No puedo hablar directamente de la felicidad, no puedo definirla en un concepto.
Pero puedo ir rodeándola en espiral como a una montaña, y así
abarcarla de alguna manera.
Para empezar podría hablar sobre el lugar físico de su existencia.
Tengo una poderosa sensación de que queda hacia el poniente. La imagino
por Villa del Parque, por Devoto o por Ramos Mejía tal vez. Se que
está en alguna de esas calles, pero son tantas que no me ubico. El
único método que tengo para saber es caminar y caminar y conocerlas
intimamente.
Ahora podría hablar de la hora del día de la felicidad. Creo que es la mañana. Los sábados de otoño soleado. Recuerdo mi terraza y la pared tibia donde leía y tocaba la guitarra. También podrían ser los viernes a la tarde, a la hora de salir de la escuela. Pensándolo bien también recuerdo tardes de primavera en un día cualquiera de semana, con el aire tibio de brotes. O alguna tarde de domingo de otoño caminando por la vereda del sol, pegado casi a los frentes de las casas. Recuerdo que el paso se me hacía cada vez más lento.
No puedo asegurar haberla visto alguna vez, solo tengo sospechas. Me pareció
verla alguna vez en las piernas de un pibe que pasaba. También en el
humo del cigarrillo de unas adolescentes rateras que reían y me ignoraban.
La sospeché en el fondo de una calle que no conocía, en una
casita perdida en la lejanía y vista desde el tren a la noche. También
en cada una de las lucecitas de un edificio excesivamente lejano, que veía
desde un balcón donde vivía.
Y en mis caminatas nocturnas, la sospeché en muchas ventanas iluminadas
por la televisión.
Pero ya ven, no tengo pruebas de nada.
Me masturbo, me limpio, tomo agua, agarro un libro, lo cierro; escribo una
línea, no siento que deba seguirlas, son tontas, mentirosas, toco el
piano intento una música...para qué, para quién? Alguien
lo hizo antes y mejor. Pongo un disco ,no puedo pasar de unos pocos compases,
algo me abruma....las malditas voces no me dejan en paz. Vuelvo a pensar en
sexo, me masturbo de nuevo, hago algunos abdominales, tomo más agua.
El sol se va retirando de las paredes del jardín. Solo los locos, los
presos, los viejos siguen el movimiento del sol en la pared. Prendo la radio,
busco otro libro. Llega la tanda de música. Dejo el libro. Me pongo
una campera, salgo a comprar. Me gusta cocinar, cocino, limpio los trastos,
Me apuro para sentarme en la computadora. Me siento. Boludeo. Miro pornografia,
bajo el correo. Leo el diario. Separo las noticias que me gustan. No disfruto,
estoy apurado por terminar. Escapo hacia el futuro. Quisiera escapar hacia
el alma. Ese es el titulo de una canción. Voy al baño, debería
limpiarlo, tomo una escoba barro, junto. Abandono. Voy a la heladera. Me hago
un pan con queso. Pongo por vez séptima la pava al fuego para tomar
más mate. Completo la serie de abdominales que me faltaba. No ceja
la desesperacion. Hierve el agua.
Me cebo un mate: horrible. Vuelvo a sentarme en la computadora. Voy a escribir
mi desesperación, detalle por detalle, es lo único que se me
ocurre para calmarla. Empiezo:
"Me masturbo, me limpio, tomo
agua".... No veo la hora de terminar de escribir, pienso en masturbarme....
" agarro un libro, lo cierro; escribo una línea, no siento...."
Me vuelvo a levantar de la silla... tiro el agua hervida... lleno la pava
de nuevo y enciendo la hornalla. Cambio la yerba del mate ... tengo que seguir
escribiendo... ".... que deba
seguirlas son tontas mentirosas.."
No puedo concentrarme, no logro hundirme en lo que me pasa, y sacar una hebra
objetiva. No puedo. Es mentiroso que yo escriba que es mentiroso lo que digo.
