"LA ARGENTINA POSIBLE"
- EL DESAFIO -

LA REALIDAD FACILISTA 

 

Un conocido chiste español que contesta nuestras archisabidas pullas afirma que "el mejor negocio del mundo es comprar un argentino por lo que vale y muy poco después venderlo por lo que él cree que vale" 

Pareciera que la conocida lectura del Martín Fierro en la exhortación a que "Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera" se contrapone con nuestra realidad. 

Es como si tuviéramos que cambiar el escudo, y, en lugar de las manos unidas hubiera un corte de manga, y en cambio de nuestro "En unión y libertad" afamáramos "Yo no, pero vos tampoco". 

La imagen de nuestra vacía arrogancia de lauros heredados de nuestros antecesores, aquellas generaciones que de la nada hicieron un país pujante a base de coraje, iniciativa, trabajo y sacrificio, da amarga razón a quienes así nos juzgan. 

El camino de la recuperación del sentido común para reconstruir una sociedad seria, en sus valores y coherente en sus objetivos no tiene por qué ser fácil. 

Nada nos será regalado nunca más, y nuestro futuro no será otro que el que cada uno de nosotros sepamos construir, renegando de nuestro tradicional individualismo y asumiendo el desafío de reeducarnos y educar a nuestros hijos para formar equipos que se complementen en la iniciativa y el talento. 

Del verdadero sentido de la complementación positiva surgirán los logros, y del aporte sensato, medible y rentable sus proyectos surgirán los resultados válidos. 

Es muy fácil pretender ser empresario manejando el dinero y el esfuerzo de los demás, o, lo que es peor, capitalizándose con contratos estatales cuyos frutos no provienen de contraprestaciones genuinas sino de manipulaciones corruptas de normas que posibilitan la especulación, justificándolas con nuestra ya descontada aceptación del "hecha la ley, hecha la trampa". 

Es fácil erigirse en dirigente convocando a los más incapaces y adulones que, en definitiva oculten con su presencia inocua nuestra falencias. 

Es fácil disfrazarse de intelectual, inventando términos esotéricos para no aportar nada nuevo, especulando con la tilinguería de una sociedad que venera lo superficial, antes de tener el coraje de ejercer la contundencia de los vocablos simples para demostrar la sabiduría y el talento necesarios para inspirar valores de fondo a una sociedad que anhela recuperarlos antes que declamarlos. 

Es fácil quejarse sin el aporte de soluciones. 

Es fácil enunciar lo querible sin conllevar la iniciativa de las vías para concretar lo posible. 

Es fácil sobar lomos para aparecer políticamente simpáticos prometiendo lo delirante e irrealizable a la hora del voto cuantitativo, en lugar de asumir la proyección histórica de conceptos claros que, aunque resulten ahora antipáticos y antipolíticos, den sustento medible en sus resultados al proyecto de una sociedad mejor. 

Es fácil la declamación de la democracia, para, cuando los términos del derecho y la sensatez no nos convienen, manipularla a nuestro antojo, porque importa más el efímero brillo de hoy antes que la asunción del desastre previsible que juzgará la historia. 

Es fácil el sensiblero reclamo de la solidaridad, sin el claro aporte de iniciativa del ejemplo que la inspire, o, lo que es aún peor, practicando la solidaridad con la exigencia del aporte de los recursos económicos de los demás. 

Así, hoy estamos inmersos en zonas grises conceptuales muy difíciles de deslindar, como resultado de muchas décadas de facilismos irresponsables que incineraron la buena fe, el honrado entusiasmo y la grandeza de quienes intentaron, desde sus humanos aciertos y errores, mostrar caminos de emprendimientos que dieran sentido a la realidad de un país lleno de "huevos de Colón" a ser descubiertos y sanamente explotados. 

Por eso reniego del "chanta" simpático, corrupto y corruptor; del político que no sabe ni quiere ser, porque no le interesa, estadista; del dirigente que no tiene la humildad de reconocer sus falencias y de convocar al talento por miedo a que afloren sus limitaciones; y del sirve para nada disfrazado de intelectual "culturoso". 

Soy y seré solidario con el verdadero carenciado, para ayudarlo en la medida de mis posibilidades, y, a la vez, para desafiarlo a que se capacite para lograr una mejor forma de vida. 

Pero jamás seré solidario con el vago que se escuda en una falsa carencia y en lo masivo de la queja para pasarlo bien, sin esfuerzos, exigiendo que se le faciliten los caminos para gozar de su holganza, traicionando la buena fe de la sociedad, y escudándose en ella para mendigar lo que de ninguna manera merece ni merecerá. 

El camino de salida de la crisis no tiene por que ser llano, y nos toca emprenderlo con la visión y la garra del águila, y con el esfuerzo inteligente que nos inspire el lugar, el momento y el equipo al cual integramos sanamente, para que, del mutuo aporte de ideas y oportunidades, resulten impensadas formas de lograr una mejor calidad de vida para nosotros, y para nuestros hijos.

 

siguiente *

anterior *

índice *