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Ayá por mis mocedades, cuando tenía veintidós gloriosos años, me faltaban dos pa que el patrón de la Facultá nos rejuntara a tuita la peonada en el Corral Mayor (Aula Magna, que le dicen) pa entregarnos la papeleta de "Matasanos". Y entonces juí testigo de las anécdotas mas vivas de mi carrera.
La milicia me había yamao tarde, por culpa de los dos años de prórroga que había solicitao pa poder estudear, y ayá estaba yo haciendo de miliquito en los cuarteles de aquel Rejimiento de tanques. De colimba nomás, que le dicen. Se lo pasaba bien por aquellos pagos ! De comer, nos enyenábamos. De cuerpo, bosteábamos como hormigueros. No hubo soldadito alguno que no aumentara diez kilos o más. Se trabajaba lindo de sol a sol, entre tanques y matungos, al son de la marcha de la Caballería. Endispués del tiempo de instrucción, me tocó atender la Enfermería, lugar lindo como un Hospital en chiquito. Voluntarioso como mi tata y mama, denseguida me la apropié, y así, contento como vaca parida, me dentretuve sobándole la panza a soldados y superiores, curando heridas, aplicando cataplasmas y recetando a lo loco pa bien de todos.
El grupo de soldaditos que trabajábamos allí, dormíamos en el mesmo local de le Enfermería, y guardábamos nuestro armamento en los armarios de cada uno. A veces, cuando nos yamaban de noche de urgencia, no sabíamos si salir corriendo con el fusil o el maletín negro !. Me acompañaban en el trajinar diario, un camillero de Santiago del Estero, un dependiente de Farmacia con tuita la esperiencia en el mostrador, y un enfermo de asma oriundo de Chaascomús que cebaba unos cimarrones fenomenales. Tuitos nosotros, acoyaraos al dotor, gauchazo que recorría sus dominios golpiándose la bota con la fusta, tratábamos de hacer lo mejor que podíamos, dentro de nuestra praticidad a veces osada.
Por esos andurriales vide de todo. Curé a medio cuartel, y cuando me cansé de atender cristianos, hasta me yamaron pa sacarle una espina e cardo al perro del Coronel. No, mi amigo. No crea que el Coronel era un perro. El que tenía la espina era el cuzquito, tremendo manto negro que primero me ladró creyendo que yo era una comadreja; luego me mió la alpargata nueva atraído por el olor a Fluido Manchester, y endispués me lambetió toda la cara en agradecimiento por las gotas de Lidocaina que le puse en el ojo pa trabajar tranquilo.
Y así pasaban los días, entre marchas, mate, jeringas, indiciones, pastiyas, y saludo uno-saludo dos.
Un día, estando justo yo de franco, un soldado e la compañía jué a la Enfermería porque le habían salido unas verrugas en el miembro. Como yo estaba e juerga en el pueblo, lo vió al soldado e la farmacia. Este, sin güelta de hoja vió claro el asunto.
-Tenés "condilomas acuminados", que le dicen. -le dijo al soldado.
-Vos a mi vieja no la puteás.- le contestó el otro, caliente como negra en baile.
-No, tagarna ! Ese es el nombre de la enfermedá que tenés-le aclaró el farmachista.
-Me haberá venido por montar en pelo? -preguntó asustao el soldao.
-Por montar sí, pero vaya a saber a quién te montaste vos, canejo - le contestó indignao el técnico. Y ahí nomás le mandó:
-Yevate esta boteyita con Podofilino, y con un algodón mojate las verruguitas una vez al día. Cuando el lunes guelvas del franco, desiguro vai a estar curao.
El soldadito se jué contento como perro con dos colas, y ensigún parece, luego de la primera aplicación, al notar que las verrugas no se esfumaban en el aire, tomó un pocillo de café, lo enyenó con Podofilino, y metió el pito adentro, creyendo que así se curaría más pronto.
