TRABAJOS ORIGINALES

Buenos Aires, Argentina

"BIOÉTICA DEL ABORTO EN LA ADOLESCENCIA"

Por el Dr. Alejandro Lazzari *

Coordinador de la Comisión de Bioética del Círculo Médico de Morón.

 INTRODUCCION

     Generalmente, a  la azarosa circunstancia del embarazo indeseado, producto de la negligencia o la ignorancia,  se le suele agregar, no con poca frecuencia, la decisión autónoma o impuesta de un aborto provocado farmacológico o instrumental, con los consecuentes  riesgos gíneco-quirúrgico, psicoafectivo y legal.

    Entendemos por aborto, sencillamente, la interrupción de un embarazo. Luego se le agregarán las calidades de deseado o no y de auto o hétero inducido.

    Esta crítica situación está entrecruzada por diversas variables a tener en cuenta en el momento de su abordaje.

1- Los marcos morales de la embarazada, del responsable del embarazo y en el caso de la adolescencia, de las familias parentales involucradas,

2- Las características vinculares de estas familias,

3- Los aspectos bioéticos  de los momentos de la intervención médica,

4-Las legislaciones reguladoras de las prácticas abortivas de cada país,

5- los valores morales del profesional de la salud que lo habilitarán o no a efectuar  la práctica (en el caso en que éste intervenga, ya que el aborto puede autopracticarse o ser llevado adelante por personas ajenas a las ciencias de la salud).

6- Diversas conceptualizaciones de la Salud Pública, que casi siempre producen colisión entre el principio de autonomía y el bien público, vinculado al principio de justicia sanitaria.

    Al respecto se pueden señalar dos antiguas reglas deontológicas que le marcan al profesional de la salud la prohibición de practicar o inducir abortos: a) el juramento hipocrático, de 400 años a. de C. que reza: "Así mismo no administraré a una mujer un pesario abortivo ..." y b) el  juramento de Asaph del s. VI, que prescribe:  "no daréis poción alguna a mujer embarazada por adulterio para hacerla abortar". Por el contrario, desde posturas más teleológicas o sociales, a)  en los Consejos de Esculapio, del s. II, se lee: "...pero dudarás si es acertado hacer que sigan viviendo hombres atacados de un mal incurable, niños enfermizos que ninguna probabilidad tienen de ser felices y que transmitirán sus tristes vidas a seres que será más miserables aún... y b)  la Declaración sobre maltrato y abandono de niños, de Singapur, 1984, recomienda en su art. 9, que "el médico debe participar en todos los niveles de la prevención proporcionando consejo pre y postnatal a la familia, identificando los problemas de formación del niño y aconsejando sobre planificación familiar y control de la natalidad".

    Como se verá más adelante, la dilemática del aborto pone en tensión a) los principios bioéticos de la medicina:  autonomía,  beneficencia y no maleficencia b) las reglas deontológicas de veracidad y confidencialidad y c) instala  conflictos de derecho propio de las personas capaces, en el caso que se le reconozca al embrión o feto esta condición.

   Las teorías argumentativas de prima facie y la doctrina del doble efecto, a veces pueden servir de auxilio para resolver estos dilemas.

STATUS ADOLESCENTE

    Los adolescentes serán definidos como tales, no solo desde el punto de vista de la evolución psicofísica, sino desde la pautación cultural. Será la sumatoria de la maduración del aparato reproductivo, del grado de responsabilidad personal y de las reglas ético-culturales y legales imperantes en su sociedad, las que permitirán la aproximación operativa al tópico del aborto en la adolescencia.

    La adolescencia es una situación dinámica de cambio, de crecimiento, de diferenciación, de maduración, perturbada y perturbadora, a través de la que se conforma la identidad adulta y definitiva. Tanta inestabilidad ha hecho que Mauricio Knobel definiera a esta etapa, paradojalmente, como "síndrome normal".

 ASPECTOS ETICOS

Bioética

     La Bioética es una disciplina derivada de la filosofía, precisamente de la ética, que estudia  "la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y la atención de la salud, en la medida en que dicha conducta es examinada a la luz  de los principios y valores morales",  y "que tiene como finalidad la regulación de los posibles desmadres, abusos y deslices de todo acto humano que altere irreversiblemente los  procesos de la vida".

