...merecieron el Cuarto Premio del Concurso Literario del Círculo Médico de la Matanza, "De poetas y de locos, todos tenemos un poco!".
Aglutinadas en la forma del relato que transcribo con la debida licencia del Círculo Médico de Matanza a quien le cedí los derechos de publicación, espero que al cyberlector le agrade conocer las peripecias que pueden ocurrir en un consultorio médico.
Por el Doctor Faloppio (Carlos Alberto Porta)
> Durante mucho tiempo asistí pacientes de Ginecología y Obstetricia, especialidades a las que dediqué no solo el horario de atención sino también los desvelos trasnochados del enamorado de su profesión y de su docencia. En la creencia de que la mujer constituye el modelo de perfección en el espectro anatómico y funcional de la Naturaleza, busqué y rebusqué en el interior de las enfermas, tratando de encontrar el signo o el síntoma correspondientes a la patología ginecológica. Ya casi convencido de que lo sabía todo, llegué a la conclusión atinada de que no sólo lo orgánico, lo funcional y lo psíquico constituyen ingredientes de la Salud, sino que, como en todo ser humano aparecen aspectos complementarios vinculados a lo espiritual, a lo social, y a lo sexual. Y ahí atiné una reflexión: Acaso podemos soslayar en la consulta estos últimos aspectos? Debemos los Ginecólogos contentarnos con realizar un rutinario examen somático y funcional, y olvidarnos así de todo lo que tal vez ha sido el verdadero motivo de consulta, y que la paciente tal vez por verguenza ha callado?
Como negarle el valor a lo sexual como constituyente parcial del bienestar en la "sociedad" de la pareja? Porque la sexualidad es un intercambio (sexual intercourse) en la vida de un hombre y una mujer, aunque a veces en la sexualidad participen individuos del mismo sexo. Y ello ha llevado a considerar a la sexualidad como la sumatoria de tres componentes: FISICO; PSIQUICO; Y ESPIRITUAL.
Desde el "Informe Kinsey" en 1938, pasando por Master & Johnson en 1954 hasta la fecha, y terminando con el sinfin de publicaciones de venta libre al alcance del hombre comun, se han escrito toneladas de papel y consumido hectolitros de tinta en lo que hasta no hace mucho constituía un tabú. Y ahora, se me ocurre que nada mejor que contar como puede desarrollarse un día de trabajo en el consultorio, apelando a las anécdotas vinculadas con la sexualidad. Almacenadas en una mente de mas de medio siglo, pero que no por ello ha perdido el sentido del humor, el amor al prójimo, y la necesidad de iradiar buenas ondas, he tratado de recibir al paciente con lo mas sencillo y barato que podemos ofrecer: UNA SONRISA.
Todas estas anécdotas son absolutamente verídicas. La ficción las agrupó en forma de relato testimonial a lo largo de una ilusoria jornada de labor. Nada ha sido agregado ni condimentado a gusto. Muchas de ellas se repiten indefinidamente y ya he aprendido a convivir con ellas. Las respuestas, verídicas tambien han ido perfeccionándose, y tratan de quebrar ese vidrio transparente que siempre separa al Médico de la paciente. Al final de la jornada, una pesadilla ficticia pretende entregar al lector un simple corolario al mas puro estilo cinematográfico.
16:00 hs Comencé mi jornada de labor en el consultorio, aterrado por las circunstancias. Mi secretaria faltó ayer, y el diagnóstico médico fue terminante: hepatitis. Y como mis manos se mueven con soltura acostumbradas a encontrar las cosas siempre en el mismo lugar, al no encontrarlas allí comenzaron los problemas. Lo peor de todo...la limpieza y la esterilización de los espéculos. Hay algo mas horrible que lavar un espéculo? SIIII!!!!!!; DIEZ ESPECULOS!. Pero la imposición del deber, y la buena voluntad hizo que este humilde ginecólogo lograra su cometido con la ayuda de una estufa. Eso si, a las 16 hs todavía estaban tibios. La señora Catalina consultó por un simple control anual. La confianza médica optima.Pero lo que ocurrió despues fue un dechado de familiaridad que me aterró. En el momento de colocar el espéculo en la vagina de la paciente, Catalina comenzó a tener una continuidad de contorsiones espasmódicas asociadas a movimientos extraños que semejaban un paso de ballet en cámara rápida. Me acordé de la estufa, de mi secretaria, de los espéculos, de la "tibieza" de los mismos, y juntando coraje le pregunté con timidez:
-Está caliente?
