Autor: Alejandro Vallarino
"Me sacaste del animal / para hacerme animal desgraciado"
"Tengo unas pocas herramientas para ver /que no veo nada"
H. P. Habber (Globalización y Poesía)
La cabeza llena de sentencias. Solo cuando descansan se puede vislumbrar algo.
Cuando no están no existe quien nos compare, quien nos juzgue, quien
nos ponga en vereda ¿qué sería el hombre sin el deseo de
ser algo distinto?.
Ser hombre, ser la criatura más alienada, más ruidosa, más
librada a su suerte. Con un pie en lo que es y otro en lo que puede ser.
La criatura del ningún lado.
Es extraño no tener presentes continuamente los pulsos del corazón,
los movimientos de los intestinos... Suceden simplemente. En cambio el cerebro-
mejor dicho su proyección, la mente- no deja en paz nuestra atención.(Extraño
por cierto , porque el nos proporciona el sentido de la atención)
Las lecturas, los hechos de cada día, la televisión, una frase
pescada del zapping, alguna otra escuchada de espaldas en el colectivo. La criatura
se alimenta, convierte a su capricho, los juicios, los hechos, en materia prima
de su sistema. Les da jerarquía, los reemplaza, los reclasifica, los
distorsiona, los olvida.....
Nunca se es profundo cuando se habla del avatar humano. Se avanza bajo la superficie y se descubre un abismo. Cuando se conquista ese abismo se descubre que no es más que otra superficie. Pienso en Platón, en Cervantes, pienso en Dostoievski, en Shakespeare, en Nietzsche, en Jung. Cada uno parece haber corrido los límites. Pero, ¿se puede avanzar en un Abismo? .Pienso en un ensayo que leí de H. P. Habber :"¿Será el hombre un señuelo del Universo para conocerse a sí mismo?" (Platón y Sócrates; ¿Cervantes y el Quijote?).
En un acceso de omnipotencia juvenil, de adolescente feroz y seguro en su inseguridad,
quise hacerlo. Negué casi el cuerpo. "
Si las manifestaciones espirituales hubieran sido suficientes, la creación
del mundo habría sido innecesaria y vana." (Rumi). Probé
ser santo, estrella de rock, poeta maldito con horario de oficina, buzo, diletante,
negador, suicida, doliente, alma en pena, libertino.....Miré al mundo
por sobre el hombro. En mi conciencia temía pecar de soberbia. Más
bien pecaba de pueril.
El deseo desmedido, la actitud omnipotente, la soberbia, tienen mucho de ingenuidad
infantil.
Viví al filo del mundo y no ví el otro lado. Me detuve entonces.
Pensé en el verso de Rilke "
Hilo de seda, tu penetras en la trama". Entonces detuve el mundo
en gran medida, intenté verme sin pasión, pero tampoco vi el
otro lado. Conócete a ti mismo no es observarse como una polilla seca
clavada en un telgopor. Todo en nombre de la verdad.
"¿La verdad?. Un pasatiempos
de adolescentes o un síntoma de senilidad" (E. M. Cioran)
Después llegó el dolor. Y ya no hubo teorías ni actitudes
teatrales. No se puede pactar con el dolor, lo subrayé de alguna novela
de Hemingway.
Yo era un día nublado. Nada podía hacer más que acostarme
y esperar la mañana. Suplicar que al observarme con el primer pensamiento
consciente, el dolor ya no estuviese. Pensaba en Marivaux: porque el hombre
es tan limitado en todo, menos en la capacidad de sufrir. El dolor embrutece.
Llegue a pensar en la muerte como única liberación. La niebla
duró dos años. Mi mesa de luz tenía unos libros. Pensamientos
de Pascal, ("Salomón
y Job son los que mejor han conocido y hablado de la miseria del hombre: el
uno, el más dichoso, y el otro, el más desgraciado; el uno,
conociendo la vanidad de los placeres por experiencia; el otro, la realidad
de los males") el Eclesiastés, ("No
nos leemos en los muertos") los ensayos de Montaigne (".....los
muertos nos trajeron hasta aquí y nos enseñaron prácticamente
todo lo que sabemos.)
Pero por sobre todo me consolaba con una recopilación de los Mitos
Ranqueles: "En un principio
fue el Fuego Cósmico y el Vasto Abismo negro y celeste; la Tierra Despojada
y el Agua Incontenida. Intentaron un acuerdo para limitar sus formas y funcionar
como una unidad. Pero sus potencias no lograron armonizarse. De la fricción
de sus conflictos se creo la Vida. Rápidamente se expandió por
la Tierra, por el Fuego, el Aire, el Agua.
Pero los Elementos sintieron en la vida un parásito molesto. Intentaron
quitársela sistemáticamente. Esto creo el Dolor. Y como todos
sabemos el Dolor creo el Tiempo."
Eran los días de andar con los brazos abandonados al péndulo.
Las manos abiertas, las palmas flojas y entregadas. La tristeza es también
síntoma en los músculos.
-¿Qué hay que hacer
cuando se está demasiado triste?
-Creo que tu problema no es sentirte triste, sino pensar que debes hacer algo.
(Gabriela Piafht ,"Doctor, dígame ya")
¿Qué me produjo tanto dolor?. Realmente no lo sé. La herida
de la vida dije en algún momento. No lo sé. Puedo saber que lo
desató. Fue una juvenil pena de amor.
Reconocer el fracaso de lo que siempre esperamos. El ser violentamente expulsado
del territorio del amor. El dolor de resistirse a volver a la oscuridad. No
lo sé.
"Prendiste un faso y la mente me hizo crack, bajé los peldaños
y perdí mi rostro por ahí Y al salir te ví entre las sombras,
y con mi mejor cara de tonto me fui. Y había un brillo en tu cara, y
había alguna turbulencia; había alguna estupidez en mis "habías"
y en tus gestos.
Anduve ciego y sin timón, ojos y alma; hice de mi dolor un carro sin
control. Arrollé tu recuerdo, destruí mi calma, y con mi mejor
cara de tonto me fui."
Lo extraño es que yo produje la ruptura (La separación física,
no la otra). Como un estúpido Sansón que derrumba las columnas
y se echa el templo del dolor encima. Nunca sabré bien por que lo hice.
(Debo decir que, por sinceridad expresiva, evitaré el "siempre"
y el "nunca", cambiándolos por los molestos "quizás"
y "tal vez").
En la última película de Kurosawa "Madadayo", el maestro
transita la vida estoicamente, pero sucumbe a un dolor paralizante en la vejez,
por la pérdida de su gato.
Una vez leí por ahí que es digno sucumbir al dolor. En cambio
al placer y a la alegría no. Un pensamiento de Pascal me parece.
En ese entonces renegué de todo lo que no era aprendido con dolor profundo.
Había simplificado mi idea del mundo. Me había vuelto menos
egoísta, " Algo bueno
tiene el dolor profundo (dentro de su lógico horror), quita parte de
tu ser de las mandíbulas de la existencia cotidiana". H. P. Habber
(Globalización y Poesía).
Todo lo medía por "el peso en el pecho". Espero que alguien
comprenda. En el pecho se "unen" el alma con la carne. Un sensor en
"carne viva", en "alma viva", que no se cerraba. Pero demasiado
dolor termina arruinándole el corazón al hombre. Un par de años
después, sentado en un bar mugriento, descubrí que ya no estaba
más.
El mundo no se explicaba entonces solo con dolor.
Ya no creo en el valor superior de lo "profundo "con respecto a lo "superficial". El entramado incluye todo. Mejor expresado: "Un cúmulo de polvo se ha formado en el fondo del anaquel, detrás de la fila de libros"..." Tal vez el cúmulo de polvo no sea menos útil para la trama que las naves que cargan un imperio o que la fragancia del nardo" (J. L. Borges 1982).
Ahora quiero preservarme. Aunque no sea más ese hombre único,
doliente. "Un hombre alegre
es uno más en el coro de los hombres alegres, un hombre triste no se
parece a ningún hombre triste" (M. Benedetti).
Preservar mi carne, mi mente. El alma no sé. Los argumentos de su existencia
son literatura (al igual que la idea de Dios, no puede ser otra cosa más
que un prejuicio).
Por eso decidí escribir la novela. No manejo los códigos, ni conozco
el armado de tramas, ni las trampas para retener a los lectores. Tampoco las
estructuras, las metáforas, ni las perfecciones técnicas que gustan
premiar los jurados.
Lo hago simplemente porque necesito el dinero del premio.
Y usaré las toscas herramientas que poseo.
"La materia es el obstáculo
entre la eternidad y la nada"
Pascual Blastein (Existencialismo y Dinero)
Cada momento que lucho por no levantarme y abandonar todo es un triunfo de alto
esfuerzo. Las cosas se nos resisten, tienen su propio curso, no les importa
nuestra voluntad.
¿Para qué hacer algo? Si el fin de todo es la muerte, la disolución,
el olvido.
"Tanto ruido de transformar
para el sencillo hecho de perdurar. Para reunirse con la Nada. Nosotros, la
representación sensible de la Nada." (P. Murphy)
La existencia no necesita de nuestras obras. No necesita que la expresen, es
en sí un infinito acto de expresión.
Pero yo he leído poemas, he escuchado sinfonías, canciones de
rock y sentí el portal que se abre por mezquinos instantes. Eso justifica
todo esfuerzo humano.
No somos hijos de lo que perdura, ni nuestras acciones, ni nuestros templos
son aceptados por lo Eterno. Somos hijos del instante.
Nuestras biografías son desesperadas, trabajan contra el tiempo y la
decadencia. El límite le da más espesor al canto y nuestra dolorosa
insolencia (¿ignorancia?) contra la muerte lo hace bello.
La eternidad lo tiene todo, menos los límites caprichosos y violentos
que cincelan la existencia. Citando a Blake "La
eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo".
Me gustaría traer un fragmento de mi amiga Gabriela Piafht:
"Nos escapamos de
entre tus dedos. Y si nos tomás con furia de posesión, simplemente
nos disuelves. Nos podrás tener un instante, después nuestro
recuerdo te atormentará.
No podrás jamás sentir, lo que es poseerse invencible y eterno,
y a la vez ser tan frágil.
Somos un dibujo del polvo flotando en la brevedad, bello a trasluz, que desafía
a una Nebulosa" (Eternity)
Sin embargo soy incapaz de sostener esta defensa de la fragilidad. Tengo momentos
en que mi actitud es el espanto.
Miraba, de madrugada, un documental sobre momias.
Me vi en esos despojos secos. Vi el obvio fin de todo. Sin defenderme con religión,
ni metafísica. Razón pura. Los científicos "conversan"
con la momia. La miran desde sus instrumentos, su ecuanimidad ¿a ninguno
le corroe la desesperación de saberse momia? El sentido de mi vida se
hizo espanto. Pero de nuevo mi limitación me salvó (La "capacidad
" de olvidar el espanto).
No creemos en la muerte. Por eso hacemos tanto daño. Por esperanza desesperada
de zafar.
Recuerdo un sueño que tuve. Una voz impersonal me repetía que
todo era gratis, "todo absolutamente se te ha regalado. Hasta la capacidad
de sentir la pérdida."
Como pueden ver, tengo algún don precario para la cita y la metáfora.
Pero no me interesa cantar. "Cantar
es en efecto cosa de convalecientes, el hombre sano no canta"
decía Nietzsche. O esos versos anónimos que cantábamos
cuando éramos chicos:
"No pretendo el fin del dolor
/la quebradura es inevitable/ pero para calmar la herida, pido que lo que
se rompa, cante"
Cantar es inútil y hermoso. Lo hacen las ramas al partirse, las hinchadas
de fútbol ante el inminente descenso de categoría. Los pájaros
de jaula. Las ballenas aguardando la extinción.
Ahora tengo diez años. Es invierno. Estoy en la casa de mi amigo de la vereda de enfrente. Se hace de noche. Nos metemos a conversar con la abuela en la cocinita del fondo. Los techos son altos. La abuela prende una hornalla y se va entibiando el ambiente. Jugamos al culo sucio con las cartas ajadas. La hornalla sisea. Veo los flecos azules de la llama. Después contamos historias de aparecidos y fantasmas. El vidrio de la ventana deja escapar un recuadro de luz que se proyecta en el piso del patio. El resto es una inquietante tiniebla. Una pizarra negra para escribir todos mis temores de niño.
Ahora escribo mis fantasmas porque quiero el dinero del premio. Me he echado
a perder. La necesidad inmediata es mezquina, embrutecedora. Vivimos en un
lugar del mundo donde todo está estructurado para obligarnos a la carroña.
Pienso en la naturaleza. Ser un animal herbívoro tampoco es una solución.
".. después de todo
un tigre es una oveja que aprendió a comer carne." (William Blake)
Desde ya les aviso que la historia no va a ser redonda, ni los personajes
van a estar cuidadosamente delineados. Las técnicas, si bien son necesarias,
crean límites y recortan el vuelo.
Aunque pensándolo bien eso no es cierto. Bach por ejemplo trabajo con
una armonía primitiva, simple. Sin embargo eso agudizó su ingenio
al máximo y logro abrir por muchos instantes el "Portal".
El don de vencer las circunstancias. También se refugió en el
convento, el único lugar que pudo haber preservado su genio. Si hubiera
vivido en nuestros tiempos, se hubiera hecho quizás estrella de rock.
Ella me dijo, sin decirme:
- No soporté escuchar más las voces sin poder sentir jamás
la Voz.
La entendí perfectamente.
(Gabriela Piafht ,"Doctor, dígame ya")
"El libro que no encierra un contralibro es considerado incompleto"
(J. L. Borges " Tlön, Uqbar, Orbis Tertius")
Señores Jurados, quiero defender mi posición. Si bien el motivo de escribir solo por el dinero parece ser no ético, mi necesidad parte de algo más profundo. Me siento abrumado. El casco psíquico que contiene lo que soy, no me tolera. Necesito el dinero también. Pero eso es solo un disparador. "Solo el artista dudoso parte del arte; el artista verdadero saca su materia de otra parte: de sí mismo..." (F. Klemm "El Banquete Telemático").
Lo que dije anteriormente del canto no es del todo verdadero. Hablé con un poco de resentimiento. Escribí poemas y canté durante más de quince años. Fui/soy ignorado por completo. Tengo entonces derecho a una molesta picazón de resentimiento.
He cumplido treinta y dos años. Mi diagnóstico es enfermo de
deseos. La melancolía de la que me acusan los que me conocen no es
más que deseos reprimidos. No me explico bien porque no trabajo para
cumplirlos.
Mis acciones son a veces diametralmente opuestas. Me pregunto si en verdad
deseo lo que realmente deseo. Creo que no.
Enfermo de deseos. Enfermo de no saberme. De morder mis límites y ver
la corta cadena que separa mi collar del palo donde estoy atado.
Triste circunferencia trazo alrededor de lo que soy. ¿Por qué
me doy cuenta?
He cumplido treinta y dos años. Aún soy joven para morir. Quien
no muere joven merece morir decía Cioran creo.
"¿Quién concede
todavía importancia a una muerte bien acabada? : Nadie. Hasta los ricos,
que podrían sin embargo permitirse ese lujo, comienzan a hacerse descuidados
e indiferentes; el deseo de tener una muerte propia es cada vez más
raro. Dentro de poco será tan raro como una vida personal." (R.
M. Rilke -Los cuadernos de Malte Laurids Brigge)
Estoy a tiempo. Sobrevivir a la lozanía es pactar con algunos demonios.
No voy a nombrar la Legión, solo los que se me presentan ahora: Oportunismo,
Avaricia, Astucia y sobre todo al que más temo: el de la Cobardía.
"Sobrevivir es trocar la lucidez
de la palabra desinteresada, por la lucidez de la astucia muda."
Los griegos veían con desconfianza a los guerreros que llegaban a la
madurez, ni hablar a la vejez."
El amado del cielo muere joven." ( Menandro)
Sobrevivir es ahorrar el atado de leña. Se vive más tiempo pero
medio muerto de frío Vivir es encender toda la carga y consumirse en
una llamarada gigantesca y bella."
No te quemes en conservarte" (Jim Morrison - The End).
¿Qué diferencia hace a la Eternidad veinticinco años,
cuarenta, ochenta? Una chispa en sus procesos titánicos. Sin embargo
para nosotros los hombres si la hay: Belleza, Dignidad.
Las sentencias me atormentan. Cuando lean (y premien tal vez) esta novela estaré
muerto. Me interesa el dinero para cubrir en parte el dolor que provoqué
y voy a provocar (muchos dolores humanos se curan con dinero; los que no se
curan, entre otros, son la herida de la vida y el tormento de la avidez).
Aunque no me siento del todo culpable. Como escribía Kafka: "
Ciertas culpas son también
un acto de soberbia. Pretender que uno podría haber manejado las incontables
tramas del suceder, cuando no se fue más que un pequeño codo
que desencadenó los actos al final de la cañería cósmica.
Nos deslumbra, nos culpa, ver los hechos ligados a nuestras acciones. Pero
la trama es infinita. (Carta al padre).
Pienso que si tuviese ese dinero antes, quizás no elegiría
la muerte, sino sobrevivir, con todo el atentado a la belleza y a la dignidad
que eso implica. Como pueden ver, siempre surge la esperanza, se adapta a
cualquier tipo de infortunios, hasta los irreparables. Dicen que fue el demonio
más grande liberado de la caja de Pandora: la esperanza da vida al
hombre para permitir que los demás males sigan mordiendo.
Otra voz que hay en mí me dice que sobrevivir también tiene
su belleza, pero no puedo hacerle caso a todas, me llevarían a la muerte
o a la locura...
Cesa y recomienza la lluvia. Si escampara y el sol secara, calmaría mi
mal ánimo. Deseos que nos prometen. Camuflaje de sentidos. Calmando el
vacío con sed.
El alma sigue turbia y echa culpas (en este momento se está inflamando
el cielo nublado y casi pasa un rayo de sol hasta la pared)
Le tiro golosinas a mis voces, pero después de masticar arrebatadas,
vuelven a lo que eran. Cuanto más compro, más quieren. Cuanto
más dinero tengo, más caprichosas e impacientes se vuelven.
"Tener dinero para así
poder disfrutar en paz las cosas que no necesitan dinero, y pensar tranquilo
como aumentar el capital" (Ambrose Bierce)
Nada en ésta góndola ensanchará mi espíritu, ni
siquiera me dará un sentido más, ni ampliará mi cuerpo
físico. No podré salir de mí, ni ser algo distinto al yo.
"...cuan recortado me vi.
Como supe brutalmente mi contorno. Antes la medida de mis sueños se
mezclaba con mi ser. Me hacía inmenso. Entonces llegó el recorte.
Y me ví. Insoportable. La limitación. El dolor. La desesperación."
"Supe el valor de los momentos, que no había pasado ni futuro, solo un azote psicológico. Supe entonces el valor de los momentos. Y los quise coleccionar. Entonces descubrí que nunca supe el valor de los momentos."
"No puedo retenerlo, retenerlo
es no comprenderlo.
(Krishnamurti Diarios de juventud).
Sin embargo, quiero tener.
Envejezco. Nunca más ser niño. Nunca más esa ventaja de
ignorar las caravanas de sombras que suceden a las mezquinas bocanadas de luz.
Les regalo cosas, les invento historias a mis sobrinos para que me presten los
ojos, para que me recuerden lo que es no saber.
Ahora me miro al espejo, con algunas canas y me digo, nunca más joven. Vivir es abandonar supuestos paraísos, pero no lo son. En paraísos se transforman por el dolor de abandonarlos. Cuando llegue la vejez presiento lo mismo. Seguramente abandonaría este estado de dolor actual, como un supuesto paraíso.
Trato de ser objetivo con los cambios. Aunque parezca extraño he notado
que los rostros no solo se deterioran por la natural disolución de la
materia. Se labran con la mezquindad y el resentimiento. Nos volvemos viejos
y horribles.
