Carlos Manuel Acuña es periodista de raza, formado en el Diario La Nación donde ingresó en 1960, cubrió una amplia gama del campo informativo, especializándose en temas políticos. Fue un atento seguidor de los grandes acontecimientos de la época, conoció a los protagonistas que durante esos años marcaron un ritmo de disidencias y desencuentros políticos y se convirtió en un analista de las confrontaciones ideológicas que luego formarían parte del conflicto que trata esta obra, tal vez la primera en su tipo, extensión, rigor histórico y una redacción amena que la hace especialmente atractiva.
Nacido en 1937, es padre de cinco hijos, abuelo de varios nietos, pertenece a la generación que vivió en su adolescencia la experiencia del peronismo, asistió a nacimiento de los cambios sociales que caracterizaron a ese período de la vida argentina y profesionalmente siguió paso a paso las intimidades de las crisis que se sucedían sin solución de continuidad. Tuvo la experiencia viva de la política como periodista parlamentario y como seguidor de las tertulias que todavía mantenían un aire de bohemia y espontaneidad que hoy se ha perdido. Si bien se trataba de un periodismo cuyas formas, estilo y esencia se modificó sustancialmente, el rigor profesional se percibe en este primer libro de Acuña sobre un tema tan apasionante cuyas alternativas lo mantienen actualizado. Como periodista, el autor ocupó toda la gama de la actividad profesional, hizo radio y televisión, dirigió agencias noticiosas, fue corresponsal de publicaciones extranjeras y nacionales, columnista de La. Prensa durante los años ochenta, de la bahiense La. Nueva Provincia y de otros diarios importantes del interior del país.
Ampliamente conocido en todos los sectores, sus artículos marcaron rumbos definidos en la transmisión de la realidad, especialmente cuando se intentaron introducir innovaciones en temas tan trascendentes como el de la ideologización en el campo educativo.
Participó del Congreso Pedagógico Nacional, tomó partido en los grandes debates que provocó, no fue ajeno a las polémicas que surgieron durante esos discutidos años ni tampoco a las inquietudes político-partidarias. Orientado en las grandes líneas sustentadas por los valores tradicionales, su inquietud por estos temas lo llevó a recorrer y conectarse con dirigentes de Europa, Japón, Estados Unidos y en Latinoamérica pudo experimentar personalmente la evolución de los problemas contestatarios que surgieron en el continente desde los años sesenta y durante los setenta. Fue dirigente agropecuario, conferencista, dictó cursos sobre la teoría y práctica de la comunicación, no es ajeno a la incursión en la poesía y sobresale en el ejercicio de la antigua virtud que no siempre es de fácil ejercicio, de lograr muchos amigos.
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