante los instintos primarios" (F. Kafka -Diarios)


Ahora tengo veinte años. Ya no más Facultad de Medicina. Tengo la cabeza llena de sentencias, pero no soy consciente aún. Tampoco puedo ver lo ávido que soy en recogerlas continuamente.
Por primera vez, he decidido vivir mi Oscuridad.
Comienzo con terror y furia. Las pautas son ancestrales. Ese choque de dos psiquis en la negrura. Quien se agacha y la chupa. Criaturas primitivas violan los cerrojos de la razón. Veo apenas oscuridades parciales que se mueven, dentro de la oscuridad total. Entonces mi Abismo escapa y me guía en la penumbra.

Tengo veinte años y voy con papel y una birome a todas partes. Mi intención es poder hacer poesía. Pero no obtengo más que guijarros de lo que soy, pedazos arponeados de mi estadía en la vida, escritos con subjetiva analítica (¿es eso poesía? )

Sueño con serpientes, mejor dicho con penes. Hay símbolos que son burlas a lo que queremos decir.
Mi oscuridad no me pertenece, sin embargo le pertenezco. Un gran dolor significa comprender eso. No conozco su historia, ni sus intenciones. Sin embargo esa oscuridad es la chispa que me quema, soy criatura de leña y de días.

Los baños donde no se baja sin poner primero la oscuridad en las pupilas. Donde se detiene el tiempo, donde la vida y la muerte tienen el valor de un intento. Es un subsuelo, hay penumbra, puedo ser mi parte oscura. La ausencia del absoluto se canjea en un deseo bucal. Son todos los ríos de los muertos que nos reclaman desde la sangre. Es el fin del límite entre esta piel y el afuera. Quien baja y la chupa. Algo en común hay en los baños, en la muerte y en la carne. Me enfurezco de semen hasta que el doctor Jeckyll me reclama. Afuera hay luz. Camino algunos instantes de sosiego.
He dado a la oscuridad un rato de esparcimiento.

Tengo una planilla vieja de la oficina doblada y arrugada en el bolsillo. Del lado no usado escribo, de pie, con letra destartalada, apoyando el papel en la palma:
"Falaz falencia in mente mordaz,
falange al falo y todo a la faz.
Esta es mi prisión.
Polvos, púas, campos, sol.
Tierra Santa el Más Acá.
Por más que haga, lo vuelvo a soñar.
Por más que no haga, lo vuelvo a soñar.
Todo intento de elevación, contra el Insecto es perdición.
Cárcel de falo, baraja a cargar. Gusto de Mozart , las plantas y el mar.
Y en la cruz puedo llorar, pero igual puedo matar.

Ahora a mis treinta y dos años, sigo siendo el mismo pibe con el mismo abismo. Hablo sobre él, eso no significa comprender ni acertar las palabras en el código de la carne.
Hombres del futuro leerán como nosotros su carne. Tal vez tampoco la comprendan.
Nosotros nos leemos y sencillamente nos miramos ser (algunos), sin remedio.
Ellos quizás modifiquen su ser, pero eso no les otorga ningún "porqué" ni "para qué ".
Se convertirán en otros seres con otros abismos. "No es la explicación de la sirena y su cantar lo que me hace sucumbir, sino el canto en sí". (La Odisea Canto XIII 290)

Pienso de nuevo en mis veinte años, vuelvo repentinamente a este presente. Invoco de nuevo el abismo. Escribo algo. Tengo los pies fríos. Me levanto. Me acerco a una hornalla de la cocina. Pienso en unos versos de mi adolescencia:
¿Elevarse por sobre uno mismo?
¿Poner un pie sobre la propia cabeza
para así poder ver más alto?
.
Miro al pasar la cuenta de teléfono. No quiero distraerme, me siento de nuevo en el escritorio, debo seguir hablando del Abismo. Si ganara el premio, no me tendría que preocupar tanto por las cuentas. No puedo volver a traer el tema. Pienso.
No sabemos los contornos del Abismo. Mis pies fríos y la cuenta del teléfono, también lo describen.

 

Capítulo XIII


El conocimiento objetivo se encuentra detrás de la dependencia afectiva.
Parece ser el misterio fundamental
(C.C. Jung)


Los sentimientos no son ni un fin, ni un clima imperante a padecer: son un arma de conocimiento. Leopoldo Lugones "El ángel de la sombra"


Todo lo que ahora odias de mí, es lo que te enamoró perdidamente.
Hace unos años venía yo de abandonar trabajo tras trabajo. Era un joven místico. Soportaba injusticias, salarios paupérrimos, tratos soberbios.....Nada me vulneraba.
Sucedía alguna vez un pequeño gesto, como que nos suspendieran el café, o me dieran una tarea encomendada en mal tono. Entonces me desataba. He ido a trabajar, sin sospechar que antes de terminado el día iba a renunciar.
Una de esas decisiones intempestivas me llevó a conocerte.
Todos los días hacemos parecidos actos, insignificantes, mundanos. Pero de repente, algo pequeño hecho en el momento exacto, nos cambia la vida para siempre. Como si fuésemos cuerpos en el espacio, bombardeados por piedras cósmicas constantemente. Pero un día una nos pega y por un extraño misterio de circunstancias cambia nuestra órbita para siempre.
Trabajábamos juntos. Sentía que excusabas siempre para estar cerca mío. Empezaba a tocar el piano en el estudio, y te sentabas atrás con tu cigarrillo a escuchar. Yo intuía. Yo sabía que eras para mí. Vos también sabías.
La primera vez, estábamos borrachos. No me agradó tu sudor dulzón, pero ya me había enamorado. No había nada físico. Amaba lo que te animaba. Lo que hacía que tuvieras esa expresión en tu boca. Lo que te daba ese brillo en los ojos. Lo que daba ese altibajo a tu voz, a tus palabras. Amaba la música que ejecutaba tu risa; no tu risa, era solo el instrumento.

Ahora odiás el golpeteo de las teclas. Es lógico. Amar y odiar es el mismo bote que da vuelta de campana.

Ahora que somos dos, son entendibles esos raptos de intolerancia, los tengo contra mi propio ser, contra mis voces.

Ayer te dormías y tu rostro soltaba las amarras. Me sentí feliz . Que bueno es verte adormecer así, ver como te abandonan algunos de los más feroces acicates (y también cancerberos) del mundo y del abismo.

A veces te miento imágenes románticas y patéticas que no siento, para ver esos dibujos de alegría en tu rostro. La mentira es pan y techo también.
Bajo la música de Mozart, para escuchar la música de tus llaves que llegan.
Copula cada una de ellas deseando completar la forma. Esa es la medida de mi amor. Como cuando esperaba a mi papá en las noches con el alma montada al oído, entredormido, comparando cada motor de auto que estacionaba; esperando la secuencia:
llaves, golpe de la puerta, pasos en la escalera. Esa es la medida del amor.

Pero amar y odiar son solo dos mojones en esta existencia.
El resto (la casi totalidad de la vida digamos) es un inasible entramado. Bien decía el poeta "más allá de las tinieblas afectivas".

"No puedo entenderme, sé que a veces soy brutalmente sencillo y efectivo como una caricia.
Yo grito sin muecas (el grito más terrible). Nadie puede saberme, apenas me veo.
Tampoco puedo saberlos a los demás. Esto se transforma en una desesperada rabia de innumerables Yo. Y todo en silencio."

" Un cerrojo hecho de silencio. ¿Cómo encontrarlo, cómo abrirlo, cómo transmitirlo?".

( Arcadia´s Waltz - La Tierra de los Consuelos)
.


"Hay un dolor que no se puede objetivar. Puedo seguir palabreando, pero no estoy hablando de él. No se lo puede describir porque su herida sangra silencio."

(Gabriela Piafht "La Cordura también es una Abismo")




Capítulo XIV

¿Qué es el genio sino el talento sumado a las conexiones con el infinito?
( H. P. Habber "El solo talento como agente cretinizador")

" El talento consiste en darle un canto a lo que era mudo."
( Jean Genet -Diario de un ladrón).

Antes de seguir, quiero pedir disculpas por traer tanto en sentencias al Dr. H. P. Habber.
Sus obras han influido de manera irrecuperable en mi vida. Y no citarlas sería negar parte de lo que soy. "No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas" decía William Blake .Me gustaría difundir sus libros, prácticamente desconocidos.


Me elaboro para buscar reconocimiento. No se como continuar. Me he propuesto que si fracasa mi novela (A pesar de mi seguridad, todas las voces me conviven) daré como alternativa escritos que superan los míos. Si no soy un buen escritor, seré un buen guía.
El orden es azaroso, casual y arbitrario (quizás una forma de orden supremo; eso sonó a Borges). Con paciencia, El Quijote (aunque no conozco nadie que lo haya leído completo). Las cartas de Séneca, Pensamientos de Pascal, Los demonios de Dostoievski, cualquier libro de Krisnamurti, algo de Jung (buscado al azar, el sincronismo entre lo existente nos guiará). Ficciones de Borges. Rilke, desde su epitafio hacia atrás. Los relatos cortos de Kafka, principalmente Ante la Ley. Macbeth, Zaratustra de Nietszche, Meditaciones de Marco Aurelio. El Eclesiastés, Las Mil y una Noches....
Tengo una lista de mis libros predilectos que legaré a la Biblioteca San Cirano. Me da pereza transcribirla. (No me he expresado bien. Cuando digo predilectos hablo por la impresión que me han causado, coincidiendo con opiniones de grandes hombres; por cierto un grado bastante cretino de vanidad el mío. ). De todas maneras pienso: ¿A quien le interesa mis conocimientos?. Creo que una de mis voces desvaría y me hace creer que soy una celebridad oscura, aguardando ser reconocida por el mundo. Un Kafka, un Pessoa.
Una de mis voces quiere darle un sentido a mi vida, quiere que deje un legado, una ruta.
Otra de mis voces escribió una vez:

"¿Quién habrá dicho que al Tiempo le debemos frutos?.
Tal vez los árboles o el ganado parturiento.
¿Porque las paralelas que se plegaron en mi frente
exigen algún logro para justificarse?".


Mi muerte está próxima.
Y en este momento no me preocupa el más allá, ni la inmortalidad del alma. No se como más llenar estas páginas.
Profundizo en lo superficial para encontrar tema, la Muerte es inasible y más para algo tan artificial como la novela.
Si quitara el tema de mi muerte a este escrito, bajaría su interés notablemente.

Tengo momentos en que el pesimismo me hace ver resaltado el artificio de la aventura humana. La parte técnica de la sinfonía. La matemática de la armonía. El código de la palabra. La secuencia de la novela. El verso de la canción que busca aplauso en el inconsciente colectivo de moda. (¿Será leer la corriente de la masa, alta sabiduría?).
Pero algo sucede, las cosas superan a los artificios que las componen.
No es lo mismo: átomo, gen, un tejido vivo, un hombre. Si bien cada uno forma al otro, algo sucede cuando se avanza en los planos. Una novela no es un conjunto de signos escritos. Se convierte en algo distinto.