Comienzo a ver esos indicios de fealdad en mi cara. Y ni mencionar el espíritu,
"la vejez pone mas arrugas en el espíritu que en la cara" decía
Montaigne.
Por momentos quiero y vuelvo a pensar como niño. Por momentos pienso
como si mi vejez pronta ya estuviera. Tal vez nunca deje de ser niño
y siempre fui viejo.
Las sentencias totalmente opuestas van arrebatándose los turnos en mi
cabeza.
"El comercio es, en su esencia,
satánico"
(Cohetazos - Charles Baudelaire)
"Alguien debió conservar y cuidar con amor este jardín de
gente."
(Jerzy Kosinsky Desde el jardín)
"No blasfemes contra el diablo. Él pone la empresa de la cual comemos."
(A. Smith)
Los convencimientos morales de la juventud se van dejando seducir por la comodidad.
Esa búsqueda de la verdad, esa mente afilada que no repara en gastos,
le deja paso a una somnolencia mental. Temerosos de seguir perdiendo lo que
día a día nos van quitando. Embrutecidos por tener que emplear
tratos cada vez más miserables para sobrevivir.
Me vienen a la mente esos gallineros disfrazados con colores pasteles y diseños
postmodernos. Con planes en cuotas tan siniestros que el mismo diablo envidiaría
la ocurrencia. "...falsas
promesas que se utilizan para justificar e idealizar la necesidad criminal
e insaciable de vender" (John Berger).
La impotencia me pone mordaz. Recuerdo el Diccionario del Diablo de Ambrose
Bierce :
"Hecha la publicidad, hecha
la trampa."
"¿Quién puso el huevo por vez primera, el cliente o la
vidriera?".
Toda la dispersión que iba llenando nuestros sentidos, ese tic tac lento
como el sol que tiene la vida humana, queda bloqueado por la avidez.
Este orden económico es tan feroz y totalitario, que nos hace creer que
es la única manera de vivir. Pero me animo a decir que vivir así
es un acto de fe que se basa en "evidencias" en lugar de templos,
milagros o reliquias. Fe en Darwin y el Dinero. Evidencias comprobables. El
pez rico se come al pez pobre. La supervivencia del más adinerado. El
poder adquisitivo aleja la Nada, la Muerte.
Hablando de Darwin, quisiera transcribir un poema de H. P. Habber que habla
del tema, de una manera muy graciosa y patética:
Peleaba Darwin con unos monos
por el último trago de agua dulce
sobre el Beagle
Cayeron en revuelo
sus apuntes al océano
y Darwin igual tenía razón.
Estaba San Francisco esperando
los estigmas
enfermo, famélico.
Renunciar al alimento terrenal
- lleno de miserias -
Renunciar a la existencia terrenal
- límites y penas -
por Pan y Vida Eternos
y Darwin seguía teniendo razón.
(San Francisco y Darwin)
No puedo negar que este orden en que vivimos, es bastante parecido a la naturaleza.
"Un terrible saurio clava
sus colmillos de puñal en la carne de otra criatura. ¿De que
avance me hablan?. Una decisión política o empresarial "clava"
su dentellada en miles de seres indefensos. Sin hablar de los crímenes
personales, diarios, domésticos, entre los cuales somos víctimas
y victimarios en distinto orden. ¿De qué avance me hablan?"
(¿De qué avance me hablan? -E. Sábato).
Nuestra nueva religión pone todas sus esperanzas en la tierra. Y negamos
la muerte y la vejez, pero no se puede, terminan colándose en nuestras
vidas en otras formas. Mujeres ricas y desesperadas estirándose los
pellejos para no sentir que el tiempo las va apartando, les va quitando el
alivio animal del sexo, las va acercando a la muerte. Pero solo engañan
al espejo. " Detener la vejez,
más patético que la vejez misma." P. Villanueva
Negamos la muerte, pero tenemos una oscura atracción a verla por TV.
Ante una tragedia el despliegue para informarla es instantáneo, megatécnico.
Lástima qué remediar no nos sea más apetecible que fisgonear.
Necesitamos ceremonias de muerte.
"No te borres las manchas
de los hombres, vuelven y salen, furiosas, en nuevas formas"
Nos llenamos de aparatos, proyectos, objetos, compañías jóvenes
y hermosas. Pero no podemos zafar.
" La frivolidad es la manera
más barata de tener miedo". (Baudelaire)
Tal vez no sea la más barata, pero si la más perezosa. Y como
decían las viejas :"Los
perezosos trabajan más"
El sueño americano hace agua. No hay lugar en este mundo para que todo
sea una planicie de podios.
No hay lugar para todos los destinos que deseamos. Sin embargo hay lugar en
nuestras mentes para desearlos infinitamente. ¿Ese abismo en nuestra
naturaleza alimenta este sistema?
Ya nada se lo ve como otrora.
Todas las mañanas que mateo mirando el jardín, son una sola. El
recuerdo embota todo el sentido de asombro. Y cuanto más bagaje de recuerdos,
más ciega es la mirada.
Cada vez se ve menos el mundo y más el peso de la mente.
"El presente estaría
lleno de porvenires, si el pasado no proyectara sobre el una extraña
sombra" (A. Gide)
Los miedos imaginarios se vuelven tan brillantes a cada despertar, como el sol
real de cualquier niño que sale al patio.
Comenzamos a reescribir el pasado. Eso se ve claro en nuestros amigos. Van cambiando
detalles de una anécdota en común y persisten a muerte en que
fue así (¿o somos nosotros los distorsionadores tercos?).
"A medida que se asciende en
pensamiento, se libera de ciertos pecados, pero se está expuesto a
otros relativos a esa altura" ( F. Nietzsche- Fauna de montaña)
Pero no todo es malo para el que cumple años. Empezamos a levantar capas
de nuestros pensamientos y debajo de lo que amábamos con pasión
y justicia, encontramos otro tipo de intenciones; bondad por temor, inseguridad,
búsqueda de sexo, reconocimiento.......
Nos sorprendemos repitiendo lo que detestábamos de nuestros padres (¿lo
hacíamos porque nos latía inevitablemente?).
Y el pasar del tiempo modifica el sentido de la proporción: los jóvenes
son cada vez más jóvenes. Los viejos son cada vez mas jóvenes.
Los muertos van rejuveneciendo.
De niño pensaba que madurez era seguridad y claridad. Se ven muchos
hombres seguros, eso es innegable, pero no claridad. La seguridad sin claridad.
Quizás la seguridad no sea más que un sentimiento. Como está
estructurada la existencia, nada lo es. En nombre de ella hacemos más
daño que el que nos hace la naturaleza y el azar. Y los que están
más "seguros" en este mundo son lo que más daño
hacen.
"No solo somos bocados del
tiempo, de la existencia. El mundo de los hombres acaba con lo que el Universo
nos perdona" ( M. de Montaigne).
Acumulamos por seguridad, progresamos, nos aislamos, desteñimos cada
día con el lente "de lo que tememos y hay que prevenir". Queremos
prevención.
Los cementerios están llenos de gente desprevenida, tanto como de gente
prevenida...
"Si estás seguro, verás el fuego del infierno." ( Jalalud-Dim Rumi -El Masnavi)
"No hay nada más mezquino
que tener un jardín al fondo".
L. A. Spinetta (Jardín de Gente)
Avenida Rivadavia. Hacia la izquierda el Abismo del Once.
A la derecha la cúpula de Flores. Y una rebanada de sol.
No está muy bueno el aire. Soy ansioso, nunca espero el semáforo.
Bajo el cordón. Un tonto que presiona la arteria. Allá Mc Donald´s.
El olor de las hamburguesas. Corro ansioso a mi departamento sin ventanas. Me
miro sin querer las venas de las muñecas. Siempre me ha dado impresión
verlas. La arteria, la vena. Por donde pasa la vida, por donde se corta.
Nadie lavará mi ropa. La suciedad se acumula. Nadie va a hacer nada.
La cama está revuelta, como todas las veces sumadas que nos revolcamos.
Desde el pulmón (pozo cerrado por los cuatro costados) del edificio suben
a la ventana olores y diálogos acoplados. Ya no pertenecen a personas,
sino a una policriatura que habita allí. Un pájaro se posa en
la cima. Canta. Y como el pozo amplifica la miseria de los vecinos, también
lo hace con la belleza del canto.
Si quiero saber del cielo debo sacar la cabeza y buscarlo desde el fondo de
ésta chimenea.
Cuando está muy oscuro(siempre), salgo por internet. Pero estoy acá,
postergo nomás.
Las líneas de la web, se hunden en el tuétano de alguna criatura.
Las líneas del hombre solo, se hunden en la fibra de la existencia.
Regalé las plantas, se me secaban
donde no hay luz para ellas, no hay luz para mí (solía decir)
Pero no es así. Por un cruel milagro sigo haciendo fotosíntesis.
El piano está callado, la música me ha abandonado, ¿o es
que estoy curado?
El dinero es poco y a borbotón, por eso lo consumo compulsivo, como un
alcohólico forzado a la abstención.
El comercio es voraz, apenas sé defenderme. Pero defenderse ahora es
arremeter. Duermo solo casi siempre. Atento a los suspiros de la policriatura
y el bidé que pierde.
Estoy como cansado ya, no de los músculos digamos. Estoy cansado del
Ningún Lado.
Esperando que cada mañana de bruma, no sea una mañana de bruma.
" ¡Madame Bovary soy
yo!"
(G. Flaubert)
"¡La Lejanía soy Yo!"
(Arcadia´s Waltz)
Ahora tengo una pequeña casita con un jardín tapiado. Tuve que
optar. Entre una ventana en las alturas, con un brutal infinito, y un jardín
de paredes con geometría de cielo, elegí el jardín.
El exceso de infinito en bóveda, me iba a llevar a la muerte.
Se está acabando el mes y aún no se como voy a pagar el alquiler
Toda la vida quise tener jardín. Ahora lo tengo pero no lo puedo disfrutar.
(Cuando pedimos algo a Dios, o a la Providencia o a quien sea, debemos adjuntar
que venga con el don de poder disfrutarlo).
Miro el césped y digo "me gustaría que fuese de mejor calidad"
Miro las hiedras y digo: "Lástima que son muy chicas aún".
No hay contemplación sin
contaminar. El deseo susurra mentiroso: "al cumplirme te daré serena
contemplación".
Ser como los árboles. Valientes, soportando vida y muerte donde la suerte,
Dios, el hombre, el azar o que sé yo, los germinó.
Empezamos a ser viejos, sabemos algo ahora: los días son lentos y veloces
los años. La belleza nos esquiva. Entonces creemos que tapiando un terrenito
podemos retenerla. Los muros hacen al jardín brillante y estúpido.
La insana humedad fomenta cosas que no prosperarían allí afuera.
Como un niño encerrado con los clásicos.
Si bien es verdad que necesito el dinero del premio, mentí anteriormente
al decir que no se como pagar el alquiler de este mes. La plata casi está.
Lo dije para darle más gravedad al relato.
"Ansiamos tener grandes y
externas aventuras. Pero cada día interno que sucede en nuestra mezquina
y vulgar vida, es mucho más profundo y complejo que cualquiera de esas
aventuras."
Dr. H. P. Habber ("Carne y símbolo)
"Inclusive hasta el mecanismo
interno del deseo de una aventura, es mucho más profundo que la misma"
María Teresa de Mc Gnany (Ampliaciones a la obra de H. P. Habber)
Recuerdo cuando perdí el antepenúltimo empleo. Me bañé, me vestí, con cuidado y apuro como si tuviera un compromiso de horario, y salí disparado a la calle. Por ese entonces comenzaron mis peregrinaciones simbólicas. Las nuevas digo, porque de niño hacía protoperegrinaciones.
Es solo un símbolo, como
los peregrinos a Compostela.
Como los marmóreos pies en Grecia.
Es simplemente materia y conciencia.
Carne y símbolo.
Camino toco la piedra, vuelvo.
Observo a mi mente.
Carne y símbolo.
( "Carne y símbolo" - H. P. Habber)
Voy masticando un pensamiento generalmente doloroso. La vida de la calle me
interrumpe, me distrae. El tránsito, el sexo, un diálogo banal,
la lluvia, un edificio, unos chicos en bicicleta. No me detengo casi nunca.
Incluso a veces acelero para restarle energía a la mente con los músculos.
La noche que murió mi abuela mi madre se puso a fregar ropa compulsivamente.
Yo acelero el paso.
Me gusta peregrinar a partir del atardecer. Ver como las gentes llegan de sus
ocupaciones. Verlas reunidas a través de las ventanas de las casas, de
los restaurantes. Todo, sumado a mi andar, me protege con un desamparo doloroso,
aliviante. Caer en un pozo, sentir el fondo, no hay más de que preocuparse.
Ahora estoy dispuesto a inventarte. Extraña necesidad: irreal para poder
tomarla, pero con un peso físico en el pecho. Pondré un rostro
que vi por televisión. Yo no sé que es lo que quiero hacer con
esos labios, mi tormento no se detiene en las prácticas sexuales.
Tus ojos de un azul, tonto y bello. Todo depende de mí. Soy el que arde
con esas combinaciones.
Quiero besarte en primera instancia. Pero nunca podré violar más
que tu psiquis y tu cuerpo. ¿Qué más lejos se puede?. Mirarme
al espejo y ser vos. Sería bueno. Pero eso no justifica sentir tan intenso.
Ahora tenés el rostro de alguien que conocí.
Sigo peregrinando. Llego hasta tu casa, con la reja antirrobo, el jardincito
encementado. Un gato blanco y marrón acurrucado. Un inmenso ¿fresno?
¿nogal? en la puerta. No distingo bien después de caminar tanto,
sumada la oscuridad y mi presión baja. Pego la vuelta. Cruzo las vías
de la estación Villa del Parque. Arcadia se llama en mis símbolos.
Como la tierra del ensueño pastoril en la que creían los griegos.
Acá la gente no parece pobre, tiene hermosos jardines, vidrieras copiosas.
Los niños tienen juguetes caros. Las chicas y los chicos tienen las curvas
del deporte y el cuerpo en paz. Alimentados sistemáticamente con fibras.
Y no con abdómenes de azúcares refinados.
Y por sobre todo en Arcadia vivís vos, aunque creo te mudaste, no importa,
para mi mitología no afecta.
Una vuelta escribí, sin dejar de caminar:
Vals de Arcadia
¡Cómo se acuesta y
se levanta todo cada día!
marea circular
mas dos olas nunca rompen igual
Avanzo y soy blanco de éste sol
sin sombras, han quedado abajo
Mediodía.
Cada abrazo su rato, bajo la constelación
el sosiego de no juzgar
el augurio de un pájaro
Cielos en rol sobre mis ojos
claroscuro alma de todos
cada cosa su demonio
Entrecierro los ojos y veo
geometrías de luces que van
Detener los colores
y no dejar de orbitar
Tironear los pulsos del aire
El río que adivina su cauce.
Luz manantial
La naturaleza su partitura ejecuta
creando dolor belleza
sin importar diferencia
Ser ingrávido y bello
no apoyado sobre nada
sobre desgracia de nada
¡Cómo se acuesta y se levanta todo!
Arcadia es como Strawberry Fields de John Lennon.
Mi sombra entra y sale de las
otras sombras de la noche. Seguramente alguien ha visto las líneas
vivas de mi cara, animadas por los focos y el andar, las luces de mercurio,
el viento y los plátanos amarillentos.
Paso frente a un quiosco. Los adolescentes- pájaro. Y como pájaros,
está en su naturaleza aletear escándalos y saquearnos los sembradíos.
Estoy conmigo mientras cruzo irradiando en la noche helada.
Debo exigir pulso a mi cuerpo para quitarle campo a mi mente.
Acelero el paso. Soy criatura de piel fría, carne tirana, hueso caliente,
mascando palabras. (Carne y Símbolo)
Llego a casa. Generalmente dejé alguna luz prendida. Me lleno un vaso
de whisky.
En el mundo real no ha sucedido nada. La mente ha ido y venido por el tiempo
y el espacio, por infinidad de supuestos. He perseguido la Lejanía.
Fui a buscar a alguien con quien fantaseo. Recuerdo un sueño donde me
decías:
- Mi madre te ha visto rondando el suicidio por las vías
Sonreí, y pensé:
- Eso no es cierto, pero me sirve de excusa para no "deschavar" mi
interés sentimental.
-Yo no toqué la rosa Señor" (me disculpo, me justifico).
-El romance consiste en mirar su lejanía y andar y andar, caminar y andar,
caminar y acostarse exhausto y borracho.
Yo sé que todo es una ilusión. Yo sé que puedo destruir
todo. Pero ¿que quedaría de mí si acabara con la locura?.
Yo sé bien" Ni el beso
de la boca más hermosa borra las paredes de esta mazmorra". (M.
de Unamuno- Del sentimiento trágico de la vida).
Pero como decía Cioran: "que
es el hombre sino polvo prendado de fantasmas"
Si le quitamos los fantasmas, no queda más que polvo.
"No hay nada más allá
de la hilera de paraísos"
Arcadia´s Waltz (La Tierra de los Consuelos)
Los días buenos y malos se suceden con cierta regularidad. Como en psicología,
hay también en la vida "días compensatorios". Andando
por la calle Yerbal, hacia el oeste, con el sol poniente delante. Algo cesó
de rumiar. El ronroneo de la mente quizás. Como un zumbido que está
siempre y ya no escuchamos por acostumbramiento. Pero se detiene y descubrimos
que nos estaba perturbando.
Cesó. Ahí se reveló el contraluz de la tarde. Miré
un álamo inmóvil. Una cara de sus hojas le daba existencia a la
luz del sol. La otra cara, con su sombra, la nombraba.
Todos los contornos de las gentes y las cosas mordidos por la luz. Un haz de
insectos. Ya se perdió el instante. Otra vez está el zumbido.
Somos como la tierra. Lo damos todo a cambio de unas gotas de lluvia.
Lo damos todo hasta hacernos grietas.
Quien pudiera dejarse suceder por la luz. La luz insostenible.
Quien pudiera tomar el estandarte de los poetas y hacer arco voltaico con el
Infinito.
Sé que puedo enumerar un extraño conjunto. Momentos que no pidieron
permiso a mi conciencia para conservarse. Fósiles de distintos tiempos,
de distintas criaturas, que se han preservado sin importar nuestras explicaciones.
La brisa que me secó la transpiración en el cañón
de dos edificios. Dos compases de Schumann. El Guardián de Kafka. La
santidad de Baudelaire. El instante de amor que pagué brutalmente al
dolor. Un camino ondulante al borde del lago Huechulafquen. Un momento de niños
amarrados a mi cuello.
Excitado y ebrio, una madrugada helada de julio, entregado al animal, olvidando
el dolor de ser humano.
Una tormenta eléctrica en Monte, que me aterrorizó bellamente,
detrás del alambrado, detrás de la arboleda.
Esas veces que corrí de la playa hacia el mar, especialmente en la infancia
y en el amor. El silencio de mi cerebro, esa vez sentado en tu casa. Con una
ventana alta que miraba hacia el norte.
Una hermosa fila de plátanos, atestados de zorzales que cantaban con
el albor.
Los ojos enfermos de lejanía que vivían en un noveno piso de Flores,
pero padecían en el horizonte.
Una vez que vencí la culpa. Era invierno en Buenos Aires. Violé
el ciclo de las estaciones por primera vez en mi vida. Y fuimos al Norte. Y
me recuerdo un instante tendidos al sol, sin tocarnos. Quizás ese fue
el punto más cercano de nuestras órbitas.
"Se cree que existe un camino
seguro. Pero éste sería el camino de los muertos."
(C.G. Jung)
No tener miedo, ir cada despertar
como pájaros que recortan el cielo, como el cielo...
