TRABAJOS ORIGINALES
Por el Dr. Alejandro Lazzari (B. Aires) *
“Si bien la ciencia ha generado novísimas drogas
sintéticas, la marihuana, el opio y el alcohol parecen acompañar a la humanidad
desde siempre, generando a su alrededor fanatismos a favor y en contra. Pero la
·
magnitud de su consumo,
·
la generalización de sus
usos,
·
las variables
macroeconómicas que representan para los productores, exportadores e
importadores de dichos productos,
·
el poder político que
esas variables generan,
·
el aumento imparable del
consumo, etc.
hacen que el abordaje de estos
pacientes sea uno de los más complejos que se les presentan a los TSM”. (Crítica del libro “Los Quitapenas “ de
Silvia O´Reylli, de la revista Letra Viva).
·
La marginalidad y el snobismo de la década del ´50,
·
La delincuencia y la enfermedad de la década del ´60,
·
La de perturbación político-social (enemigo interno:
consumidor, enemigo externo: narcotraficante) y caracterización de trastorno
mental en la década del ´70,
·
La de perturbación político económica: narcoterrorismo y
blanqueo de capitales de la década del ´80, y
·
La de globalización, HIV, SIDA, políticas y campañas de
reducción de daños y de expendio lterapéutico de droga y ladespenalización de la
década del ´90.
Esta secuencia da cuenta de los diferentes niveles de discurso que abordan el
fenómeno de drogadicción:
·
morales,
·
represivos,
·
jurídicos,
·
sanitarios,
·
y económicos.
Son las sustancias químicas que al ser incorporadas al
organismo modifican su funcionamiento.
Si ellas son benéficas para la
salud se denominan medicamentos o
fármacos y si éstos acarrean modificaciones de la fisiología del sistema
nerviosos central, ya sea sano o enfermo, se denominan psicofármacos.
El uso universal de las drogas es diverso:
1.
Cura de enfermedades
2.
Alivio de síntomas
3.
Sedación
4.
Estimulación
5.
Placer
6.
Experiencias místicas
7.
Interrelación
sociocultural.
8.
Otros
Y estas
sustancias pueden estar aceptadas socialmente (legales) o no (ilegales)
y en esta categorización intervienen diferentes decisores:
1.
Culturales
2.
Históricos
3.
Políticos
4.
Económicos
5.
Sociales
6.
Sanitarios.
El CIE 10, la entiende como “ el conjunto de manifestaciones fisiológicas, comportamentales y cognoscitivas,
en el cual el consumo de una droga adquiere la máxima prioridad para el
individuo, incluso que cualquier otro tipo de comportamiento, de los que en el
pasado, tuvieron el valor más alto”.
De manera que el “último fin”
(el telos) es la droga, por lo que evidentemente hay una condición subjetiva de compulsión. Como se
ve en esta definición no se toman en cuenta los fenómenos de abstinencia ni
tolerancia.
Muy diferente a lo que el vulgo
cree: consumo continuado de sustancias ilegales.
A esta altura es valido reconocer la mirada
interesada y auxiliadora que puede hacer la BIOETICA
Se la entiende como:
·
“la
interdisciplina dialógica derivada de la ética normativa y descriptiva
·
que
estudia la conducta humana ( manera de proceder)
·
en el
área de las ciencias de la vida y la atención a la salud,
·
en la
medida que dicha conducta es examinada a la luz de los principios y valores
morales.
·
Tiene una
finalidad reguladora
·
de todo acto humano que irreversiblemente altere
los procesos de la vida
·
y garantiza
lo que es bueno para la humanidad de hoy y las generaciones sucesivas,
·
entendiendo por lo que es bueno aquello que es
preferible a su ausencia.
La bioética principialista moderna asienta
en cuatro
principios:
no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia sanitaria
·
NO
MALEFICENCIA, primun non
nocere galénico, redefinido en el principio del daño mínimo, habida cuenta que toda práxis médica implica un cierto
grado de intromisión o intrusión en la subjetividad.
1.
El primer dilema surge con los criterios diagnósticos y el momento de la intervención médica en la
secuencia uso / consumo / abuso.
Meras
conductas individuales pueden medicalizarse (poder médico hegemónico) y / o
estigmatizarse (valoraciones sociales).
“Un sujeto drogadependiente es algo más que un mero diagnóstico”. Se asumirá que siempre estamos
diagnosticando desde el campo de la Salud Mental, un trastorno complejo que
desborda este mismo campo, frecuentemente crónico y que la más de las veces
responde a una identificación nosológica dual secundaria o no al uso de
sustancias.