Cada vez que me cito, es como enfrentar dos espejos. Es hilvanar cadenas hasta
el límite de mi humanidad. Y no llegar.
Dejo un espacio en el texto, voy a empezar de nuevo. Primero voy a la cocina
y me cebo el mate que arreglé. Vuelvo a la máquina. Leo lo que
estaba escrito:
"Voy a escribir mi desesperación,
detalle por detalle, es lo único que se me ocurre para calmarla. Empiezo:
Me masturbo, me limpio, tomo agua"....
No veo la hora de terminar de escribir, pienso en masturbarme.... " agarro
un libro, lo cierro; escribo una línea, no siento...."
Cada mañana era lo mismo. Pero sin el tedio y la seguridad que da
la rutina. Cada mañana era igual: la rutina del riesgo. Cada mañana
el mismo margen de probabilidad de cometer un error y ser castigado.
Esto habrá sucedió entre mayo y junio. A las siete de la mañana
formábamos en el playón, media hora antes que la Plana Mayor.
Recuerdo la tensión de los preparativos: de lustrar los borceguíes,
afeitarse, todo hacerlo en masa, al unísono casi; el que perdía
el compás era castigado.
De superar este primer trance, venía el más dificil...El Playón.
Las columnas de soldados avanzaban agrupadas según altura y contextura
física. Yo pertenecía a la tercera, había una cuarta
donde directamente agrupaban a los que no llegaban al metro sesenta.
Recuerdo como nos ubicábamos en el playón a esperar, mientras
nos "bailaban" : nos dictaban ejercicios dolorosos para calentar
el cuerpo y mantenernos domesticados.
Recuerdo también las caras quemadas por el sol y el frío, llenas
de barritos y archipiélagos colorados . Estabamos limpios, pero mal
lavados, el tiempo en las duchas era reglamentario: lavarse una oreja, lavarse
la otra...y asi sucesivamente. Nadie, creo, pensaba en lavarse bien, sino
en no perder el compás de las órdenes.
A ésta altura de la jornada había una interesante lista de soldados
sancionados, a la espera de sentecias. Y todos sufríamos por no ser
el próximo. Ese sufrimiento era el que nos mantenía sometidos.
En esa época trataba de objetivar mis vivencias, de ir más allá;
pensaba en que todo era un ritual, con el mismo valor relativo, arbitrario,
tribal; ahora admito que era intenso mi sentir y breve mi comprensión.
Lo sufría demasiado, cada minuto tenía para mi un peso plúmbico.
Llega entonces el momento en que aparece la Plana Mayor.
Se dan las órdenes: firme, vista derecha, vista izquierda y todo ese
boludeo, que no tengo ganas de decodificar en mi memoria.
Aparece el soplido de los altoparlantes, casi se podría imaginar al
"nabo" que ejecutaba los movimientos: prende el amplificador, (ruido
de masa), levanta la pua del tocadiscos, cae el pick up ... crash, crash...gira
el disco...comienza la canción: Aurora.
"Alta en el cielo, un águila
guerrera, audaz se eleva, en vuelo triunfal...".
Un soldado y un suboficial frente a nosotros se encargan de bajar la bandera,
mientras nosotros cantamos sobre el disco.
Pero un día aparece un gato y se pasea tranquilo entre el mástil
y nosotros, nos ignora. Yo me regocijo; me libera pensar que hay otra vida
diferente, que la realidad es de infinitas capas, y éste maldito Ejército
es sólo una delgada epidermis en la que estoy atrapado.
De repente aparece otro gato y enfrenta al que se paseaba delante nuestro.
Erizaron los lomos, se amenazaban de una manera terrible, mientras el disco
y el canto seguían. "Es
la bandera de la patria mía, del sol nacida que me ha dado Dios..."
Empiezan a sonar risitas de distintos lugares. A mí no me causa gracia.
El chiste tiene que ver con el miedo. Yo gozo con que exista algo allá
afuera.
Un tipo que me dijo que estaba peleado con la vida. Y buscaba desesperado
y promiscuo (que es lo mismo) lo que todos sabíamos que no iba a encontrar.
