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Mucha tinta ha corrido alrededor de la vida del francés Arthur Rimbaud. Pero la aventura literaria del poeta era el límite: en ella cifraron sus investigadores las cuentas de una poesía que a sus tempranos 19 años el autor de las Iluminaciones abandonó para siempre. Traspasar ese límite, con rigor casi detectivesco, es lo que Graham Robb, especialista en literatura francesa del siglo XIX, traductor también de Baudelaire, Balzac y Víctor Hugo, se ha propuesto en su Rimbaud (Tusquets, 2001), aparecida hace tres meses. El volumen, de más de 500 páginas, presenta un recorrido por los márgenes más oscuros del intenso trayecto vital cumplido en apenas 37 años por Rimbaud, trascendiendo también el fallido mito del eterno adolescente que siempre se le endilgó ("Un verdadero dios de la pubertad", dijo de él Breton). "Durante su trayectoria póstuma como simbolista, surrealista, poeta beat, estudiante revolucionario, letrista de rock, pionero del movimiento gay e inspirado consumidor de drogas, cuatro generaciones vanguardistas han visto en él una salida de emergencia de las convenciones". El inquietante comentario de Robb puede guiar esta lectura sobre un ángel que sentó a la belleza en sus rodillas. Y le supo amarga.
Iluminaciones - Flores:
Desde una grada de oro. -entre los cordones de seda, las gasas grises, los terciopelos verdes y los discos de cristal que se ennegrecen como bronce al sol.- veo a la digital abrirse sobre un tapiz de filigranas de plata, ojos y cabelleras.
Piezas de oro amarillo sembradas en el ágata, pilares de caoba soportando un domo de esmeraldas, ramilletes de satén blanco y finas varas de rubí rodean la rosa de agua.
Como un dios de enormes ojos azules y formas de nieve, el mar y el cielo atraen a las terrazas de mármol a la muchedumbre de jóvenes y fuertes rosas.
Iluminaciones - Democracia:
«La bandera va por el paisaje inmundo y nuestra jerga ahoga el tambor.
«En los centros fomentaremos la más clínica prostitución.
Masacraremos las rebeliones lógicas.
«¡A los países sazonados y empapados! -al servicio de las
más monstruosas exportaciones industriales o militares.
«Hasta la vista, aquí, no importa dónde. Reclutas de buena
voluntad, nuestra filosofía será feroz; ignorantes para la ciencia,
hábiles para el confort; que el resto del mundo reviente. Es la verdadera
senda.
¡Adelante, en marcha!
Poemas
Arthur Rimbaud
VOCALES
A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales,
diré algún día vuestros nacimientos latentes:
A, negro corsé velludo de las moscas brillantes
que zumban alrededor de hedores crueles,
golfos de sombra ; E, candor de los vapores y de las tiendas,
lanzas de los glaciares orgullosos, reyes blancos, escalofríos de umbelas;
I, púrpura, sangre escupida, risa de labios bellos
en la cólera o en las borracheras penitentes;
U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verdosos,
paz de las dehesas sembradas de animales, paz de las arrugas
que la alquimia imprime en las grandes frentes estudiosas;
O, supremo clarín lleno de estridencias extrañas,
silencios atravesados por mundos y por ángeles:
-O el Omega, ¡rayo violeta de sus ojos!
SENSACIÓN
En las tardes azules de verano, iré por los senderos,
picoteado por los trigos, pisoteando la hierba menuda:
Soñador, sentiré la frescura en mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.
No hablaré, no pensaré en nada:
Pero el amor infinito montará en mi alma,
e iré lejos, bien lejos, como un bohemio,
por la naturaleza, feliz como con una mujer.
(Marzo 1870)
UN SUEÑO PARA EL INVIERNO
En el invierno, iremos en un pequeño vagón rosa
con cojines azules.
Estaremos bien. Un nido de besos locos reposa
en cada rincón mullido.
Tú cerrarás los ojos, para no ver, tras el cristal,
gesticular a las sombras de la tarde,
esas monstruosidades malignas, populacho
de demonios negros y de lobos negros.
Entonces sentirás la mejilla arañada...
un pequeño beso, como una araña loca,
te correrá por el cuello...
Y tú me dirás: «¡Buscala!» inclinando la cabeza,
Y nos tomaremos tiempo para encontrar a esa bestia
que es muy viajera...
LA ESTRELLA LLORÓ ROSA
La estrella lloró rosa al corazón de tus orejas,
el infinitó rodó blanco de tu nuca a tu espalda,
el mar adornó con perlas rojas tus senos bermejos
y el hombre sangró negro en tu flanco soberano.
EL DURMIENTE DEL VALLE
Es una hondonada de verdor donde canta un río
prendiendo locamente en la hierba jirones
de plata; donde el sol, de la montaña orgulloso,
brilla: es un pequeño valle que riela de luz.
Un soldado joven, boquiabierto, la cabeza desnuda,
y la nuca bañada por el fresco berro azul,
duerme; está tendido sobre la hierba, bajo el cielo,
pálido sobre su lecho verde donde llueve la luz.
Los pies en los gladiolos, duerme. Sonriente
como sonreiría un niño enfermo, está soñando:
Naturaleza, acunalo con calor, tiene frío.
Los perfumes no hacen vibrar sus orificios nasales.
Duerme bajo el sol, la mano sobre su pecho,
tranquilo. Hay dos agujeros rojos en su costado derecho.
(Octubre 1870)
EL MAL
Mientras los escupitajos rojos de la metralla
silban todo el día en el infinito del cielo azul;
mientras escarlatas o verdes, junto al rey burlón
se desploman en masa los batallones bajo el fuego;
mientras una espantosa locura machaca
y hace de cien millares de hombres una pila humeante
- ¡Pobres Muertos!, en el verano, en la yerba, en tu alegría,
¡Oh, Naturaleza!, tú que hiciste a estos hombres santamente-,
Hay un Dios que se ríe de las telas adamascadas
de los altares, del incienso, de los grandes cálices de oro;
un Dios que con el balanceo de los hossanas se duerme
y sólo se despierta cuando algunas madres, recogidas
en su angustia y llorando bajo su vieja toca negra,
le dan una perra gorda liada en su pañuelo.