-No Doctor-me contestó-Cuando me caliento usted no sabe como me pongo!
Pensé en quedarme al lado de la estufa de esterilización esperando hasta que el material estuviera fresquito, porque de hacerlo al día siguiente, cada vez que colocara un espéculo, la risa me hubiera impedido atornillar la mariposa.
16:30 hs
> Quedé mal conmigo mismo luego de la consulta de Catalina. Al fin de cuentas no tengo porqué enterarme de las reacciones privadas de la gente. Y menos por algo involuntario pero previsible. Por eso, recibí a María Rosa con la mejor de mis prefabricadas sonrisas. Solamente me serenó el recordar que siempre había tenido con ella la cooperación necesaria para paliar la angustiante situación económica que la misma padecía. Amén de no cobrarle la consulta,tiempo atrás le habia obsequiado un diafragma para evitar que su desocupado marido -que habitualmente cultivaba la lascivia a la sombra del ocio- la llevara camino a dos dígitos en materia de descendencia. Su saludo fue muy cordial, como siempre agradecida, pero cuando entramos en tema sentí que se me caía el techo encima.
-Creo que estoy embarazada, doctor- expresó angustiada.
-Pero cómo? Acaso no le regalé el diafragma para que lo use y se cuide? -Pregunté indignado.
-Si, y se lo agradeceré siempre -contestó- pero...usted no sabe como se rien los chicos cuando ven que me lo pongo!!. Por eso no lo uso.
Y hoy, cuando escribo esto, y me acuerdo de la expresión del rostro de María Rosa, pienso en esos cinco chicos de edades en escalera durmiendo con sus padres dentro de esa única habitación multiuso, y la expresión de mi rostro cambia de la risa a la tristeza como las dos caras que identifican gráficamente el Arte Escénico. Como para no aceptar que lo social forma, parte de lo sexual!
17:00 hs
> Nunca fui muy amigo del diafragma, pero parece que ese día la casualidad hizo que los casos clinicos vinieran en tandas. María Rosa me hizo sentir el rigor de una situación real. Afortunadamente no estaba embarazada. Pero no tuve tiempo de reponerme que ya estaba Marta sentada frente a mi, llorando su sospecha de que su atraso menstrual de 1 dia, 12 horas, 15 minutos y 16 segundos, proviniera de un embarazo no buscado en esos momentos precisamente. Pulcra y elegante al extremo, las lágrimas no concordaban con el aspecto personal de mujer feminista.
-Pero Martita, usted no se cuidaba? -pregunté.
-Si doctor. Siempre usé diafragma, pero desde hace quince dias no lo uso porque lo perdí -contestó con un sentimiento de culpa.
-Bueno, verá usted, es poco menos que imposible que con un atraso tan pequeño yo pueda detectar un embarazo. Pero igual la voy a revisar para ver si encuentro algun signo que por lo menos me permita descartarlo -le expresé pensando encontrar un moco filante digno de algun ciclo monofásico.
Pero lo que encontré dentro de su vagina fue el diafragma, olvidado hacia quince días o mas, según me indicaba mi primer par de nervios craneales (olfatorio). Fue sencillo retirarlo. Lo dificil fueron las explicaciones que tuve que dar.
Martita comprendió todo. Comprendió su error, su olvido, lo inutil de sus temores. Hasta aceptó retirarse al baño para limpiar pulcramente "su" diafragma. Extraño trofeo que reconquistó a costa de entregar en pago su pulcritud y su dignidad. La expresión de verguenza la acompañó hasta la puerta.
Ya lo imaginaba. Jamás volvió al consultorio.