Cuentan las malas lenguas que el lunes al alba, cuando yegó de guelta, rumbió direto a verlo al soldao boticario. Este, ni bien lo vio casi le agarra un pasmo al celebro. No era un pito; era una pera ! Tal jue el susto, que denseguida agarró el tarro con el polvo de triplesulfas de color amariyo (Trisulfisán NR del E.A.), y lo mandó a la cuadra pa que se espolvoriara un poco.
-Se te inflamó, carajo ! -le dijo.
Risulta que el soldao era alérgico a las sulfamidas, y a la media hora estaba de guelta en la Enfermería con los ojos desorbitaos. Pa eso, ya estaba yegando yo, tranquilo como agua e tanque, al paso cansino de mi alazán tostao.
-Qué tianda pasando, pebete ? -lo paré de entrada. Me contó todo y lo vide.
No les miento cólegas, si les digo que el espetáculo jue único en mi vida ! Una berenjena colgando, con cabo y todo, pero con la camiseta de Boca por el amariyo del polvo de sulfas contrastando con el violeta de la reación ! Grotesco, descomunal. Mas feo que la luz mala.
-Qué le digo a mi señora ! -Yoraba el pobre, porque parece que se había juntao hacía poco.
-No te me asustés canejo ! -le dije - yo te viá curá denseguida, y vas a volver a ser el mesmo compadrón de siempre.
Y gracias a la cortisona, rimedio guenazo que mejora pero no cura, en tres días lo tuve arreglado y hasta mijor quiantes. Eso sí, de las verrugas no quedó ni el cabito. Y ahura, que están de moda esos bichos del HPV, cada vez que manoteo la boteya de Podofilino, me acuerdo del soldadito, y le enseño a la paciente como tiene que hacer pa ponérselo.
-Cuidao ! - les digo - si se le cae una gotita al suelo, desiguro que le aujerea el piso de la galería !
No vaya a ser que se repita el caso, y la paciente me guelva a ver con la vulva hecha una sandia con caladura grande.
Les juro que tuito jue verdá. El caso lo supimos unos pocos pa no levantar polvadera. Y pensar que el boticario ya estaba preparando el cuchiyito capador, listo pa actuar si la cortisona no le hacía efeto !.
Y enredepente me ricordé de aquél cartel que estaba en el anfiteatro de la Facultá; aquel que decía "PRIMUN NON NOCERE", y debo confesar que tenía razón. Pero a no ser que lo vide, quien me quita la esperiencia de un espetáculo así, yo diría fantasmal !
Ripuesto del espisodio, esa noche me jui a apoliyar temprano pa estar descansao al día siguiente. Pero la noche venía movida. Yo dormía en la TERCERA cucheta, pa qu no me molestara la luz que el santiagueño dejaba prendida toda la noche pa que le hiciera compañía. Dio la casualidá que cuando me venía de franco pa las casas, me escapaba a la Guardia del Hospital de Moreno, donde oficiaba de praticante. Y ayá dormía en la SEGUNDA cucheta. Aqueya noche, caí en un sueño tan pesao, produto del guiso marrón terroso bien condimentao, que a poco de apoyar la cabeza en el cojinillo dentré a soñar que estaba en el Hospital de Moreno y que me venían a yamar pa hacer un auxilio de un chico con sarampión. Ensigún parece, me abajé de la tercer cucheta, medio dormido y sonámbulo creyendo que estaba en la segunda, y caí con el peso muerto direto al suelo, golpiando con mi columna vertebral y despertando hasta los enfermos del cuartel. Se asustaron feo mis compañeros de pieza ! En cuanto a mí, yo creí que ahí nomás me moría. Pero yerba mala nunca muere, y ese golpe, mas otros dos que tuve endispués, sirvieron pa que tuitos los años, el primer día de frio húmedo de otoño, empiezan a desfilar los ricuerdos mientras me quedo tieso y torcido por vaya a saber qué pinzamientos entre la lumbar 4 y la lumbar 5.