Contorneándolos.
Niño tumbado, a cielo abierto, sin referencia con el terreno
Abismándose.
Desperté con la marca de un beso dado en sueños
y suena como madera ,acre y seca al herirse.
Voy leyendo el reflejo en el vientre de las nubes.
Los rincones vienen hacia mí. Y el zumbido del silencio....
Mi reflejo está entre el vidrio y la oscuridad.
Hechos de calles, que se cortan en terraplén, que se alejan doblando
mi andar.....
Niños feroces, hechos de sobra, hechos de sombra. La sobra y sombra de
nuestro pactar.
Cada hombre que espera tiene una ventana.
Y cada hombre triste que espera, despierta al alba.
Y tiene un jilguero que le canta en esa ventana.
Y es bueno a las nubes ver retirar su sombra de los campos del sol.
Los domingos hay más pájaros.
No pude resolver la ecuación entre el mundo, el cuerpo, la psiquis, lo
que perdura y lo que no. El temor que paraliza, el temor que nos lanza. En el
patio de éste cuartel veo cumplir a cada uno su quehacer del sobrevivir.
Me siento sucio y eso es más urgente que la lluvia de materia que nos
llega desde el cielo real. Me siento sucio. Y es tan sencillo purificarse. Tan
sencillo y abundante como el agua.
Probablemente llegué tarde para tomar mi ración física
de mundo.
Soñé con una mesa con una última taza de leche y unos panes
de grasa.
" Duérmeme pronto
de la superficie del sobrevivir"
(R.M. Rilke)
Lo que más temo del temor, es su voz que no entiende razón. Su
tiranía del cuerpo.
Su oscuridad que no me habla. El sinsentido que puede traer.
Necesito la razón de cada puntada, el símbolo que cure cada día.
La señal infalible de cada encrucijada. Y que sea clara, tan clara como
la que abre los pétalos. Como el mudo lenguaje que construye los nidos.
Como el recto y resignado camino al cementerio de elefantes.
He experimentado, luego olvidado y más tarde escuchado por ahí:
la envidia a los animales. El hombre no puede detener las voces, cruza la calle,
ve la paz de un gato desperezándose. Un perro sucio y soñoliento
echado contra un paredón soleado de otoño. Una bandada de gorriones
emborrachando la mañana de un domingo.
Ellos despiertan el recuerdo de un estado de beatitud perdida.
Me dan ganas de transcribir un poema de Gabriela Piafht: (Sepan disculpar las
continuas citas ajenas, pero me rondan inevitablemente).
La dignidad del felino
que en la estampa muscular
muestra la belleza de su fuerza
y en ella descansa
La raposería del homo,
librado de la extinción
por una astucia que por ser tal
jamás descansa.
(Omisión de Darwin)
"No adhiero a ninguna religión, ni siquiera a la de la razón.
Creo en lo inexplicable."
" La solución de la ciencia a los problemas humanos de la alienación,
la soledad, el absurdo, el sinsentido, el dolor, la muerte...no ha pasado nunca
de ser un electroshock a los locos."
Monseñor Sueiro (El túnel que Sábato no vió)
"Nadie ha logrado, hasta ahora, destejer el arco iris, para citar la extraña
metáfora de John Keats" (J. L. Borges- Prólogos- )
Sepan disculpar si pierdo continuamente el hilo argumental de esta historia.
Pero los hilos conductores demasiado razonables estropean el canto fantasma
y mítico de las palabras.
Las palabras deberían encender destellos oscuros de abismo.
Para textos estériles están los carteles y las miles de publicaciones
que primero existen, y nunca piensan.
Las bibliotecas deberían ser quemadas secularmente. Como bosques que
se incendian para renovarse o depurarse. El fuego quizás sea tan sabio
como el olvido. El fuego sabe.
Trato de dejar hablar a todas las voces, intentando ser claro y ordenado. Pero
ser claro y ordenado es amputar, es mutilar los términos, darle un orden
a las cosas del que en verdad carecen. O quizás lo contienen, lo superan.
Como un gigantesco tsunami que se devora un ejemplar de la Enciclopedia Británica.
Perdonen por la desmesura de mis comparaciones ( y por el encono encendido sin
chispa aparente. Culpa de las voces que no he podido conciliar). Si bien intento
ser lógico, dejo suelto en el abismo varios lazos. La demasiada razón
es demencia.
Señores, si creen que con sus métodos llegaran al fondo de un
Big Bang, creo que están pecando de ingenuos y mutilados. La misma religión
que ustedes profesan (La Ciencia) ha demostrado que avanzó destruyendo
sus paradigmas básicos. Citando al doctor Habber:
"Ciencia: Religión que no se admite como tal"
"....y no defiendo señores
el bando de los fantasmas.
Todo es nombrar lo Innombrable
Cambiando las metáforas
Yo llamo metáforas a las explicaciones.
Eso me enseñaron los Poetas
El Arte no explica.
El Arte es un abismo que enseña otro abismo.
El Universo lo premia con la vigencia.
A ustedes científicos
los recuerda como anécdota".
("Destrucción de las premisas filosóficas" 1932).
El "avance racional" de la humanidad se usa en gran parte para cubrir
nuestras necesidades irracionales. Sino salir a la calle y ver en que se emplea
la tecnología. ¿Cuántos de todos esos cachivaches en verdad
se adaptan a nuestras "necesidades racionales?.
No sabemos que nos mueve a obrar desde nuestro más inconciente abismo.
Pero seguro que no es solo "la Razón". Tal vez un "cómplice
oscuro" que actua desde las tinieblas.
Bien decía Borges "Una
oscura maravilla nos acecha".
Nota: Al principio del Capítulo he citado a Monseñor Sueiro. Si bien soy un seguidor de sus libros, últimamente me ha decepcionado. En un programa de televisión le oí decir, tirando abajo toda su profundidad y claridad de mirada: "La ciencia llegará al final de su camino y estará Dios diciéndole: - Te estaba esperando -".
"No creo en los milagros, pero los espero"(Anónimo).
Ha sido largo el día de hoy. Mi corazón y el mundo se han sincronizado
para complotarme. Veo todo oscuro y no reniego, siento dolor y a su vez rabiosa
sabiduría, por creer ver las cosas del color que son.
Son oscuros los hombres, macabras las relaciones, abismales las distancias,
absurdo el tiempo y su apremio, demasiado dolor para tan solo postergar la tumba.
"La herida que me separa de mi cadáver". (E. Cioran)
Salgo del trabajo, la una y media de la madrugada.
Pienso: traje poco abrigo, tengo frío no tengo guita para un taxi. Voy
hacia la parada del colectivo. Justo al llegar a la esquina veo uno que se me
va. Me quedo parado. No hago ningún movimiento. Parado y mirando. Era
lógico. Las cosas se nos resisten. De repente el colectivo se detiene
media cuadra adelante y el chofer comienza a tocar bocina. Corro y subo. Le
digo gracias.
No le hice ninguna seña. Me habrá visto la cara. Se calmó
el dolor.
¡ Esa idea de los milagros que uno tiene! : noticias fantásticas,
encuentros con personas sobresalientes, mucho dinero. Enfermedades brutalmente
expulsadas...
Ese para mí fue un milagro, aunque no entre en ninguna de las características.
No puedo explicarlo, ni justificarlo. Son hechos que llegan a destiempo y nunca
de la manera que esperamos.
"La belleza no discrimina"
Martha Minujín (Federico, su madre y yo - Diálogos)
"Las almas repudian todo encierro"...
"Aquellas sombras del camino azul ¿dónde están?
Yo las comparo con cipreses que vi solo en sueños"
Spinetta (Artaud)
Ahora tengo dieciocho años. Voy cruzando un campo del batallón
601 de Ingenieros de Villa Martelli, llevando la vianda de comida para el puesto
del otro lado. Me gusta hacer esto. Está oscuro y no hay luz. Me guío
por los ojitos de las casas lejanas. Allá, del otro lado de la General
Paz. La claridad de las estrellas va en aumento a medida que mi pupila la acepta.
Unos cipreses lejanos, donde dentro de unos meses habrá un tiroteo feroz,
después comienza la ciudad. La lejanía de los edificios me enferma
los ojos, pero me hacen creer que existe otro mundo mejor. Quisiera caminar
por esas calles, ver a las gentes en los negocios, ver las luces de las cocinas.
Los destellos de los televisores. Conversar.
Nadie quiere atravesar el campo de noche. No puedo creer que no hayan descubierto
el placer. No puedo entender que nadie me quiera quitar ese privilegio.
Me alejo de Ellos. Sus monstruos llagan el nudo de mi psiquis. Todo el día.
Tampoco me dejan dormir. Hace unos días estaba de guardia. Faltaban quince
minutos para que me releven. Estaba agotado. Había un catre. - "Me
tiro unos minutos." dije.
Algo me traicionó. Dormí horas. Sentí ruidos y luces, voces.
Abrí los ojos, los milicos me rodeaban. Una semana preso.
Todos los soldados del batallón tienen franco. Yo los miro irse.
Un sargento me da un castigo extra. Plantar hileras eternas de libustros, de
rosales. Yo cavaba los pozos, plantaba con furia y dolor. Se hacía de
noche, la tierra se enfriaba, yo plantaba. El sensible sargento decía
"cuida las raíces", "no pises la gramilla".(Diez
años después alguien que casualmente vió las plantas dijo
que estaban inmensas y hermosas).
Estoy castigado, debo entregar la vianda de noche a través del campo.
Pero ellos no entienden nada, en el mismo dolor está el remedio. Cruzo
el campo. Ellos no están. Ahora siento la vital tiranía de las
estrellas.
Tengo todavía el gusto del milagro del colectivo en el ánimo.
No he comido nada en todo el día.
Conozco un bolichito cerca de la estación de Flores. Es tarde. Los padres
de familia, ya cenaron. Pido una pizza para llevar. Me siento a esperar. Veo
una puta vieja, pinturrajeada hasta el ridículo. Las personas que intentan
detener la vejez me inspiran ternura, tal vez veo en ellas la desesperada lucha
humana. Ella está casi sostenida contra el cristal, toma algo aceitoso
que parece Gancia. Un borrachín, al fondo, con un vaso (mal lavado) de
vino de la casa. Tiene la mirada derramada en la T.V. Pero seguro no la está
mirando.
Verlos y pensarlos. Son esenciales. La puta y el borrachín son esenciales.
Tenemos miedo, apretamos las mejillas en el vientre de las putas y los putos,
para buscar amparo, consuelo. Le preguntamos a la piedra, a la que talla el
mar. Le gritamos a los fantasmas de esos hombres con otro saber. Pero fueron
ahogados por una ley, la misma que a nosotros nos trajo, nos guía y nos
pulverizará.
Verlo todo reflejado en mi espejo, distorsión vapuleada por fantasmas.
Todos esos seres sobreviviendo y sobreviviéndose que es también
penoso. Creen que cada dolor es el último, que cada día es la
víspera de la felicidad. Saben de la sucesión de sombras, pero
creen que ellos se librarán.
Están también los que, cada vez que se emborrachan, dicen haber
sido más grandes que las circunstancias y su acecho.
"Sobrevivimos a todas las Sombras,
menos a la última. No menosprecies a ninguna. Todas te pudieron haber
matado." (La Odisea Canto X -50 al 54)
Tienen un poema patrón en la frente, mentiroso, pretensioso, pero muy
bello por cierto: El mundo es un lugar que existe solo cuando se llega. Nunca
antes. Bienvenido somos entonces a la Existencia. Soy el primero aunque no lo
sea. Soy el único aunque la humanidad esté saturada. En mí
la vida empieza de nuevo, la maravilla vuelve a cero.
Renuevan el pacto a cada instante.
.
No puedo más con este dolor. Exagero: Es posible que pueda. Lo he sobrevivido
todos éstos años. Pero no quiero más con este dolor.
Ahora tengo 18 años. Han pasado algunos meses desde ese refugio psíquico
en los campos. Es invierno. Son las dos de la mañana. Llueve. Estoy en
un puesto de guardia, tengo los pies mojados, llenos de hongos. A mi costado
corre el apestoso Río Reconquista. La lluvia ataca el cristal.
Debo aceptar el insomnio de mis decisiones.
Toda grandeza ejecutada nos vuelve a cero. También cada canallada. Al
amanecer del día siguiente, nadie se ha percatado de nada.
Ya ven señores jurados, estoy fragmentado. No puedo hallar ningún hilo conductor; de haber uno, sería el más misterioso de todos, el Tic Tac de la mente humana. Un intento, como el Ulises de Joyce que "reproduce la corriente de la conciencia sin filtrarla lógica o éticamente" ( Jung) pero desmañado, despojado y más barato. Admito no poder integrar los pedazos de lo que soy. No van a premiar tanta inconexión. Pero trato de sorprenderlos con una sinceridad inesperada y violenta. Probablemente eso no sea literatura. Pero cuando se recuperen del estupor, mi gente tendrá el dinero del premio.
Ahora tengo diecinueve años, son las cuatro y media de una madrugada
de invierno. Me refugio en la cocina. Prendo tembloroso y urgente todas las
hornallas. Debo presentarme en el cuartel. Tomo un té, apretando las
manos contra la tasa para calentarlas. Miro fijo la llama de la hornalla que
sisea. No puedo despejar el pesar de mis días.
Comparar mi dolor y la llama, con el espanto a la oscuridad de un hombre primitivo acurrucado en la fogata. Yo soy ese ser primitivo que nada entiende. Millones de años han pasado. Nada ha cambiado. Un hombre temeroso frente al fuego.
A medida que avanzo aprendo algún artificio. Por ejemplo saber escribir
es saber tachar. Se me reveló por la práctica o por haberlo leído
en algún lado.
Trato de decir la verdad. Y si no la digo, en el párrafo siguiente lo
hago, poniendo en ridículo mi sentencia anterior, y así in eternum.(O
hasta donde haga pie mi percepción; ¿qué otra cosa puedo
hacer?).
Ese dinero con el cuál contaba para el alquiler ahora se pinchó.
La plata del premio (y el reconocimiento) no me liberarían del sentido
y la paradoja de la vida. Pero al menos el plato y el techo estarían.
Los temores primarios, calmados.
Este es el segundo otoño que voy a pasar en este cuartel. Este fin de semana no tenemos radio ni T.V. El famoso levantamiento de Semana Santa. Sábado a la noche. Subido al puesto de guardia con un fusil y una caja de municiones. Ellos me ordenaban vigilar hacia el frente, listo para disparar. Entonces decidí que no lo haría. Descolgué el arma de mis hombros. Me apoyé contra una pared. Y no recuerdo más nada de esa noche. Tenía un rosario que no sé de donde había sacado. Lo apretaba con una mano. Decidí no plegarme a sus macabros conflictos. Me preparé para morir. Y no recuerdo más de esa noche. Tal vez una somnolencia divina me protegió del vértigo del dolor.
A la mañana siguiente ordenaron franco para todos los soldados.
Premien mi novela. Tengo necesidad de dinero y ego (no sé en que orden
ponerlos). Al menos ver mi libro dentro de un par de años en una mesa
de saldos. Algo para darle al Yo. Como pueden ver es muy inteligente y no tiene
satisfacciones. Y ustedes saben (Jurados Inteligentes creo) inteligencia ignorada,
sin sobar, es puro veneno.
"Ahora lo sé, hay algo
más allá de los paraísos: La infancia"
(Arcadia´s Waltz " Tierra Santa")
Tengo 12 años ahora. Es un día de escuela, un martes o un jueves
quizás, a la noche.
A la distancia pienso que ese pudo haber sido mi último día de
la infancia.
Ya no me gustaba vestir como niño, copiaba a los adolescentes. Las vidrieras
de los negocios me devolvían un cuerpo que no era el que esperaba, era
desagradable. (Como el que me devuelven las vidrieras ahora en mi madurez).
Subí dolorido las escaleras del patio hasta mi cuarto. Era muy sensible
a los juicios que los adultos y los muchachos más grandes tenían
de mí. Abracé a mi perro de la infancia y lloré largo y
rebalsado. Sabía que el mundo esperaba mi psiquis y mi cuerpo para el
sacrificio.
Ahora tengo 19 años. Ya no soy más soldado. Esta vez el hueco
entre las nubes pasa sobre mi vida. Es una mañana de domingo. ("Las
mañanas de sol en Pompeya nos remiten a un estado de felicidad inexplicable,
ya perdido")
Bordeo el terraplén desde la calle Centenera hasta Sáenz. Me meto
en el gentío de la Feria de los Pájaros. El humo de los asados,
se pone de acuerdo con mi estómago: es mediodía. Una cerveza de
tres cuartos con un choripán. Camino sereno hasta el Puente Alsina. Subo
y en medio del Riachuelo, miro hacia abajo el abismo de mugre.
Todo lo que existe está manchado. Pero tengo 19 años, un manojo
de dolores, una guitarra, un hogar y la mirada limpia. Y por sobre todo, es
mi rato de sol.
Vuelvo a casa caminando y haciendo combinaciones para ir siempre por las veredas
con sol. Se constela en el cielo el momento exacto del domingo. Mañana
temprano, el cadete, la calle y la oficina.
Los últimos rayos de la tarde en la pampa violada por los edificios.
El frío que llena los espacios que abandona la luz. Los relatos por radio
A.M. de los partidos de fútbol.
El momento exacto del domingo. La única tristeza que quizás el
niño y el adulto miran con los mismos ojos, por la misma ventana.
Es la noche entrada. Hace frío. Una luna llena platea la escalera del
patio que lleva a mi piecita. Las hojas de la parra la manchan. " Herrumbre
de la plata"; mastico despacio para retener la metáfora. Me siento
en la cama, pongo el reloj en hora, me quito los zapatos y las medias frías
y húmedas. Ahora es todo más real.
Cuando cambié de la adolescencia a la juventud, me ayudé del
alcohol para el traspaso. (Disculpen el humor y la ironía, pero los entendidos
dicen que es un síntoma de salud. No puedo callar las voces, algunas
son ácidas e irónicas)
Estaba una tarde de sábado en la casa de un amigo. Borracho por supuesto.
Borracho mi amigo y yo, por si la oración anterior quedó ambigua.
Sabía en esa época cocinar pizzas caseras. Había algo de
cristiano en hacerlo. En hacer algo por alguien.
Estaba mezclando el engrudo en una olla. Tomé la botella de aceite (esos
mastodontes de vidrio que vendían antes). Resbaló de mis manos,
cayó, y aplastó mi dedo índice contra el borde de la copa
con cerveza.Quebré el cristal. Un chorro de sangre salto de la carne,
como en los bebederos del parque de mi infancia.
No puedo asegurar que los detalles sean exactos (hablé antes de la memoria
que desfigura). Soy sensible a la sangre. Empecé a ver todo nublado.
Y como sabía de mi debilidad me acosté en el piso, para reducir
las consecuencias del desmayo. Después de eso no recuerdo más
que oscuridad. Pero no en el sentido del color y la nada. Había tibieza.
No era como el sueño donde se agitan de continuo criaturas. Había
abandono, no había nada que acarrear, por eso no había dolor.
Como quien se adentró en un océano donde ya no rigen las mismas
leyes que en la tierra, donde descubrimos que hasta ese momento el ser ha llevado
grilletes.
Fui entonces volviendo, traído violentamente, alguien me estaba cacheteando
para que reaccionase. Sentí entonces dolor. Dolor de volver y tener otra
vez que tomar mi peso, mis miedos, mi ceguera, mi ausencia.
Tengo veinte años y estoy en la sala de Anatomía.
No me he podido liberar psíquicamente de mis padres. Ellos me soban la
espalda, porque siempre fui detrás de todos los palitos que me tiraron
(y se los traje). Ellos me aman porque llegaré a donde ellos y los vecinos
quieren que llegue. Y yo aún soy incapaz de herirlos.
