"LA ARGENTINA
POSIBLE"
- EL DESAFIO -
EL PRESTIGIO
En el contexto de una sociedad que venera la fama, que la puede tener cualquiera, y muy rápidamente, a través de un suceso o un vulgar episodio chismoso o farandulero, y, por qué no, hasta policial, es preocupante el tema del prestigio.
La búsqueda del prestigio es indispensable para robustecer el sistema democrático con talento, con la precisa y legítima exigencia, por ejemplo, de que quienes toquen la Constitución Nacional sepan de lo que están tratando. Que no representen lo masivo de la cantidad sino lo importante y lo imaginativo y confiable de la calidad.
Esto debe imperar en la República, para que la nuestra, la que fue, la que es, y la que será, sea una Argentina en serio.
El camino para lograrlo es lento y está lleno de dificultades. Porque lo trascendente implica sacrificio, esfuerzo e inteligencia, aunados todos en la construcción de la solidez de una estructura social con identidad propia.
Esta no es tarea para la ansiedad superficial de los famosos de hoy, sino para quienes, con verdadera conciencia de futuro, comprendan la necesidad del esfuerzo necesario, y asuman los tiempos del trabajo y de la paciencia, para acunar el prestigio que devuelva solidez a nuestro sistema de vida.
Cuando nosotros tuvimos los pasillos del Banco Central repletos de barras de oro, el Japón acababa de ser derrotado en la guerra.
¿Cómo salió adelante Japón? ¿Por una política facilista de exaltación poco menos que dispendiosa de la sensibilidad social? ¿O con el desafío a la demostración concreta de la inteligencia de sus hombres y mujeres?
Hoy Japón es el único país que tiene una balanza comercial positiva, sin déficit fiscal, y que enarbola una independencia de criterio y tecnología de avanzada que le permite la revancha a través de la capacidad e iniciativa de quienes trabajan y producen con una clara identidad y objetivos definidos como Nación.
Y todo esto no fue fruto de una vara mágica, ni se realizó de la noche a la mañana.
Fueron muchos años de sacrificio, educación, trabajo y alimentación de investigación y búsqueda de talento; con una clara conciencia de identidad y cohesión nacional, y objetivos concretos y ciertamente medibles en sus resultados.
Claro ejemplo para los argentinos de hoy, que pretenden el respeto de la comunidad internacional, logro legítimo al que accederemos solamente por la demostración de haber comprendido que éste es un objetivo que debemos merecer.
Porque el valor profundo e inmutable del prestigio da sentido a uno de los anhelos más legítimos del hombre: Su trascendencia, más allá de lo circunstancial de su muerte, para que su obra y sus ideas sean conocidas por las generaciones futuras.

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