     Si atendemos al último párrafo  notaremos que el aborto es un capítulo destacado de esta disciplina. Más aún si lo acotamos en la adolescencia, ya que desde el punto de vista bioético, las características propias de esta etapa evolutiva son la de un mundo moral incompletamente estructurado condicionante del grado de autonomía que torna dilemático el respeto de este principio, lo que redefine la modalidad de la relación médico paciente y la mantención de la confidencialidad del profesional y la confiabilidad de la paciente frente a un tema vinculado frecuentemente con el delito, como  lo es el aborto para ciertas jurisprudencias.

     Como todo quehacer regulador, la bioética,  aparenta tener connotaciones limitantes o prohibitivas que pueden generar antipatías, pero  solo hará recomendaciones surgidas de la reflexión racional expuestas a través de un discurso argumentativo de validez lógica.

Sexualidad

     Las tensiones sociales y ansiedades personales que pueden desencadenar la práctica del aborto, no solo se deben a  la vinculación con la muerte y la criminalidad, sino además con la sexualidad,  en nuestro caso con la sexualidad adolescente, conflictivamente ejercida, y por momentos frustrante e insatisfactoria. En consecuencia debería considerarse al aborto como   una patología de la sexualidad. La OMS entiende a la Salud Sexual como la "integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y comunicacionales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y potencien la personalidad, la comunicación y el amor".

    El trabajo en la sexualidad, y tal es el caso del aborto, nos instala en la intimidad de las personas, por lo que existe el altísimo riesgo de ejercer una profunda iatrogenia si desconocemos la cultura y los valores del paciente.  Trabajar en el campo de la sexualidad humana implica acotar la conceptualización de los principios en este contexto. El aborto obliga  a replantear supuestos subyacentes en la sociedad no solo  sobre sexualidad, sino además sobre educación, estructura familiar, economía y calidad de vida.

Autonomía

     Tanto en la adolescente como en el embrión o feto se deberá tomar en cuenta el principio bioético de autonomía. En la primera para evaluar su responsabilidad frente al embarazo que porta y su decisión de abortarlo,  y en el segundo para evaluar el status moral del feto.

     El concepto de  autonomía nos remite al de persona, a quien entendemos como un "individuo capaz de generar un mundo moral", lo que presupone un grado de suficiente desarrollo.

    La autonomía sería la capacidad de  ser dueño de sí, de elegir racionalmente las propias decisiones  y acciones, por lo tanto la autonomía de la persona está vinculada con el grado de competencia mental.

     Esta competencia no la debería decidir exclusivamente el médico tratante, sino conjuntamente con el adolescente consultante y su familia, tutor, encargado o representante.

     Se tratará de evitar el riesgo de limitar la autonomía de un adolescente que toma decisiones contrarias a los usos y costumbres del entorno familiar o social, generando riesgos de "pendiente resbaladiza" hacia situaciones de abuso o coerción, aún en casos en que aquella decisión sea contraria a la legislación imperante.

     Los "recortes" que la autonomía del adolescente pueda sufrir en una consulta médica deben ser explicitados por el profesional de la salud interviniente. Se trata de lo que se denomina limitación dinámica y es diferente a la restricción de la autonomía que  tienen los niños y los alienados (dementes en el sentido jurídico).

     Para que el aborto sea una alternativa válida debe realmente ser el resultado de una decisión responsable y meditada. No toda decisión por ser libre es moral, por lo tanto toda decisión al respecto debe ser cuidadosamente evaluada.

Confidencialidad

     Asumida la dificultad de evaluar la autonomía del adolescente, notaremos que el grado  determinado de la misma condicionará la calidad de la confidencialidad hacia el individuo consultante, destacando que a menor autonomía corresponde menor confidencialidad, ya que habrá que compartir responsabilidades tales como el consentimiento o rechazo de determinadas prácticas diagnósticas, terapéuticas o de cuidado, entre ellas el aborto.

     La norma de la confidencialidad está vinculada al hipocrático secreto médico que defendía, por un lado,  el derecho al respeto por la intimidad del paciente,  y por otro la confiabilidad del paciente, necesaria para una exitosa, eficiente y eficaz práctica.