Hoy el pensamiento de las deudas me abruma. No logro concentrarme para escribir. Tengo rabia contra el vulgo. También pena. Camino por la vereda de una Iglesia de un barrio de guita. El rebaño que sale de misa me intercepta. Se me hiela la sangre del terror.
Los cristianos repiten "a los tibios los vomita Dios." ¿Cuántos de estos " calientes" nos vomitan en nombre de Dios?. "La iglesia le debe tanto a Satán como a Cristo. Sin la ayuda demoníaca no hubiera acrecentado su poder económico y político en la tierra". (Voltaire)
"La historia de la Iglesia es un Catálogo del crimen, ojo no dije la Iglesia, sino su historia" (Monseñor Sueiro)
Cuanto más fuera de sí ponen al Diablo las personas, más insanas y dañinas se me presentan. La música del barroco sonaba tan celestial, porque los hombres pensaban en el mal, como algo ajeno a ellos. Con el tiempo fuimos ganando en disonancia, hasta hoy que no se concibe arte sin una cuota de maldad. Es interesante distinguir a los hombres por el lugar dónde colocan al diablo.
"Ante un acto de injusticia, una violación, un asesinato, un hecho aberrante, la turba sale indignada a linchar al criminal. Una legión de demonios mueve su acto de justicia" (Cohetazos - C. Baudelaire)

SATÁN
Oh Satán, Padre de mis abismos
manipulador del Bien
Escondido bajo un ramo de flores hermosas
alcanzo a llevar cualquier intención voluptuosa.

Oh Satán, he pecado de modestia sabiendo que soy mejor
Y no lo he dicho por soberbia mayúscula, la del Silencio
y encima por demostrar en mi persona un alto control.

Oh Satán, amante del pecado
Sin embargo hay uno que jamás cometerías:
El suicidio, ¿Qué mejor manera de acabar con el Mal
que la Inexistencia?

Oh Satán Enemigo de la Muerte, Padre Protector de la Vida
¿Dónde hincarías los dientes si Existencia no hubiera?
La vida, esa brutal plaga,
Tan implacable y obstinada como la muerte.
Cada una brota de las cenizas de la otra.
Cada una se devora el Ave Fénix de la otra.
La Fragilidad poderosa como la Destrucción.
El Universo no puede dejar de generarlas.

Espero y escribo. Paro y espero. Desespero. Trato de calmarme. Recuerdo la metáfora del náufrago que patalea desesperado y se ahoga más rápido. Cuando tenía diecisiete me interne en el mar y no podía regresar. Tuve un fogonazo de desesperación. Vi mi vida, mis afectos en un instante. Lo que nunca más. Pero me contuve. Una sabiduria desconocida (en ese entonces yo no estudiaba ni leía) me hizo entender que escuchar la desesperación era el camino seguro al lecho del océano.
Nadé lentamente y comencé a pedir ayuda.

Ahora espero y escribo. El Sol. Desde mi cama. Dejo una ranura entre las cortinas. Mi primer acción en el mundo consciente es mirar por ahí, si el paredón de enfrente está opaco o inflamado.

El sol hiere el aire. El oxigeno sangra de azul.
El sol. En el suburbio de su haz muere. Pero el Universo, mezquino con sus partículas, no lo pierde, lo transforma. Lo hace metáfora. La vida.

Espero y escribo. Cuando no sé que hacer, vuelvo al Sol. Aunque esté débil, con su arco demasiado cercano al horizonte del norte.
Pensar. Un día será mi último sol. Eso lo vuelve más intenso.
Los días nublados, la lluvia. El menguante otoño. Las hojas que amarillean. Los botones de las ramas se han detenido.
Vastedades cósmicas inflamadas, también mi mejilla; en el mismo instante.


A esta altura del relato empiezan a bifurcarse senderos de dificultades técnicas que antes no veía. Trato de dominar la situación contando con profunda sinceridad (en el grado que me fue otorgada por supuesto; al igual que la verdad, cada ser soporta un nivel distinto).
Esto me salva de pintar creíbles personajes. El personaje soy yo. No estoy modificado ni mimetizado. Tampoco he falseado los hechos. (Salvando por supuesto la mutación que significa percibir, retener, y reproducir un hecho con mi carga subjetiva; utilizando encima el código de la palabra con su limitación; mi estrechez en su manejo, la pérdida en el traspaso.)
Soy reiterativo. Vuelvo a decir lo mismo entonces, modificando unas pocas imágenes, encarándolo con otra metáfora. La realidad suele también repetir los hechos, pero cambiados en sus infinitos detalles. (Mi mala memoria no me facilita el plagio. He tenido que desarrollar lo razonable, perceptivo y creativo, no por talento, sino por sobrevivir sin el asfalto cómodo de la memoria).




Capítulo XV



"También la luz es un abismo"
(Olga Orozco)


Ahora tengo veintiséis años. Mis pasiones han descansado un poco. Visto desde la distancia, estoy en un meandro del río de mis días.
La última vez que vi mi amiga, la poeta Gabriela Piafht, estaba en la cama del hospital. Tenía los cachetes rozagantes por la fiebre. Me impresionaron los brazos: la piel tirante forraba el límite que nadie quería ver.
En ese entonces yo no sabía (ni quería) leer esos signos.
La sala del Hospital tenía un tufo aséptico y caliente. El televisor encendido.
Los almuerzos de Mirtha Legrand .Gabriela hizo una observación femenina y típica:
-El vestido no la favorece. Las mujeres después de la menopausia echan panza-
Después se lamento porque el disco compacto de Charly García, saltaba justo en el mejor tema.
Nunca pensé que alguien a pocas horas de morir tuviera esos pensamientos. Tan de todos los días. Tan cercanos.
Había un cuaderno en una silla próxima, con una lapicera enganchada en la tapa. No me animé a preguntarle si había escrito, por temor a que me enseñara algo patético. En la mesa de Luz estaba el tomo 1 de Los Miserables. Hizo después un comentario emocionado sobre Monseñor Buendía. Ella que era tan violenta contra la hipocresía y demás ponzoñas de los católicos.
Después unas palabras fatigadas e inconexas. Le había subido la fiebre.
Esa fue la última vez.
Me pregunto si nos volveremos a ver.
Días antes le había dado un poema, buscando ser aprobado como poeta:

Ella es criatura a imagen y semejanza del dolor
La canción que rasga en el muro eterno
El silencio infinito, anterior al universo

Perdida en vida, sometida a leyes, todas turbulentas
obligada a no entenderlas,
pero condenada por un absurdo a sentir

Y suele estar tan triste que juega
a enroscar las hilachas de la túnica
de la muerte en sus dedos

"Serán aquellos romances de infancia que nos dejan
los ojos enfermos de lejanía" (*)
o las mareas a destiempo, entes culpables

Ella no supo darle vida a nada en el hueco inmenso
y estéril de la ausencia
Su pasión es ahora contemplarse sangrando.

Respiró hondo, después pensó,
"aún no es el tiempo, no me impregné
lo suficiente el olor de la tierra mojada".
--------------
(*) Metáfora citada textual del libro Adán Buenos Ayres de Leopoldo Marechal

Le regalé el manuscrito. Lo miró sin leerlo. Lo hizo un bollo y lo guardó en un bolsillo. Sacó un sobre con cocaína. Iba por el segundo. Estaba fría. La intenté convencer para que me lo diera. No lo logré, pero igual me lo dió. Lo tiré al inodoro.
Yo la conocía bien. La sabía dulce, cantable, farsante, furiosa. Pero nunca sin corazón.

Hoy a la distancia pienso que no hay superficie ni profundidad. Todo pertenece al Abismo.


Busco resistir. Pienso en algo que pesqué haciendo zapping. Una película donde alguien decía, "aún no existe la salida, solo calmarse y flotar".
Me gusta ver lo inmenso en un pequeño rincón. Una sensación de grandeza desoladora. Una rama podrida. El pasto que la rodea. La luz y la sombra aleándose. Un insecto que descubro agudizando la vista. Un terrón de tierra...Y puedo seguir, sin detenerme, hasta el vértigo.
No hay que llegar a ningún lado.
No hay más profundidad en descubrir un salto en la Física, o ser el patrón de este shopping feroz, que en levantarse a la mañana, orinar largo, mirarse al espejo, poner la pava al fuego. Casi todos entendemos las evidencias.

Unos sabios dicen "defiéndete"
Otros "Entrégate" "Ignóralos" "Apártate"
"Únete", "Abandónate" "Atropéllalos" "Compréndelos"
A otros no les creí.
A todos los he escuchado
y ya....¿Cuánto tiempo ha pasado?
(Arcadia`s Waltz - Canción sin fundamento-)


Ayer decía no quiero más evidencias, ni literatura, no quiero más música, basta de sentencias. Penetrar el sistema en que vivimos, disfrutar de sus beneficios, no ser la víctima siempre. Y no esta estúpida resistencia. No sé a que pegarle. No tengo ni un molino para desahogarme. ¿Quién nos presiona? ¿Las empresas?. Cuando se observa sin furia se ve que están llenas de infelices como nosotros.
La mayor arma del demonio no es hacernos creer que no existe, su terrible poder es no existir en estado puro. No trazar una línea entre el bien y el mal. A tal punto que todo bien está contaminado de mal. Y viceversa. Y es imposible separarlos sin destruir la trama vital de las personas, de la naturaleza, ¿del Universo?.

Desde que descubrí esta "sentencia", estoy casi inmóvil. Miro cada mañana temprano, como un demente, los movimientos de la luz arácnida trepando los muros. Su enloquecedor juego en la materia. Las copas en hilera. Me gustaría entonces borrarme los límites. Soy un ángulo desde donde ver. Un sentimiento totalmente arbitrario. Una circunstancia del Universo.
La luz del sol empuja sombras sobre el estanque de césped. Todo se mueve. Ahora me siento sosegado. Recuerdo unos versos de Rilke:

......como quien va en un tren.
No ve moverse a velocidad
a sus compañeros de viaje
por estar sujetos al mismo andar.
Espejismos que nos liberan
de la brutalidad de percibir
el constante cambio.

Tengo una efímera fe. Creo en el movimiento. La luz del sol llega a mi pared. Observo cada una de las sombras que da, sigo el itinerario de los claroscuros, la veo subir por el paredón hasta marcharse. Después atenuarse en el celeste. (El horizonte no lo veo pues vivo en el corazón de la ciudad). Finalmente cede ante los ojos de las estrellas.

Los días nublados son terribles para mí. El tiempo de la luz me lleva en cierto modo. En ella vivo el tiempo del hemisferio. Y casi olvido mi tiempo. Mi insoportable tiempo.
Mi único acto de resistencia es contemplar el sol.

Basta de metáforas. Cuando regreso de ellas veo la incapacidad de mostrarme.
Me siento un ignorante de lo práctico. Quisiera la sabiduría del dinero. Las metáforas no me han dado nada. Inmovilidad y una paz con agudeza, vecina con la miseria.
Furioso por no poder dar a mi cuerpo (y a los mecanismos de mi psiquis) un mejor pasar.
Me fui a dormir. Soñé extraño. El mundo era un circo gigante. Desde los techos frágiles observábamos. Fuegos, artificios de estrellas; comics que hacían coreografías en el cielo. Si te aproximabas a los grupos te daban papeles para interpretar.
Disfraces, máscaras. Sentí alegría por mí y por los demás.
Yo cumplía mi horario de trabajo, pero me las arreglaba para intervenir. Estaban los muertos, despojados de su humanidad, serenos. Paseaban entre las hinchadas, en un abarrotado supermercado, y se emboscaban entre las góndolas.

No voy a profundizar más en el sueño, porque las conexiones que existían entre las imágenes, los personajes, son infinitamente más complejas, ambiguas, imprecisas, sentimentales, de lo que acá pueda expresar.
Para eso quizás exista la metáfora. Abre incontables posibilidades, no tiene cerco. El Universo está plagado de metáforas. Y hasta se podría pensar que el mismo es el símbolo de otra cosa más inasible.
Todo lo transformo en sentencias. Es una enfermedad. Me dibujo un cerco con mis propias sentencias. Y dentro las voces que no callan.

