"LA ARGENTINA
POSIBLE"
- EL DESAFIO -
LA ETICA
La sociedad mediática de nuestros días exhibe una preocupación, un poco culposa por cierto, sobre el tema de la ética.
Así, reuniones, conferencias nacionales e internacionales, seminarios y expresiones individuales, enfocan el tema desde el intento de establecer normas codificadas que permitan sancionar toda conducta individual o colectiva que se pueda definir como falta de ética o trasgresión a la ética.
¿Es que hemos llegado tan bajo en nuestra depreciación y olvido de los valores que ahora resulta que la solución es codificar la ética?
Creo, sinceramente, que la ética no reconoce límites, códigos, leyes positivas, ni excusas dilatorias, envolvedoras ni mentirosas.
La ética sólo reconoce la conciencia del hombre de bien, en sus pensamientos, actos y proyectos, conciencia que, fundamentada nada más y nada menos que en el derecho natural, cuya historia se remonta a la aparición del hombre sobre la tierra, le marca le diferencia entre el bien y el mal.
Transmitida como educación de cuna de padres a hijos y de generación en generación, se basa en el sentido del honor, en la responsabilidad por mis deberes hacia mí mismo y hacia quienes me rodean, sean éstos integrantes de mi familia, mi núcleo de relación o quienes, por cualquier causa, razón o título, lleguen a tener que tratar conmigo.
Hace a la satisfacción de mirar de frente a todos durante el día, en la transparencia de pensamiento y claridad en la acción, libre de toda hipocresía; y a la tranquilidad de la paz de la noche, con la satisfacción, en los aciertos y errores, de haber procedido de acuerdo a las normas no escritas de la honradez y del deber cumplido, en el intento de nuestra pelea por la calidad de vida que queremos para nosotros y para quienes constituyen el objeto de nuestros desvelos.
La ética en los negocios hace a la firmeza conceptual en los proyectos, en el respeto por las opiniones de propios y ajenos, tomando las mismas más que desde la prepotencia de quien se siente dueño de la verdad, desde la humildad, no exenta de grandeza, de quien se sabe falible y toma el disenso como aporte sincero a la reflexión para no equivocarse.
Hace a separar la paja del trigo, a no disfrazar de aporte de mecenas a la solidaridad social el objetivo claro de obtener un honesto y merecido beneficio económico.
A la sabiduría de conformar un equipo sólido en principios morales y conocimientos técnicos, que potencie desde las diversas especialidades la posibilidad de éxito de cada emprendimiento.
El razonamiento ético siempre está unido a la sensatez, porque el ámbito en el que se desenvuelve no opera en el tema puntual sino desde lo omnicomprensivo del sentido común.
Porque es ese sentido común el que enfrenta nuestra natural inclinación hacia el facilismo del mal proceder, en el llamado de atención sobre las consecuencias del mismo; así como en la inspiración del pensamiento sobre el resultado, no exento por cierto del eventual beneficio concreto y económico, que nos reportaría el camino del bien.
Y no se trata aquí de prédica de castillos en el aire y de falsarias declamaciones de buenas intenciones de puerta de iglesia, que, de cara al Creador, nos harán sin duda reconocerlas rebosantes de hipocresía.
La ética en la función pública, así como en los negocios, en la vida profesional, en el ámbito del trabajo, del estudio y de la relación diaria con el mundo en el que estamos inmersos, se constituye en el principio fundamental de proyecto de vida que hoy recordamos, con orgullo y respeto, haber recibido de nuestros padres; y, sin duda, es el más caro y preciado tesoro que queremos dejarle a nuestros hijos, para que ellos, a su vez, se formulen, como objetivo, el merecer el reconocimiento de las futuras generaciones, que, por su proceder ético, los imiten, y, por qué no, los superen.

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