17:30 hs
> Cuando entró la siguiente paciente mi cerebro funcionaba a mucha velocidad. A la indignación natural hacia el diafragma, siguió una promesa de no querer saber nada de él por un largo tiempo. Y por el otro, me sentí enojado conmigo mismo por hablar y dar demasiadas explicaciones. Por eso no me extraño que Beatriz me preguntara al entrar al consultorio si había comido ajies en vinagre. Sonreí timidamente culpando mis desventuras a los zapatos nuevos, y traté de ensayar buenas ondas.
-El siguiente paso en el estudio de le esterilidad que los aqueja, es la prueba de Sims Hunner -les dije.
-Y en que consiste, doctor? -exclamó.
-Ustedes deben mantener una relacion sexual el dia 13 del ciclo, usted abajo y su marido arriba; usted con una almohada debajo de las nalgas, y luego que la relación sexual concluya, usted debera venir al consultorio dentro de las tres horas siguientes,para que yo retire el moco del cuello uterino y mire por el microscopio si los espermatozoides de su marido se llevan bien con el moco cervical suyo -le expliqué.
-Que interesante, doctor! -exclamó.
-Yo diría fascinante -agregué.
-El problema es el horario, doctor. No se si lo podremos hacer tan bien -expresó como condicionando el resultado a la respuesta erótica y horaria del marido.
-Traten de hacerlo bien, porque si no resulta, cuando la revise me voy a dar cuenta, y entonces la próxima vez van a tener que hacerlo aquí, y yo los voy a mirar y tal vez los filme para poder analizar el caso en mi hogar y consultarlo a papá sobre el posible origen de su problema de esterilidad. -le dije sonriendo y tratando de que mi broma le sirviera para relajar sus tensiones.
-Su papá es médico? -me preguntó sonriendo a su vez.
-No. Es bancario jubilado, pero de sexo entiende mucho!! -respondí.
-Bueno, doctor, no habrá problemas. Pero recuerde que si lo va a filmar, nosotros cobramos el cachet -respodió con una sonrisa de triunfo.
Estuve mal? Estuve bien? No lo sabré. pero el haber arrancado esa sonrisa final, y haberle hecho olvidar el recuerdo de su esterilidad primaria a los 39 años, aunque sea por unos breves minutos, ya fue suficiente recompensa para mi sentimental espíritu ginecológico. Además me dí cuenta que los pacientes tienen, además de su dolor, una chispa de alegria en el corazón.
18:00 hs.
> A la siguiente paciente la recibí con los brazos abiertos. María Dolores entró con Javier en el coche, acompañiada por su esposo. No se interprete mal. Javier tenía un mes de vida. Al control clásico del puerperio alejado, surgió la alegria del trabajo realizado, y del largo camino recorrido juntos. Pero al finalizar mi alborozada reflexión médico-paciente, note que ambos conyuges estaban algo nerviosos. Ella no cesaba de mirarme a mi y al bebe alternadamente. El esposo, colorado de rubor, le pegaba disimulados golpes de pie, intercambiando alguno que otro codazo. Me levante con la excusa de consultar el fichero, y tras la puerta entreabierta escuche:
-Preguntale vos -deciá él.
-No. Decile vos que sos hombre -contestaba ella, y seguian discutiendo.
Me senté nuevamente en el sillón del escritorio y aguardé placidamente la pregunta anunciada. El papá de Javier juntó fuerzas; hurgó en su hombría; me miró fijamente y me preguntó:
-Doctor; podemos tener relaciones sexuales?
-Disculpe Roberto, pero yo no me dedico a eso -contesté aguantando una risa que ya era incontenible. Roberto ignoró el fondo de la respuesta y profundamente motivado por el problema, insistió.
-Sabe que pasa, doctor? Es un tema que nos preocupa bastante!
-No insista Roberto. No oyó hablar del SIDA? Yo no salgo con hombres. -le respondí, estallando los tres en una sonora carcajada.
Y despues, ya mas flojas las tensiones, hablamos de la planificación familiar, del sexo y de la sexualidad puerperal, y del amor humano, hasta que se despidieron locos de contentos.
