"Introducción"

Este es un libro incompleto pues resulta imposible resumir en pocas páginas toda la trama que formó parte de una de las épocas más difíciles e importantes de nuestra historia moderna.

La suma de problemas y variables estratégicas que se dieron en el escenario mundial durante los años sesenta y setenta. La mezcla de intereses comerciales y políticos por parte de las grandes potencias y la desatada competencia entre ellas. Las toneladas de papel utilizadas para cimentar argumentos ideológicos y de toda naturaleza que permitieran justificar cada una de las posiciones. Y el secreto que rodeó a las operaciones cuyo primer estudio ofrece una cara y una contracara, hacen que la tarea de registrar y desentrañar lo que realmente ocurrió durante esa veintena de años que convirtieron al continente latinoamericano en un centro de atención e inquietud política, requiera del transcurso del tiempo para limar la pasiones en aras de la objetividad. Pero también y sobre todo, para contar con los recursos suficientes que permitan encarar adecuadamente el esfuerzo de registrar y contar la verdad lo más aproximada posible. El secreto, extendido a la mayor parte de la documentación que lo mantiene, hace más apasionante todavía la tarea del historiador aunque, hay que decirlo, hoy produce un dejo de frustración.

La acumulación de historias de heroísmos y cobardías, la fría planificación de acontecimientos con el único fin de impresionar, de responder a la propaganda o generar nuevas circunstancias políticas favorables a los insurgentes, son nada más que una parte de esa trama complicada donde el periodismo y las nuevas técnicas de los medios de comunicación masiva jugaron un papel primordial en el trazado del escenario de esos años y del posterior análisis de los hechos.

Si iniciamos este libro en 1959 se debe exclusivamente a que a partir de esa fecha y del triunfo de la Revolución Cubana los acontecimientos se desataron organizadamente y con tanta fuerza, que incluso impidieron entender cómo fue posible que Castro y Guevara triunfaran en Cuba cuando tenían perdida la batalla.

En la primera parte de este libro tratamos de consignar los hechos más salientes de ese proceso que constituye uno de los orígenes de la Guerra Revolucionaria que comenzaría a desatarse sobre el continente latinoamericano y que en particular para la Argentina marcaría su futuro político e institucional. Consecuencia directa de la Guerra Fría que durante esa época expresó la profunda división en que se debatía el mundo, el proceso subversivo tuvo un origen externo que aprovechó convenientemente determinadas circunstancias internas. Cuando éstas se agotaron, se crearon otras como parte de un programa inteligentemente montado y cuyos resultados están a la vista. También de eso nos ocupamos y subrayamos algunos aspectos que hasta hoy no se conocieron y por ende, no fueron razonados para entender lo sucedido.

Con excepción de aquellas fracciones de territorio sudamericano que pertenecían o pertenecen a potencias europeas, donde el desenlace político evolucionó de otra manera y casi en silencio, en todas las repúblicas el vendaval revolucionario se desató con una violencia que para la mayoría de la opinión pública que hoy soporta una nueva fase de la propaganda, resulta desconocida. Como una derivación actualizada del mismo proyecto, los manipuladores de la historia manejan ese período desligándose de las decenas y decenas de miles de muertos producidos por los revolucionarios e ideólogos que todavía persisten adecuándose a las nuevas épocas.

Este libro trata de recoger sinópticamente una cronología de los principales sucesos ocurridos durante esos años y de los entretelones que, mirados hoy a la distancia, los explican como no pudo hacerse antes.

Los viajes a La Habana a través de un complicado y secreto itinerario para recibir una acabada formación política, ideológica y militar. La especialización en actos de terrorismo que recibieron centenares y centenares de jóvenes de esa generación. La utilización de la libertad de prensa para desarrollar la campaña de captación y reclutamiento. Y finalmente el factor cultural aplicado en ese proceso de la propaganda, son datos históricos que no pueden desconocerse, sobre todo, para comprender y prevenir el futuro.

El fracaso de los "Uturuncos" en Tucumán. La participación directa de militares cubanos en el segundo gran ensayo insurgente desatado en Salta en 1963 para preparar el posterior desembarco de Guevara en Bolivia. El desarrollo de la Guerra Revolucionaria en los países vecinos: el caso del Brasil donde militares de alta graduación llegaron a complicarse en el proyecto marxista y los choques armados que se produjeron para arriar la bandera roja de la hoz y el martillo que ondeó en unidades navales de ese país. Los antecedentes del dramático caso de Colombia. Las decenas de miles de muertos provocados por la guerrilla del Perú. El campo de batalla en que se convirtió Montevideo y el resto del país hermano. La doble importancia estratégica -su llegada al poder y el posterior derrocamiento- que tuvo el gobierno marxista de Allende en Chile. Los estrechos vínculos de las bandas argentinas y chilenas, de Bolivia y del Uruguay y la creación de una Junta Coordinadora Revolucionaria para profundizar la subversión en el Cono Sur. Los viajes secretos de los líderes subversivos a Cuba y luego a Europa. El tortuoso papel cumplido por Francia y el agente Regís Debray. La entrega de Guevara. La infiltración lograda por diversos servicios de inteligencia en las distintas bandas. Y por último, la lucrativa creación de la industria del secuestro, fueron hechos que marcaron, entre otros actos, una secuencia histórica que hemos incorporado a estas páginas en el mismo orden en que se produjeron.