Capítulo XVI


"Así como lo días son largos y es corta la vida, los momentos son en promedio benignos, pero la vida es terrible" (Consolación a Helvia - L.A. Séneca)

Ésta biografía es intrascendente. Al final de cada día los hechos han sido, rutinarios, comunes. Sin embargo la violencia de mi psiquis me lleva a la cama sintiendo terminar un día harto difícil. Recuerdo un verso: "Soy la carga que llevo en mi corazón, cada noche al apagar la luz" (G. Piafht -Arco Voltaico).
Nada pasa en mi novela. No hay complejas relaciones humanas, ni crímenes, ni prácticas prohibidas a esta cultura y momento. Ni suspensos magnéticos. Ni autopistas de lugares comunes para olvidarnos de la vida común que elegimos. Tampoco me estoy anticipando a darle a la gente el bocado psíquico que está por madurar en el colectivo. Explicado con más detalle: algunos "artistas" han triunfado yendo un paso delante de la gente, venciendo anticipadamente el prejuicio moral que la masa está por romper. En ese don de anticipar está su éxito.
Temo que mi novela pasará desapercibida. Y si tiene mejor suerte se la juzgará como inconexa, fuera de género, mala; demasiado sutil y con pretensioso fluir de conciencia. El mercado no perdona a nadie éstas características.
Debo sincerarme y admitir que dudo que sea una novela. Parece más bien un ensayo irracional, desesperado, contra reloj.... Solo mi cabeza llena de sentencias. Conocidas y desconocidas. De fuentes fiables y fuentes estúpidas. Tal vez estoy haciendo "Literatura de literatura". Mucho de lo que digo puede encontrarse en los libros. Hasta podría hacer una lista párrafo por párrafo de dónde extraje cada idea (esa no sería una mala idea para enriquecer el relato).
Pero es real que todas estas sentencias invadieron mi manera de ver el mundo. Como es real mi decisión de morir. (Quizás el único acontecimiento de esta historia que no será literatura).
Sospecho un misterio desde niño. Es la primera vez que lo traigo a un plano alto de la conciencia. Es, por llamarlo de alguna manera, una "Ley de Compensación". Cuando más me alejo de la vida, ésta parece testearme con un vúmetro e interceptar hechos para devolverme. Lo mismo con el amor. Cuando se huye de las caricias, te persiguen. Cuando las buscas en exceso, huyen y si las obligas se vuelven patéticas. En mi época de soldado, los sueños eran serenos, llenos de refugios. En cambio en un momento de paz y plenitud, pesadillas primitivas me despertaban con violencia.
Hay una necesidad de luz y oscuridad en lo que somos. Y cuando algo las reprime, desde nuestra psiquis o desde el mundo exterior, regresan en diferentes formas para compensar.
Ya no estoy seguro de querer morir. La vida me persigue interceptándome razones, como esos golpes bajos en las películas que logran nuestro momentáneo consenso.

Alguien reparó en un trabajo que hice. No pasó más que eso. No hubo consecuencias.
Sin embargo todo un día estuve abriendo los posibles caminos. Recuerdo algo de Ficciones de Borges: "prever un detalle circunstancial es impedir que este suceda".
Si lo razono es absurdo. Pero esa es la naturaleza de la esperanza. Absurda.
Esperar. Cuando niño pensaba que esperar era la antesala (paciente, desesperada, ansiosa, maestra) del llegar. Esperar. Ahora creo llegar es una excusa, esperar es el verdadero signo de la vida.


La implicación del sol. Está involucrado en el peso de los días. Aunque esté bajando a su punto más triste, situado en el extremo del invierno.
La verdad tiene algo del sol. Y también de espera. ¿Esperar en el sol?. Tal vez.
"Pídeme lo que quieras"; a lo que respondió él: -Pues no me hagas sombra".
El mundo es independiente de lo que yo creo. De mis sentencias. Que difícil tarea; la de suplantar la idea del mundo por el bocado real, con sus aristas, el lado impune del sol, el lado santo de la tiniebla.

El tiempo es flexible. Tan ligero puede ser, que nos libera de sentirlo. O tan pesado que se instala en el pecho, marcando un tic tac plúmbico en el alma, como el tiempo del dolor, la incertidumbre y la espera.
¡Qué lejos estoy de una explicación!. Lo fundamental ha ignorado mis previsiones. Dónde he plantado de forma inconsciente y descuidada, ha crecido lo que me da un poco de pan. Donde he sembrado con cuidado, vigilante, amoroso, no creció nada. O crece lo que me oprime en este momento. Me llueven bienes y males de cuya germinación soy inocente. Y así, con todas las posibles variantes. ¡Qué lejos estoy de un método!

Encarnado gravito, voy al punto donde colisiona la masa con el infinito.
Bueno es que no me detengo.
Cada día, cada instante, cambia de forma, leve o bruscamente
para no dejarse aprender ni aprehender.
La mayor maravilla es la brutalidad de cada latido.
Cada instante, con su red de existires y las nuevas formas en sus complicaciones.
La composición y la descomposición.
Que buena es la perplejidad del entendimiento
cuando el infinito da un coletazo.

A veces me cubre un sentimiento religioso ante este Azar tan incomprensible.
Pero caigo, y le reprocho un sentido.

¡Ay del azar!, no es tan travieso como yo esperaba.
Solo una vez mueve un hilo insólito
para mostrarse omnipotente.
Después sigue durmiendo, cómplice, por pereza tal vez,
del Humano Poder.

Capítulo XVII

" Yo solo pulso una cuerda. Si no tienes una inmensa, sensible y dolorosa caja de resonancia, no sentirás nada".
(Arcadia´s Waltz - La Tierra de los Consuelos)


En algún rincón oblicuo de la infancia he abismado. Hace 25 años. Un martes de invierno, después de hacer los deberes. Llovía. Ocho de la noche. Escapé sigiloso de la órbita familiar alrededor del televisor. Tomé un paraguas negro, gigante. Bajé a la calle.
Di vuelta a la manzana. El roble de mi infancia. Tronco delgado, la corteza libre casi de marcas. Mi frente de entonces sin arrugas. (Hace poco lo volví a ver; robusto y marcado. Pensé en mi frente. Ahora tiene las dos arrugas del infinito).
Crucé el límite prohibido de mi niñez. Del otro lado de la calle Cobo. Empecé a ver bocacalles desconocidas. Me internaba doblando sin patrón en todas las esquinas. Quería perderme. Después comprendí que perderse puede ser manera de encontrarse.
Quería tener miedo. Quería las gotas en el paraguas, la sensación de peligro y desamparo.
Los ojos no responden al camino que me planeé: Van hacia una naturaleza superior, oscura, predeterminada, algo que hay en algunas entrepiernas que pasan. Un impulso ignorante de mis construcciones.
Espantado, pero más fascinado por el abismo. Atacaba mi alma para hacerla sonar. Como quien tira piedras a un pavo real para que muestre la cola.
No imaginaba que esa acción sería el signo de mi vida.
Ahora, a mis treinta y dos años....
La electricidad del aire. El trueno, el rayo, las gotas gigantes que no se deciden a hacerse cortina. Mi dolor, los muros del jardín.
Salgo, camino. Sin la música como lenguaje soy un vulgar hombre desesperado. (Se achica la geometría de luz en el jardín).
Escucho la voz de un muchacho, la muerte y el sexo son la misma criatura.
Sin separarme del dolor, nutriéndome del mismo, deseo sexo.
Salgo a caminar, no me detengo por varios kilómetros.
Finalmente llueve. In crescendo. Tanto como ese día de la infancia.
Nadie me puede ayudar, no existe la ayuda.
Nadie vendrá en mi ayuda.
Los huesos de Brahms, los de Kafka, están en otra cosa.
Chuang -Tzú es una mariposa y si pasa es para burlarse.
Nadie vendrá en mi ayuda.
Aunque en un momento(antes de la lluvia), pensé que quizás existía la felicidad, pre o post mortem (para un desesperado como yo el tiempo y sus plazos dejaron de importar).
Chaparrón furioso. Mastiqué una sentencia. La suerte es variable. Un hombre solo debe mantener el pulso firme. Como le oraban los marineros mediterráneos a Poseidón: "De tu capricho dependen las tormentas, yo solo te pido poder mantener firme el timón".
Firme me mantuve en la lluvia. Como si estuviese ante el impío sol, el tibio sol, la mañana diáfana, la noche cerrada.........
Sentí la necesidad de calor y ropa seca.
Crear necesidades va tapando la necesidad real que no puedo remediar.
Nada avanzo, nada creo que merezco. Creo en la fe, pero no la tengo.
Escribo menos, es cierto. Había mucho de vanidad en lo que hacía.
Solo lo hago cuando lo siento desbordar

Escribo, porque nadie vendrá en mi ayuda.
Nadie vendrá en mi ayuda porque escribo.


Ha llegado el amanecer del día que me quitó la paz desde que fue anunciado. Aún no ha salido el sol. Hace mucho frío. Las galletitas, el té. Miro por la ventana. Cruzarás éste largo día, cruzarás, pienso en una canción. Ya en la ruta, una extraña sensación de paz. Mezcla de resignación, de alivio, de ingravidez estomacal. Un bienestar compensatorio.
Ya en la ruta. La canción que me duerme son los cientos de sones que unisuenan en el motor
Pájaros agudos me encandilan fugazmente la cara, para alejarse graves.
La línea del horizonte, poseída por la oscuridad.
Mi mente la cataloga en el infinito.
Un rancho naufragando en la negrura. Tan helado se ve, como un ojo de vidrio que existe por piedad, piedad de no sé quien...
¡Cómo puede la nada reconfortarme tanto! Sin embargo esas calmas fauces me son hostiles. Solo el párpado del rancho, su puñadito de personas. Afuera el horror y la belleza me devorarían.......
Una delegación de claridad anuncia al sol. Se inflama el cielo; desde un azul lavado al oeste, hasta un punto que se vuelve más y más hiriente al este.
La niebla se levanta de los campos. Las vacas, los caballos. Una garza blanca brota con una sola pata desde la bruma.
El ruido del motor me adormece. No quiero cerrar los ojos. No quiero dormirme, para no tener que volver a la conciencia dos veces en un día. Falta poco para llegar.

Cada momento tiene una intensidad insoportable, cada resignación, cada contorno del alma que no encaja con el tiempo. El cincelado es brutal. Pero nos protegemos. No tomamos el tiempo del momento. Vivimos en lo que fuimos, en lo que seremos.
Ya pasó el presente.

Ha sido larga la jornada, la he sobrevivido. Náuseas terribles. Apenas alcanzo a bajar de la camioneta. No llego al pie del árbol. Vomito en el camino.
Ya es de noche. Tengo el estómago agradable e ingrávido. Pongo unas sonatas de Handel.
Se produce la belleza. Mi terrible día tiene su cielo. No es posible separarlo del infierno. Se suceden, se superponen. "Donde crece el dolor, crece la cura" decía Hölderlin

Yo lo he visto, lo he sentido todo en un día. ¿Para qué se repiten entonces? Si pudiera objetivar todos los abismos de un día. Toda la cadena veloz de lo que siento cada día. Contener el fluir de mi conciencia sin derramar una sola gota. Si viera cada movimiento de la luz en los objetos. Si mirara a un hombre y no lo distinguiera entre niño o anciano. Si entendiera una hoja que cae de un árbol. Una brizna de pasto que brota entre el asfalto quebrado.
No es fácil ver. La trama tropieza con todos, pero su sutileza es de un celo rabioso.
Sería fácil ver, si las mesas de dinero tuvieran sus mostradores mechados con tumbas. Si las mujeres hermosas cepillaran los huesos de sus abuelos. Si un alud de barro radiactivo llevara en su montura las villas miserias y las casitas color pastel de los barrios cerrados.
No haría falta más que un día. Pero no es así.