18:30 hs
> La consulta de Roberto y Maria Dolores me dejó animicamente bien. Me preguntaba sobre el simbolismo sexual de la mujer, cuando entró Roxana, bella joven que irradiaba sus esplendorosos 25 años por todos los poros. Su consulta era una visita de control anual con Papanicolaou y Colposcopia, clásico modus vivendi del ginecólogo de los ultimos 20 años. La paciente, ya acostumbrada a las visitas anuales, rumbeó para el vestidor pudorosamente cerrado con el artístico biombo donde las mujeres suelen colgar sus prendas. Me enfrasqué cientificamente en la lectura de la ficha clínica, cuando de pronto...una primorosa y bordada en flores bombachita pegó contra mis anteojos y cayó sobre el escritorio. La tomé delicadamente con dos dedos y la sostuve por sobre el biombo mientras preguntaba:
-Perdón señora...ésto es suyo ?
-Ay, doctor, disculpe. La quise colocar sobre el biombo y se me escapó. -contestó timidamente.
-No se preocupe, -le repliqué- si quiere puede seguir tirando prendas.
No contestó nada. El examen fue rutinario, y se fue con la alegria del sello de salud ginecologica válido por un año estampado en la ficha clínica.
Ya tiene varios hijos, y todos los años concurre para su control. Pero la ropa interior la dobla cuidadosamente y la coloca sobre una silla que expresamente puse desde aquel dia en el vestidor. Nunca me contó nada, pero confiezo que mi mordaz y atrevido comentario sobre una prenda de tan grande simbolismo sexual, me hizo sentir incómodo conmigo mismo, como si hubiera ultrajado de palabra a mi bandera azul y blanca.
19:00 hs
> Y luego de esto, lo increible. Entró Alicia, con sus insoportables cuestionamientos en materia de anticoncepción. Horrorizada por el fantasma de un posible embarazo, esta mujer de 37 años, soltera, utilizó siempre un diafragma, pero nunca se lo comentó a su novio obligándolo a que éste realizara el coito condomatoso. Cansada por lo complejo e inseguro, y motivada por el modernismo, solicitó tiempo atras la autorización para emplear píldoras anticonceptivas, a lo que accedí gustoso. No contenta ni tranquila, continuó utilizando los tres métodos, hasta que un día solicitó un DIU, a lo que solicitamente accedí, colocándolo de inmediato, recomendándole que con ello bastaba.
Y aquí es cuando vuelve ella, retorciendo su pañuelito entre sus manos húmedas y sentada en la punta de la silla.
-Como anda su DIU? -pregunté.
-Bien doctor, pero sigo ademas con las pildoras, el diafragma y el condón porque tengo pánico de quedar embarazada. -contestó.
- ...!!! - no atine a responder porque mis piernas ya no me sostenian.
-Pero me dijeron mis compañeras que el único método seguro es el coito anal. Es verdad doctor? -aclaró.
Mis siguientes palabras brotaron impensadamente como un torbellino. Mi paciencia había llegado a su fin.
-Pues claro - respondí- Como no se le ocurrió antes? Es un poco molesto, según dicen, pero como seguro, es seguro! -y no hablé mas del asunto.
Desapareció por un tiempo, y volvió un dia a contarme que había terminado su relación con el novio. Hoy es una correcta señora, esposa de un hombre viudo, que se desvive por su marido, y aunque no pudo gozar de la bendición de la maternidad, tiene dos hijos adoptivos que la adoran. Se hizo muy confidente conmigo, y siempre me agradece todo lo que aguanté en sus epocas difíciles. Y ahora lo insólito: me trae a su hija postiza, ya adolescente para que la instruya en materia de sexualidad y genitalidad. Las épocas cambiaron. La educación tambien. Aprendió la lección.
19:30 hs
> Estaba pensando en el tiempo que demoraría en acondicionar y esterilizar el material luego de la consulta, acordándome de paso de la hepatitis de Lorena, mi secretaria, cuando entro Luisa, paciente de primera vez, poco menos que sostenida por su marido. Temí algo grave, pero pronto se demostró que solamente era emocional. Extrajo una radiografía de pelvis frente, y blandiéndola como una prueba documental, me dijo:
-Observe esto, doctor.
-Que le paso señora; se tragó los dientes postizos? -le pregunté entre jocoso y aterrado mientras constataba la presencia de tres DIU dentro de su cuerpo.