Junto con los intentos de dominar a la CGT y otras organizaciones con el mismo fin. Los múltiples asesinatos selectivos. La toma de localidades. Los asaltos a bancos. La preparación y desarrollo del "Cordobaso", sus repeticiones y otros hechos similares montados en función de una gimnasia revolucionaria. El asalto e incendio de casas, comercios y ferrocarriles. El copamiento de unidades militares y policiales. El asesinato sistemático de agentes de policía para sacar patente de "combatiente", quitarles el arma, la placa y a veces el ansiado uniforme, fueron todos hechos que formaron parte de esa misma secuencia y permitieron dibujar un perfil del guerrillero" con el denominador común de su pertenencia mayoritaria a las clases medias y altas.

Un capítulo aparte mereció el contradictorio comportamiento de los Partidos Comunistas latinoamericanos, cuyos jefes históricos rechazaron en la mayoría de los casos al proyecto guerrillero. Vaticinaron que éste sería derrotado y que esa derrota atrasaría la victoria final del comunismo, pero la realidad demostró que elementos partidarios tomaron parte activa en las guerrillas, crearon grupos disidentes de superficie y realizaron actos especiales de terrorismo.

El rol protagónico del PCA quedó igualmente revelado por su participación en varios episodios. Uno de ellos se produjo cuando al comienzo de la Guerra, un destacado abogado cordobés, estanciero, representativo de la alta sociedad de su provincia, organizador y ejecutor de diversas operaciones políticas, fue el intermediario aparentemente involuntario de una iniciativa de Castro y Guevara para incorporar al exilado Juan Domingo Perón a un plan destinado a cimentar el proyecto de "liberación" latinoamericana. La idea fracasó pero otro hombre importante y secreto que dependía del PCURSS, cuyo perfil se ubicaba en las antípodas del primero, sería el intermediario de Lanusse ante Perón para negociar en 1973 la transferencia del poder militar al político.

También nos ocupamos del papel preponderante que tuvo el movimiento obrero en el enfrentamiento a la acción subversiva y la respuesta que ésta produjo mediante una organización especializada en el asesinato de dirigentes sindicales de distintos niveles. Subrayamos la capacidad dirigente de algunos jefes subversivos como Santucho -sin duda el más audaz y obsesivo de todos ellos- Carlos Olmedo el de inteligencia brillante, algunos de los asesinatos cometidos por Firmenich y otros jefes guerrilleros y, por su importancia y resultados, evaluamos los mecanismos creados en La Habana para poner en marcha el proyecto de transformación cultural que facilitara el proceso de captación y reclutamiento.

La etapa previa al primer gran lanzamiento subversivo se caracterizó por varios factores adicionales a la propaganda orientada exclusivamente a preparar combatientes. Entre los más importantes podemos mencionar los esfuerzos desplegados para insertarse dentro de la Iglesia Católica, habida cuenta de su importancia e influencia en todos los órdenes. La inoperancia de la clase política para percibir el fenómeno que estaba en gestación y para encontrar soluciones una vez que éste se manifestó. La incapacidad demostrada por la dirigencia en general que no entendió, no aceptó, rechazó o ignoró aquellas señales que permitían vaticinar lo que ocurriría. La posterior imprevisión militar para adecuarse a las consecuencias múltiples que provocaría el final de la Guerra Revolucionaria. El origen no izquierdista de la primera banda subversiva que hasta fue manifiestamente anticomunista y rechazaba de plano a Fidel Castro y al Che Guevara, el papel que cumpliría como puente entre los extremos y luego como plano inclinado para llevar a sus miembros hacia posiciones de una ultraizquierda sin retorno posible. Los avances que tendría la táctica del entrismo para penetrar y conquistar desde adentro a determinados grupos y organizaciones seleccionados como blancos, fueron las expresiones más significativas de aquella época y por eso nos detuvimos en señalar los antecedentes que luego sirvieron para alterar hondamente el escenario político y social de la Argentina.

Concurrentemente nos referimos a los cambios ideológicos que tuvieron algunas figuras que pertenecían a distintas fuerzas políticas y que luego se volcaron al marxismo y dentro del campo estrictamente político, explicamos cómo las dos principales vertientes subversivas -el Ejército Revolucionario del Pueblo y los Montoneros- tuvieron elementos que, respectivamente, estaban relacionados con la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista.

Durante la etapa que abarca este libro esos fenómenos ofrecen un campo inmensamente rico para el estudio histórico, junto con la estrecha relación que tuvieron los grandes acontecimientos que caracterizaron a la Guerra Fría, instrumento con el que se debatía la división que enfrentaba al mundo de esa época. Francia se retiraba de la alianza militar Occidental, China Continental obtenía la bomba atómica y competía con la URSS en la jefatura del comunismo mundial, en tanto los Estados Unidos se empantanaban en Vietnam. La Guerra Fría creaba nuevas instancias entre los dos grandes contendientes. La Uni6n Soviética, después del costoso enclave logrado en Cuba, resolvió expandirse lo más posible desde ese punto de apoyo mediante una operación que consideró lo suficientemente conflictiva como para fortalecer sus intereses estratégicos. Sin hacerse responsable, dejó la ejecución en manos de Castro quien, pese a las diferencias que había entre uno y otro permitió, a su vez, que fuera Ernesto Guevara de la Serna el artífice visible de ese nuevo conflicto: el argentino, con su extremo voluntarismo y ambición, creyó que podría transformarlo en una fácil conquista territorial y política con la República Argentina colocada en el centro principal de su objetivo. Después de su fracaso y muerte, su herencia adecuadamente manejada consistió en trasmitir a nuevas generaciones de jóvenes el convencimiento de que eso era posible. Para eso había que matar y morir, decisión que únicamente se podía cumplir una vez que se hubiera inculcado con firmeza un amor a1 odio impulsado desde el extranjero

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