Un momento nos hace infinitos para dejarnos luego vanos.

Debo ejecutar mi parte, es solo un terrible arreglo musical. Desafinado pero (como el canto de las hinchadas de fútbol) en el coro de la humanidad se compensará.
Por eso regresa el sol, regresa la noche. Se repite la sinfonía.

Gran daño produce no creer en la muerte. Nada más simple que creer en la evidencia. Entonces no habría ya que comprar. No habría diferencia entre las suertes. Todo destino sería un barranco hacia un abismo. Sin embargo la ignorancia crea esta humanidad multicolor. Esta carroza de miserias y glamour que sube, cuesta abajo.
Nada más simple. Creyendo en la muerte se destruyen todos los dolores por uno solo. Sin embargo preferimos las punzadas de las diez mil cosas.
Encarnar en éstas ilusiones que duelen. No somos criaturas de paz. Somos atormentados y lascivos. No podemos (ni queremos) dejar una huella que no altere el camino.
Todo esto para mí es profunda verdad. Y lo escribo. Pero lo hago para ganarme un premio. La verdad se prostituye. Todo se puede vender en el mercado; hasta el "odio al mercado", como producto, puede tener su góndola.

Capítulo XVIII

"La necesidad me hace justo y valiente." (N.Artaza)

"Antes que la razón equitativa, matemática, acepto como más poderosa la razón del que padece"
(Ernesto "Che" Guevara)

"Una misma ley para el tigre y el cordero es atropello".
(William Blake)


Me gustaría saludar a las putas. Las miro, no me suelto, lo hago mentalmente.
Me gustaría ver un ejército de judíos, de negros, de indios, de latinos marginales, de desocupados, de chinos y africanos famélicos, de chicos de la calle, de herejes, de putos, putas y travestis atacando éstos cinco mil años de historia.
Me gustaría que tanto dolor se pudiera defender. Me gustaría que temblemos los padres de familia. Me gustaría que el dolor de una vez por todas muerda. Así ya nadie nunca más lo va a pasar por alto.

Muerdo de nuevo la banquina de la muerte. Hoy justamente en esta noche, solsticio de invierno. Busco un abrazo fraternal en la mugre.
Sé también que puedo ir a lo de mi madre. Pero el abismo me reclama. Debo golpearme. Debo marcar mi cara con las huellas del camino, de las esperas y la desesperación. No te debes salvar. Estoy seguro que al final de los días (sea a los ochenta, sea quizás el próximo mes) me espera la infancia. Sé que habrá olor a leña quemada. Una cúpula de estrellas frías. Las llamas reverberando en los cachetes. Y ya nunca más me apartaré del fuego.
Regresa la esperanza. La esperanza es una antorcha injustificable, que se nutre de cualquier combustible, solo necesita para inflamarse que conservemos la vida. Algunos la aferramos con desesperación, otras la ignoramos por absurda y resbalamos los ojos en el abismo. Entre esos dos tópicos, surgen los distintos tipos humanos.
Hace bastante que he abandonado la fogata de la infancia; allá en Pompeya quedó "muriéndose al costado del terraplén".
Una voz imperiosa me empujó a los bosques de concreto, a los intestinos del pensamiento. Me engañé en estos meses en creer encontrar un nuevo refugio para protegerme. No es más que un paraje lleno de criaturas agazapadas.
Creo dormir tranquilo, pero me despierto herido. El abrigo es una ilusión que hace más daño que la intemperie.
Debería morir. Me gusta escribir canciones, me gusta el desenlace de la música y la letra. Debo terminarla acá. Siento que es el momento indicado, el acorde exacto, la imagen del espejo propicia.

No hay que sobrevivirle a todo.
La vida debe saber ceder y no luchar ávida y mezquina en cualquier circunstancia. No ser como un hombre besando desesperado los pies de la mujer que lo abandona. O como un náufrago enloquecido aferrándose a los cadáveres de sus compañeros que ya se van hundiendo.
No señores. No hay que sobrevivirle a todo. Ciertos dolores envilecen.

He comido de más. El cuerpo se va pareciendo a la vida que hacemos. Tiene rasgos de abandono, de embotamiento. La vida es terriblemente milagrosa. Y una escupida a sus principios es el embotamiento.
Vengo caminado con frío. Ahora no me importa. De repente veo objetivamente todos estos últimos meses de mi vida. Me cuido. Las comidas. Equilibradas. Compenso los excesos. Trato de verme prolijo con la ropa. Hago ejercicios para endurecer mi cuerpo y eliminar la grasa, ganar en fibra. Mantengo en orden la casa. Patético.
El Abismo me sobrepasa. Mi oscuridad. El techo me protege de la naturaleza, pero las tormentas económicas caen sobre mi covacha.
Nosotros, los náufragos a punto de sucumbir en cada ola que se acerca, hacemos abdominales sobre el único tablón que flota.

Buenos Aires, en otro plano, en el universo tangible. Nada me perdona. Yo fui su vasallo, paje y cadete que caminó con sus papeles. Nunca podré ser de otro lado que no sea aquí. Sin embargo Buenos Aires no me considera. Yo corro entre millones por sus venas, le doy la vida. Ella me pisa los dedos de la mano para soltarme. Para que caiga al abismo de no pertenecer a ningún lugar.
¿Por qué?. Tengo la memoria de cientos de cortadas. Conozco los movimientos del sol en sus arterias. ¿Por qué ella me niega?

Ahora tengo veintidós años. Voy en la caja de un camión, por un camino de subidas y bajadas. A la izquierda el lago Huechulafquen. Al frente el gigantesco Lanín. A la derecha y alzándose sobre nuestras cabezas, una milenaria galería de lengas. El camión sube exhausto, para llegar casi inerte a la cima y descender en punto muerto. Una alegría infantil nos desborda. Las manos heladas por la tarde cordillerana.
En ese verano yo amaba con esa metáfora de desnudez y flores. Y campos. Mi fe era demente y pagana, distorsionaba el dolor, quitaba la bandada de plásticos de los campos.
No hay más rastros de ese muchacho. Solo la arruga del infinito en la frente, me recuerda quien fui y donde estuve.

Capítulo XIX


"Pocos comprenden cuanto se sangra cada palabra que logramos decir."
(Silvina Garré)


"La materia del verdadero arte, la leña con que se enciende el conocimiento de los abismos humanos, es la propia carne, el propio espíritu."
( H.P. Habber "El Artista: ¿Un enfermo que se automedica?)

Señores jurados: Aún no he llegado a la cantidad mínima de páginas, y no sé con que seguir. Voy hilvanando islas de recuerdos con mi presente. Salgo a la calle. Camino horas enteras. Las voces me van asaltando. Es extraño. Llego a casa, cansado. Me acuesto, me levanto en la mañana. No he hablado casi palabra en veinticuatro horas. Sin embargo es tanto el fluir de las voces, que siento haber conversado durante horas.
Tanto andar y debatirse con las voces, para apenas destilar una metáfora triste, digna del olvido. Sin embargo no puedo hacer otra cosa. Debo terminar este relato, el único obstáculo, que me separa de la decisión final. Mi muerte quizás de a esta novela
el valor que mi falta de talento no puede dar.
"Una obra de arte es buena cuando ha nacido de una necesidad. Se juzga por la naturaleza de su origen. No hay otro juez." (R. M. Rilke)
Hay un límite en que sobrevivir es envilecerse. Si pudiera salvarte, si pudiera salvar a los niños, salvar a mis amigos. Pero no. Casi podría pensar que ellos me tienen que salvar a mí. Sobrevivir así es propagar el mal.
Tal vez mi novela es una de esas formas mezquinas de supervivencia.

Estoy contando la naturaleza del mal, superando niveles de sinceridad, pero para tratar de ganar dinero.
Las voces no se callan. Mi escrito es dañino. Le dará consuelo a otros desgraciados sin posibilidades. Pero yo seré un desgraciado con posibilidades. Prolongaré el dolor de esos infelices con mi discurso de hombre profundo y redituado.
Pero no son más que suposiciones. De hecho, soy un hombre con sábanas y plato de comida al borde del colapso. Acabo de perder el trabajo que tenía. Es extraño. Escribo como si fuera un privilegiado. Fantaseo. Pero en verdad pertenezco a la caterva de los desgraciados.
Acelero el paso. La noche esta helada. Después de varias cuadras empiezo a sentir el calor consolador de los músculos. Ayudado por mi andar furioso, impotencia y alcohol.
Cruzo las vías de la estación. Bajan las barreras. Veo a lo lejos perforando la oscuridad el ojo del cíclope. En pocos instantes las ruedas pasarán por donde yo estoy. Ese pensamiento me perturba desde la infancia. La muerte, el dolor, el amor, la alegría pasan por diversos lados. Solo hay que estar en el lugar en el momento indicado. Como las vías del tren: en un instante son una acera concurrida, al otro instante son una estampida de hierros mortales. La ventaja es que tenemos las barreras, las señales que nos avisan.
Pero en otros aspectos no es así. Pasamos por todos los lugares sin saber sin van a ser intersecciones de amor o de muerte, de oportunidad, de esterilidad, de callejón sin salida.


¿Porqué siempre estamos separados de lo que somos? Vivimos como en dos planos diferentes. Yo escribo estas palabras, raspo con algunas certezas el abismo de mi fluir humano. Sin embargo cuando se corte esta inspiración, regresaré al mismo ser temeroso, atrapado en sus mezquindades, ya sean de sobrevivir, ya sean de superar los otros prototipos humanos. Ahora, mientras escribo esto, me asalta la morbosa alegría de que soy superior, porque logré hablar de un abismo que casi nadie ve. Mientras los enceguecidos gritan gol en esas ventanas que palpitan en colores, todas al unísono. Ahora descubro que profundizar en un abismo, desenterrar un estrato más, y transformarlo en un triunfo para posicionarse mejor ante los demás, es volver a cero.
El abismo nos volvió a eludir.

Sigo caminado por las calles. Quizás por Villa Crespo. Galicia y Honorio Pueyrredón. Siento tremenda culpa. Jugando estoy (un juego bastante crucial y doloroso por cierto). Jugando estoy a escarbar la lejanía, a conciliar las voces, a escuchar las metáforas que el miedo no me permite. Y tengo que pedir para poder tener techo y comida. No encuentro la manera de procurarme el sustento. El abismo sigue siendo tan terrible y fascinante.
El techo y comida, (algo tan "pródigo" en la naturaleza. Pienso en los campos inmensos que recorrí con el tren. Tanta vastedad y tan mezquino el metro cuadrado para la mesa y la cama. Pienso en las góndolas atiborradas, los bosques, las selvas, las vidrieras, todo en cascadas) se transforman en otro terrible abismo que desafía toda metafísica.