Ahicito nomá me mandaron pa las casas pa que no jodiera por algunos días, y hurgueteando entre los libros que mi tío médico me dejara al morir, desempolvé "Chirurgie d'urgence" de Lejars y "Tecnique chirurgique" de Marion. Denseguida me imajiné operando, y una idea me surgió en la mente, rápida como un rejucilo. Y cuando volví al cuartel me apersoné al Coronel y le dije muy suelto e cuerpo:
-Usté dio la orden de rajar a todos los perros vagabundos quiandan por las barracas? En la Enfermería nos podemos ocupar de tuito pa bien del Rejimiento y de paso, pa bien de la cencia.
El hombre me olfatió el tufo pensando que yo estaba empedo. Dispués, intrigao como nenguno quiso saber de que se trataba.
-Podemos atrapar los perros y endispués operarlos de algo cualquiera pa dir haciéndonos la mano en la cirujía ? -le pregunté imaginándome el comienzo de una era experimental.
Gustoso accedió, a condición de que lo hiciéramos de noche y que no chupáramos ginebra antes de operar, bajo promesa de que al final, si los cuzcos morían, el trance fuera lo menos doloroso posible, y que yegao el caso, de ser necesario ajusticiáramos a los perros cristianamente.
Qué les cuento que hicimos desde anastomosis término-terminal de kilómetros de tripas, hasta lobectomías pulmonares de presuntos quistes y tumores !
Praticábamos en silencio pa no revolver el avispero y poder trabajar tranquilos.
Una noche estábamos "operando" un hermoso ejemplar, cuando enderrepente dentró al local uno de los camiyeros, y viendo el cuadro, especialmente al reconocer el perro, nos dijo:
-Me parece que este es el perro del Sardoprimo que trabaja en el tanque de agua...
Dejamos de operar con un escalofrío en la espalda.
-Estás siguro ? - dijimos a coro.
-Siguro, lo que si dice siguro, no. Pero mañana andá y preguntale - nos rispondió riendo.
Nosotros no nos reímos. Dejamos de operar y tratamos de revivir el can, pero pa ésto ya estaba bien muerto, porque el anestesista del susto le agarró tal cagadera que dejó de ventilar el Ombredanne y salió rajando pal baño.
Por las dudas, no sea que reviviera, en vez de enterrar enseguida el perro, lo dejamos toda la noche en la bañadera de la Enfermería, pensando en alguna estrategia como pa inventar, como por ejemplo:
-Y si le decimos que el perro estaba enfermo y se lo operamos gratis pa salvarlo y reventó en la operación ? - dijo uno.
-Yo creo que mejor lo cosemos y se lo dejamos en la puerta de la torre del agua. -largó otro.
-Vamos en cana - dijimos todos los demás.
-Mejor lo dejamos abierto y todo debajo de la rueda del yip. y endispués se lo empujamos pa que termine de reventar y listo. - se apresuró a vociferar el santiagueño.
-No le hagan caso a éste - dijo el boticario - quedó así desde que vinieron los de Guerra Tóxica y se presentó de voluntario pa olfatiar el gas ese que parece flato de guiso de los martes.
-Basta ya. Haiga paz ! Mañana al alba lo enterramos y terminao el asunto - dije imponiéndome sobre los demás. Y completé - Pero eso sí; nenguno vio el perro por estos pagos; de acuerdo ?
-De acuerdo; pero como naides lo vio, lo enterrás vos solito. - dijeron.
Y ansina jue como terminó la cirugía experimental en los pagos aqueyos. Naides preguntó por el perro del Suboficial. Pero hasta el día de hoy, patente que cuando alguno de aqueya barra me yama por teléfano pa saludarme, me cuenta que el Sardoprimo del agua entuavia me anda buscando pa destriparme con la bayoneta del mesmo modo que yo lo hice con su cuzquito.
