"LA ARGENTINA POSIBLE"
- EL DESAFIO -

EL ESTADO 

 

No le compete al Estado la tarea ni la dignidad de la creación cultural, sino la investigación, promoción y difusión de la misma. 

Porque es a los hombres y mujeres capaces en los hechos de generar la idea e interpretarla, a quienes compete aquel verdadero desafío. 

El área cultural no debe ni puede ser el refugio pobre de inútiles disfrazados de idealistas intelectuales sin vocación de trabajo ni competitividad, que la conviertan en asilo de desterrados, agencia de números vivos, o expendedora de pasajes gratuitos. 

La temática cultural debe estar separada de la educacional, porque no es apéndice de la misma, ni mucho menos su pariente pobre.

Por la tremenda multiplicidad de temas a tratar, el área cultural tiene identidad propia como gran foro de ideas, al cual deben ser convocados los hombres y mujeres de trayectoria y prestigio, para que ellos, y no los funcionarios de turno, sean los encargados de proponer las respuestas y vías de acción eficientes y lógicas que posibiliten un resurgimiento de la fe pública en las instituciones. 

La educación es instrumental a la cultura como los cubiertos son a la comida. 

Y si el hombre y la mujer de nuestros días dedican determinado número de años de sus vidas a su formación educativa, la cultura, a partir de esa base, les exige la totalidad del resto de su existencia. 

Las dos son áreas temáticas no dependientes de la urgencia de los votos, y sus aportes a las decisiones, por los enriquecimientos que implican, deben constituirse en aportes independientes, con capacidades orgánicas y presupuestarias acordes con objetivos de distinta dinámica. 

Por ello la necesidad de terminar con el funcionario sabelotodo y puedelotodo, refugiado en la inamovilidad estatutaria de su antigüedad y buena conducta, que promueve solamente el tema que le interesa, y aplica un gatopardismo burocrático frustrante a todo intento de propuestas válidas, porque a la postre, éstas demostrarán su absoluta ignorancia temática. 

La presencia empresaria seria, al frente de las áreas culturales posibilitará la practicidad de la mentalidad que de lógico plafón y viabilidad económica a los proyectos del área, separando lo querible de lo tácticamente posible, en la imbricación de la propuesta intelectual lúcida con el enfoque analítico de las vías de acción para obtener el resultado esperado, todo ello en una inteligente administración de recursos que produzca claros programas concretos en la materia. 

Los conjuntos artísticos no quedan de lado en estas ideas, puesto que si bien no excluyentes como ocurre en nuestro país, todos los temas de la bellas artes también integran el área cultural. 

Pero una cosa es el interés cultural por lo artístico y otra muy diferente es convertir a los artistas en empleados públicos, cercenando su capacidad creadora, y alimentando un acostumbramiento burocrático achanchador de su talento. La exigencia de una reválida de valores a través de contratos renovables colocará a los artistas en condiciones de autodesafío a la creación, y a los responsables del área en dinamizadores de esos emprendimientos. 

Si para cada tema aquí involucrado se convoca a los valores consagrados en el mismo, para que sean ellos, a través de comisiones especializadas que estudien y dictaminen cada propuesta, además del diálogo fructífero que haga al conocimiento mutuo de quienes, desde su capacidad intelectual, sostienen distintas porciones de verdades ideológicas, esto posibilitará la complementación de iniciativas para acometer sensatamente programas factibles en su realización temática. 

Y el responsable final del área contará con el asesoramiento idóneo e incontestable que lo ayude a no equivocarse en sus propuestas y decisiones. 

Quién expone estas ideas tuvo esa experiencia, y, sentado en la mesa del Gabinete Nacional, justificó la presencia en el mismo del área cultural fundado en ese asesoramiento y no solamente en opiniones personales.

 

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