Las clases de Química y Fisiología. Yo no leía filosofía
en ese entonces. Ni poesía. Estudiaba, incorporaba los conceptos de la
medicina, pero me estaban desgarrando. Reducían el sentido de la vida
a funciones químicas, fisiológicas. Espantoso.
Vuelvo a la clase de Anatomía. Mi única y última clase.
El olor a formol de los cadáveres me embota. Están amarronados,
duros. No se parecen en nada a la vida. Estoy al borde del desmayo. Las manos
con sus uñitas, sus arrugas. Las historias, los cuerpos que han acariciado,
el esfuerzo. Todo ¿ para qué?. En esos trozos de cadáveres
veo mi propio cadáver. Mis compañeros estiran con pinzas las capas
de la piel, los nervios. Yo veo personas, ellos están como desarmando
una radio.
Ese fue mi último día en la facultad. Me acuerdo que llegué
a mi casa. Había para comer un churrasco, irónico y espantoso.
Prendí el televisor. Fito Páez estrenaba su video "Ciudad
de pobres corazones".
Ya no voy más a la facultad. Han pasado un par de meses. Me voy a la
casa de un amigo en los horarios de clase. No me animé a decirlo en casa.
Igualmente mi actitud empieza a traer sospechas. Nadie me ve estudiar...
El día que abandoné la facultad fue una bisagra en mi vida. Estuve
muchos, meses, algunos años diría sin poder pasar por ahí.
Me cuesta hablar de esta parte, de la reacción de mi familia...
Ahora suena el teléfono es mi papá y tenemos una charla muy cordial
después de muchos meses de no vernos, ni hablarnos.
Ese milagro de la compensación que vuelve. En el rincón más
profundo de la llaga, de repente, surge el consuelo. Ahora estoy más
sereno, no voy a hablar de lo que pasó cuando dejé la facultad.
Escribir. ¿Para qué?. Si terminamos siendo los conscientes y los
inconscientes bocados de la nada, del tiempo, de la disolución. En el
momento de escribir ésto estoy ebrio. Seguramente después lo corregiré
y será más potable. Pienso en el dolor. Solo él nos muestra
nuestros contornos, nos recuerda brutalmente hasta donde llegamos, nos destila
una venenosa gota de pequeñez ante la inmensidad, ante la eternidad.
Estando borracho, hablan en mi las voces más sentimentales.
Nosotros, los hombres, mezquinos, pequeños, pompas del tiempo, somos
eternos e inmensos en dos cosas: en la capacidad de dolor (ya lo dijo Marivaux)
y en la percepción de lo que nunca abarcaremos.
Quizás las dos inmensidades no son más que una.
"Sentado aquí, contemplo
interminables
espacios detrás de ella, (la loma) y sobrehumanos
silencios, y una calma profundísima
mi pensamiento finge; poco falta
para que el corazón se espante."
Giacomo Leopardi (El Infinito)
"Todo es vano en esta vida.
Si peleamos valientes contra la injusticia, el tiempo transforma todo en una
quijotada. La complejidad de los eslabones es ingobernable, inexplicable y absurda,
juzgándola con nuestra más profunda comprensión.
Lo que sobrevive no es nuestro razonamiento, sino el destello de nuestra actitud."
( H.P. Habber "Destrucción de las premisas filosóficas")
El abeto se encorva por el viento. Me siento psíquicamente fuerte. Y
seguro. Voy en el colectivo. Llueve. Apenas distingo el trayecto por los vidrios
empañados. Tengo ahora respuestas. Mi tristeza ahora es furia. No estoy
curado. El mal es el mismo. Mutaron los síntomas. Una mujer me roza con
el paraguas mojado. Siento ganas de agredirla. Tengo argumentos contra el mundo.
Detesto el acercamiento humano. "Que
una mayoría padezca la misma enfermedad, hace que un chancro en común
se vea como una costumbre de nuestro pueblo que despierta pasiones y es bueno
mantener."
"Los desesperados son mayoría y no lo saben. Tienen todos los síntomas,
pero consideran sus estertores de enfermo como actos y palabras del sentido
común."
(H. P. Habber. "Kierkegaard hoy")
No me interesa morderme las entrañas. Bien decía Nietzsche :
somos serpientes que no saben si
tienen dientes hasta que las pisan.
El tufo humano cegó los vidrios del colectivo. Me desorienté.
Tengo argumentos decía. Imagino las situaciones. Lo que le voy a decir
a mi jefe, a mis compañeros, a mi compañero. Ahora el colectivo
tiene asientos libres. Me voy a quedar parado, falta poco para bajar. Me avergüenza
sentarme y levantarme pronto. Tengo argumentos. Ahora no me siento tan seguro
como antes. Apuro las cuadras que me faltan. La puta, me moje las zapatillas.
Ahora me siento furioso otra vez. Cuando llego al trabajo, todos me saludan
cordialmente.
Mi ego se aplaca. Me siento un estúpido.
Errores. Nada resulta ser como pienso. Los estados de ánimo, las intuiciones,
los razonamientos, pretenden predecir, pero solo hacen más patética
nuestra estadía. Las tomas de posición se tornan, por momentos,
ridículas. Nuestra humanidad explica y predice cuando la gravedad es
cero. Y sabemos que el vivir es un bestial manojo de gravedades, fuerzas, órbitas.
Me recuerdo en este momento una parte de Los hermanos Karamazov. Había
un ermitaño llamado Zósima que hacia el fin de su vida olía
a santidad. Ese era el comentario de la gente. Pero al morir, su cuerpo rápidamente
comenzó a pudrirse y el ambiente se tornó irrespirable. Pienso
en Pascal nuevamente "El hombre
no es ángel ni es bestia, y la desdicha hace que el que quiere hacer
el ángel hace la bestia."
Los santos dan la impresión de haber salteado la mitad del libro de lo
humano. Borrado la mitad de la aventura humana. Aunque tal vez no sea así.
Solo la distancia los hace santos. Por eso la Iglesia espera tanto para nombrarlos.
Este escrito mío también entra en la categoría del error,
del no poder abarcar todo lo humano. Ni siquiera poder destilar una verdad.
Bien decía el Dr. Habber "¿Será
la verdad la suma de todos los errores?" ("Destrucción de las
premisas filosóficas" 1932)
Las equivocaciones en la lectura del código genético facilitan
las mutaciones. Y eso es fundamental en la vida y su evolución. ¿Somos
hijos del error?.....
"Todo intento de elevación sucumbe ante los instintos primarios"
(F. Kafka -Diarios)
Ahora tengo veinte años. Ya no más Facultad de Medicina. Tengo
la cabeza llena de sentencias, pero no soy consciente aún. Tampoco puedo
ver lo ávido que soy en recogerlas continuamente.
Por primera vez, he decidido vivir mi Oscuridad.
Comienzo con terror y furia. Las pautas son ancestrales. Ese choque de dos psiquis
en la negrura. Quien se agacha y la chupa. Criaturas primitivas violan los cerrojos
de la razón. Veo apenas oscuridades parciales que se mueven, dentro de
la oscuridad total. Entonces mi Abismo escapa y me guía en la penumbra.
Tengo veinte años y voy con papel y una birome a todas partes. Mi intención es poder hacer poesía. Pero no obtengo más que guijarros de lo que soy, pedazos arponeados de mi estadía en la vida, escritos con subjetiva analítica (¿es eso poesía? )
Sueño con serpientes, mejor dicho con penes. Hay símbolos que
son burlas a lo que queremos decir.
Mi oscuridad no me pertenece, sin embargo le pertenezco. Un gran dolor significa
comprender eso. No conozco su historia, ni sus intenciones. Sin embargo esa
oscuridad es la chispa que me quema, soy criatura de leña y de días.
Los baños donde no se baja sin poner primero la oscuridad en las pupilas.
Donde se detiene el tiempo, donde la vida y la muerte tienen el valor de un
intento. Es un subsuelo, hay penumbra, puedo ser mi parte oscura. La ausencia
del absoluto se canjea en un deseo bucal. Son todos los ríos de los muertos
que nos reclaman desde la sangre. Es el fin del límite entre esta piel
y el afuera. Quien baja y la chupa. Algo en común hay en los baños,
en la muerte y en la carne. Me enfurezco de semen hasta que el doctor Jeckyll
me reclama. Afuera hay luz. Camino algunos instantes de sosiego.
He dado a la oscuridad un rato de esparcimiento.
Tengo una planilla vieja de la oficina doblada y arrugada en el bolsillo. Del
lado no usado escribo, de pie, con letra destartalada, apoyando el papel en
la palma:
"Falaz falencia in mente mordaz,
falange al falo y todo a la faz.
Esta es mi prisión.
Polvos, púas, campos, sol.
Tierra Santa el Más Acá.
Por más que haga, lo vuelvo a soñar.
Por más que no haga, lo vuelvo a soñar.
Todo intento de elevación, contra el Insecto es perdición.
Cárcel de falo, baraja a cargar. Gusto de Mozart , las plantas y el mar.
Y en la cruz puedo llorar, pero igual puedo matar.
Ahora a mis treinta y dos años, sigo siendo el mismo pibe con el mismo
abismo. Hablo sobre él, eso no significa comprender ni acertar las palabras
en el código de la carne.
Hombres del futuro leerán como nosotros su carne. Tal vez tampoco la
comprendan.
Nosotros nos leemos y sencillamente nos miramos ser (algunos), sin remedio.
Ellos quizás modifiquen su ser, pero eso no les otorga ningún
"porqué" ni "para qué ".
Se convertirán en otros seres con otros abismos. "No
es la explicación de la sirena y su cantar lo que me hace sucumbir, sino
el canto en sí". (La Odisea Canto XIII 290)
Pienso de nuevo en mis veinte años, vuelvo repentinamente a este presente.
Invoco de nuevo el abismo. Escribo algo. Tengo los pies fríos. Me levanto.
Me acerco a una hornalla de la cocina. Pienso en unos versos de mi adolescencia:
¿Elevarse por sobre uno mismo?
¿Poner un pie sobre la propia cabeza
para así poder ver más alto?.
Miro al pasar la cuenta de teléfono. No quiero distraerme, me siento
de nuevo en el escritorio, debo seguir hablando del Abismo. Si ganara el premio,
no me tendría que preocupar tanto por las cuentas. No puedo volver a
traer el tema. Pienso.
No sabemos los contornos del Abismo. Mis pies fríos y la cuenta del teléfono,
también lo describen.
El conocimiento objetivo se encuentra
detrás de la dependencia afectiva.
Parece ser el misterio fundamental
(C.C. Jung)
Los sentimientos no son ni un fin,
ni un clima imperante a padecer: son un arma de conocimiento. Leopoldo Lugones
"El ángel de la sombra"
Todo lo que ahora odias de mí, es lo que te enamoró perdidamente.
Hace unos años venía yo de abandonar trabajo tras trabajo. Era
un joven místico. Soportaba injusticias, salarios paupérrimos,
tratos soberbios.....Nada me vulneraba.
Sucedía alguna vez un pequeño gesto, como que nos suspendieran
el café, o me dieran una tarea encomendada en mal tono. Entonces me desataba.
He ido a trabajar, sin sospechar que antes de terminado el día iba a
renunciar.
Una de esas decisiones intempestivas me llevó a conocerte.
Todos los días hacemos parecidos actos, insignificantes, mundanos. Pero
de repente, algo pequeño hecho en el momento exacto, nos cambia la vida
para siempre. Como si fuésemos cuerpos en el espacio, bombardeados por
piedras cósmicas constantemente. Pero un día una nos pega y por
un extraño misterio de circunstancias cambia nuestra órbita para
siempre.
Trabajábamos juntos. Sentía que excusabas siempre para estar cerca
mío. Empezaba a tocar el piano en el estudio, y te sentabas atrás
con tu cigarrillo a escuchar. Yo intuía. Yo sabía que eras para
mí. Vos también sabías.
La primera vez, estábamos borrachos. No me agradó tu sudor dulzón,
pero ya me había enamorado. No había nada físico. Amaba
lo que te animaba. Lo que hacía que tuvieras esa expresión en
tu boca. Lo que te daba ese brillo en los ojos. Lo que daba ese altibajo a tu
voz, a tus palabras. Amaba la música que ejecutaba tu risa; no tu risa,
era solo el instrumento.
Ahora odiás el golpeteo de las teclas. Es lógico. Amar y odiar es el mismo bote que da vuelta de campana.
Ahora que somos dos, son entendibles esos raptos de intolerancia, los tengo contra mi propio ser, contra mis voces.
Ayer te dormías y tu rostro soltaba las amarras. Me sentí feliz . Que bueno es verte adormecer así, ver como te abandonan algunos de los más feroces acicates (y también cancerberos) del mundo y del abismo.
A veces te miento imágenes románticas y patéticas que
no siento, para ver esos dibujos de alegría en tu rostro. La mentira
es pan y techo también.
Bajo la música de Mozart, para escuchar la música de tus llaves
que llegan.
Copula cada una de ellas deseando completar la forma. Esa es la medida de mi
amor. Como cuando esperaba a mi papá en las noches con el alma montada
al oído, entredormido, comparando cada motor de auto que estacionaba;
esperando la secuencia:
llaves, golpe de la puerta, pasos en la escalera. Esa es la medida del amor.
Pero amar y odiar son solo dos mojones en esta existencia.
El resto (la casi totalidad de la vida digamos) es un inasible entramado.
Bien decía el poeta "más
allá de las tinieblas afectivas".
"No puedo entenderme, sé
que a veces soy brutalmente sencillo y efectivo como una caricia.
Yo grito sin muecas (el grito más terrible). Nadie puede saberme, apenas
me veo.
Tampoco puedo saberlos a los demás. Esto se transforma en una desesperada
rabia de innumerables Yo. Y todo en silencio."
" Un cerrojo hecho de silencio.
¿Cómo encontrarlo, cómo abrirlo, cómo transmitirlo?".
( Arcadia´s Waltz - La Tierra de los Consuelos).
"Hay un dolor que no se puede
objetivar. Puedo seguir palabreando, pero no estoy hablando de él. No
se lo puede describir porque su herida sangra silencio."
(Gabriela Piafht "La Cordura también es una Abismo")
¿Qué es el genio sino
el talento sumado a las conexiones con el infinito?
( H. P. Habber "El solo talento como agente cretinizador")
" El talento consiste en darle
un canto a lo que era mudo."
( Jean Genet -Diario de un ladrón).
Antes de seguir, quiero pedir disculpas por traer tanto en sentencias al Dr.
H. P. Habber.
Sus obras han influido de manera irrecuperable en mi vida. Y no citarlas sería
negar parte de lo que soy. "No
hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas"
decía William Blake .Me gustaría difundir sus libros, prácticamente
desconocidos.
Me elaboro para buscar reconocimiento. No se como continuar. Me he propuesto
que si fracasa mi novela (A pesar de mi seguridad, todas las voces me conviven)
daré como alternativa escritos que superan los míos. Si no soy
un buen escritor, seré un buen guía.
El orden es azaroso, casual y arbitrario (quizás una forma de orden supremo;
eso sonó a Borges). Con paciencia, El Quijote (aunque no conozco nadie
que lo haya leído completo). Las cartas de Séneca, Pensamientos
de Pascal, Los demonios de Dostoievski, cualquier libro de Krisnamurti, algo
de Jung (buscado al azar, el sincronismo entre lo existente nos guiará).
Ficciones de Borges. Rilke, desde su epitafio hacia atrás. Los relatos
cortos de Kafka, principalmente Ante la Ley. Macbeth, Zaratustra de Nietszche,
Meditaciones de Marco Aurelio. El Eclesiastés, Las Mil y una Noches....
Tengo una lista de mis libros predilectos que legaré a la Biblioteca
San Cirano. Me da pereza transcribirla. (No me he expresado bien. Cuando digo
predilectos hablo por la impresión que me han causado, coincidiendo con
opiniones de grandes hombres; por cierto un grado bastante cretino de vanidad
el mío. ). De todas maneras pienso: ¿A quien le interesa mis conocimientos?.
Creo que una de mis voces desvaría y me hace creer que soy una celebridad
oscura, aguardando ser reconocida por el mundo. Un Kafka, un Pessoa.
Una de mis voces quiere darle un sentido a mi vida, quiere que deje un legado,
una ruta.
Otra de mis voces escribió una vez:
"¿Quién habrá dicho que al Tiempo le debemos frutos?.
Tal vez los árboles o el ganado parturiento.
¿Porque las paralelas que se plegaron en mi frente
exigen algún logro para justificarse?".
Mi muerte está próxima.
Y en este momento no me preocupa el más allá, ni la inmortalidad
del alma. No se como más llenar estas páginas.
Profundizo en lo superficial para encontrar tema, la Muerte es inasible y más
para algo tan artificial como la novela.
Si quitara el tema de mi muerte a este escrito, bajaría su interés
notablemente.
Tengo momentos en que el pesimismo me hace ver resaltado el artificio de la
aventura humana. La parte técnica de la sinfonía. La matemática
de la armonía. El código de la palabra. La secuencia de la novela.
El verso de la canción que busca aplauso en el inconsciente colectivo
de moda. (¿Será leer la corriente de la masa, alta sabiduría?).
Pero algo sucede, las cosas superan a los artificios que las componen.
No es lo mismo: átomo, gen, un tejido vivo, un hombre. Si bien cada uno
forma al otro, algo sucede cuando se avanza en los planos. Una novela no es
un conjunto de signos escritos. Se convierte en algo distinto.
Hoy el pensamiento de las deudas me abruma. No logro concentrarme para escribir.
Tengo rabia contra el vulgo. También pena. Camino por la vereda de una
Iglesia de un barrio de guita. El rebaño que sale de misa me intercepta.
Se me hiela la sangre del terror.
Los cristianos repiten "a los tibios los vomita Dios." ¿Cuántos
de estos " calientes" nos vomitan en nombre de Dios?.
"La iglesia le debe tanto a Satán como a Cristo. Sin la ayuda demoníaca
no hubiera acrecentado su poder económico y político en la tierra".
(Voltaire)
"La historia de la Iglesia es
un Catálogo del crimen, ojo no dije la Iglesia, sino su historia"
(Monseñor Sueiro)
Cuanto más fuera de sí ponen al Diablo las personas, más
insanas y dañinas se me presentan. La música del barroco sonaba
tan celestial, porque los hombres pensaban en el mal, como algo ajeno a ellos.
Con el tiempo fuimos ganando en disonancia, hasta hoy que no se concibe arte
sin una cuota de maldad. Es interesante distinguir a los hombres por el lugar
dónde colocan al diablo.
"Ante un acto de injusticia,
una violación, un asesinato, un hecho aberrante, la turba sale indignada
a linchar al criminal. Una legión de demonios mueve su acto de justicia"
(Cohetazos - C. Baudelaire)
SATÁN
Oh Satán, Padre de mis abismos
manipulador del Bien
Escondido bajo un ramo de flores hermosas
alcanzo a llevar cualquier intención voluptuosa.
Oh Satán, he pecado de modestia
sabiendo que soy mejor
Y no lo he dicho por soberbia mayúscula, la del Silencio
y encima por demostrar en mi persona un alto control.
Oh Satán, amante del pecado
Sin embargo hay uno que jamás cometerías:
El suicidio, ¿Qué mejor manera de acabar con el Mal
que la Inexistencia?
Oh Satán Enemigo de la Muerte,
Padre Protector de la Vida
¿Dónde hincarías los dientes si Existencia no hubiera?
La vida, esa brutal plaga,
Tan implacable y obstinada como la muerte.
Cada una brota de las cenizas de la otra.
Cada una se devora el Ave Fénix de la otra.
La Fragilidad poderosa como la Destrucción.
El Universo no puede dejar de generarlas.