     Es la regla que impide revelar información de índole personal obtenida en una relación fiduciaria como es la RMP. Pero al ser el aborto una práctica penalizada en varios medios, el médico se ve obligado a denunciar, lo que le genera un conflicto de deberes.

     Al respecto hay dos tendencias doctrinarias: la del secreto médico irrestricto, dogmática, de principios deónticos categóricos y la postura utilitarista o consecuencialista que contempla la violación del secreto médico de común acuerdo. Esta es la postura que convenientemente debería  primar en la consulta con adolescentes, la cual se fundamentará con argumentos válidos que demuestren determinados grados de dependencia (o sea de autonomía no plena), p. ej. el económico, y la conveniencia circunstancial de coparticipar la responsabilidad del aborto con los padres o sustitutos y la pareja adulta corresponsable del embarazo, si existiera.

     El otro argumento válido para revocar la obligatoriedad de la  confidencialidad es la aplicación del principio bioético de no dañar (non nocere), si bien es cierto que es de difícil evaluación la probabilidad y la severidad del posible daño; sería de aplicación cuestionable en el aborto y si en los casos de infección por HIV  y SIDA.

    El advenimiento de la Salud Pública y el imperio de normativas de mayor incumbencia que las de la ética médica, como determinadas legislaciones estatales,  justifican la ruptura de la confidencialidad, mediante diversos argumentos que jerarquizan el bien común. En el caso particular del aborto la defensa de la vida del "embrión de ser humano" como bien comunitario a defender (necesidades de poblar, tiempos de guerra) por encima del respeto por la intimidad (en este caso el deseo de abortar): denuncia de enfermedades infectocontagiosas, heridas por agresiones, niños y mujeres golpeados, pacientes que amenazan con cometer actos violentos - caso Tarasoff- sujetos que perjudican a otros con su enfermedad e individuos que solicitan prácticas ilegales, como el aborto.

Relación medico paciente

     La calidad de la autonomía y la confidencialidad en la consulta médica con adolescentes redefine la relación médico paciente que frecuentemente se torna triádica, ya que la familia o los encargados del adolescentes tienen algún grado de participación en el contrato asistencial, aunque solo sea económico.

   El riesgo de una sanción judicial, tanto para la paciente (denunciada) como para el profesional (secreto médico no justificado por la Ley), hace que la RMP se desnaturalice y  se creen condiciones para el maltrato, violador del principio de no maleficencia. En otras oportunidades la paciente es sometida autoritariamente por sus padres, con la complicidad médica de paternalismo abusivo, y aparece como pasivamente responsable del consentimiento de la práctica abortiva.

Moralidad del aborto

     A pesar de la prohibición legal del aborto, considerado homicidio, con agravantes o atenuantes, existe en la sociedad una cierta permisividad moral ante diferentes causas de embarazo, siendo uno de ellos el que la embarazada sea menor de edad. Le siguen otras situaciones como violación, incesto, y el llamado aborto terapéutico ya sea eugenésico o para proteger la vida de la madre. Menor aceptación tienen las justificaciones  económicas o la carencia de pareja de la embarazada.

      En el caso particular de la adolescente débil mental violada, prácticamente hay consenso generalizado, excepto la posturas ultra conservadoras "pro life". Lo mismo sucede con el embarazo en adolescentes con trastorno psicótico, por lo tanto carente de responsabilidad maternal, en las adolescentes con trastornos por consumo de sustancias, por restricción de responsabilidad y presunta eugenesia, y en las adolescentes con trastornos alimentarios, especialmente bulímia nerviosa.

     Las diversas posturas frente al aborto van a generar teorías argumentativas para justificar restricciones totales, parciales o ausencia de las mismas.

Status Moral del feto

     ¿Pueden el embrión o feto ser considerado "ser humano" y en caso afirmativo a partir de que momento evolutivo?

     El status moral le da al feto su  calidad de humanidad, o sea de persona, con todos los derechos que ello implica. Con este argumento el aborto es un homicidio pues pone el acento en la muerte del feto y no toma en cuenta la decisión de  la madre, en caso que sea persona autónoma y capaz

    Reconocer la  calidad de humanidad desde el cigoto se justifica aceptando la "sacralidad de la vida", que es un argumento biológico y no moral,  apoyado en dogmas religiosos (la vida proviene directamente de Dios). Es una postura radical que no  tolera ni el aborto terapéutico, ya que no reconoce justificativo para preferir la vida de la madre por sobre la del feto. Si se aborta se mata al feto. Si no se aborta se deja morir a la madre. Una postura menos radical acepta el aborto en caso de embarazo ectópico y en la mujer con carcinoma uterino, justificándose en la doctrina del doble efecto: la acción puede ser efectuada si solo se intenta lograr el buen efecto (beneficencia) y el mal efecto (maleficencia) es solo consecuencia del tratamiento.