2. El
segundo dilema es el del tratamiento
que decidirá la abstinencia
(eliminando el tóxico se elimina la enfermedad), el mantenimiento del consumo (favorecer el dominio del sujeto sobre la
droga de la que depende), la reducción
de riesgos (disminuir morbilidad y mortalidad, previniendo enfermedades
infectocontagiosas, mejorando la calidad de vida). No habrá tratamiento
completo si no toma en cuenta la comorbilidad y si no se lleva adelante algún tipo de intervención sociosanitaria.
·
JUSTICIA SANITARIA, ni equidistante ni salomónica, que promueve dar más al que
menos tiene (dar salud al carenciado de ella) sin discriminar ni
marginalizar, y que reivindica a la Economía
como ciencia humana no crematística. Este principio será rector cuando se deban efectuar
campañas de promoción y prevención y diseñar políticas de distribución de
recursos.
La aplicación de este principio no ha sido fácil, ya
que los dispositivos para drogadependencia son anárquicos e insuficientes. A
veces son autónomos o están integrados a los de Salud Mental, otros dan trato
diferente a consumidores de drogas legales e ilegales; la rehabilitación e
integración responde a programas a
veces no complementarios entre el Estado y ONG, etc.
A los TSM entrenados en drogadicción nos corresponde
entender al drogadependiente como un
ciudadano más que requiere nuestra actuación profesional.
·
AUTONOMÍA,
que reconsidera al paciente como persona,
sujeto capaz de generar un mundo moral y de detentar derechos y obligaciones,
verdadero recorte de la práctica médica paternalista tradicional que cosificaba
al enfermo.
En el
caso del consumo de drogas la capacidad
y/o competencia se convierte en un tema central y conflictivo. La pregunta
es ¿el drogadependiente es competente o es un incompetente intrínseco?
Están los
que sostienen que:
·
”el drogadependiente solo puede ser atendido si él lo demanda porque solo voluntariamente
puede abandonar la droga” y los otros
que piensan:
·
“como la droga domina al individuo consideran al
sujeto incompetente bajo la coacción
externa que supone el tóxico y la coacción
interna que suponen los cambios biológicos inducidos por la intoxicación”.
Los
dilemas bioéticos que rodean al principio de la autonomía en el caso de la
drogadicción son los atinentes a:
·
la posibilidad de utilizar medidas coercitivas para comenzar o continuar tratamiento,
·
que el TSM
acepte o no la imposición de esas medidas (excepto que partieran del ámbito
judicial)
·
la decisión
de generar incapacidades cuando la conducta adictiva produce: riesgo
propio, riesgo de terceros o quebranto económico familiar.
·
al respeto
por la negativa de tratamiento de parte del paciente drogadependiente con o
sin comorbilidad,
·
a las decisiones
de informar o no en casos de comorbilidad con HIV SIDA.
·
las decisiones
de toda índole en drogadictas
embarazadas menores o adultas,
·
a respetar o no el derecho a titulaciones de tóxicos en los ámbitos laborales o en los de
selección de personal.
Como
recomendaciones se deberían considerar
a)
el respeto
por el consumo de sustancias en un sujeto mayor de edad y capaz de
ejercer su autonomía, afirmando para cada individuo el derecho a una opción
personal consciente con la correspondiente responsabilidad (derechos subjetivos
privadísimos).
b)
Que para mayor protección de la autonomía del drogadicto éste deberá tener intervención activa
en la elección del programa terapéutico disponible.
c)
Que se deberán optimizar los niveles de decisión teniendo
en cuenta no solo las capacidades indemnes sino la concordancia con los proyectos de vida individuales.
d)
Que en el caso de los drogadependientes la necesidad de “obtener la droga a
cualquier precio” y los efectos
psicopatológicos justifican la restricción de la autonomía.
·
BENEFICENCIA,
hacer el bien, de origen hipocrático, inherente al
altruismo medular de la medicina, que consideraba a la vida en su santidad y en
su cantidad, concepto virado actualmente al de "calidad de vida".
Una de
las formas de ser beneficiente es asumir la autonomía del paciente inhibido o
sea representar a quien no puede hacerlo. En el caso de las adicciones es
sumamente difícil hacer “esta suplantación de la voluntad” ya que habitualmente
el paciente ha entrado en conflicto con su familia y la sociedad, y en el mundo
de la marginalidad es difícil hallar un representante. A veces habrá que
recurrir a entidades tutelares o a comités de bioética que ayuden a la decisión
puntual. Pero existe el riesgo de la hipertrofia beneficiente que podría
avasallar el principio de autonomía y de no maleficencia, propio de sociedades
con estados llamados “higienistas” (que suponen a priori que el ciudadano no
sabe cuidarse) o teocráticos ( en los
cuales la adicción está demonizada).