Voy peregrinando por tus calles Buenos Aires. En cada jornada laboral siento que querés sacudirte mi persona. Sin embargo yo te reelijo a cada instante. Ya sea por inercia, por temor al cambio, por amor o por descarte. Extraño país. Extraña ciudad. Nosotros acá, en el Sur, sentimos que sobramos, que fuimos un abuso de la naturaleza, un exceso de coitos que no hay con que sustentar; entonces nos cierran las puertas, nos tiran a matar, nos libran a nuestra suerte. (Librar a la suerte significa excluirnos de los beneficios que la historia y la naturaleza les heredó a ellos).
Pero de repente me asalta una fuerza demencial de vida. Quiero vivir. De la propia ignorancia que me prodigan los mercados, surge mi fuerza de vida, el fuego de la resistencia.

Tengo una infantil y apasionada curiosidad por ver la violenta transformación del mundo. Tanta presión y velocidad van a llevar a un estallido seguramente (Y con eso no digo que vaya a ser sangriento, el estallido puede ser lánguido, espiritual). Me gustaría ver cual será el nuevo orden económico, éste no da para mucho. Es iluso pensar que los excluidos del sistema (millones) van a quedarse pasivos.
Me gustaría saber también que va a pasar con la naturaleza humana después de la modificación genética.
Resistir entonces, por instinto, por justicia, por envidia, por furia, por capricho, por curiosidad.....

Es difícil sacar algo en limpio entre tantas voces. Las veces que pude una reflexión interesante de los hechos, fue cuando todo se había calmado. En medio de toda ésta turbulencia de miedos, debo intentar ser reflexivo, debo vencer lo cotidiano, para poder escribir algo válido y poder ganar el premio. Estas condiciones de trabajo son nuevas para mí. Siento culpa de estar reflexionando y escribiendo, mientras no se como pagar mis cuentas básicas. Como decía Montaigne " Desgraciado es el ánimo al que el futuro inquieta". Pero si no provoco la reflexión y aparto la culpa, no llego a terminar antes del plazo del concurso. Al ritmo que voy no llego.
Esto significa que muchas páginas serán relleno.
" Toda palabra es una palabra de más. Se trata, sin embargo de escribir: pues escribamos..., engañémonos los unos a los otros." (Monseñor Sueiro "El Túnel que Sábato no vió").

Capítulo XX


"Arte de vivir degenera en el negocio de vivir "
(A. Schopenhauer)


"Vivimos en una Edad Media tecnológica, donde cualquier blasfemia contra el dinero es severamente castigada."
(H. P. Habber Poesía y Globalización)

A medida que voy creciendo en años, al sumar tiempo, cambia mi perspectiva de las cosas. Ahora sé que más adelante no veré las cosas como hoy. No puedo evitar cambiar.
Debo admitir que ésta idea de la novela, el premio y el suicidio, me empieza a despertar dudas. No estoy seguro que resulte. No estoy seguro de estar escribiendo "bien".
Es ilusorio pensar que desde el anonimato, sin haber hecho lobby en el mundo de las letras, se pueda acceder a un premio. La realidad es infinitamente más compleja que nuestras ideas fragmentadas. Y si alguna de ellas funciona, no es que hayamos acertado un método o un mecanismo, un infinito entramado se disparó y nosotros pasábamos por casualidad.
Me empecé a jugar una carta más. Una idea de mi compañero. Estoy recopilando apuntes sobre marketing en Internet para empresas.
Si cuando era adolescente alguien, desde el futuro, me hubiera dicho lo que iba a hacer, no lo hubiera creído.
Veo en el comercio mi cara oscura que siempre negué. ¿Acaso el luminoso Rimbaud no terminó sus oscuros días traficando en el África? No quiero ser un mártir del consumo. Y créanme no lo hago por acomodar mi carne, una forma refinada del instinto de supervivencia como diría Pascual Blastein. No. Hay una sabiduría feroz en el comercio, en ésta timba de ganar dinero.
Yo probé las enseñanzas del hambre, del trabajo duro, del intento de la santidad, de la poesía desgarrada, suicida. Probé el licor del abandono, el camino de los excesos como alivio y como tormento. Ahora quiero pelear desde adentro del Casino.
Todas las épocas fueron iguales: dónde hubo dos hombres uno quiso servirse del otro. Ahora es peor. Ya no se necesitan negros que paleen en las calderas. La explotación degeneró en exclusión.

Después de todo ¿quién soy yo para destripar la naturaleza humana y decir que aplicaciones sirven, cuales tienen altura, cuales no, cuales son luminosas, cual opacas e impuras. Dejen eso a los genetistas que pronto nos modificarán, nos quitaran el dolor (borrarán los síntomas al menos); nos crearán nuevas mecanismos de felicidad (dibujarán los síntomas al menos), de obligación, de instinto, de engaño.

Tengo ahora varias estrategias. Cuando era niño me gustaba la depredación de la pesca. Soñaba con redes inmensas que capturaran esos cardúmenes. No me gustaba la caña. Era muy mezquina. Ahora me parezco de nuevo a ese niño. Tiro una red para sobrevivir, para ganar dinero, varios asuntos. En alguna de las tramas caerá el pescado.

Recuerdo algo de Montaigne "Le mieux est l´ennemi du bien", "Lo mejor es enemigo de lo bueno".
Mejor es sobrevivir, a cualquier método.
Lo bueno en cambio tiene su propio signo. No siempre nos lleva por la abundancia, opta a veces por los senderos sin paisajes, sin sombra. A lo bueno no le importa que sobrevivamos.

No avanza el invierno. Estoy mirando todas las mañanas lo que le falta al sol para llegar al cenit del verano.
El tiempo da, pero nosotros queremos otras cosas.
¿Porqué el tiempo y nuestra psiquis no funcionan en sincronismo?
¿Porqué desgarrarnos en voltear, trastocar, cumplir caprichos para llegar a pequeñas, pobres, inestables conclusiones? ¿Quién se sirve de ellas?
La naturaleza persigue al antílope y lo hiere ,entonces lo mata o lo salva. Es rápida. No prolonga el sufrimiento. No tiene camas de hospital, soportes de vida artificiales. No tiene piedad, ni el lastre doloroso de una mente insatisfecha. ¿Quién se sirve de las conclusiones de nuestra agonía?

Este sol de invierno, empeorado por las brumas.
La imagen más fuerte de la vida que tengo ahora es un domingo a la tarde de viejos contra el frente soleado de la Iglesia de Flores. Quizás también el primer mate de cada mañana. Pero es tan breve. Enseguida la mente persigue en el futuro nuevos presentes.
"A veces demasiado obsesivo y a veces demasiado entusiasmado, por lo común demasiado preocupado" (Mingliao Tse)

Las plantas esperan. Dignamente. Solo muestran un rostro amarillo.
Otra noche de insomnio. Pero esta vez me he abandonado a las colisiones sin encender la luz del velador. Fui al baño varias veces, escruté la cantidad de luz y los pájaros que despertaban.
"¿Qué propiedad nueva me dará éste doloroso hervor?
¿Nombrar un misterioso laberinto?
¿Rastrear el ojo de una columna de humo?
¿Hacerme cristiano?
¿Agregar un gris más de lo mismo?"

Pero igual espero. A veces vuelvo a creer que tanto pesar destilará algo bueno. Recuerdo a Eduardo Mallea "Ninguna obra que importe puede tener su origen sino en un desaliento superado, en un infortunio hecho virtud."
Entonces me avergüenzo de mi tan poca dignidad, de éste pataleo afeminado.
Pero otras sentencias en mi cabeza contraatacan con el sinsentido de todo.
"El azar da puñaladas dementes" me dicen.
Otras veces creo adivinar un orden, una explicación, un porqué a mi dolor.
Quizás algo que predigo sucede. Aunque sea malo. Entonces me alegro.
Pero otras sentencias se despiertan y se burlan:
"Ahora todo me sale bien, desde ahora amo todo destino: ¿Quién se complace en ser mi destino? " (Nietzsche)
Pienso en algo que leí del Dr. Habber: " Que una verdad salga a la luz, no significa que toda la verdad terminará por saberse. Sino que la verdad mayormente permanece oculta."
A veces es la grandeza de mi incertidumbre la que me salva: "Soy ateo y debo admitir que tengo un vacío del tamaño de Dios."

Capítulo XXI

"La cortesía es una moneda falsa. Darla con abundancia no te va a dar pérdida y te va a ahorrar de hacerte enemigos inútilmente".
(A. Schopenhauer)

".......y el único modo de desagradar que mantiene joven será obedecer sin negligencia las contradicciones de nuestro espíritu."
(Jean Cocteau)


Ayer leí la novela ganadora del año anterior. Me despertaba curiosidad saber que virtudes gustaban premiar los jurados. Realmente no sé si es buena o mala; logró captar mi atención, pero necesito distancia para juzgarla. Considero que algo es bueno cuando queda dando vueltas en la cabeza, y se suma a las sentencias que me atormentan. Si se pega a mi Abismo, es abismal entonces. Como la trama humana de Los Demonios o el plan astuto de Almas muertas.
Mi novela carece de todas las virtudes que encontré en la ganadora del año pasado. Es muy críptica, confusa, no lineal, sin clichés, sin ganchos narrativos, aburrida, difícil de leer.
Confío en que los jurados tengan una inteligencia refinada y detecten la profundidad y el sutil hilo conductor.

¿Qué hará el protagonista de mi novela?. Aún no lo sé. Lo mataré, entregaré el escrito y acabaré con todo. No lo sé. En este momento no puedo separar lo ficticio de lo real. Tal vez todo es real. Lo ficticio es el símbolo.
En la idea de morir pronto encuentro un alivio. "El pensamiento del suicidio es un poderoso medio de consuelo: con él se logra soportar más de una mala noche."
Otra sentencia. Más sentencias. Por momentos les creo, después las rechazo, me vuelvo a dejar seducir.

La merma, la desintegración no tienen un instante de descanso.
El reloj no tiene incertidumbres.
Sin embargo mi tiempo psíquico se detiene, no ve salidas, no comprende dónde pactar o donde golpear con la Acción.
La araña teje y espera
el tigre acecha y ataca
el clavel del aire solo espera.
El gorrión busca, huye, espera, ataca,
al igual que la rana,
según la circunstancia.
La hiedra se abandona a su naturaleza
Igual el aire, el agua, la piedra,
Son sin pensar en ser.
¿Y el hombre? ¿Qué?.
Deus Absconditus (Arcadia´s Waltz)

En esas películas clase B de corazón, una mujer acorralada por la vida, terminaba diciendo: "Ojalá ser como el ciervo que le estalla el corazón, cuando quedan enredados sus cuernos en una infranqueable maleza".
Creo que si eliminara todas las sentencias que recogí a lo largo de mis días, no podría reconocer mi cerebro al contemplarlo. Como el raquítico esqueleto del arbolito de Navidad, desarmado y guardado en una caja.
Detesto ese cine de Hollywood, donde uno predice lo que va a seguir en el guión con un mínimo margen de error.
Aunque pensándolo bien, hoy necesito historias así.
No sé porque razón, hay sosiego en que las cosas se repitan de una forma idéntica y ritual. Cuando les narro algún cuento a los chicos, ellos quieren siempre los mismos: se resisten a los nuevos, y más todavía a las innovaciones dentro de los cuentos viejos.
Estoy como ciego. Necesito una hilera de árboles por donde pasar cada mañana, a la misma hora. Necesito llegar a casa y encontrar la misma sonrisa, siempre o casi siempre. " ¿Qué es lo qué buscás sino un pensamiento dónde descansar?".

