El
oro del dedo
En
la China antigua, un ermitaño un poco mago vivía en una montaña profunda. Un
día, un viejo amigo le hizo una visita. Senrín, que así se llamaba el ermitaño,
completamente feliz de acogerle, le ofreció una cena y un abrigo para pasar la
noche; a la mañana siguiente, antes de la partida de su amigo, quiso ofrecerle
un regalo. Cogió una piedra y con su dedo la convirtió en un bloque de oro
puro.
Su
amigo no quedó satisfecho. Senrín apuntó entonces su dedo sobre una enorme
roca que también se convirtió en oro. Su amigo no sonrió.
-¿Qué
quieres pués? -preguntó Senrin.
El amigo resondió: Quiero ese dedo, ¡córtatelo!
Este
hombre pensaba que el dedo era el origen del oro. Y gran parte de la humanidad
rige su comportamiento en base a similares confusiones.