MODELOS
DE INTERVENCIÓN
De
acuerdo a:
·
Uso, abuso o dependencia
·
Intensidad del consumo
·
Poliadicción o no
·
Dualidad (otro trastorno mental)
·
Comorbilidad
·
Status legal
·
Status socio familiar.
Lo
deseable es un modelo integrado por los tres niveles siguientes:
·
MODELO
PENAL:
a)
represión del consumo
b) priorización del bien común
c) estigmatización y criminalización del consumidor
y adicto
a través de acciones policiales de control y
judiciales penales, con discriminación de drogas legales e ilegales.
·
MODELO MEDICO:
a)
Moralizador, lo que es
bueno o malo para la salud. Higienista. “Mente sana en cuerpo sano”.
b)
de aprendizaje
c)
de trastorno mental, que
permite abordajes terapéuticos basados en la evidencia.
d)
de automedicación o de abuso
de psicofármacos o no, de pasaje al modelo social.
·
MODELOS SOCIALES:
a)
justificación
antropológica: diferencia entre usos: consumos y dependencia.
b)
Justificación por entorno
social.
·
Educación en drogas.
·
Programas de “estilo
de vida saludable”.
a) adecuada
utilización del tiempo libre
b) deporte y
estudio sin droga.
c) Organización
de comunidades libres de drogas
d) Empresas
libres de droga
e) Monitoreode
padres
Existen sin embargo obstáculos a
estos desarrollos:
®
resistencia a la participación (ej. clientelismo)
®
“desesperanza aprendida” (Navarro C.) por insatisfacción de las necesidades
básicas.
Para obviar estos escollos sería
deseable que la promoción/prevención formara parte de programas más amplios que
rebasarían el campo de la salud, sostenidos por decisiones políticas
comprometidas y leyes atinentes surgidas de la información,
motivación y exigencia de la comunidad toda a los gobiernos.
f)
promoción del
llamado “empoderamiento social” para
complementar o sustituir falencias del apartado anterior, reforzando redes
sociales articulándolas con redes de servicio
g) Desarticular la creencia de que el
comportamiento adictivo es solo por imitación social evitando el
paralizador “si los demás cambian yo cambio”.
h) Incluir en las campañas al consumidor o adicto
rehabilitado como un agente de cambio: ciertas estadísticas (comunidad
Ñaña de Perú) demuestran que por cada paciente rehabilitado se disminuye
significativamente la incidencia y prevalencia de la dependencia a las drogas.
i)
Reconocer al consumidor
de drogas adictivas como un agente que lleva a cabo proselitismo activo a favor del consumo.
j)
Informar
y comprometer al gremio de los TSM de los contenidos de la PROPOSICIÓN SOBRE EL USO Y EL ABUSO DE
DROGAS PSICOTRÓPICAS (Tokio 1975 y
enmienda de Venecia 1983) en la que se destaca:
·
la necesidad de
los profesionales de participar en
campañas para impartir adecuada educación en drogas,
·
tomar las máximas precauciones en la prescripción,
·
aceptar la responsabilidad
de recopilar y proveer información sobre los usos no medicinales de los
psicofármacos,
·
y cooperar con las
autoridades sanitarias, contrarrestando la presión intergrupal que conducen
al abuso.
k) Denunciar al narcotráfico
como factor principal del consumo y dependencia de las drogas, que persigue
exclusivamente el lucro, comformándose como un crimen de lesa humanidad que
agrede y destruye valores humanos como la persevación de las generaciones
futuras, los derechos humanos y la
salud integral, impregnado los estamentos de la función pública a través de la
corrupción.
COLOFON
Si
aspiramos a un mayor bienestar general debemos acelerar los debates de
·
las políticas a nivel intenacional y local
·
las orientaciones de los profesionales,
·
los políticos y los gestores
·
los intereses sociales y
·
los de los usuarios
para
desde el sentido común arribar a una cooperación existosa.
* Vicepresidente del Capítulo de Etica y
Psiquiatría de APSA. (Asociación Psiquiatras Argentinos)
Individual Membership
de la “Section on Women’s M. Health “ de la Word Psychiatric Association.