No veo porque he de escapar de ésta. Millones de seres excomulgados de los Destinos Humanos, obligados a los destinos de las alimañas. Porque habrían de tener piedad de mí. Veo caer seres de continuo. Dios, padre abandónico. Cristo en su Cruz lo dice.

No debo temer a la muerte. Sé bien que la cara de la muerte es la no-cara.
Cuando te vi me dije: - Ya no estás más -.
La tiniebla que traba las mandíbulas. Las aletas nasales ya pétreas.
Los párpados despojados de su misión: la guardia del brillo, de la mirada, de la luz.

Esa madrugada solo el zapping me salvaba del terror. Borrando el tiempo y el espacio, todos los hombres son un hombre. Sentí el terrible peso de esa sentencia. Los labios que había besado, el cuerpo que había penetrado. Ahora eran la cara de la muerte, la "no-cara". Oscuridad y silencio; las sentencias eran terribles, irrefutables:
"...En el jardín bebisteis agua suave y fresca, aquel ser alimentado de agua estaba reservado para éste fuego". (B. Clota - Filosofía de las legumbres- ).

Busco mi quimera para sobrevivir. Nadie me puede reprochar. Hasta lo más sublime es artificio. No puedo ver nada hacia delante. Empiezo a buscar hacia atrás. Una imagen que me rescate. Recuerdo el frío de los inviernos, los sábados helados, la familia intacta, mi mirada soñadora buscando paz en el rojovivo de la estufa.
Invoco párrafos. Debo llegar a las ciento cincuenta hojas. Me sirvo un whisky (las últimas gotas). Me encimo a la estufa eléctrica en esta habitación alta y helada. Me saco una media. Mi pie esta helado. Lo acerco peligrosamente a la incandescencia. Me calzo nuevamente. Salgo al patio; miro estrellas en el cielo brumoso; entro acobardado por el frío. Voy a orinar el alcohol. El televisor sigue encendido. Me planto de nuevo frente al zapping. Suena el timbre. Atiendo el portero. Un hombre pregunta por la clínica, del doctor, de la orden de internación, de no sé que. Una sirena sobre la avenida se devora las palabras que faltan. Los errores acentúan más mi soledad.

Toda esta pirueta pornográfica de mi espíritu, es lo último que intentaré. He sido demasiado intelectual. He mal leído una mediana biblioteca. Si la gente no me entiende, es culpa mía, es incapacidad, no he tocado la fibra por donde pasa lo vital.
He sucumbido al misterio, pero él no me ha ingresado a sus filas. He tenido falencias graves, he pensado demasiado, demasiado miedo. No me dió el cuero para comprender por donde corrían los ríos de la sangre y el comercio. Orino y, mirando los azulejos blancos, me repito: no he podido detener el dolor, no he podido detener el dolor... ¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Dónde está mi casa?.
Miércoles. Me levanto con dolor de cabeza. He machacado y bebido mucho. No recuerdo cual fue la última vez que las voces me dieron un descanso.
Esta constancia que tienen no es prueba de nada, dentro de un instante se pueden detener y dejarme en paz.
Mañana soleada.
El dinero me ha traído hasta aquí. Interrumpir este sol que me pega en la cara para escribir un posible hilo a seguir. He descubierto hoy, que soy siempre el mismo; que los consuelos están siempre ahí, contra esa pared de sol; en la quietud del jardín; en el infinito de veredas soleadas.
Mí caída es simple: compré los sueños de éste tiempo. Y son sueños sin garantía. Con efectos colaterales: Miedo. Muchos jamás llegarán a alcanzarlos. Pero si tendrán miedo. No puedo sustraerme al tiempo que me toco vivir. Soy hijo de éste corral, comparto sus infectos genes. Jamás llegaré más lejos de este cerco. Me río de sus chistes. Tengo los mismos temores reales y estúpidos. Tomo los cubiertos como me enseñaron los muertos, que a su vez fueron enseñados por otros. También yo seré un muerto que haya enseñado. "Todos nacemos originales y morimos copias" (C. G. Jung)".

La vanidad puede llegar hasta el absurdo. Si no soy bueno como "songwriter", como escritor, como jugador de timba, como empleado, seré, citando a Nietszche, el mejor despreciador de sí mismo.
No dejo de mirarme al espejo. Debo asumir que tengo obsesión por mi aspecto físico.
Me quito la remera frente al espejo, me pongo de perfil. Quiero que la línea que va desde mi pecho hasta el bajo vientre, sea proporcionada y exquisita. Todo músculos. Nada de grasa. Pero tengo panza. "- Voy a saltear la cena por dos o tres días" me digo.
Lo hago y en las madrugadas me ataca un hambre furioso e irracional. Me entrego a la heladera. Siento después una terrible culpa. Me vuelvo a mirar al espejo. Quisiera ver duros abdominales de afiche, y veo un pellejo grueso y fofo.
Ahora tengo hambre otra vez. Pero no voy a ceder. Salgo a caminar. Hago diez cuadras. Hace doce horas que no pruebo bocado. Mi percepción del tiempo y el espacio es tosca, pasan quince minutos sin que los note, pasan cuadras y cuadras sin que las incorpore. Recuerdo a Cioran, cuando explicaba la metafísica de los santos por el ayuno. Pasaron tres cuadras más, creo. Recuerdo algo del hambre que decía André Gide.
Pasan treinta cuadras quizás. Una terrible tormenta va ganándome la espalda. Anoto en un papel algunas ideas para la novela. Escribo, "el hambre como revelación (citar a Cioran y a Gide"). La letra es temblorosa, pues no paro de caminar. Guardo el papel. Lo vuelvo a sacar. Escribo. "Liberarme de ésta grasa, me dará el perfil sano para salir al mundo. Desarrollar esa idea".
Llego a casa. Busco el libro de Gide para releer la cita. La memoria mezcla sus estantes. Hojeo y hojeo. No está ese párrafo donde creí que estaba. La memoria distorsiona. Una hora ha pasado. Lo encuentro: "Me gustaba levantarme antes del alba. Llamaba al sol entre los rastrojos; el canto de la alondra era mi fantasía y el rocío mi loción de aurora. Me complacía en frugalidades excesivas comiendo tan poco que sentía la cabeza ligera y cualquier sensación se me convertía en una especie de embriaguez." (Los alimentos terrenales)

Capítulo XXII


"Cada deseo me ha enriquecido más que la posesión del objeto mismo."
(André Gide)

"Yo no busco bienestar ni justicia. Yo busco la naturaleza humana."
(F. Pessoa)

Ahora tengo veintidós años. Cada año que paso lo reniego con el presente. Crezco continuamente, si miro hacia atrás solo veo un muchacho pueril. Creo en la iluminación de mis veintidós años. Trabajo de cadete. Paso horas dando vueltas por toda la ciudad. Casi en silencio. No me lleva esfuerzo mental. Por eso lo sigo haciendo. Mi cuerpo se mueve automáticamente. Mi mente y mi espíritu están libres. Estoy lleno de sueños. Mi vida de cadete tiene una realidad paralela, más rica que cualquier parva de trámites. Esquinas míticas, enamorados que me ignoran, chicas recepcionistas para rescatar.
Una parte de mi mirada está hundida en un abismo. Y mi jefe, mis compañeros de trabajo lo notan. Desde afuera se ve como una simpática chifladura.

Los días tórridos, el smog, el tránsito, la humedad helada de Buenos Aires. Diez años después reconozco que son terribles. Pero estoy lleno de fábulas. Y creo ser un príncipe disfrazado de mandadero, un poeta que mancha la agenda de cobranzas con metáforas.

Un cadete con horario
de corrido nueve a seis
se cruzaba por Suipacha caminando por Lavalle
y se perdió en la eternidad
jamás de los jamases terminó de cruzar
el limbo se lo tragó

Y yira yira, yira yira
por toda la eternidad
Y yira pibe, yira pibe
nadie te rescatará.

Un cadete piernas flacas
con una mente abollada
pide ayuda ligándose en algunas de las llamadas
de los que usan los teléfonos
a lo largo de toda la peatonal.
Disculpe, corto, equivocado.

Todas esas calles circulares se llaman igual
Esmeralda o Lavalle o Florida o Tucumán
Sábados y Domingos, no existen ya
Nueve a seis y después de nueve a seis
Son las leyes del limbo.

Y el cadete carga en sí una horrible maldición
la de seguir culos, piernas y jamás alcanzarlos
o al menos verles la cara
suda viendo como se esfuma
Auxilio, alguien se ríe en la línea.

Y yira yira, yira yira
por toda la eternidad
Y yira pibe, yira pibe
Nadie te rescatará.
(El Cadete y el Limbo)

(Si alguno se interesa después de mi muerte por éstas canciones y mis poemas de juventud, dejo una caja en mi armario con cassettes y cuadernos).

Todo lo que hago tiene su metáfora, la realidad se sucede simple pero tiene, paralelamente, su argumento "fantasma".
Espero el amor. Con los potentes monstruos de la inocencia. Con la calentura de veintidós años y poco sexo.
Exudo metáforas.
Un ser mítico de piedra que sólo recobra la carne, cuando cree ver llegar a quien espera. Guardián de piedra, cada mañana. Tras una ventana. Un cuerpo sin verbos, sólo espera. Un día se agitan las cortinas. El amor latente invocó de nuevo a la carne. Cae la gota de agua sobre la grieta seca.
"Todo duró lo que tarda uno
en verificar que confundió
un rostro extraño con aquel que ama tanto
y que siempre espera"

Finalmente, vuelve a ser piedra para seguir esperando.

Lo bueno de las leyendas es que legalizaban toda mi oscuridad. Pero hay que creerlas para que tengan potencia. Y yo las creía. Chapoteaba en la demencia sin ahogarme.

Después llegó el fin de la abstención sexual. Mi bajo vientre exigía alimentos terrenales. Todo seguía manchado de mis metáforas. (¿Acaso el lenguaje humano, los deseos, los sueños, no están manchados de manoseadas metáforas colectivas?. Basta con prender el televisor o escuchar una conversación casual)

Voy al "comedero" (como decía un amigo). En mi mitología "Arlequinlandia"
Poca luz, escaleras abajo, whisky barato, música impersonal, marcha sintética y ciega. Justo el territorio neutral para que mis fantasmas se hagan cargo de mi carne.
Camino enloquecido por todos lados. No puedo detenerme. Ansiedad. Un cuerpo que no era tan apetecible al principio de la noche, se va transformando en un manjar con el miedo al amanecer.
"Ahí estaban ellos nadando en un mar de sudor.
Un oso me desafió en partida de ping pong.
Pero pateó la mesa, y luego me decapitó.
Tropiezo en los escalones, entro al baño después.
Me miro la cara en el espejo; ojos me miran, yo los cierro.
Estoy mareado, las luces me empeoran.
Tambaleo la música me ahoga.
El pulso es impreciso, coordinación deficiente.
Y no quiero tener que detenerme, quiero esa piel, cueste lo que cueste.
Y presiona la mente en la carne, la imaginación puede más que yo.
Ya no creo en lo que pienso, ya no creo en lo que siento.
Y tropiezo con los escalones, si no callan yo voy a lanzarme.
Y presiona la mente en la carne
la imaginación puede más que yo
El pulso es impreciso, coordinación deficiente
y no quiero tener que detenerme
quiero esa piel, cueste lo que cueste".