Como pa hacerle entender que "MORTUS VIVOS DOCENT" !
Inviernos crudos los de aqueyos pagos !
Pero si tuitos los días nos refalábamos en el yelo al desfilar por la Plaza de Armas pa dir a saludar a la Bandera !
La vecindá del río color de lión y el viento frío del descampao cerca de la costa nos hacía rechinar los dientes y crujir los papeles de diario que nos poníamos debajo de la camiseta. Salir del catre de noche pa dir a curar a algún atragantao podía ser temerario y... pulmonía en puerta. Así jue como se me ocurrió poner la cama al ladito e la ventana, y ajuera un cartel que rezaba: "de noche golpiar aquí" Y les juro que dendeveras risultó la cosa ! Al lao del catre, tenía las cajitas con los rimedios de siempre: antebeóticos, beleño-belladonna, metilmelubrina (Dios guarde a la metilmelubrina, santo rimedio pa curar todito), aspirina, y alguno que otro yuyo catártico pa los secos de vientre. Pa la diarrea ya les habíamos regalao los carbones desdiantes, como si jueran caramelos. Cuando alguien golpiaba, lo miraba por las rendijas de la ventana. Si tenía tiras de Sardo p'arriba, dentonces le abría la puerta. Sinó lo apuraba:
-Qué tianda pasando, canejo ? - le preguntaba. Y ahí nomás le daba la pastiya salvadora.
Las cataplasmas y las ventosas se las aplicábamos dentro del rancho. Si no, lo citábamos pal día siguiente, y ahí lo revisábamos bien por tuitos los laos, incluyendo los agujeros y las bostas, y endispués le regalábamos mas pastiyas pa la coleción.
Una noche soñe que me yamaban despacito, como pa dir despertándome sin que me asuste. Soñe que le preguntaba lo que tenía y que le dicía que esperara un rato. Dispués soñe con mis pagos, con mi vieja, con mi estudio, y finalmente con alguna vedete; y cuando la cosa se estaba poniendo linda como pa un soldao desaforado como yo, enredepente sentí una voz que me dispertó del todo:
-Y Doc? Tenís pa mucho? Si sigo esperando ajuera con el frio quiace, desiguro que se me van a pasmar los "compañeros" - dijo medio acocorao el enfermo.
Pobre soldao ! Ricuerdo que como pa paliar el entrevero y calentarlo un poco, hasta lo envolví con una manta y lo convidé con mate cocido. No juera que se me refriara el pobre !
Con tanto frío, de mi alergia nasal mejor no hablemos. Guardaba yo con pasión en mi mesa de luz, un frasco gotero desos de botica diantes, enyenao todos los días con Nafazolina, listo pa manotiarlo de noche y aplicármelo de eurgencia antes que me afisiara por la nariz tapada. Siempre estaba el frasquito al lao e la cama, preparao pal nariguetazo. Ricuerdo quiuna noche, entre pesadilla de guiso de lenteja con batata y nabo, se me tapó tanto la nariz que ya no tenía juerza ni pa respirar por la boca. Tantié el frasco en la oscuridá, y tanto me lo empiné que me enyené la napia con el líquido sublime que habería de mejorarme. De pronto sentí como si plomo fundido se me desparramara por el garguero. Me sentí quemao hasta el apeyido. Prendí la luz denseguida, y cuando me fijé en el frasco, las carcajadas sonoras de mis compañeros terminaron de dispertarme. Los muy desacataos me habían cambeado el frasco de Nafazolina por otro igualito con Tintura de Beleño-Belladonna en solución alcohólica !
Desdese día aprendí a dormir con la botica personal debajo del cojinillo, costumbre que entuavia tengo, por precaución a los manotazos de mi guaina.
