"Prólogo"

Cuando se tomó la decisión de llevar adelante la investigación histórica que culminaría en este libro, se resolvió que todo lo que se publicara debía ser absolutamente demostrable. Con esa premisa avanzamos lentamente en la construcción de esta obra, cuya principal finalidad consiste en rescatar para las futuras generaciones la verdad sobre una de las etapas más dramáticas de la historia de la Argentina moderna, cuya culminación permite, precisamente, que este trabajo llegue a manos de nuestros lectores.

Dejaríamos de ser veraces si no reconociéramos que otra de las motivaciones que nos animó fue la irrupción en la escena política y comunicacional de una trama compleja y agresiva. Destinada a desarrollar un manipuleo ideológico que ha crecido desmesuradamente, relega al desván de los equívocos y de los intereses creados una riqueza informativa que merece su adecuada difusión. Esa es la razón de este libro, que excluye taxativamente cualquier ánimo de agravio o de intención de modificar el sentido estricto que tuvo la tragedia que vivimos los argentinos...

Otras razones se relacionan con el imperio profesional de cumplir con el papel de ser el puente entre la realidad y el público, para transmitir, en este caso, los pormenores de un proceso cuyas consecuencias instaladas en la vida política del país también explican el título que hemos concebido para nuestro trabajo.

Convencidos de la necesidad de concretarlo, logramos a lo largo de la confección de esta primera parte, acumular antecedentes que se enriquecieron constantemente a partir del aporte espontáneo de muchos argentinos que, conocedores del empeño en que estábamos embarcados, nos acercaron documentos de la naturaleza más diversa, relacionados directa o indirectamente con la historia de la guerra revolucionaria cuyo origen se remonta a fines de los años cincuenta, cuando en La Habana se impuso el marxismo con curiosos pormenores que también consideramos conveniente mencionar.

Bajo la consigna de la veracidad comprobada, muchos de esos papeles e innumerables relatos que en algunos casos estuvieron a cargo de protagonistas de la época, sirvieron para enriquecer el contenido de estas páginas que, en su momento y apenas comenzadas, despertaron inimaginables presiones de unos y de otros.

Indemnes, el material que reunimos se sumó a uno de los archivos más interesantes que existe en la materia, formado por nuestro amigo Germán Zavalía después de muchos años de dedicación y esfuerzo. Su contenido consiste en cartas de distinto origen y naturaleza, innumerables documentos, publicaciones nacionales y extranjeras y fotografías muchas de ellas inéditas que constituyen verdaderas primicias o perlas" políticas y periodísticas, que se suman a verdaderos análisis informativos -algunos sorprendentes- sobre los acontecimientos de esos años tan duros y de difícil olvido. Por su interés constante y desinteresado en estas cosas de la Patria, rendimos un sentido homenaje a la memoria de este amigo.

Escribimos más allá de la pasión y lo hicimos con ahínco; exploramos y resumimos los sucesos ocurridos en otros países latinoamericanos; hablamos con hombres y mujeres dirigentes que enfrentaron los mismos problemas fuera de nuestras fronteras y, en fin, nos conectamos con muchísimas personas que, por diversos motivos, cumplieron un rol en estas cosas de ideologismo y terrorismo, luchas y tragedias. Casi todos nos alentaron y por eso les agradecemos, especialmente a quienes lo hicieron en los momentos de adversidad y grandes dificultades.

Una mención aparte merece nuestra dedicatoria tan abarcativa. Lo hacemos porque la expresión 'A los caídos' nos permite excluir a aquellos sobrevivientes a los que resulta fácil señalar como los corresponsables directos de la muerte temprana de jóvenes argentinos a quienes convencieron de una aventura imposible. Son quienes lucraron y lucran en el mercado de la desinformación para manosear arbitrariamente y a su favor el recuerdo de ese pasado pleno de violencia y locura. Mantener las vivencias de una confrontación dialéctica orientada a la disolución social, puede ser algo así como un acto de venganza por la derrota sufrida en el plano militar, aunque en realidad se trata de un proceso que responde a otros intereses, cercanos a los que decían combatir durante los años sesenta y setenta.

A medida que nuestros lectores progresen en el texto que les ofrecemos, advertirán que en alguna oportunidad nos referimos en distintos capítulos a los mismos acontecimientos, lo que obedeció a la necesidad de colocarlos adecuadamente en el siempre renovado escenario de la época, habida cuenta de la concatenación que tenían entre sí. Por eso, episodios de la lucha armada aparecen luego relacionados con la guerra cultural y viceversa, con los esfuerzos por copar la actividad educativa y sindical, el tercermundismo y la convocatoria a la violencia dentro del ámbito religioso, el crecimiento de la propaganda y los viajes al exterior -más específicamente a La Habana- realizados por quienes serían utilizados como carne de cañón y también periodistas, activistas y dirigentes sociales y políticos que, con el correr de los años y después de la derrota, reaparecieron en los primeros planos de la vida pública del país.

Son numerosos los agradecimientos que debemos consignar en este prólogo. Especialmente quiero mencionar a mis amigos César Barros Bies y Miguel C. Pita, por el ejercicio permanente de la amistad y la paciencia; sin su intervención desinteresada, constante y animosa, este libro nunca habría sido escrito. A Raúl H. Fernández Schóo, por lo mismo y por su consecuencia puesta a prueba en el ordenamiento, ampliación y construcción de un archivo tan significativo; a Juan Carlos Bou y Mario Caponetto, por sus aportes inteligentes y precisos; a Jorge Rojas Silveyra, por su excelente memoria y a Jesús Armando Capellini por sus relatos sobre inéditos hechos históricos; a Irene Crespi, por su asesoramiento y dedicación en ajustar formas y contenidos; a Horacio Domato, por sus aclaraciones siempre oportunas; a Nelson Corgo, por sus esfuerzos en recopilar materiales; a la Revista de la Gendarmería Nacional, de la que extrajimos precisa información, utilizada especialmente en el Capítulo II; a Miguel V. García, por sus constantes voces de aliento e interesantes reflexiones atendidas más de lo que él se imagina; a Amelia Vanasco y Juan Tramezzani, por sus importantes aportes; a la Asociación Unidad Argentína (AUNAR), por su respaldo moral y colaboración; a Luis Angel Córdoba y Rafael Sarmiento, por sus inteligentes recomendaciones; a Osvaldo R. Vidal, por sus informaciones; al diario La. Nueva Provincia, por el copioso material brindado y a todos aquellos que de una u otra forma contribuyeron a que estas primeras páginas fueran realidad.

Antes de concluir también quiero agradecer por anticipado a aquel joven lector que pudiera interesarse en conocer los pormenores del drama que relatamos en su primera etapa. Como contraparte de los caídos que ya ingresaron en la bruma del pasado, ese joven merece especialmente que le dediquemos este libro, porque nos deja la esperanza de que su lectura lo ayudará a entenderlo y a superarlo a partir de las enseñanzas que deja el desencuentro.

EL AUTOR.

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