Pido perdón por las imágenes. Cuando tenía veintidós años era muy sentimental y patético. Creía que el misterio radicaba en causar, en causarme profunda impresión. Utilizando esos recursos excesivos. Ignoraba la infinita variedad de tonos entre lo luminoso y lo oscuro. Creía en la nada o en el absoluto (tonto de mí, si hubiera mirado con más atención mi vida, hubiera visto las gamas). Pecado de juventud.
Debo decir que aún sigo creyendo en el absoluto, pero de una manera distinta:
"La manera de poder acercarme al Absoluto es no proclamar ningún Absoluto en mi naturaleza." (R. Dawkins El gen altruista).

Ahora, a mis treinta y dos años, tengo momentos en que las metáforas me vuelven a ganar la pulseada. Algo las despierta. Una tonta película. Una canción llena de lugares comunes. Un simple disparo de la imaginación. (Pido disculpas por ir y venir a lo largo de mis años, pero tengo una oscura impresión de que siempre era-soy-seré el mismo.)
Realmente no sé si las metáforas son inevitables, nocivas, si distorsionan, ayudan a vivir, o nos impiden ver lo que en verdad importa, la materia que nos gravita:
" ....porque el mundo del que somos responsables es éste de aquí: el único que nos hiere con el dolor y la desdicha, pero también el único que nos da la plenitud de la existencia, esta sangre, este fuego, este amor, esta espera de la muerte. El único que nos ofrece un jardín en el crepúsculo, el roce de la mano que amamos".
Ernesto Sábato- La Resistencia

Ya ha amanecido sobre la ciudad. Salgo acompañado del boliche, por "algo" que enganché. Estamos pálidos de alcohol y sueño. Somos bien reales. No somos metáforas.
La remera chorreada de alcohol. Tendremos sexo igual; en tu casa. No sos lo que quiero, pero quiero acabar:
"Borracho llego a entregarme
vencido caigo en la cama
a estimular mis sentidos
para así al fin acabar.
Toco pico a tu ausencia
el tiempo se encargará
de asfixiar con calendarios
la historia que voy dejando

Cielito de mi pecho
sube y baja la tristeza
vivir es al fin dar vueltas.

Un tren abre y cierra tajos
en el tiempo en el espacio
la luz llega racionada
en perezosas bocanadas
Nunca permanezco mucho
varado en alguna estación
cambio de pechos y piernas
doy unos besos, me voy"
(Arcadia´s Waltz -De trenes y tajos)

Voy bastante seguido al "comedero". Otro remanso en mis días. Mucho sexo. Pocos compromisos. Mucha música. Algunas borracheras memorables.
En una de esas noches subo a buscar una cerveza a la barra de arriba:
"El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo"
(F. Kafka Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero).

Te ví. Una bisagra inesperada. Un regreso furioso de metáforas:

Una mañana sin dolor
Él escribió estas palabras
Y fue su historia de amor
una mañana sin dolor

Renuncio al cielo
por el de tus ojos,
Abandono mi zoológico de fantasmas
por seguir el carromato de tu circo

¿No ves que tengo
la cruz de los malditos en el iris?
tanto amor, mi cuerpo chiquito
va a reventar...

Y una mañana con dolor
éste, mi amor, se quebró
¿y fuiste vos?, ¿es que fui yo?
¿O Rio Grande do Sur,
la sudestada
o el crematorio con su vapor?

En las tierras del dolor
un niño extraviado soy
Sin fuego para mi pira de sueños
Mi carne flaca
esqueleto de canciones en al garganta.

Entonces Dios dijo es suficiente
envío a su ángel Azrhael
a las Tierras del Dolor
Y el hombre dormía, le toco la frente
y huyó hacia el éter
llevándose la pena hacia la muerte

Me desperté esa mañana,
una mañana sin dolor,
Soñé que tenia un amor inmenso
y que después lo perdía
me voy a trabajar, se me hace tarde

¿No ves que tengo
la cruz de los benditos en el iris?
Tanto amor, mi cuerpo chiquito
estalla en luz...

----------------------
En esta metáfora predije la muerte de la misma metáfora.
Pido perdón por la inclusión de algunos poemas míos. No intento exhibirlos como valor literario. Deseo enriquecer la percepción de esos momentos, mostrando la mirada que tenía en aquel entonces.
Madrugada de sábado. Hace mucho frío. Miro las ramas de la enredadera sacudirse contra el cristal entumecido por las nubes de nuestra humedad. El rabillo del ojo cree que alguien se mueve en el jardín. Cierro las cortinas.
Siento el ataque de una nueva metáfora (o una nueva voz, son sinónimos casi).
A punto de morir y me viene el deseo de un beso. De espejarme en unos ojos claros, líquidos. Trato de contenerme. Pienso en lo real. En la ternura y en las miserias. Lo demás es solo quimera. Pero me entrego, esa voz hoy me arrulla y duerme a todas las demás. Como en mi adolescencia.
Recuerdo un proverbio indígena que llevaba a todas partes: "Lo único real es lo que se sueña". La realidad es lo único que tenemos. Los sueños son espejismos.
Pero nos iluminan.

Corazón que vela mientras duermo
no tiene desmayo ni sosiego
Vida de alegorías, con música.

¡Ay si fuese la primera vez yo te creería!
mas sé que amas y que olvidas
Amar y olvidar, esa es tu eternidad....

Corazón, anoche no me dejaste dormir
la tiniebla, libera tu zoológico fantasmal

Corazón que conspira mientras duermo
el humus que alimenta tu oscuridad
será por la vigilia mi manera de mirar

Corazón perfecto ilusionista
la materia con la que se hacen tus sueños
es al fin la nada, que no salva de la nada
Corazón.
(Insomnio - Arcadia`s Waltz-)

Todas las canciones tontas de amor empiezan a cobrar sentido. Y todo el artificio del arte. Valga el infantil juego de palabras.
El sentimiento, tan bastardeado, tan ridiculizado por la razón, es el que anima los artificios. Le da una infinita profundidad a la mera biología.

Lástima que Dios no cuida de quien se adentra en el Infinito. Dios cuida de los previsores. Pero no te podés cuidar. Hay que ir hasta el fondo de esa calle. Aunque sea de noche. Aunque falte mucho para amanecer. Aunque tengamos los pies mojados y pronto levantemos fiebre. Hay que llegar hasta esa hilera de árboles, un paso antes del horizonte. Ya sé que me vas a decir:
-Si nos quedamos acá, seguro Dios nos ayudará.
-¿Para que sobrevivir sin poder ver?

Es extraño estar escribiendo la apología del desamparo, agazapado contra la estufa, en este frío cuarto. Ya no recuerdo desde cuando está lloviendo; sin animarme a salir de estas paredes.

Nadie ve el signo de los excesos. Nadie ve en los excesos de los demás sus propios excesos.


Capítulo XXIII

 

La Lujuria
¡No te resistas a mí, pues soy la omnipotente! .Los bosques resuenan con mis suspiros, las olas se mueven con mis agitaciones. La virtud, el valor y la piedad se disuelven ante el perfume de mi boca. Acompaño al hombre en todos sus pasos y cuando ya llega al umbral de la tumba...¡Aún se vuelve hacia mi!
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La Muerte
¡Soy yo quien hace de ti una cosa seria!. ¡Enlacémonos!

( Las tentaciones de San Antonio. -G. Flaubert-)

Vuelvo a pedir nuevamente perdón por tantas sentencias, pero ignorarlas sería dejar un espacio en blanco en los motivos de mi acción. Pido disculpas también por el relato constante en primera persona, sin diálogos ni interlocutores. Pero los diálogos engañan. Como dice esa canción: "Cada cual repite su soliloquio y a eso le decimos conversar."

Busco en la revista del cable el día de la repetición de la película. Quiero volverte a ver. Un nombre nuevo para mi Lejanía. Esa sonrisa; otra vez el piedrazo en el parabrisas. El dulce y desesperado dolor de lo inalcanzable. La clarividencia." No hay corazón más sabio que el herido de amor" decía Leopardi.

Estuve dos días como hundido, sin poder escribir ninguna palabra.
El abismo es el reverso de la altura. No tomo espesor en lo que digo. Veo otra vez tu sonrisa. Pienso en la altura y en la muerte. Vuelvo con Leopardi " Creó la suerte al mismo tiempo hermanos el Amor y la Muerte ". Sería entonces razonable cualquiera de los finales para mi historia.
Espejismos, espejismos, más espejismos. Los necesito. Este bazar de engaños. Quizás vinimos al mundo a ver que producían las ilusiones en nuestra naturaleza. Todos corren tras ellas. Yo también. Pero soy el más necios de los prototipos: yo corro sin creer. (Perdón también pido por tanto "Yo", "la vida es un yoísmo al pedo", decía Adán BuenosAyres).
Nadie entiende a nadie. Nadie escucha a nadie. Sólo el amor y la muerte nos comunican brevemente, unos chispazos, para después abandonarnos. Nada perdura, todo se oxida pronto en esta intemperie. Somos violentamente expulsados de las cumbres. Burlados enseguida por la lozanía. Abandonados por la belleza o incapaces de soportarla. ¿Quién puede mantener en alto algo noble sin que se le tuerza el brazo?
Todo esto es insoportable y verdadero. Pero hoy tengo un espejismo que seguir.
Busco en Internet desesperadamente fotos tuyas. Encuentro de todas las épocas.
Me ahoga encontrar entrevistas y no poderlas entender bien por la barrera del idioma. Pienso en la desesperación de un ser incapacitado para entender y hacerse entender.
No me avergüenza sucumbir a este romance de lejanía adolescente. Yo no sé si estoy nublado o claro.
Es decir, este abismo infranqueable que describo es una destilación lúcida de mis patrones. O es que estoy estúpido y ciego.
Hay algo inexpresable en tu sonrisa, en la naturaleza de tus ojos (de los cuales no recuerdo el color). Hoy estoy hecho de todo eso que no puedo expresar. Eliminado del juego. Las palabras son solo piedritas para jugar en la celda. La única música que me podría explicar es el silencio. Pero arcadas de dolor me obligan a escribir.
Desde lo Irreparable llegan sentencias. "Nunca es suficiente la oscuridad que se bebe para la luz que se merece".

Hace días que no para de llover. Y yo espero un beso, como espera toda la gente.
Amo una alineación de tu rostro, un instante de tiempo y biología en tu piel, una mueca exacta de tu sonrisa. Como la única flor sutil, como la mariposa que ví una tarde de enero. No se pude detener la corrosión.
Otras fotos ya te muestran con los contornos levemente modificados. Las marcas más profundas en tu frente. Tu cara tiene huellas de cosas que yo no he visto.

Hace unos meses, al mudarme, pensé que evitando esos ventanales en las alturas de la ciudad, no me enfermaría de lejanía. Que tonto fui, ahora lo descubro. El horizonte abismal que veía desde la ventana me dolía pero como símbolo.
Siempre que intento sumergirme y sacar algo, el registro es tan triste que no quiero volverlo a leer.
No hago pie en el abismo. Su potencia está nutrida por mi desesperanza.

La lejanía y la biología me empujan a la calle. Las voces. Pagar un abrazo. Comprar un whisky. Visitar amigos. Caminar in crescendo. Correr. Aguantar. No alcanza todo mi dinero ni toda mi historia.
El cielo de la vida renueva las piernas, nosotros somos viejos verdes que ,calientes, ven las generaciones. Estoy adulto y lento. Ya no las alcanzo.
Sentido psicópata de la vida: El mismo hambre para el mancebo y el viejo, no es certero. Si merma el diente que merme el hambre.
He practicado el ritual de la muerte casi todas las noches. He abandonado la última esperanza con el manotazo a la tecla del velador. Tal vez por eso no muero, me renuevo.