Espero y escribo. Paro y espero. Desespero. Trato de calmarme. Recuerdo la
metáfora del náufrago que patalea desesperado y se ahoga más
rápido. Cuando tenía diecisiete me interne en el mar y no podía
regresar. Tuve un fogonazo de desesperación. Vi mi vida, mis afectos
en un instante. Lo que nunca más. Pero me contuve. Una sabiduria desconocida
(en ese entonces yo no estudiaba ni leía) me hizo entender que escuchar
la desesperación era el camino seguro al lecho del océano.
Nadé lentamente y comencé a pedir ayuda.
Ahora espero y escribo. El Sol. Desde mi cama. Dejo una ranura entre las cortinas. Mi primer acción en el mundo consciente es mirar por ahí, si el paredón de enfrente está opaco o inflamado.
El sol hiere el aire. El oxigeno sangra de azul.
El sol. En el suburbio de su haz muere. Pero el Universo, mezquino con sus partículas,
no lo pierde, lo transforma. Lo hace metáfora. La vida.
Espero y escribo. Cuando no sé que hacer, vuelvo al Sol. Aunque esté
débil, con su arco demasiado cercano al horizonte del norte.
Pensar. Un día será mi último sol. Eso lo vuelve más
intenso.
Los días nublados, la lluvia. El menguante otoño. Las hojas que
amarillean. Los botones de las ramas se han detenido.
Vastedades cósmicas inflamadas, también mi mejilla; en el mismo
instante.
A esta altura del relato empiezan a bifurcarse senderos de dificultades técnicas
que antes no veía. Trato de dominar la situación contando con
profunda sinceridad (en el grado que me fue otorgada por supuesto; al igual
que la verdad, cada ser soporta un nivel distinto).
Esto me salva de pintar creíbles personajes. El personaje soy yo. No
estoy modificado ni mimetizado. Tampoco he falseado los hechos. (Salvando por
supuesto la mutación que significa percibir, retener, y reproducir un
hecho con mi carga subjetiva; utilizando encima el código de la palabra
con su limitación; mi estrechez en su manejo, la pérdida en el
traspaso.)
Soy reiterativo. Vuelvo a decir lo mismo entonces, modificando unas pocas imágenes,
encarándolo con otra metáfora. La realidad suele también
repetir los hechos, pero cambiados en sus infinitos detalles. (Mi mala memoria
no me facilita el plagio. He tenido que desarrollar lo razonable, perceptivo
y creativo, no por talento, sino por sobrevivir sin el asfalto cómodo
de la memoria).
"También la luz es un abismo"
(Olga Orozco)
Ahora tengo veintiséis años. Mis pasiones han descansado un poco.
Visto desde la distancia, estoy en un meandro del río de mis días.
La última vez que vi mi amiga, la poeta Gabriela Piafht, estaba en la
cama del hospital. Tenía los cachetes rozagantes por la fiebre. Me impresionaron
los brazos: la piel tirante forraba el límite que nadie quería
ver.
En ese entonces yo no sabía (ni quería) leer esos signos.
La sala del Hospital tenía un tufo aséptico y caliente. El televisor
encendido.
Los almuerzos de Mirtha Legrand .Gabriela hizo una observación femenina
y típica:
-El vestido no la favorece. Las mujeres después de la menopausia echan
panza-
Después se lamento porque el disco compacto de Charly García,
saltaba justo en el mejor tema.
Nunca pensé que alguien a pocas horas de morir tuviera esos pensamientos.
Tan de todos los días. Tan cercanos.
Había un cuaderno en una silla próxima, con una lapicera enganchada
en la tapa. No me animé a preguntarle si había escrito, por temor
a que me enseñara algo patético. En la mesa de Luz estaba el tomo
1 de Los Miserables. Hizo después un comentario emocionado sobre Monseñor
Buendía. Ella que era tan violenta contra la hipocresía y demás
ponzoñas de los católicos.
Después unas palabras fatigadas e inconexas. Le había subido la
fiebre.
Esa fue la última vez.
Me pregunto si nos volveremos a ver.
Días antes le había dado un poema, buscando ser aprobado como
poeta:
Ella es criatura a imagen y semejanza
del dolor
La canción que rasga en el muro eterno
El silencio infinito, anterior al universo
Perdida en vida, sometida a leyes,
todas turbulentas
obligada a no entenderlas,
pero condenada por un absurdo a sentir
Y suele estar tan triste que juega
a enroscar las hilachas de la túnica
de la muerte en sus dedos
"Serán aquellos romances
de infancia que nos dejan
los ojos enfermos de lejanía" (*)
o las mareas a destiempo, entes culpables
Ella no supo darle vida a nada en
el hueco inmenso
y estéril de la ausencia
Su pasión es ahora contemplarse sangrando.
Respiró hondo, después
pensó,
"aún no es el tiempo, no me impregné
lo suficiente el olor de la tierra mojada".
--------------
(*) Metáfora citada textual del libro Adán Buenos Ayres de Leopoldo
Marechal
Le regalé el manuscrito. Lo miró sin leerlo. Lo hizo un bollo
y lo guardó en un bolsillo. Sacó un sobre con cocaína.
Iba por el segundo. Estaba fría. La intenté convencer para que
me lo diera. No lo logré, pero igual me lo dió. Lo tiré
al inodoro.
Yo la conocía bien. La sabía dulce, cantable, farsante, furiosa.
Pero nunca sin corazón.
Hoy a la distancia pienso que no hay superficie ni profundidad. Todo pertenece
al Abismo.
Busco resistir. Pienso en algo que pesqué haciendo zapping. Una película
donde alguien decía, "aún no existe la salida, solo calmarse
y flotar".
Me gusta ver lo inmenso en un pequeño rincón. Una sensación
de grandeza desoladora. Una rama podrida. El pasto que la rodea. La luz y la
sombra aleándose. Un insecto que descubro agudizando la vista. Un terrón
de tierra...Y puedo seguir, sin detenerme, hasta el vértigo.
No hay que llegar a ningún lado.
No hay más profundidad en descubrir un salto en la Física, o ser
el patrón de este shopping feroz, que en levantarse a la mañana,
orinar largo, mirarse al espejo, poner la pava al fuego. Casi todos entendemos
las evidencias.
Unos sabios dicen "defiéndete"
Otros "Entrégate" "Ignóralos" "Apártate"
"Únete", "Abandónate" "Atropéllalos"
"Compréndelos"
A otros no les creí.
A todos los he escuchado
y ya....¿Cuánto tiempo ha pasado?
(Arcadia`s Waltz - Canción sin fundamento-)
Ayer decía no quiero más evidencias, ni literatura, no quiero
más música, basta de sentencias. Penetrar el sistema en que vivimos,
disfrutar de sus beneficios, no ser la víctima siempre. Y no esta estúpida
resistencia. No sé a que pegarle. No tengo ni un molino para desahogarme.
¿Quién nos presiona? ¿Las empresas?. Cuando se observa
sin furia se ve que están llenas de infelices como nosotros.
La mayor arma del demonio no es hacernos creer que no existe, su terrible poder
es no existir en estado puro. No trazar una línea entre el bien y el
mal. A tal punto que todo bien está contaminado de mal. Y viceversa.
Y es imposible separarlos sin destruir la trama vital de las personas, de la
naturaleza, ¿del Universo?.
Desde que descubrí esta "sentencia", estoy casi inmóvil.
Miro cada mañana temprano, como un demente, los movimientos de la luz
arácnida trepando los muros. Su enloquecedor juego en la materia. Las
copas en hilera. Me gustaría entonces borrarme los límites. Soy
un ángulo desde donde ver. Un sentimiento totalmente arbitrario. Una
circunstancia del Universo.
La luz del sol empuja sombras sobre el estanque de césped. Todo se mueve.
Ahora me siento sosegado. Recuerdo unos versos de Rilke:
......como quien va en un tren.
No ve moverse a velocidad
a sus compañeros de viaje
por estar sujetos al mismo andar.
Espejismos que nos liberan
de la brutalidad de percibir
el constante cambio.
Tengo una efímera fe. Creo en el movimiento. La luz del sol llega a mi pared. Observo cada una de las sombras que da, sigo el itinerario de los claroscuros, la veo subir por el paredón hasta marcharse. Después atenuarse en el celeste. (El horizonte no lo veo pues vivo en el corazón de la ciudad). Finalmente cede ante los ojos de las estrellas.
Los días nublados son terribles para mí. El tiempo de la luz
me lleva en cierto modo. En ella vivo el tiempo del hemisferio. Y casi olvido
mi tiempo. Mi insoportable tiempo.
Mi único acto de resistencia es contemplar el sol.
Basta de metáforas. Cuando regreso de ellas veo la incapacidad de mostrarme.
Me siento un ignorante de lo práctico. Quisiera la sabiduría del
dinero. Las metáforas no me han dado nada. Inmovilidad y una paz con
agudeza, vecina con la miseria.
Furioso por no poder dar a mi cuerpo (y a los mecanismos de mi psiquis) un mejor
pasar.
Me fui a dormir. Soñé extraño. El mundo era un circo gigante.
Desde los techos frágiles observábamos. Fuegos, artificios de
estrellas; comics que hacían coreografías en el cielo. Si te aproximabas
a los grupos te daban papeles para interpretar.
Disfraces, máscaras. Sentí alegría por mí y por
los demás.
Yo cumplía mi horario de trabajo, pero me las arreglaba para intervenir.
Estaban los muertos, despojados de su humanidad, serenos. Paseaban entre las
hinchadas, en un abarrotado supermercado, y se emboscaban entre las góndolas.
No voy a profundizar más en el sueño, porque las conexiones que
existían entre las imágenes, los personajes, son infinitamente
más complejas, ambiguas, imprecisas, sentimentales, de lo que acá
pueda expresar.
Para eso quizás exista la metáfora. Abre incontables posibilidades,
no tiene cerco. El Universo está plagado de metáforas. Y hasta
se podría pensar que el mismo es el símbolo de otra cosa más
inasible.
Todo lo transformo en sentencias. Es una enfermedad. Me dibujo un cerco con
mis propias sentencias. Y dentro las voces que no callan.
"Así como lo días
son largos y es corta la vida, los momentos son en promedio benignos, pero la
vida es terrible" (Consolación a Helvia - L.A. Séneca)
Ésta biografía es intrascendente. Al final de cada día
los hechos han sido, rutinarios, comunes. Sin embargo la violencia de mi psiquis
me lleva a la cama sintiendo terminar un día harto difícil. Recuerdo
un verso: "Soy la carga que
llevo en mi corazón, cada noche al apagar la luz" (G. Piafht -Arco
Voltaico).
Nada pasa en mi novela. No hay complejas relaciones humanas, ni crímenes,
ni prácticas prohibidas a esta cultura y momento. Ni suspensos magnéticos.
Ni autopistas de lugares comunes para olvidarnos de la vida común que
elegimos. Tampoco me estoy anticipando a darle a la gente el bocado psíquico
que está por madurar en el colectivo. Explicado con más detalle:
algunos "artistas" han triunfado yendo un paso delante de la gente,
venciendo anticipadamente el prejuicio moral que la masa está por romper.
En ese don de anticipar está su éxito.
Temo que mi novela pasará desapercibida. Y si tiene mejor suerte se la
juzgará como inconexa, fuera de género, mala; demasiado sutil
y con pretensioso fluir de conciencia. El mercado no perdona a nadie éstas
características.
Debo sincerarme y admitir que dudo que sea una novela. Parece más bien
un ensayo irracional, desesperado, contra reloj.... Solo mi cabeza llena de
sentencias. Conocidas y desconocidas. De fuentes fiables y fuentes estúpidas.
Tal vez estoy haciendo "Literatura de literatura". Mucho de lo que
digo puede encontrarse en los libros. Hasta podría hacer una lista párrafo
por párrafo de dónde extraje cada idea (esa no sería una
mala idea para enriquecer el relato).
Pero es real que todas estas sentencias invadieron mi manera de ver el mundo.
Como es real mi decisión de morir. (Quizás el único acontecimiento
de esta historia que no será literatura).
Sospecho un misterio desde niño. Es la primera vez que lo traigo a un
plano alto de la conciencia. Es, por llamarlo de alguna manera, una "Ley
de Compensación". Cuando más me alejo de la vida, ésta
parece testearme con un vúmetro e interceptar hechos para devolverme.
Lo mismo con el amor. Cuando se huye de las caricias, te persiguen. Cuando las
buscas en exceso, huyen y si las obligas se vuelven patéticas. En mi
época de soldado, los sueños eran serenos, llenos de refugios.
En cambio en un momento de paz y plenitud, pesadillas primitivas me despertaban
con violencia.
Hay una necesidad de luz y oscuridad en lo que somos. Y cuando algo las reprime,
desde nuestra psiquis o desde el mundo exterior, regresan en diferentes formas
para compensar.
Ya no estoy seguro de querer morir. La vida me persigue interceptándome
razones, como esos golpes bajos en las películas que logran nuestro momentáneo
consenso.
Alguien reparó en un trabajo que hice. No pasó más que
eso. No hubo consecuencias.
Sin embargo todo un día estuve abriendo los posibles caminos. Recuerdo
algo de Ficciones de Borges: "prever
un detalle circunstancial es impedir que este suceda".
Si lo razono es absurdo. Pero esa es la naturaleza de la esperanza. Absurda.
Esperar. Cuando niño pensaba que esperar era la antesala (paciente, desesperada,
ansiosa, maestra) del llegar. Esperar. Ahora creo llegar es una excusa, esperar
es el verdadero signo de la vida.
La implicación del sol. Está involucrado en el peso de los días.
Aunque esté bajando a su punto más triste, situado en el extremo
del invierno.
La verdad tiene algo del sol. Y también de espera. ¿Esperar en
el sol?. Tal vez.
"Pídeme lo que quieras"; a lo que respondió él:
-Pues no me hagas sombra".
El mundo es independiente de lo que yo creo. De mis sentencias. Que difícil
tarea; la de suplantar la idea del mundo por el bocado real, con sus aristas,
el lado impune del sol, el lado santo de la tiniebla.
El tiempo es flexible. Tan ligero puede ser, que nos libera de sentirlo. O
tan pesado que se instala en el pecho, marcando un tic tac plúmbico en
el alma, como el tiempo del dolor, la incertidumbre y la espera.
¡Qué lejos estoy de una explicación!. Lo fundamental ha
ignorado mis previsiones. Dónde he plantado de forma inconsciente y descuidada,
ha crecido lo que me da un poco de pan. Donde he sembrado con cuidado, vigilante,
amoroso, no creció nada. O crece lo que me oprime en este momento. Me
llueven bienes y males de cuya germinación soy inocente. Y así,
con todas las posibles variantes. ¡Qué lejos estoy de un método!
Encarnado gravito, voy al punto donde colisiona la masa con el infinito.
Bueno es que no me detengo.
Cada día, cada instante, cambia de forma, leve o bruscamente
para no dejarse aprender ni aprehender.
La mayor maravilla es la brutalidad de cada latido.
Cada instante, con su red de existires y las nuevas formas en sus complicaciones.
La composición y la descomposición.
Que buena es la perplejidad del entendimiento
cuando el infinito da un coletazo.
A veces me cubre un sentimiento religioso ante este Azar tan incomprensible.
Pero caigo, y le reprocho un sentido.
¡Ay del azar!, no es tan travieso como yo esperaba.
Solo una vez mueve un hilo insólito
para mostrarse omnipotente.
Después sigue durmiendo, cómplice, por pereza tal vez,
del Humano Poder.
" Yo solo pulso una cuerda.
Si no tienes una inmensa, sensible y dolorosa caja de resonancia, no sentirás
nada".
(Arcadia´s Waltz - La Tierra de los Consuelos)
En algún rincón oblicuo de la infancia he abismado. Hace 25 años.
Un martes de invierno, después de hacer los deberes. Llovía. Ocho
de la noche. Escapé sigiloso de la órbita familiar alrededor del
televisor. Tomé un paraguas negro, gigante. Bajé a la calle.
Di vuelta a la manzana. El roble de mi infancia. Tronco delgado, la corteza
libre casi de marcas. Mi frente de entonces sin arrugas. (Hace poco lo volví
a ver; robusto y marcado. Pensé en mi frente. Ahora tiene las dos arrugas
del infinito).
Crucé el límite prohibido de mi niñez. Del otro lado de
la calle Cobo. Empecé a ver bocacalles desconocidas. Me internaba doblando
sin patrón en todas las esquinas. Quería perderme. Después
comprendí que perderse puede ser manera de encontrarse.
Quería tener miedo. Quería las gotas en el paraguas, la sensación
de peligro y desamparo.
Los ojos no responden al camino que me planeé: Van hacia una naturaleza
superior, oscura, predeterminada, algo que hay en algunas entrepiernas que pasan.
Un impulso ignorante de mis construcciones.
Espantado, pero más fascinado por el abismo. Atacaba mi alma para hacerla
sonar. Como quien tira piedras a un pavo real para que muestre la cola.
No imaginaba que esa acción sería el signo de mi vida.
Ahora, a mis treinta y dos años....
La electricidad del aire. El trueno, el rayo, las gotas gigantes que no se deciden
a hacerse cortina. Mi dolor, los muros del jardín.
Salgo, camino. Sin la música como lenguaje soy un vulgar hombre desesperado.
(Se achica la geometría de luz en el jardín).
Escucho la voz de un muchacho, la muerte y el sexo son la misma criatura.
Sin separarme del dolor, nutriéndome del mismo, deseo sexo.
Salgo a caminar, no me detengo por varios kilómetros.
Finalmente llueve. In crescendo. Tanto como ese día de la infancia.
Nadie me puede ayudar, no existe la ayuda.
Nadie vendrá en mi ayuda.
Los huesos de Brahms, los de Kafka, están en otra cosa.
Chuang -Tzú es una mariposa y si pasa es para burlarse.
Nadie vendrá en mi ayuda.
Aunque en un momento(antes de la lluvia), pensé que quizás existía
la felicidad, pre o post mortem (para un desesperado como yo el tiempo y sus
plazos dejaron de importar).
Chaparrón furioso. Mastiqué una sentencia. La suerte es variable.
Un hombre solo debe mantener el pulso firme. Como le oraban los marineros mediterráneos
a Poseidón: "De tu capricho
dependen las tormentas, yo solo te pido poder mantener firme el timón".
Firme me mantuve en la lluvia. Como si estuviese ante el impío sol, el
tibio sol, la mañana diáfana, la noche cerrada.........
Sentí la necesidad de calor y ropa seca.
Crear necesidades va tapando la necesidad real que no puedo remediar.
Nada avanzo, nada creo que merezco. Creo en la fe, pero no la tengo.
Escribo menos, es cierto. Había mucho de vanidad en lo que hacía.
Solo lo hago cuando lo siento desbordar
Escribo, porque nadie vendrá en mi ayuda.
Nadie vendrá en mi ayuda porque escribo.
Ha llegado el amanecer del día que me quitó la paz desde que fue
anunciado. Aún no ha salido el sol. Hace mucho frío. Las galletitas,
el té. Miro por la ventana. Cruzarás éste largo día,
cruzarás, pienso en una canción. Ya en la ruta, una extraña
sensación de paz. Mezcla de resignación, de alivio, de ingravidez
estomacal. Un bienestar compensatorio.
Ya en la ruta. La canción que me duerme son los cientos de sones que
unisuenan en el motor
Pájaros agudos me encandilan fugazmente la cara, para alejarse graves.
La línea del horizonte, poseída por la oscuridad.
Mi mente la cataloga en el infinito.
Un rancho naufragando en la negrura. Tan helado se ve, como un ojo de vidrio
que existe por piedad, piedad de no sé quien...
¡Cómo puede la nada reconfortarme tanto! Sin embargo esas calmas
fauces me son hostiles. Solo el párpado del rancho, su puñadito
de personas. Afuera el horror y la belleza me devorarían.......