     La calidad de vida humana no es reconocida universalmente en embriones de menos de 14 días, argumentándose   "el escaso desarrollo del SNC" que los caracteriza como "no sintientes".

     Las posturas moderadas o liberales podrán reconocer esta vida humana genética pero no su status moral de persona, por lo tanto carente de derechos. Los moderados también son gradualistas en cuanto a la adquisición de derechos del feto sustentados  en la maduración paulatina del SNC.

 Autonomía y privacidad

     El abordaje liberal no parte del feto sino de la autonomía de la mujer. Son las posturas denominadas "pro elección" (pro choise) que sustentan que el aborto es una opción legítima y una cuestión privada. Se apoya en la relevancia de los derechos de controlar su cuerpo y el derecho a la legítima defensa y de la aceptación que no hay ninguna Ley que obligue a hacer sacrificios extremos para ayudar a otro. Las posturas moderadas, según las circunstancias o la etapa del embarazo en que se produce el aborto, lo considerarán algunas veces como moral y otras como inmoral.

Conclusión

     Dada la característica de que el aborto es una realidad silenciada y  que en nuestras sociedades existe una elevada permisividad moral aunque no legal, sumadas a los perfiles particulares de la adolescencia, los marcos bioéticos para abordar la problemática del aborto en la adolescencia deberían partir de posturas moderadas, justificadas por el principio de "prima facie" que sostiene una afirmación absoluta pero que se relativiza con la jerarquización de la circunstancia.

    La mejor forma de evitar el riesgo del aborto en general, es a través de la promoción y la prevención  de la salud sexual para toda la población, particularmente los adolescentes, sus padres y las parejas recién formadas, mediante campañas de  educación sexual integral que incluyan información acerca de los métodos anticonceptivos, entrenando a tal fin efectores idóneos y conquistando diversos espacios de la comunidad adolescente, como escuelas, clubes, centros barriales, servicios de sanidad vinculados a la sexualidad, etc.

   Dadas las implicancias socioeconómicas y legales que en nuestro medio genera la práctica abortiva, el Estado no podrá desentenderse y deberá diseñar, regular  y auditar las correspondientes campañas.

   Ante toda situación en donde se requiere emitir un juicio de valor, en principio media nuestra apreciación personal; por la misma adoptaremos tal o cual postura, producto de cómo nos ha atravesado la cultura. He aquí que en muchas oportunidades nuestras aseveraciones respondan a al peso de las tradiciones,  lo que a veces ni siquiera permite sopesar otras opiniones. Pero si estas respuestas erigidas en "verdades reificadas"  pudieran ser atravesadas  por una mirada crítica y cuestionadora, quizá fuera posible dar otras respuestas, sin que ello significara la pérdida de nuestro sentido moral.

     De esto  trata, en suma  la Bioética, de crear nuevos espacios de reflexión ante situaciones profundamente dilemáticas vinculadas al campo de la Salud,  que tienen que ver con las historias privadísimas de personas singulares.

Bibliografía

Dworkin, Ronald. "Life´s Dominion". N.Y. A.A.Knopf. 1993.

Sherwin, Susan. "Feminist and Medical Ethics". En Hypatia, vol. 4, Nº 2.

Cortese, Mónica " Sida y Bioética"  Congreso de APSA, 1999.

Bañes, Elisa "Curso: Aborto y Salud mental" Congreso de APSA 1999.    

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  • Vicepresidente del Capítulo de Etica y Psiquiatría de APSA. (Asociación Psiquiatras Argentinos)
  • Individual Membership de la “Section on Women’s M. Health “ de la Word Psychiatric Association.
Salida / Bienvenida / Lobby / Capilla
1997 CLINICA VIRTUAL GINECOLOGICA, Buenos Aires (Argentina)