En cada momento se encuentra impreso el sentido de mis días, como en cada célula está el mapa completo de la vida.
La noche solo me soporta si estoy ebrio. Camino. Venzo el frío; absoluto de sexo y vacío.
Los viejos no cogen porque son viejos. Los jóvenes porque son torpes e inexpertos ¿Quién está satisfecho entonces?. El azar elige.
El hombre del sobretodo raído avanza sin dejar entrar el frío. Sus pensamientos corren. Algo se dispara. Piensa en carne y sexo. Piensa en labios y cuerpos calientes. Y ya no puede sentir otra cosa que su excitación y la muerte.

Capítulo XXIV

"Cuando algo nos oprime en serio, sabemos que la salida apunta siempre hacia las verdades más ligadas con lo desconocido." (L.A. Spinetta- Kamikaze)


En una cuadra de Flores todo sucede. El local de la santería linda con el albergue transitorio. Una puta muerta de frío- pero caliente en la vista de los hombres- saluda a una doña que hace los mandados. Frente a la plaza; una mujer sentada en un umbral sostiene en su falda a un hombre borracho y todo vomitado. Pienso en La Piedad de Miguel Ángel. La posición es la misma. Miro con una mezcla de repulsión y maravilla. Ella no me ve. No ve nada.


Voy a poner una hebra de luz en las calles. Voy a helarme, para darle un hueso a roer al frío, para darle un nombre.
Miro al cielo. Un sol burlón que va y viene, como un amante cruel que puertea con su pene. Me voy a pasear como un abismo por los suburbios, arrastrando la caravana de fantasmas. La cadena se hará más y más pesada y larga. Al fin me dejará inmóvil.

En este momento no me interesa la novela. Quisiera irme a dormir. Es tarde y el cuarto está helado. Pero quiero liberarme de este tormento. Debo escribirlo. Debo capturarlo en un chorro de signos. Estoy haciendo un rodeo de palabras. Sé que está cerca de estas frases. No puedo verlo. Un pájaro oculto en la maleza, siento el latir de su corazoncito. La emoción de llegar a verlo por primera vez. El temor de ahuyentarlo con mis torpes pasos.


Tengo seis años. Estoy con mis hermanos en la playa jugando con una pelota de agua.
Una ola que regresa al mar se la lleva. Se aleja veloz. Comienzo a llorar. Un dolor inmenso e inexplicable. La lejanía tal vez. Mi padre se arroja para rescatarla. Pero el mar estaba agitado y mi madre le grita que regrese. Yo quiero que siga, que nade, que alcance la pelota. No me importa mi padre, me importa la pelota. Todas sus fajas de colores, pasando el rompeolas, ya son una sola.
Esa desesperación ante la lejanía me ha atacado toda mi vida. Ya desde niño, tratando de alcanzarla en los objetos, en los amores, en los horizontes...


Kafka decía que se asombraba de su capacidad de objetivar el dolor en medio del dolor.
Cuanto daría en este momento por poder hacerlo. Por hacer que mi dolor deje de ser único, oscuro, una sombra sin contornos y de un peso terrible.
Cuanto daría por darle un nombre, por pasearlo desnudo, para que todos lo supieran.
Para que su oscuridad y su silencio dejen de pertenecerme y se vuelvan vox populi.
Sin embargo merodeo con palabras, no logro aferrarlo. La muerte me lo quitará tal vez.
No sé que más escribir, no tengo más nada que decir, sin embargo la presión no se detiene. Debería acceder a un rincón del abismo que aún no está a mi alcance. Sé que toda oscuridad será tarde o temprano violada por la luz. Pero no aprendo a esperar.
Quisiera que la salvación tuviera la forma de un beso. También quisiera ser poeta.
Y creer que Dios los resguarda de manera especial. Quisiera que ceda la oscuridad y que la claridad no me vuelva estúpido y temeroso. Vuelvo a pedir un beso. De tu boca o de la muerte. Presiento que cualquiera de los dos tienen la misma iluminación.
No quiero volver a la cama. ¿Para qué?. ¿Para ejecutarme de nuevo con esa película?.
El amor se convierte en un abismo, para quien lo contempla en su alma. Sin embargo, para los que miran desde afuera, es una plática estúpida, monotemática.

Capítulo XXV

"Todas las piezas del sol, insectos, piedras, laderas, rumiar, océano, bit, plaqueta, picadura, sonda. Éste que habla, es un hombre y su muerte" (Kurl Cobian)

Ahora tengo veintisiete años. La primera noche después de tu muerte, no me animé a dormir solo. Han pasado dos o tres días creo. Estoy en la cama leyendo un libro (Malraux tal vez). Todas las noches repito el mismo ritual de cuarenta o cincuenta minutos, hasta que el sueño me arroja el libro sobre el pecho. Pero aún es temprano, mi madre duerme en la habitación continua. De repente algo me extrae violentamente de la trama de la lectura. Ella estaba acá. No me pregunten como lo sé. No vi nada, no escuché, no olí. No. Nada que pueda explicarse con los sentidos, pero tan cierto y palpable como un chorro de agua helada cayéndome en las palmas.
La presencia duró apenas un instante. Así, abruptamente como llegó se marchó.
Lo supe como una despedida.

Un golpe sordo y fantasmal contra una pared de la habitación me regresó del sueño.
Miro el reloj. Una hora de la madrugada en la cual no sé hacer otra cosa que dormir.
El vidrio helado lagrimea. Estoy en la cama, tapado hasta la boca. Prendo la televisión.
No presto atención a lo que veo. Me acoplo al ritmo lento de mi respiración. No hay dolor.

Es extraño, siempre desee la fama y el dinero para después alejarme y descansar lejos. (¿Por qué no salteo el camino y me alejo ahora?).
Plantar hileras inacabables de árboles en los campos. Contemplarlas. Detenerme a la hora del almuerzo. Levantarme con los zorzales alzados. Orinar, mirarme al espejo, pensar en el paso del tiempo. El fuego, la pava, el mate. Acostarme lleno de sol y laxo de cansancio. Levantarme. Revisar las hileras de árboles plantados. Leer. Ser sorprendido por un cuento de amor y muerte. Escribirlo.

Oigo cantar al pájaro pastor, previo al albor
Su gorjeo con el alma siento
pero con los sentidos no lo recuerdo
Dicen que va campeando almas
Las mas osadas, las que quieren saber
que hay más allá de cerco
del sueño nocturno,
en el sueño del No-Volver

El paño de la noche se inflama
El canto guía las almas de nuevo aquí
El paño de la noche se rasga
Un primer rayo mancha el existir

Y el canto cesa,
algunas almas no regresan...

Hay sublimes momentos
en que el azar o una idea en masa,
la estampida de los autos calma
y a través de un manojo de hormigón

Oigo cantar al pájaro pastor
Y sin dormir.


A veces creo que podría quedarme aquí. Hablaría y hablaría hasta agotarme. Me saturaría de relaciones; con ellas seguro algo de dinero. Y habría reuniones, sociales, y como requisito sólo hablar y hablar. Éste mundo da la posibilidad de vivir sin silencio. Pero no. Huyo a los campos. Los de la tierra, los del cielo. Éste mundo promete mucho y da poco. Sin embargo es el único tangible. Tiene el sol, el dolor, el consuelo y el olvido también.

La ráfaga da consuelo
saciado el hambre del día
abunda el dolor y el remedio
La Tierra de los Consuelos
un mar se sostiene en nuestras cabezas
La Tierra de los Consuelos

Ya ves besamos muy poco
pero aporreamos bastante
cartógrafo de lo patético
La Tierra de los Consuelos
calmando el vacío con sed
La Tierra de los Consuelos

Y que nunca el océano
sea metáfora en mi alma
Vivir con un mar adentro
La Tierra de los Consuelos
que el mar se sostenga en nuestras cabezas
La Tierra de los Consuelos

La lejanía lo promete todo, pero está hecha de la misma ponzoña que el horizonte: excita el pecho y nos enferma los ojos .

Ahora tengo seis o siete años.
Una herida turbulenta corre desde la ciudad hasta el aeropuerto de Ezeiza. Paramos en los campos del costado de la ruta a remontar el barrilete. En mi libro de lectura están representados los meses con dibujos característicos. En marzo hay una hoja seca de plátano y un barrilete.
Sube y el viento lo toma por uno de los suyos.
El ovillo se desenrolla con furia. Lo sostengo. Me acuerdo de una película que ví en t.v. sobre un viejo y un pez espada. El niño siente la magnitud del animal que se devora el barrilete cielo adentro.
Sube. Cerca ya de ser un punto en la altura. Otra vez la lejanía.
Arrodillo el alma, el niño siente un pavor religioso hacia esas potencias míticas. No es fantasía, se devora el ovillo con avidez. Está luchando por abrir mis dedos. Una mandíbula sin contornos se lleva mi barrilete hacia los abismos del cielo.
De repente mis manos - esenciales, irracionales- de niño sueltan el ovillo. Lo entrego sin porqué a la Lejanía, con dolor, con reverencia.
El ovillo se enreda en el tupido esqueleto de un árbol.
Las ramas, las tramas detienen la lejanía.

 

Capítulo XXVI

 

"Quien desconcierta, ofende"
(J. Cocteau)

"Vivo en paz con los hombres, y en guerra con mis entrañas"
(Antonio Machado)


"Un espíritu en lucha contra sus entrañas produce quizás una obra como "El Proceso"
Otro apuntado al mundo exterior, contra los demás hombres, produce el transatlántico Titanic o la película."
(S. Spielberg.)

"Cuidado con las creaciones, se vuelven contra sus creadores. Si no creed mirad la obra de Dios."
(Pascual Blaistein. Existencialismo y Dinero)

Ha llegado el momento final. Me asalta el temor de escribir y corregir el último párrafo. Me levanto, voy a la cocina, camino por el jardín. Trato de postergar las palabras finales. Voy al baño sin motivo, me miro en el espejo. Me digo que no tengo necesidad de hacerlo. Nadie me obliga. Quizás las cosas cambien. Pero no. Otra vez es la esperanza como esas velitas para cumpleaños caprichosas, que se vuelven a encender después de apagadas. No. No quiero dejarme engañar nuevamente.

Por fin se detendrán las voces. Basta de resistir. ¿A quién irán a morder las sentencias cuando las abandone? ¿Tendrán vida propia o son solo escoria parásita de mi mente-carne?.

Vuelvo a la habitación, paso los canales del televisor, siempre estoy solo, sigo solo, aunque tenga todos estos canales llenos de voces. Perdonen si el relato se pone inconexo, he bebido más de media botella de whisky. No voy a hacer esa estupidez de pedir ayuda, para que me digan que me quieren y no lo haga. Son las tres de la madrugada. Es muy racional mi decisión. Ya estoy listo.
Vuelvo a salir al jardín. Tengo miedo. Cuando salga el sol ya no estaré. No volveré a verlo. Pido perdón también por ser sentimental y patético. Química del alcohol.
Ahora sólo me queda acostarme en la cama y esperar.


Todo éste párrafo anterior sobre el preludio de mi muerte ha sido ficticio.
Nadie puede narrar su muerte.
Ha llegado el momento final. Me asalta el temor de terminar y corregir el último párrafo. Acá dejaré de escribir.

"¡Una metáfora consuela de tantas cosas!" (F. Pessoa)

Fin

 

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