Una delegación de claridad anuncia al sol. Se inflama el cielo; desde
un azul lavado al oeste, hasta un punto que se vuelve más y más
hiriente al este.
La niebla se levanta de los campos. Las vacas, los caballos. Una garza blanca
brota con una sola pata desde la bruma.
El ruido del motor me adormece. No quiero cerrar los ojos. No quiero dormirme,
para no tener que volver a la conciencia dos veces en un día. Falta poco
para llegar.
Cada momento tiene una intensidad insoportable, cada resignación, cada
contorno del alma que no encaja con el tiempo. El cincelado es brutal. Pero
nos protegemos. No tomamos el tiempo del momento. Vivimos en lo que fuimos,
en lo que seremos.
Ya pasó el presente.
Ha sido larga la jornada, la he sobrevivido. Náuseas terribles. Apenas
alcanzo a bajar de la camioneta. No llego al pie del árbol. Vomito en
el camino.
Ya es de noche. Tengo el estómago agradable e ingrávido. Pongo
unas sonatas de Handel.
Se produce la belleza. Mi terrible día tiene su cielo. No es posible
separarlo del infierno. Se suceden, se superponen. "Donde
crece el dolor, crece la cura" decía Hölderlin
Yo lo he visto, lo he sentido todo en un día. ¿Para qué
se repiten entonces? Si pudiera objetivar todos los abismos de un día.
Toda la cadena veloz de lo que siento cada día. Contener el fluir de
mi conciencia sin derramar una sola gota. Si viera cada movimiento de la luz
en los objetos. Si mirara a un hombre y no lo distinguiera entre niño
o anciano. Si entendiera una hoja que cae de un árbol. Una brizna de
pasto que brota entre el asfalto quebrado.
No es fácil ver. La trama tropieza con todos, pero su sutileza es de
un celo rabioso.
Sería fácil ver, si las mesas de dinero tuvieran sus mostradores
mechados con tumbas. Si las mujeres hermosas cepillaran los huesos de sus abuelos.
Si un alud de barro radiactivo llevara en su montura las villas miserias y las
casitas color pastel de los barrios cerrados.
No haría falta más que un día. Pero no es así.
Un momento nos hace infinitos para dejarnos luego vanos.
Debo ejecutar mi parte, es solo un terrible arreglo musical. Desafinado pero
(como el canto de las hinchadas de fútbol) en el coro de la humanidad
se compensará.
Por eso regresa el sol, regresa la noche. Se repite la sinfonía.
Gran daño produce no creer en la muerte. Nada más simple que
creer en la evidencia. Entonces no habría ya que comprar. No habría
diferencia entre las suertes. Todo destino sería un barranco hacia un
abismo. Sin embargo la ignorancia crea esta humanidad multicolor. Esta carroza
de miserias y glamour que sube, cuesta abajo.
Nada más simple. Creyendo en la muerte se destruyen todos los dolores
por uno solo. Sin embargo preferimos las punzadas de las diez mil cosas.
Encarnar en éstas ilusiones que duelen. No somos criaturas de paz. Somos
atormentados y lascivos. No podemos (ni queremos) dejar una huella que no altere
el camino.
Todo esto para mí es profunda verdad. Y lo escribo. Pero lo hago para
ganarme un premio. La verdad se prostituye. Todo se puede vender en el mercado;
hasta el "odio al mercado", como producto, puede tener su góndola.
"La necesidad me hace justo y valiente." (N.Artaza)
"Antes que la razón
equitativa, matemática, acepto como más poderosa la razón
del que padece"
(Ernesto "Che" Guevara)
"Una misma ley para el tigre
y el cordero es atropello".
(William Blake)
Me gustaría saludar a las putas. Las miro, no me suelto, lo hago mentalmente.
Me gustaría ver un ejército de judíos, de negros, de indios,
de latinos marginales, de desocupados, de chinos y africanos famélicos,
de chicos de la calle, de herejes, de putos, putas y travestis atacando éstos
cinco mil años de historia.
Me gustaría que tanto dolor se pudiera defender. Me gustaría que
temblemos los padres de familia. Me gustaría que el dolor de una vez
por todas muerda. Así ya nadie nunca más lo va a pasar por alto.
Muerdo de nuevo la banquina de la muerte. Hoy justamente en esta noche, solsticio
de invierno. Busco un abrazo fraternal en la mugre.
Sé también que puedo ir a lo de mi madre. Pero el abismo me reclama.
Debo golpearme. Debo marcar mi cara con las huellas del camino, de las esperas
y la desesperación. No te debes salvar. Estoy seguro que al final de
los días (sea a los ochenta, sea quizás el próximo mes)
me espera la infancia. Sé que habrá olor a leña quemada.
Una cúpula de estrellas frías. Las llamas reverberando en los
cachetes. Y ya nunca más me apartaré del fuego.
Regresa la esperanza. La esperanza es una antorcha injustificable, que se nutre
de cualquier combustible, solo necesita para inflamarse que conservemos la vida.
Algunos la aferramos con desesperación, otras la ignoramos por absurda
y resbalamos los ojos en el abismo. Entre esos dos tópicos, surgen los
distintos tipos humanos.
Hace bastante que he abandonado la fogata de la infancia; allá en Pompeya
quedó "muriéndose
al costado del terraplén".
Una voz imperiosa me empujó a los bosques de concreto, a los intestinos
del pensamiento. Me engañé en estos meses en creer encontrar un
nuevo refugio para protegerme. No es más que un paraje lleno de criaturas
agazapadas.
Creo dormir tranquilo, pero me despierto herido. El abrigo es una ilusión
que hace más daño que la intemperie.
Debería morir. Me gusta escribir canciones, me gusta el desenlace de
la música y la letra. Debo terminarla acá. Siento que es el momento
indicado, el acorde exacto, la imagen del espejo propicia.
No hay que sobrevivirle a todo.
La vida debe saber ceder y no luchar ávida y mezquina en cualquier circunstancia.
No ser como un hombre besando desesperado los pies de la mujer que lo abandona.
O como un náufrago enloquecido aferrándose a los cadáveres
de sus compañeros que ya se van hundiendo.
No señores. No hay que sobrevivirle a todo. Ciertos dolores envilecen.
He comido de más. El cuerpo se va pareciendo a la vida que hacemos.
Tiene rasgos de abandono, de embotamiento. La vida es terriblemente milagrosa.
Y una escupida a sus principios es el embotamiento.
Vengo caminado con frío. Ahora no me importa. De repente veo objetivamente
todos estos últimos meses de mi vida. Me cuido. Las comidas. Equilibradas.
Compenso los excesos. Trato de verme prolijo con la ropa. Hago ejercicios para
endurecer mi cuerpo y eliminar la grasa, ganar en fibra. Mantengo en orden la
casa. Patético.
El Abismo me sobrepasa. Mi oscuridad. El techo me protege de la naturaleza,
pero las tormentas económicas caen sobre mi covacha.
Nosotros, los náufragos a punto de sucumbir en cada ola que se acerca,
hacemos abdominales sobre el único tablón que flota.
Buenos Aires, en otro plano, en el universo tangible. Nada me perdona. Yo fui
su vasallo, paje y cadete que caminó con sus papeles. Nunca podré
ser de otro lado que no sea aquí. Sin embargo Buenos Aires no me considera.
Yo corro entre millones por sus venas, le doy la vida. Ella me pisa los dedos
de la mano para soltarme. Para que caiga al abismo de no pertenecer a ningún
lugar.
¿Por qué?. Tengo la memoria de cientos de cortadas. Conozco los
movimientos del sol en sus arterias. ¿Por qué ella me niega?
Ahora tengo veintidós años. Voy en la caja de un camión,
por un camino de subidas y bajadas. A la izquierda el lago Huechulafquen. Al
frente el gigantesco Lanín. A la derecha y alzándose sobre nuestras
cabezas, una milenaria galería de lengas. El camión sube exhausto,
para llegar casi inerte a la cima y descender en punto muerto. Una alegría
infantil nos desborda. Las manos heladas por la tarde cordillerana.
En ese verano yo amaba con esa metáfora de desnudez y flores. Y campos.
Mi fe era demente y pagana, distorsionaba el dolor, quitaba la bandada de plásticos
de los campos.
No hay más rastros de ese muchacho. Solo la arruga del infinito en la
frente, me recuerda quien fui y donde estuve.
"Pocos comprenden cuanto se
sangra cada palabra que logramos decir."
(Silvina Garré)
"La materia del verdadero arte, la leña con que se enciende el conocimiento
de los abismos humanos, es la propia carne, el propio espíritu."
( H.P. Habber "El Artista: ¿Un enfermo que se automedica?)
Señores jurados: Aún no he llegado a la cantidad mínima
de páginas, y no sé con que seguir. Voy hilvanando islas de recuerdos
con mi presente. Salgo a la calle. Camino horas enteras. Las voces me van asaltando.
Es extraño. Llego a casa, cansado. Me acuesto, me levanto en la mañana.
No he hablado casi palabra en veinticuatro horas. Sin embargo es tanto el fluir
de las voces, que siento haber conversado durante horas.
Tanto andar y debatirse con las voces, para apenas destilar una metáfora
triste, digna del olvido. Sin embargo no puedo hacer otra cosa. Debo terminar
este relato, el único obstáculo, que me separa de la decisión
final. Mi muerte quizás de a esta novela
el valor que mi falta de talento no puede dar.
"Una obra de arte es buena cuando
ha nacido de una necesidad. Se juzga por la naturaleza de su origen. No hay
otro juez." (R. M. Rilke)
Hay un límite en que sobrevivir es envilecerse. Si pudiera salvarte,
si pudiera salvar a los niños, salvar a mis amigos. Pero no. Casi podría
pensar que ellos me tienen que salvar a mí. Sobrevivir así es
propagar el mal.
Tal vez mi novela es una de esas formas mezquinas de supervivencia.
Estoy contando la naturaleza del mal, superando niveles de sinceridad, pero
para tratar de ganar dinero.
Las voces no se callan. Mi escrito es dañino. Le dará consuelo
a otros desgraciados sin posibilidades. Pero yo seré un desgraciado con
posibilidades. Prolongaré el dolor de esos infelices con mi discurso
de hombre profundo y redituado.
Pero no son más que suposiciones. De hecho, soy un hombre con sábanas
y plato de comida al borde del colapso. Acabo de perder el trabajo que tenía.
Es extraño. Escribo como si fuera un privilegiado. Fantaseo. Pero en
verdad pertenezco a la caterva de los desgraciados.
Acelero el paso. La noche esta helada. Después de varias cuadras empiezo
a sentir el calor consolador de los músculos. Ayudado por mi andar furioso,
impotencia y alcohol.
Cruzo las vías de la estación. Bajan las barreras. Veo a lo lejos
perforando la oscuridad el ojo del cíclope. En pocos instantes las ruedas
pasarán por donde yo estoy. Ese pensamiento me perturba desde la infancia.
La muerte, el dolor, el amor, la alegría pasan por diversos lados. Solo
hay que estar en el lugar en el momento indicado. Como las vías del tren:
en un instante son una acera concurrida, al otro instante son una estampida
de hierros mortales. La ventaja es que tenemos las barreras, las señales
que nos avisan.
Pero en otros aspectos no es así. Pasamos por todos los lugares sin saber
sin van a ser intersecciones de amor o de muerte, de oportunidad, de esterilidad,
de callejón sin salida.
¿Porqué siempre estamos separados de lo que somos? Vivimos como
en dos planos diferentes. Yo escribo estas palabras, raspo con algunas certezas
el abismo de mi fluir humano. Sin embargo cuando se corte esta inspiración,
regresaré al mismo ser temeroso, atrapado en sus mezquindades, ya sean
de sobrevivir, ya sean de superar los otros prototipos humanos. Ahora, mientras
escribo esto, me asalta la morbosa alegría de que soy superior, porque
logré hablar de un abismo que casi nadie ve. Mientras los enceguecidos
gritan gol en esas ventanas que palpitan en colores, todas al unísono.
Ahora descubro que profundizar en un abismo, desenterrar un estrato más,
y transformarlo en un triunfo para posicionarse mejor ante los demás,
es volver a cero.
El abismo nos volvió a eludir.
Sigo caminado por las calles. Quizás por Villa Crespo. Galicia y Honorio
Pueyrredón. Siento tremenda culpa. Jugando estoy (un juego bastante crucial
y doloroso por cierto). Jugando estoy a escarbar la lejanía, a conciliar
las voces, a escuchar las metáforas que el miedo no me permite. Y tengo
que pedir para poder tener techo y comida. No encuentro la manera de procurarme
el sustento. El abismo sigue siendo tan terrible y fascinante.
El techo y comida, (algo tan "pródigo" en la naturaleza. Pienso
en los campos inmensos que recorrí con el tren. Tanta vastedad y tan
mezquino el metro cuadrado para la mesa y la cama. Pienso en las góndolas
atiborradas, los bosques, las selvas, las vidrieras, todo en cascadas) se transforman
en otro terrible abismo que desafía toda metafísica.
Voy peregrinando por tus calles Buenos Aires. En cada jornada laboral siento
que querés sacudirte mi persona. Sin embargo yo te reelijo a cada instante.
Ya sea por inercia, por temor al cambio, por amor o por descarte. Extraño
país. Extraña ciudad. Nosotros acá, en el Sur, sentimos
que sobramos, que fuimos un abuso de la naturaleza, un exceso de coitos que
no hay con que sustentar; entonces nos cierran las puertas, nos tiran a matar,
nos libran a nuestra suerte. (Librar a la suerte significa excluirnos de los
beneficios que la historia y la naturaleza les heredó a ellos).
Pero de repente me asalta una fuerza demencial de vida. Quiero vivir. De la
propia ignorancia que me prodigan los mercados, surge mi fuerza de vida, el
fuego de la resistencia.
Tengo una infantil y apasionada curiosidad por ver la violenta transformación
del mundo. Tanta presión y velocidad van a llevar a un estallido seguramente
(Y con eso no digo que vaya a ser sangriento, el estallido puede ser lánguido,
espiritual). Me gustaría ver cual será el nuevo orden económico,
éste no da para mucho. Es iluso pensar que los excluidos del sistema
(millones) van a quedarse pasivos.
Me gustaría saber también que va a pasar con la naturaleza humana
después de la modificación genética.
Resistir entonces, por instinto, por justicia, por envidia, por furia, por capricho,
por curiosidad.....
Es difícil sacar algo en limpio entre tantas voces. Las veces que pude
una reflexión interesante de los hechos, fue cuando todo se había
calmado. En medio de toda ésta turbulencia de miedos, debo intentar ser
reflexivo, debo vencer lo cotidiano, para poder escribir algo válido
y poder ganar el premio. Estas condiciones de trabajo son nuevas para mí.
Siento culpa de estar reflexionando y escribiendo, mientras no se como pagar
mis cuentas básicas. Como decía Montaigne "
Desgraciado es el ánimo al que el futuro inquieta". Pero
si no provoco la reflexión y aparto la culpa, no llego a terminar antes
del plazo del concurso. Al ritmo que voy no llego.
Esto significa que muchas páginas serán relleno.
" Toda palabra es una palabra
de más. Se trata, sin embargo de escribir: pues escribamos..., engañémonos
los unos a los otros." (Monseñor Sueiro "El Túnel que
Sábato no vió").
"Arte de vivir degenera en el
negocio de vivir "
(A. Schopenhauer)
"Vivimos en una Edad Media tecnológica, donde cualquier blasfemia
contra el dinero es severamente castigada."
(H. P. Habber Poesía y Globalización)
A medida que voy creciendo en años, al sumar tiempo, cambia mi perspectiva
de las cosas. Ahora sé que más adelante no veré las cosas
como hoy. No puedo evitar cambiar.
Debo admitir que ésta idea de la novela, el premio y el suicidio, me
empieza a despertar dudas. No estoy seguro que resulte. No estoy seguro de estar
escribiendo "bien".
Es ilusorio pensar que desde el anonimato, sin haber hecho lobby en el mundo
de las letras, se pueda acceder a un premio. La realidad es infinitamente más
compleja que nuestras ideas fragmentadas. Y si alguna de ellas funciona, no
es que hayamos acertado un método o un mecanismo, un infinito entramado
se disparó y nosotros pasábamos por casualidad.
Me empecé a jugar una carta más. Una idea de mi compañero.
Estoy recopilando apuntes sobre marketing en Internet para empresas.
Si cuando era adolescente alguien, desde el futuro, me hubiera dicho lo que
iba a hacer, no lo hubiera creído.
Veo en el comercio mi cara oscura que siempre negué. ¿Acaso el
luminoso Rimbaud no terminó sus oscuros días traficando en el
África? No quiero ser un mártir del consumo. Y créanme
no lo hago por acomodar mi carne, una forma refinada del instinto de supervivencia
como diría Pascual Blastein. No. Hay una sabiduría feroz en el
comercio, en ésta timba de ganar dinero.
Yo probé las enseñanzas del hambre, del trabajo duro, del intento
de la santidad, de la poesía desgarrada, suicida. Probé el licor
del abandono, el camino de los excesos como alivio y como tormento. Ahora quiero
pelear desde adentro del Casino.
Todas las épocas fueron iguales: dónde hubo dos hombres uno quiso
servirse del otro. Ahora es peor. Ya no se necesitan negros que paleen en las
calderas. La explotación degeneró en exclusión.
Después de todo ¿quién soy yo para destripar la naturaleza humana y decir que aplicaciones sirven, cuales tienen altura, cuales no, cuales son luminosas, cual opacas e impuras. Dejen eso a los genetistas que pronto nos modificarán, nos quitaran el dolor (borrarán los síntomas al menos); nos crearán nuevas mecanismos de felicidad (dibujarán los síntomas al menos), de obligación, de instinto, de engaño.
Tengo ahora varias estrategias. Cuando era niño me gustaba la depredación de la pesca. Soñaba con redes inmensas que capturaran esos cardúmenes. No me gustaba la caña. Era muy mezquina. Ahora me parezco de nuevo a ese niño. Tiro una red para sobrevivir, para ganar dinero, varios asuntos. En alguna de las tramas caerá el pescado.
Recuerdo algo de Montaigne "Le
mieux est l´ennemi du bien", "Lo mejor es enemigo de lo bueno".
Mejor es sobrevivir, a cualquier método.
Lo bueno en cambio tiene su propio signo. No siempre nos lleva por la abundancia,
opta a veces por los senderos sin paisajes, sin sombra. A lo bueno no le importa
que sobrevivamos.
No avanza el invierno. Estoy mirando todas las mañanas lo que le falta
al sol para llegar al cenit del verano.
El tiempo da, pero nosotros queremos otras cosas.
¿Porqué el tiempo y nuestra psiquis no funcionan en sincronismo?
¿Porqué desgarrarnos en voltear, trastocar, cumplir caprichos
para llegar a pequeñas, pobres, inestables conclusiones? ¿Quién
se sirve de ellas?
La naturaleza persigue al antílope y lo hiere ,entonces lo mata o lo
salva. Es rápida. No prolonga el sufrimiento. No tiene camas de hospital,
soportes de vida artificiales. No tiene piedad, ni el lastre doloroso de una
mente insatisfecha. ¿Quién se sirve de las conclusiones de nuestra
agonía?
Este sol de invierno, empeorado por las brumas.
La imagen más fuerte de la vida que tengo ahora es un domingo a la tarde
de viejos contra el frente soleado de la Iglesia de Flores. Quizás también
el primer mate de cada mañana. Pero es tan breve. Enseguida la mente
persigue en el futuro nuevos presentes.
"A veces demasiado obsesivo
y a veces demasiado entusiasmado, por lo común demasiado preocupado"
(Mingliao Tse)
Las plantas esperan. Dignamente. Solo muestran un rostro amarillo.
