REY POR UN AÑO

Los habitantes de cierta ciudad elegían rey a un extranjero, pero sólo por un año. Cumplido el plazo, lo devolvían a su lugar de origen sin permitirle llevarse nada.
Los tontos, que no se daban cuenta de la brevedad de su reinado, reunían grandes fortunas, construían palacios, y en lugar de sacar riquezas de la ciudad, se traían todo lo que tenían en otro lado, desde bienes hasta familia.
Un día eligieron como rey a un hombre muy sabio, que los gobernó con justicia. Uno de sus consejeros, agradecido, le reveló el secreto. Y durante todo el año, este hombre se dedicó a llevarse de la ciudad todo lo que podía para atesorarlo en otra parte, desconfiando de los honores y las reverencias de sus súbditos.
Mientras estuvo en la ciudad, vivió entre la pena y la alegría, porque conocía su destino y la brevedad de su encumbramiento. Pero cuando se fue se alegró, porque iba a reunirse con sus tesoros.
Así es la vida terrenal frente a la vida eterna.

De Ana María Shúa

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