"LA ARGENTINA
POSIBLE"
- EL DESAFIO -
HOMENAJE
En el mes de agosto de 1993, las quince Academias Nacionales rindieron su homenaje a un luchador de la Cultura, de la Cultura en serio, a un hombre que ha sido distinguido en el País y en el exterior, por su pensamiento, por su idea del rescate del sentido común, y, fundamentalmente, por su pelea por el ámbito que no tiene límites, que es el de la Cultura.
Me refiero al Doctor Julio César Gancedo, de quien tuve el honor de ser su Subsecretario, y con quien me unió una amistad fraternal en el afecto, en el respeto, y en las ideas.
El 29 de julio de 1997, en el Día de la Cultura Nacional; así establecido por ser el aniversario de la muerte de Ricardo Rojas; se realizó en la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional un acto patrocinado por la Secretaría de Cultura de la Nación, con motivo de cumplirse el quinto aniversario del fallecimiento de Gancedo.
Presidió el acto la Secretaria de Cultura de la Nación Dra. Beatriz Krauthamer de Gutiérrez Walker, y por orden alfabético, hablaron para referirse a su trayectoria el Profesor Horacio Carballal, por los medios de comunicación social; el autor de este libro, por la gestión en la Secretaría de Cultura de la Nación; el Dr. Sergio Giménez Baeza, por la Organización de los Estados Americanos; el Dr. Enrique Mario Mayocchi por los escritores; y el Dr. Norberto Pedro Ras, en representación de todas las Academias Nacionales.
Quiero ahora que este testimonio de homenaje personal que realizo con este libro, también lo sea para todas y cada una de las personalidades consagradas en cada uno de los temas que hacen a la Cultura, quienes tuvieron la humildad y la grandeza de integrar honorariamente durante los cuatro años de nuestra gestión las Comisiones Nacionales Asesoras de la Secretaría de Cultura de la Nación.
A todos ellos les debo, en cada consejo sabio, el cuidado de mi firma en cada decisión, en la experiencia más enriquecedora e importante de mi vida.
Pienso que es más importante apuntar a esto antes de desarrollar nuevamente ideas de lo querible, que encarnan lo volitivo de una sociedad facilista a la que en las últimas décadas se le predicaron derechos sin el desafío concreto de las obligaciones individuales y colectivas para lograr el ejercicio de aquellos.
Porque si, de una vez por todas, pretendemos el bosque ideal de lo deseable, como sociedad seria en su búsqueda de una vida más plena, debemos comenzar por plantar los árboles de lo posible que nos sirvan de guía para ese logro.

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