Luego vino la Primavera, y con el prefume de la flores del jardín y del campo, la jornada se hizo placentera. Lo mas lindo era la formación de los soldados los viernes a la tardecita, como a eso de la oración, antes de salir de franco, oportunidá en que les regalábamos el profilático. A los diez minutos ya los tenían todos inflados, en el cuartel, en el ónibus, en el tren, en la estación. Menos mal que les habíamos esplicado pa qué servían y cómo había que ponérselos ! Endispués, los lunes, cuando volvían, los poníamos a tuitos en le Plaza de Armas, con los pantalones caidos y los lienzos abajaos, y yo pasaba revista al mas grande muestrario de pitos de la historia. Todo el mundo corriendo el prepucio, y yo ... mirando. Esto ya no me gustaba tanto !
-A correr el peyejo - les ordenaba.
Y así jue como vide cosas que me enyenaron de miedo. Había grandes; chicos, minúsculos, fimóticos, con chancro, con purgación, algunos limpiaos, pero en general sucios.
Palabra que yegué a ver no menos de cincuenta con una crosta dura color verde boteya en el surco balanoprepucial !
-Aquí hay tierrita ! - les decía - A lavarse denseguida, que si el Teniente los yega a ver así desiguro que me manda al calabozo.
Y aprendían los baguales ! Y cuando tenían algún problema de poyeras y de los comunes, venían a consultarme sin temor.
Si hasta le perdieron el miedo a la Penicilina Benzatínica y al Bismuto interminable !
Yegué a querer tanto a esos necesitaos, que un día antes de mi cumpleaños presentí que pronto los abandonaría.
Y ese día yegó al Rejimiento la órden de licenciar al diez porciento de los efectivos. Y mi Jefe inmediato, el Teniente Médico me elijió a mí, dicen que por lo bueno y laburador nomá.
El día que me despidieron, con tuito el resto de la peonada rejuntaos en la Plaza de Armas, el Coronel nos saludó a todos con un abrazo a cada uno, mientras dicía que se le iban los mas mijores hombres que tenía.
-Estoy siguro que le va a dir muy bien en su profesión, Doc ! - me dijo a mí.
No pude contestar porque ansina ya estaba cerrao el garguero por la emoción. Ayí no yoré pa defender mi hombría, pero dencuanto subimos al ónibus, palabra que yoré hasta las casas mientras nos quedábamos abrazaos entre nosotros como pa no separnos jamás.
La mesma emoción que me embarga ahora mesmo, cuando miacuerdo desa época en la que me estaba haciendo hombre, y me estaba moldeando como Médico.
Verdadero crisol de mi medecina jue aquel año en la Enfermería de aquel glorioso Rejimiento de Tanques.
Muchos años dispués, golví a pasar un día por ayá, pa mostrarles a mis gurises y a la patrona, el lugar donde hice la conscripción. Tuito estaba como era entonces. Había hacienda baguala, es verdá, pero faltaban mis compañeros, la rueda del mate, el churrasco de contrabando a media mañana, el dotor, el boticario, los cabayos, el Coronel, el perro del Sargento Primero del agua, en fin, tuitos. Hasta los tanques habían cambeado !
Y así, golví a yorar, y a esplicarles a mis hijos que yoraba de felecidá, y como pa desviar la cosa les conté que la parte mas vulnerable del tanque es la oruga, y que debajo de aquella acacia, su padre matiaba amargos a escondidas con los músicos de la fanfarria cuando los mandaban lejos a praticar con el tambor.
Y así termino la historia, acoyarao a los ricuerdos, verídicos - lo juro - y risueños, tristones y empíricos, pero con la seriedá y el cariño del deber cumplido.
Y ahura me van a disculpar, cólegas, pero tengo que dir a sobarle la panza a la vecina quianda medio empachada, y no quiero qui endispués me yame de noche cuando le agarre la cagadera por culpa de las pastiyas que le vendió el boticario del pueblo.
Hasta pronto !
Círculo Médico de Matanza 1991