Otra noche de insomnio. Pero esta vez me he abandonado a las colisiones sin
encender la luz del velador. Fui al baño varias veces, escruté
la cantidad de luz y los pájaros que despertaban.
"¿Qué propiedad nueva me dará éste doloroso
hervor?
¿Nombrar un misterioso laberinto?
¿Rastrear el ojo de una columna de humo?
¿Hacerme cristiano?
¿Agregar un gris más de lo mismo?"
Pero igual espero. A veces vuelvo a creer que tanto pesar destilará
algo bueno. Recuerdo a Eduardo Mallea "Ninguna obra que importe puede tener
su origen sino en un desaliento superado, en un infortunio hecho virtud."
Entonces me avergüenzo de mi tan poca dignidad, de éste pataleo
afeminado.
Pero otras sentencias en mi cabeza contraatacan con el sinsentido de todo.
"El azar da puñaladas dementes" me dicen.
Otras veces creo adivinar un orden, una explicación, un porqué
a mi dolor.
Quizás algo que predigo sucede. Aunque sea malo. Entonces me alegro.
Pero otras sentencias se despiertan y se burlan:
"Ahora todo me sale bien, desde
ahora amo todo destino: ¿Quién se complace en ser mi destino?
" (Nietzsche)
Pienso en algo que leí del Dr. Habber:
" Que una verdad salga a la luz, no significa que toda la verdad terminará
por saberse. Sino que la verdad mayormente permanece oculta."
A veces es la grandeza de mi incertidumbre la que me salva: "Soy
ateo y debo admitir que tengo un vacío del tamaño de Dios."
"La cortesía es una
moneda falsa. Darla con abundancia no te va a dar pérdida y te va a ahorrar
de hacerte enemigos inútilmente".
(A. Schopenhauer)
".......y el único modo
de desagradar que mantiene joven será obedecer sin negligencia las contradicciones
de nuestro espíritu."
(Jean Cocteau)
Ayer leí la novela ganadora del año anterior. Me despertaba curiosidad
saber que virtudes gustaban premiar los jurados. Realmente no sé si es
buena o mala; logró captar mi atención, pero necesito distancia
para juzgarla. Considero que algo es bueno cuando queda dando vueltas en la
cabeza, y se suma a las sentencias que me atormentan. Si se pega a mi Abismo,
es abismal entonces. Como la trama humana de Los Demonios o el plan astuto de
Almas muertas.
Mi novela carece de todas las virtudes que encontré en la ganadora del
año pasado. Es muy críptica, confusa, no lineal, sin clichés,
sin ganchos narrativos, aburrida, difícil de leer.
Confío en que los jurados tengan una inteligencia refinada y detecten
la profundidad y el sutil hilo conductor.
¿Qué hará el protagonista de mi novela?. Aún no
lo sé. Lo mataré, entregaré el escrito y acabaré
con todo. No lo sé. En este momento no puedo separar lo ficticio de lo
real. Tal vez todo es real. Lo ficticio es el símbolo.
En la idea de morir pronto encuentro un alivio.
"El pensamiento del suicidio es un poderoso medio de consuelo: con él
se logra soportar más de una mala noche."
Otra sentencia. Más sentencias. Por momentos les creo, después
las rechazo, me vuelvo a dejar seducir.
La merma, la desintegración no tienen un instante de descanso.
El reloj no tiene incertidumbres.
Sin embargo mi tiempo psíquico se detiene, no ve salidas, no comprende
dónde pactar o donde golpear con la Acción.
La araña teje y espera
el tigre acecha y ataca
el clavel del aire solo espera.
El gorrión busca, huye, espera, ataca,
al igual que la rana,
según la circunstancia.
La hiedra se abandona a su naturaleza
Igual el aire, el agua, la piedra,
Son sin pensar en ser.
¿Y el hombre? ¿Qué?.
Deus Absconditus (Arcadia´s Waltz)
En esas películas clase B de corazón, una mujer acorralada por
la vida, terminaba diciendo: "Ojalá
ser como el ciervo que le estalla el corazón, cuando quedan enredados
sus cuernos en una infranqueable maleza".
Creo que si eliminara todas las sentencias que recogí a lo largo de mis
días, no podría reconocer mi cerebro al contemplarlo. Como el
raquítico esqueleto del arbolito de Navidad, desarmado y guardado en
una caja.
Detesto ese cine de Hollywood, donde uno predice lo que va a seguir en el guión
con un mínimo margen de error.
Aunque pensándolo bien, hoy necesito historias así.
No sé porque razón, hay sosiego en que las cosas se repitan de
una forma idéntica y ritual. Cuando les narro algún cuento a los
chicos, ellos quieren siempre los mismos: se resisten a los nuevos, y más
todavía a las innovaciones dentro de los cuentos viejos.
Estoy como ciego. Necesito una hilera de árboles por donde pasar cada
mañana, a la misma hora. Necesito llegar a casa y encontrar la misma
sonrisa, siempre o casi siempre.
" ¿Qué es lo qué buscás sino un pensamiento
dónde descansar?".
No veo porque he de escapar de ésta. Millones de seres excomulgados de los Destinos Humanos, obligados a los destinos de las alimañas. Porque habrían de tener piedad de mí. Veo caer seres de continuo. Dios, padre abandónico. Cristo en su Cruz lo dice.
No debo temer a la muerte. Sé bien que la cara de la muerte es la no-cara.
Cuando te vi me dije: - Ya no estás más -.
La tiniebla que traba las mandíbulas. Las aletas nasales ya pétreas.
Los párpados despojados de su misión: la guardia del brillo, de
la mirada, de la luz.
Esa madrugada solo el zapping me salvaba del terror. Borrando el tiempo y el
espacio, todos los hombres son un hombre. Sentí el terrible peso de esa
sentencia. Los labios que había besado, el cuerpo que había penetrado.
Ahora eran la cara de la muerte, la "no-cara". Oscuridad y silencio;
las sentencias eran terribles, irrefutables:
"...En el jardín bebisteis
agua suave y fresca, aquel ser alimentado de agua estaba reservado para éste
fuego". (B. Clota - Filosofía de las legumbres- ).
Busco mi quimera para sobrevivir. Nadie me puede reprochar. Hasta lo más
sublime es artificio. No puedo ver nada hacia delante. Empiezo a buscar hacia
atrás. Una imagen que me rescate. Recuerdo el frío de los inviernos,
los sábados helados, la familia intacta, mi mirada soñadora buscando
paz en el rojovivo de la estufa.
Invoco párrafos. Debo llegar a las ciento cincuenta hojas. Me sirvo un
whisky (las últimas gotas). Me encimo a la estufa eléctrica en
esta habitación alta y helada. Me saco una media. Mi pie esta helado.
Lo acerco peligrosamente a la incandescencia. Me calzo nuevamente. Salgo al
patio; miro estrellas en el cielo brumoso; entro acobardado por el frío.
Voy a orinar el alcohol. El televisor sigue encendido. Me planto de nuevo frente
al zapping. Suena el timbre. Atiendo el portero. Un hombre pregunta por la clínica,
del doctor, de la orden de internación, de no sé que. Una sirena
sobre la avenida se devora las palabras que faltan. Los errores acentúan
más mi soledad.
Toda esta pirueta pornográfica de mi espíritu, es lo último
que intentaré. He sido demasiado intelectual. He mal leído una
mediana biblioteca. Si la gente no me entiende, es culpa mía, es incapacidad,
no he tocado la fibra por donde pasa lo vital.
He sucumbido al misterio, pero él no me ha ingresado a sus filas. He
tenido falencias graves, he pensado demasiado, demasiado miedo. No me dió
el cuero para comprender por donde corrían los ríos de la sangre
y el comercio. Orino y, mirando los azulejos blancos, me repito: no he podido
detener el dolor, no he podido detener el dolor... ¿Cómo llegué
hasta aquí? ¿Dónde está mi casa?.
Miércoles. Me levanto con dolor de cabeza. He machacado y bebido mucho.
No recuerdo cual fue la última vez que las voces me dieron un descanso.
Esta constancia que tienen no es prueba de nada, dentro de un instante se pueden
detener y dejarme en paz.
Mañana soleada.
El dinero me ha traído hasta aquí. Interrumpir este sol que me
pega en la cara para escribir un posible hilo a seguir. He descubierto hoy,
que soy siempre el mismo; que los consuelos están siempre ahí,
contra esa pared de sol; en la quietud del jardín; en el infinito de
veredas soleadas.
Mí caída es simple: compré los sueños de éste
tiempo. Y son sueños sin garantía. Con efectos colaterales: Miedo.
Muchos jamás llegarán a alcanzarlos. Pero si tendrán miedo.
No puedo sustraerme al tiempo que me toco vivir. Soy hijo de éste corral,
comparto sus infectos genes. Jamás llegaré más lejos de
este cerco. Me río de sus chistes. Tengo los mismos temores reales y
estúpidos. Tomo los cubiertos como me enseñaron los muertos, que
a su vez fueron enseñados por otros. También yo seré un
muerto que haya enseñado.
"Todos nacemos originales y morimos copias" (C. G. Jung)".
La vanidad puede llegar hasta el absurdo. Si no soy bueno como "songwriter",
como escritor, como jugador de timba, como empleado, seré, citando a
Nietszche, el mejor despreciador de sí mismo.
No dejo de mirarme al espejo. Debo asumir que tengo obsesión por mi aspecto
físico.
Me quito la remera frente al espejo, me pongo de perfil. Quiero que la línea
que va desde mi pecho hasta el bajo vientre, sea proporcionada y exquisita.
Todo músculos. Nada de grasa. Pero tengo panza. "- Voy a saltear
la cena por dos o tres días" me digo.
Lo hago y en las madrugadas me ataca un hambre furioso e irracional. Me entrego
a la heladera. Siento después una terrible culpa. Me vuelvo a mirar al
espejo. Quisiera ver duros abdominales de afiche, y veo un pellejo grueso y
fofo.
Ahora tengo hambre otra vez. Pero no voy a ceder. Salgo a caminar. Hago diez
cuadras. Hace doce horas que no pruebo bocado. Mi percepción del tiempo
y el espacio es tosca, pasan quince minutos sin que los note, pasan cuadras
y cuadras sin que las incorpore. Recuerdo a Cioran, cuando explicaba la metafísica
de los santos por el ayuno. Pasaron tres cuadras más, creo. Recuerdo
algo del hambre que decía André Gide.
Pasan treinta cuadras quizás. Una terrible tormenta va ganándome
la espalda. Anoto en un papel algunas ideas para la novela. Escribo, "el
hambre como revelación (citar a Cioran y a Gide"). La letra es temblorosa,
pues no paro de caminar. Guardo el papel. Lo vuelvo a sacar. Escribo. "Liberarme
de ésta grasa, me dará el perfil sano para salir al mundo. Desarrollar
esa idea".
Llego a casa. Busco el libro de Gide para releer la cita. La memoria mezcla
sus estantes. Hojeo y hojeo. No está ese párrafo donde creí
que estaba. La memoria distorsiona. Una hora ha pasado. Lo encuentro:
"Me gustaba levantarme antes del alba. Llamaba al sol entre los rastrojos;
el canto de la alondra era mi fantasía y el rocío mi loción
de aurora. Me complacía en frugalidades excesivas comiendo tan poco que
sentía la cabeza ligera y cualquier sensación se me convertía
en una especie de embriaguez." (Los alimentos terrenales)
"Cada deseo me ha enriquecido
más que la posesión del objeto mismo."
(André Gide)
"Yo no busco bienestar ni justicia.
Yo busco la naturaleza humana."
(F. Pessoa)
Ahora tengo veintidós años. Cada año que paso lo reniego
con el presente. Crezco continuamente, si miro hacia atrás solo veo un
muchacho pueril. Creo en la iluminación de mis veintidós años.
Trabajo de cadete. Paso horas dando vueltas por toda la ciudad. Casi en silencio.
No me lleva esfuerzo mental. Por eso lo sigo haciendo. Mi cuerpo se mueve automáticamente.
Mi mente y mi espíritu están libres. Estoy lleno de sueños.
Mi vida de cadete tiene una realidad paralela, más rica que cualquier
parva de trámites. Esquinas míticas, enamorados que me ignoran,
chicas recepcionistas para rescatar.
Una parte de mi mirada está hundida en un abismo. Y mi jefe, mis compañeros
de trabajo lo notan. Desde afuera se ve como una simpática chifladura.
Los días tórridos, el smog, el tránsito, la humedad helada de Buenos Aires. Diez años después reconozco que son terribles. Pero estoy lleno de fábulas. Y creo ser un príncipe disfrazado de mandadero, un poeta que mancha la agenda de cobranzas con metáforas.
Un cadete con horario
de corrido nueve a seis
se cruzaba por Suipacha caminando por Lavalle
y se perdió en la eternidad
jamás de los jamases terminó de cruzar
el limbo se lo tragó
Y yira yira, yira yira
por toda la eternidad
Y yira pibe, yira pibe
nadie te rescatará.
Un cadete piernas flacas
con una mente abollada
pide ayuda ligándose en algunas de las llamadas
de los que usan los teléfonos
a lo largo de toda la peatonal.
Disculpe, corto, equivocado.
Todas esas calles circulares se
llaman igual
Esmeralda o Lavalle o Florida o Tucumán
Sábados y Domingos, no existen ya
Nueve a seis y después de nueve a seis
Son las leyes del limbo.
Y el cadete carga en sí una
horrible maldición
la de seguir culos, piernas y jamás alcanzarlos
o al menos verles la cara
suda viendo como se esfuma
Auxilio, alguien se ríe en la línea.
Y yira yira, yira yira
por toda la eternidad
Y yira pibe, yira pibe
Nadie te rescatará.
(El Cadete y el Limbo)
(Si alguno se interesa después de mi muerte por éstas canciones y mis poemas de juventud, dejo una caja en mi armario con cassettes y cuadernos).
Todo lo que hago tiene su metáfora, la realidad se sucede simple pero
tiene, paralelamente, su argumento "fantasma".
Espero el amor. Con los potentes monstruos de la inocencia. Con la calentura
de veintidós años y poco sexo.
Exudo metáforas.
Un ser mítico de piedra que sólo recobra la carne, cuando cree
ver llegar a quien espera. Guardián de piedra, cada mañana. Tras
una ventana. Un cuerpo sin verbos, sólo espera. Un día se agitan
las cortinas. El amor latente invocó de nuevo a la carne. Cae la gota
de agua sobre la grieta seca.
"Todo duró lo que tarda
uno
en verificar que confundió
un rostro extraño con aquel que ama tanto
y que siempre espera"
Finalmente, vuelve a ser piedra para seguir esperando.
Lo bueno de las leyendas es que legalizaban toda mi oscuridad. Pero hay que creerlas para que tengan potencia. Y yo las creía. Chapoteaba en la demencia sin ahogarme.
Después llegó el fin de la abstención sexual. Mi bajo vientre exigía alimentos terrenales. Todo seguía manchado de mis metáforas. (¿Acaso el lenguaje humano, los deseos, los sueños, no están manchados de manoseadas metáforas colectivas?. Basta con prender el televisor o escuchar una conversación casual)
Voy al "comedero" (como decía un amigo). En mi mitología
"Arlequinlandia"
Poca luz, escaleras abajo, whisky barato, música impersonal, marcha sintética
y ciega. Justo el territorio neutral para que mis fantasmas se hagan cargo de
mi carne.
Camino enloquecido por todos lados. No puedo detenerme. Ansiedad. Un cuerpo
que no era tan apetecible al principio de la noche, se va transformando en un
manjar con el miedo al amanecer.
"Ahí estaban ellos nadando en un mar de sudor.
Un oso me desafió en partida de ping pong.
Pero pateó la mesa, y luego me decapitó.
Tropiezo en los escalones, entro al baño después.
Me miro la cara en el espejo; ojos me miran, yo los cierro.
Estoy mareado, las luces me empeoran.
Tambaleo la música me ahoga.
El pulso es impreciso, coordinación deficiente.
Y no quiero tener que detenerme, quiero esa piel, cueste lo que cueste.
Y presiona la mente en la carne, la imaginación puede más que
yo.
Ya no creo en lo que pienso, ya no creo en lo que siento.
Y tropiezo con los escalones, si no callan yo voy a lanzarme.
Y presiona la mente en la carne
la imaginación puede más que yo
El pulso es impreciso, coordinación deficiente
y no quiero tener que detenerme
quiero esa piel, cueste lo que cueste".
Pido perdón por las imágenes. Cuando tenía veintidós
años era muy sentimental y patético. Creía que el misterio
radicaba en causar, en causarme profunda impresión. Utilizando esos recursos
excesivos. Ignoraba la infinita variedad de tonos entre lo luminoso y lo oscuro.
Creía en la nada o en el absoluto (tonto de mí, si hubiera mirado
con más atención mi vida, hubiera visto las gamas). Pecado de
juventud.
Debo decir que aún sigo creyendo en el absoluto, pero de una manera distinta:
"La manera de poder acercarme
al Absoluto es no proclamar ningún Absoluto en mi naturaleza." (R.
Dawkins El gen altruista).
Ahora, a mis treinta y dos años, tengo momentos en que las metáforas
me vuelven a ganar la pulseada. Algo las despierta. Una tonta película.
Una canción llena de lugares comunes. Un simple disparo de la imaginación.
(Pido disculpas por ir y venir a lo largo de mis años, pero tengo una
oscura impresión de que siempre era-soy-seré el mismo.)
Realmente no sé si las metáforas son inevitables, nocivas, si
distorsionan, ayudan a vivir, o nos impiden ver lo que en verdad importa, la
materia que nos gravita:
" ....porque el mundo del que
somos responsables es éste de aquí: el único que nos hiere
con el dolor y la desdicha, pero también el único que nos da la
plenitud de la existencia, esta sangre, este fuego, este amor, esta espera de
la muerte. El único que nos ofrece un jardín en el crepúsculo,
el roce de la mano que amamos".
Ernesto Sábato- La Resistencia
Ya ha amanecido sobre la ciudad. Salgo acompañado del boliche, por "algo"
que enganché. Estamos pálidos de alcohol y sueño. Somos
bien reales. No somos metáforas.
La remera chorreada de alcohol. Tendremos sexo igual; en tu casa. No sos lo
que quiero, pero quiero acabar:
"Borracho llego a entregarme
vencido caigo en la cama
a estimular mis sentidos
para así al fin acabar.
Toco pico a tu ausencia
el tiempo se encargará
de asfixiar con calendarios
la historia que voy dejando
Cielito de mi pecho
sube y baja la tristeza
vivir es al fin dar vueltas.
Un tren abre y cierra tajos
en el tiempo en el espacio
la luz llega racionada
en perezosas bocanadas
Nunca permanezco mucho
varado en alguna estación
cambio de pechos y piernas
doy unos besos, me voy"
(Arcadia´s Waltz -De trenes y tajos)
Voy bastante seguido al "comedero". Otro remanso en mis días.
Mucho sexo. Pocos compromisos. Mucha música. Algunas borracheras memorables.
En una de esas noches subo a buscar una cerveza a la barra de arriba:
"El camino verdadero pasa por
una cuerda, que no está extendida en alto sino sobre el suelo. Parece
preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo"
(F. Kafka Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino
verdadero).
Te ví. Una bisagra inesperada. Un regreso furioso de metáforas:
Una mañana sin dolor
Él escribió estas palabras
Y fue su historia de amor
una mañana sin dolor
Renuncio al cielo
por el de tus ojos,
Abandono mi zoológico de fantasmas
por seguir el carromato de tu circo
¿No ves que tengo
la cruz de los malditos en el iris?
tanto amor, mi cuerpo chiquito
va a reventar...
Y una mañana con dolor
éste, mi amor, se quebró
¿y fuiste vos?, ¿es que fui yo?
¿O Rio Grande do Sur,
la sudestada
o el crematorio con su vapor?