-No doctor. Hace un año, un médico me colocó un DIU, y cuando fui a controlarlo, me dijo que que no se veia el hilo, que se me había salido, y ahí nomás me colocó otro. Cuando al mes siguiente fui a control, nuevamente, como no se veía el hilo me colocó otro DIU. Al tiempo tuve una ciatica y me sacaron esta radiografia. Resulta que tengo tres DIU adentro y yo solamente quiero tener uno -detalló con esmero su relato.
La separación entre los tres DIU certificaba una inicial perforación uterina en la primera colocación, con DIU abdominal, seguida por igual accidente en las dos restantes. Había extraido muchos DIU por laparoscopía de cavidad abdominal, pero de a uno por vez!! No fue facil extraerlos. Lo logré a pesar de las adherencias. Pero lo que me llamo la atención fue el desinterés de la paciente en conocer como habia ocurrido el o los percances.
Afortunadamente no preguntó nada aún luego de la operación. Cualquiera puede cometer un error, pero lo triste es no darse cuenta. Por supuesto, la placa la tengo de recuerdo, pues siempre podemos evitar y enseñar a evitar iatrogenias.
Pero en el fondo pienso; si cuidar la ética ante el error de un colega constituye algo a veces dificil, como sera cuidar la ética elevada el cubo ante un error iterativo?
20:00 hs
> Ya estaba al borde del colapso, cuando entro Maria de Lourdes, sumisa y cargada de consultas. Sus dos hijos mellizos nacidos un año atras, no le quitaron sus manías. Siempre llena de patologías multifocales, las que ella pretendía relacionar con un tronco común. Luego del examen, y aclarado que los médicos hacemos como las gallinas: primero desparramamos los síntomas y signos, y luego buscamos un posible común denominador, estaba por dar por finalizada la visita cuando me preguntó:
-Doctor, cuando mantengo relaciones sexuales con mi marido...
-Perdon Malu -la interrumpí- Las mantiene también con otra persona, que me aclara "con mi marido"?
Nos reimos juntos, y le aclaré el panorama. Se fue contenta, agitando la bandera de los psicosomaticos.
20:30 hs
> Mientras yo cerraba la puerta con llave, tranca, seguro y alarma para que no entrara ya mas persona alguna, pensé en la estufa, en la hepatitis, en mi hogar, en mi sexualidad, en los espéculos...
Solamente los lavé. Deje la esterilización para el día siguiente. Salí por la puerta de servicio y bajé por la escalera. Me calé la boina sobre la frente, y con la bufanda enroscada como una triple circular de cordón tapando hasta la nariz, emprendí el regreso a mi casa, rezando en silencio para que todos los santos le produjeran esta noche a mi dulce y tierna esposa una de las habituales jaquecas antisexuales que las mujeres tienen como defensa ante los embates sexuales de sus maridos. Porque yo, con jaqueca y todo no hubiera tenido escusas. Y si le contaba todo lo relacionado al sexo que me habia pasado ese dia, no me lo hubiera creido, y hubiera pensado que mi apatía sexual se debía a que habia otra mujer.
22:00 hs
> Gracias a Dios, cené y me dormí. Sin embargo, esa noche no soñe con los angelitos. Tuve una pesadilla donde un ejército de espéculos desfilaban al compás del ritmo cardíaco fetal, mientras las valvas se abrian y cerraban marchando al paso de ganso, y cientos de diafragmas rodaban hacia una gigantesca estufa de esterilización a 200 grados C de temperatura para su destrucción por derretimiento, empujados por una multitud de pacientes ululantes que ostentaban en la gorra el emblema de un DIU Lippes Loop fosforecente.
06:30 hs
> Desperté sobresaltado por la campanilla del despertador, bañado en sudor. Lo primero que vi fue a mi dulce y tierna esposa que me observaba con extraña expresion. Ahogué para mis entrañas el grito de:
-No!! Ahora sexo no!!!
Y mi mudez le hizo decir:
-Como extraño aquella época de novios!! Cúando podremos estar juntos tomando un té, mirándonos a los ojos!!
Tardé un tiempo en reaccionar. Que yo sepa, el té no es un simbolo sexual.
La perdoné.
> Al fin de cuentas... tenía razón.
Circulo Medico Matanza 1991