Elsa me dijo que se fue del campo a la ciudad porque no soportaba los atardeceres.
No lo entendí entonces. Pero en éstos últimos tres días
me entregué al ocaso del sol, de alguna manera te lleva hasta el horizonte
para abandonarte en plena oscuridad y resignación.
Cuando más joven creí que el conócete a tí mismo
me llevaría a una superación transhumana. Sin embargo no se
abandona jamás la condición. Como quien cruza la lluvia y no
puede dejar de mojarse, sólo entender el ciclo, y consolarse con un
sol inevitable que vendrá.
No pude dejar de mirar al tipo, y no había nada que pudiera hacer
más que padecerme.
Poseerlo era algo imposible como lo es para la mayoría de nosotros.
Ví un perro estropeado buscando afecto entre el caserío, maltrecho
y asustadizo por tanto "güira perro". Me costó acercarme
y darle una inútil caricia de consuelo. Le dije algo cursi como : "yo
soy como vos"
No pude dejar de mirar al tipo, fantaseé con concretar sabiendo que
hay algo que no se alcanza. El amor humano multiplica los dolores, los celos,
los pasos del paso del tiempo. Yo sé, pero un corazón delator
me empuja a desertar y volver a la rueda. Hay un lugar del alma al que no
se llega. Todos conversamos, pero cada uno es Robinson Ruidoso en su isla
solitaria. Hacer ruido no es comunicarse.
Pensaba ésta suite de cosas, mientras el sol se fugaba.
Creo que lo sueños no tiene un significado: son como la vida conciente , extremadamente complejos. Supongamos que todo fuese al revés; que el sueño fuese la vida conciente. Dormiríamos entonces y soñaríamos un día con la infancia, otro día nos soñaríamos enamorados, otro día asistiendo a un entierro. Cuando despertamos tenemos entonces presentes esos fragmentos. ¿Podemos armar la vida con eso?. Seguramente no, ni siquiera entendemos ahora, que la vivimos de continuo.
Muchas veces escribo lo primero que me viene, aunque sea trillado o insípido.
Se que jugueteando con las palabras suelen ceder los portales de ese "no
sé donde" de donde provienen las palabras necesarias. Pero no
hay fórmula exacta. El manantial existe en todos los hombres pero ninguno
tiene el acceso asegurado.
Habrá algunos que en un tiempo lo bebieron profundo y de un momento
a otro perdieron el acceso, momentáneamente, largamente, a intervalos,
para siempre...
Por pocos momentos soy conciente de mis defectos, de mis loops mentales,
de mis reacciones embudo, de lo infantil de mi ego en sus defensas.
La mayor parte del tiempo no soy objetivo con mi persona. Es decir me percibo,
pero no de la manera conciente en la que estoy escrutándome ahora.
Quisiera estar siempre en éste estado, pero no sólo por ser
más sabio, sino para lucirme en las conversaciones, dando definiciones,
observaciones. Pero también para desligarme de esa visión entrampada
que nos da lo inmediato.
Debería saber que cuando se busca claridad y profundidad para brillar en el rebaño, se pierde claridad y profundidad.
Los pobres desisten muchas veces de suicidarse para no hacerle la vida más desgraciada a otros pobres que los quieren. A sus vez éstos pobres no se quitan la vida por el mismo motivo.
Te miro, me mirás. Me gustas, me gusta que me mires. Me gusta gustarte.
Pero no me gustás tanto como para entablar un diálogo. Apuro
el paso, me seguís. No me está gustando ya. Apuro más.Creo
que te perdí. Una parte de mí se apena. Me gustaba gustarte,
pero no sobrepasar ese límite. O si, porque sobrepasarlo demuestra
mucho interés. Y eso me estimula. Me encanta sobreinteresarte, pero
el solo hecho de saberlo. No quiero intercambio físico. Pero si me
lo propusieras me gustaría, porque me estimula tu sobreinterés.
Pero no quiero sexo.