En las tierras del dolor
un niño extraviado soy
Sin fuego para mi pira de sueños
Mi carne flaca
esqueleto de canciones en al garganta.
Entonces Dios dijo es suficiente
envío a su ángel Azrhael
a las Tierras del Dolor
Y el hombre dormía, le toco la frente
y huyó hacia el éter
llevándose la pena hacia la muerte
Me desperté esa mañana,
una mañana sin dolor,
Soñé que tenia un amor inmenso
y que después lo perdía
me voy a trabajar, se me hace tarde
¿No ves que tengo
la cruz de los benditos en el iris?
Tanto amor, mi cuerpo chiquito
estalla en luz...
----------------------
En esta metáfora predije la muerte de la misma metáfora.
Pido perdón por la inclusión de algunos poemas míos. No
intento exhibirlos como valor literario. Deseo enriquecer la percepción
de esos momentos, mostrando la mirada que tenía en aquel entonces.
Madrugada de sábado. Hace mucho frío. Miro las ramas de la enredadera
sacudirse contra el cristal entumecido por las nubes de nuestra humedad. El
rabillo del ojo cree que alguien se mueve en el jardín. Cierro las cortinas.
Siento el ataque de una nueva metáfora (o una nueva voz, son sinónimos
casi).
A punto de morir y me viene el deseo de un beso. De espejarme en unos ojos claros,
líquidos. Trato de contenerme. Pienso en lo real. En la ternura y en
las miserias. Lo demás es solo quimera. Pero me entrego, esa voz hoy
me arrulla y duerme a todas las demás. Como en mi adolescencia.
Recuerdo un proverbio indígena que llevaba a todas partes: "Lo único
real es lo que se sueña". La realidad es lo único que tenemos.
Los sueños son espejismos.
Pero nos iluminan.
Corazón que vela mientras
duermo
no tiene desmayo ni sosiego
Vida de alegorías, con música.
¡Ay si fuese la primera vez
yo te creería!
mas sé que amas y que olvidas
Amar y olvidar, esa es tu eternidad....
Corazón, anoche no me dejaste
dormir
la tiniebla, libera tu zoológico fantasmal
Corazón que conspira mientras
duermo
el humus que alimenta tu oscuridad
será por la vigilia mi manera de mirar
Corazón perfecto ilusionista
la materia con la que se hacen tus sueños
es al fin la nada, que no salva de la nada
Corazón.
(Insomnio - Arcadia`s Waltz-)
Todas las canciones tontas de amor empiezan a cobrar sentido. Y todo el artificio
del arte. Valga el infantil juego de palabras.
El sentimiento, tan bastardeado, tan ridiculizado por la razón, es el
que anima los artificios. Le da una infinita profundidad a la mera biología.
Lástima que Dios no cuida de quien se adentra en el Infinito. Dios cuida
de los previsores. Pero no te podés cuidar. Hay que ir hasta el fondo
de esa calle. Aunque sea de noche. Aunque falte mucho para amanecer. Aunque
tengamos los pies mojados y pronto levantemos fiebre. Hay que llegar hasta esa
hilera de árboles, un paso antes del horizonte. Ya sé que me vas
a decir:
-Si nos quedamos acá, seguro Dios nos ayudará.
-¿Para que sobrevivir sin poder ver?
Es extraño estar escribiendo la apología del desamparo, agazapado contra la estufa, en este frío cuarto. Ya no recuerdo desde cuando está lloviendo; sin animarme a salir de estas paredes.
Nadie ve el signo de los excesos. Nadie ve en los excesos de los demás sus propios excesos.
La Lujuria
¡No te resistas a mí, pues soy la omnipotente! .Los bosques resuenan
con mis suspiros, las olas se mueven con mis agitaciones. La virtud, el valor
y la piedad se disuelven ante el perfume de mi boca. Acompaño al hombre
en todos sus pasos y cuando ya llega al umbral de la tumba...¡Aún
se vuelve hacia mi!
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La Muerte
¡Soy yo quien hace de ti una cosa seria!. ¡Enlacémonos!
( Las tentaciones de San Antonio. -G. Flaubert-)
Vuelvo a pedir nuevamente perdón por tantas sentencias, pero ignorarlas sería dejar un espacio en blanco en los motivos de mi acción. Pido disculpas también por el relato constante en primera persona, sin diálogos ni interlocutores. Pero los diálogos engañan. Como dice esa canción: "Cada cual repite su soliloquio y a eso le decimos conversar."
Busco en la revista del cable el día de la repetición de la película. Quiero volverte a ver. Un nombre nuevo para mi Lejanía. Esa sonrisa; otra vez el piedrazo en el parabrisas. El dulce y desesperado dolor de lo inalcanzable. La clarividencia." No hay corazón más sabio que el herido de amor" decía Leopardi.
Estuve dos días como hundido, sin poder escribir ninguna palabra.
El abismo es el reverso de la altura. No tomo espesor en lo que digo. Veo otra
vez tu sonrisa. Pienso en la altura y en la muerte. Vuelvo con Leopardi "
Creó la suerte al mismo tiempo hermanos el Amor y la Muerte ".
Sería entonces razonable cualquiera de los finales para mi historia.
Espejismos, espejismos, más espejismos. Los necesito. Este bazar de
engaños. Quizás vinimos al mundo a ver que producían
las ilusiones en nuestra naturaleza. Todos corren tras ellas. Yo también.
Pero soy el más necios de los prototipos: yo corro sin creer. (Perdón
también pido por tanto "Yo", "la
vida es un yoísmo al pedo", decía Adán BuenosAyres).
Nadie entiende a nadie. Nadie escucha a nadie. Sólo el amor y la muerte
nos comunican brevemente, unos chispazos, para después abandonarnos.
Nada perdura, todo se oxida pronto en esta intemperie. Somos violentamente expulsados
de las cumbres. Burlados enseguida por la lozanía. Abandonados por la
belleza o incapaces de soportarla. ¿Quién puede mantener en alto
algo noble sin que se le tuerza el brazo?
Todo esto es insoportable y verdadero. Pero hoy tengo un espejismo que seguir.
Busco en Internet desesperadamente fotos tuyas. Encuentro de todas las épocas.
Me ahoga encontrar entrevistas y no poderlas entender bien por la barrera del
idioma. Pienso en la desesperación de un ser incapacitado para entender
y hacerse entender.
No me avergüenza sucumbir a este romance de lejanía adolescente.
Yo no sé si estoy nublado o claro.
Es decir, este abismo infranqueable que describo es una destilación lúcida
de mis patrones. O es que estoy estúpido y ciego.
Hay algo inexpresable en tu sonrisa, en la naturaleza de tus ojos (de los cuales
no recuerdo el color). Hoy estoy hecho de todo eso que no puedo expresar. Eliminado
del juego. Las palabras son solo piedritas para jugar en la celda. La única
música que me podría explicar es el silencio. Pero arcadas de
dolor me obligan a escribir.
Desde lo Irreparable llegan sentencias. "Nunca
es suficiente la oscuridad que se bebe para la luz que se merece".
Hace días que no para de llover. Y yo espero un beso, como espera toda
la gente.
Amo una alineación de tu rostro, un instante de tiempo y biología
en tu piel, una mueca exacta de tu sonrisa. Como la única flor sutil,
como la mariposa que ví una tarde de enero. No se pude detener la corrosión.
Otras fotos ya te muestran con los contornos levemente modificados. Las marcas
más profundas en tu frente. Tu cara tiene huellas de cosas que yo no
he visto.
Hace unos meses, al mudarme, pensé que evitando esos ventanales en las
alturas de la ciudad, no me enfermaría de lejanía. Que tonto fui,
ahora lo descubro. El horizonte abismal que veía desde la ventana me
dolía pero como símbolo.
Siempre que intento sumergirme y sacar algo, el registro es tan triste que no
quiero volverlo a leer.
No hago pie en el abismo. Su potencia está nutrida por mi desesperanza.
La lejanía y la biología me empujan a la calle. Las voces. Pagar
un abrazo. Comprar un whisky. Visitar amigos. Caminar in crescendo. Correr.
Aguantar. No alcanza todo mi dinero ni toda mi historia.
El cielo de la vida renueva las piernas, nosotros somos viejos verdes que ,calientes,
ven las generaciones. Estoy adulto y lento. Ya no las alcanzo.
Sentido psicópata de la vida: El mismo hambre para el mancebo y el viejo,
no es certero. Si merma el diente que merme el hambre.
He practicado el ritual de la muerte casi todas las noches. He abandonado la
última esperanza con el manotazo a la tecla del velador. Tal vez por
eso no muero, me renuevo.
En cada momento se encuentra impreso el sentido de mis días, como en
cada célula está el mapa completo de la vida.
La noche solo me soporta si estoy ebrio. Camino. Venzo el frío; absoluto
de sexo y vacío.
Los viejos no cogen porque son viejos. Los jóvenes porque son torpes
e inexpertos ¿Quién está satisfecho entonces?. El azar
elige.
El hombre del sobretodo raído avanza sin dejar entrar el frío.
Sus pensamientos corren. Algo se dispara. Piensa en carne y sexo. Piensa en
labios y cuerpos calientes. Y ya no puede sentir otra cosa que su excitación
y la muerte.
"Cuando algo nos oprime en serio, sabemos que la salida apunta siempre hacia las verdades más ligadas con lo desconocido." (L.A. Spinetta- Kamikaze)
En una cuadra de Flores todo sucede. El local de la santería linda con
el albergue transitorio. Una puta muerta de frío- pero caliente en la
vista de los hombres- saluda a una doña que hace los mandados. Frente
a la plaza; una mujer sentada en un umbral sostiene en su falda a un hombre
borracho y todo vomitado. Pienso en La Piedad de Miguel Ángel. La posición
es la misma. Miro con una mezcla de repulsión y maravilla. Ella no me
ve. No ve nada.
Voy a poner una hebra de luz en las calles. Voy a helarme, para darle un hueso
a roer al frío, para darle un nombre.
Miro al cielo. Un sol burlón que va y viene, como un amante cruel que
puertea con su pene. Me voy a pasear como un abismo por los suburbios, arrastrando
la caravana de fantasmas. La cadena se hará más y más pesada
y larga. Al fin me dejará inmóvil.
En este momento no me interesa la novela. Quisiera irme a dormir. Es tarde y el cuarto está helado. Pero quiero liberarme de este tormento. Debo escribirlo. Debo capturarlo en un chorro de signos. Estoy haciendo un rodeo de palabras. Sé que está cerca de estas frases. No puedo verlo. Un pájaro oculto en la maleza, siento el latir de su corazoncito. La emoción de llegar a verlo por primera vez. El temor de ahuyentarlo con mis torpes pasos.
Tengo seis años. Estoy con mis hermanos en la playa jugando con una pelota
de agua.
Una ola que regresa al mar se la lleva. Se aleja veloz. Comienzo a llorar. Un
dolor inmenso e inexplicable. La lejanía tal vez. Mi padre se arroja
para rescatarla. Pero el mar estaba agitado y mi madre le grita que regrese.
Yo quiero que siga, que nade, que alcance la pelota. No me importa mi padre,
me importa la pelota. Todas sus fajas de colores, pasando el rompeolas, ya son
una sola.
Esa desesperación ante la lejanía me ha atacado toda mi vida.
Ya desde niño, tratando de alcanzarla en los objetos, en los amores,
en los horizontes...
Kafka decía que se asombraba de su capacidad de objetivar el dolor en
medio del dolor.
Cuanto daría en este momento por poder hacerlo. Por hacer que mi dolor
deje de ser único, oscuro, una sombra sin contornos y de un peso terrible.
Cuanto daría por darle un nombre, por pasearlo desnudo, para que todos
lo supieran.
Para que su oscuridad y su silencio dejen de pertenecerme y se vuelvan vox populi.
Sin embargo merodeo con palabras, no logro aferrarlo. La muerte me lo quitará
tal vez.
No sé que más escribir, no tengo más nada que decir, sin
embargo la presión no se detiene. Debería acceder a un rincón
del abismo que aún no está a mi alcance. Sé que toda oscuridad
será tarde o temprano violada por la luz. Pero no aprendo a esperar.
Quisiera que la salvación tuviera la forma de un beso. También
quisiera ser poeta.
Y creer que Dios los resguarda de manera especial. Quisiera que ceda la oscuridad
y que la claridad no me vuelva estúpido y temeroso. Vuelvo a pedir un
beso. De tu boca o de la muerte. Presiento que cualquiera de los dos tienen
la misma iluminación.
No quiero volver a la cama. ¿Para qué?. ¿Para ejecutarme
de nuevo con esa película?.
El amor se convierte en un abismo, para quien lo contempla en su alma. Sin embargo,
para los que miran desde afuera, es una plática estúpida, monotemática.
"Todas las piezas del sol, insectos, piedras, laderas, rumiar, océano, bit, plaqueta, picadura, sonda. Éste que habla, es un hombre y su muerte" (Kurl Cobian)
Ahora tengo veintisiete años. La primera noche después de tu
muerte, no me animé a dormir solo. Han pasado dos o tres días
creo. Estoy en la cama leyendo un libro (Malraux tal vez). Todas las noches
repito el mismo ritual de cuarenta o cincuenta minutos, hasta que el sueño
me arroja el libro sobre el pecho. Pero aún es temprano, mi madre duerme
en la habitación continua. De repente algo me extrae violentamente de
la trama de la lectura. Ella estaba acá. No me pregunten como lo sé.
No vi nada, no escuché, no olí. No. Nada que pueda explicarse
con los sentidos, pero tan cierto y palpable como un chorro de agua helada cayéndome
en las palmas.
La presencia duró apenas un instante. Así, abruptamente como llegó
se marchó.
Lo supe como una despedida.
Un golpe sordo y fantasmal contra una pared de la habitación me regresó
del sueño.
Miro el reloj. Una hora de la madrugada en la cual no sé hacer otra cosa
que dormir.
El vidrio helado lagrimea. Estoy en la cama, tapado hasta la boca. Prendo la
televisión.
No presto atención a lo que veo. Me acoplo al ritmo lento de mi respiración.
No hay dolor.
Es extraño, siempre desee la fama y el dinero para después alejarme
y descansar lejos. (¿Por qué no salteo el camino y me alejo ahora?).
Plantar hileras inacabables de árboles en los campos. Contemplarlas.
Detenerme a la hora del almuerzo. Levantarme con los zorzales alzados. Orinar,
mirarme al espejo, pensar en el paso del tiempo. El fuego, la pava, el mate.
Acostarme lleno de sol y laxo de cansancio. Levantarme. Revisar las hileras
de árboles plantados. Leer. Ser sorprendido por un cuento de amor y muerte.
Escribirlo.
Oigo cantar al pájaro pastor,
previo al albor
Su gorjeo con el alma siento
pero con los sentidos no lo recuerdo
Dicen que va campeando almas
Las mas osadas, las que quieren saber
que hay más allá de cerco
del sueño nocturno,
en el sueño del No-Volver
El paño de la noche se inflama
El canto guía las almas de nuevo aquí
El paño de la noche se rasga
Un primer rayo mancha el existir
Y el canto cesa,
algunas almas no regresan...
Hay sublimes momentos
en que el azar o una idea en masa,
la estampida de los autos calma
y a través de un manojo de hormigón
Oigo cantar al pájaro pastor
Y sin dormir.
A veces creo que podría quedarme aquí. Hablaría y hablaría
hasta agotarme. Me saturaría de relaciones; con ellas seguro algo de
dinero. Y habría reuniones, sociales, y como requisito sólo hablar
y hablar. Éste mundo da la posibilidad de vivir sin silencio. Pero no.
Huyo a los campos. Los de la tierra, los del cielo. Éste mundo promete
mucho y da poco. Sin embargo es el único tangible. Tiene el sol, el dolor,
el consuelo y el olvido también.
La ráfaga da consuelo
saciado el hambre del día
abunda el dolor y el remedio
La Tierra de los Consuelos
un mar se sostiene en nuestras cabezas
La Tierra de los Consuelos
Ya ves besamos muy poco
pero aporreamos bastante
cartógrafo de lo patético
La Tierra de los Consuelos
calmando el vacío con sed
La Tierra de los Consuelos
Y que nunca el océano
sea metáfora en mi alma
Vivir con un mar adentro
La Tierra de los Consuelos
que el mar se sostenga en nuestras cabezas
La Tierra de los Consuelos
La lejanía lo promete todo, pero está hecha de la misma ponzoña que el horizonte: excita el pecho y nos enferma los ojos .
Ahora tengo seis o siete años.
Una herida turbulenta corre desde la ciudad hasta el aeropuerto de Ezeiza. Paramos
en los campos del costado de la ruta a remontar el barrilete. En mi libro de
lectura están representados los meses con dibujos característicos.
En marzo hay una hoja seca de plátano y un barrilete.
Sube y el viento lo toma por uno de los suyos.
El ovillo se desenrolla con furia. Lo sostengo. Me acuerdo de una película
que ví en t.v. sobre un viejo y un pez espada. El niño siente
la magnitud del animal que se devora el barrilete cielo adentro.
Sube. Cerca ya de ser un punto en la altura. Otra vez la lejanía.
Arrodillo el alma, el niño siente un pavor religioso hacia esas potencias
míticas. No es fantasía, se devora el ovillo con avidez. Está
luchando por abrir mis dedos. Una mandíbula sin contornos se lleva mi
barrilete hacia los abismos del cielo.
De repente mis manos - esenciales, irracionales- de niño sueltan el ovillo.
Lo entrego sin porqué a la Lejanía, con dolor, con reverencia.
El ovillo se enreda en el tupido esqueleto de un árbol.
Las ramas, las tramas detienen la lejanía.
"Quien desconcierta, ofende"
(J. Cocteau)
"Vivo en paz con los hombres,
y en guerra con mis entrañas"
(Antonio Machado)
"Un espíritu en lucha contra sus entrañas produce quizás
una obra como "El Proceso"
Otro apuntado al mundo exterior, contra los demás hombres, produce el
transatlántico Titanic o la película."
(S. Spielberg.)
"Cuidado con las creaciones,
se vuelven contra sus creadores. Si no creed mirad la obra de Dios."
(Pascual Blaistein. Existencialismo y Dinero)
Ha llegado el momento final. Me asalta el temor de escribir y corregir el último párrafo. Me levanto, voy a la cocina, camino por el jardín. Trato de postergar las palabras finales. Voy al baño sin motivo, me miro en el espejo. Me digo que no tengo necesidad de hacerlo. Nadie me obliga. Quizás las cosas cambien. Pero no. Otra vez es la esperanza como esas velitas para cumpleaños caprichosas, que se vuelven a encender después de apagadas. No. No quiero dejarme engañar nuevamente.
Por fin se detendrán las voces. Basta de resistir. ¿A quién irán a morder las sentencias cuando las abandone? ¿Tendrán vida propia o son solo escoria parásita de mi mente-carne?.
Vuelvo a la habitación, paso los canales del televisor, siempre estoy
solo, sigo solo, aunque tenga todos estos canales llenos de voces. Perdonen
si el relato se pone inconexo, he bebido más de media botella de whisky.
No voy a hacer esa estupidez de pedir ayuda, para que me digan que me quieren
y no lo haga. Son las tres de la madrugada. Es muy racional mi decisión.
Ya estoy listo.
Vuelvo a salir al jardín. Tengo miedo. Cuando salga el sol ya no estaré.
No volveré a verlo. Pido perdón también por ser sentimental
y patético. Química del alcohol.
Ahora sólo me queda acostarme en la cama y esperar.
Todo éste párrafo anterior sobre el preludio de mi muerte ha sido
ficticio.
Nadie puede narrar su muerte.
Ha llegado el momento final. Me asalta el temor de terminar y corregir el último
párrafo. Acá dejaré de escribir.
"¡Una metáfora consuela de tantas cosas!" (F. Pessoa)
