- RECUERDOS FONETICOS Y NOSTALGICOS
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Por el Dr. Carlos Alberto Porta
Dicen que los Argentinos tenemos mala memoria; que nos olvidamos de los hechos históricos y de las palabras lejanas o las actitudes de tal o cual político. Yo no creo totalmente en esto, y digo totalmente, porque los cerebros de medio siglo de vida como los de algunos de nosotros, ya nos estamos olvidando de lo que almorzamos hoy, pero nos acordamos de tantas cosas viejas...!
Para
los que como
yo aprendimos a leer en la pizarra precursora de los grafitti modernos, no les extrañará leer estas líneas. En aquella época, lo primero que leí en una pared fue aquello de "o Braden o Perón" y los que escribían ésto, no lo hacían precisamente con aerosol sino con pintura!
Pronto
aprendí, y de sobra, quién era Perón. Me costó en cambio casi una década mas saber quien era Braden y su casi mágica conexión con la "iunaited fruit".
En
el interín, junto con tres palabras difíciles que empezaron a aparecer hasta en la sopa (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), surgieron otras cuya fonética en otro idioma era fácil aunque no supiéramos exactamente el significado. Y digo en la sopa, porque todavía recuerdo que un día estuve desde el almuerzo hasta la hora del té formando "YPF" con las letras en el borde del plato, hasta que un soberano castañazo materno despertador del éxtasis, me hizo volver a la realidad al mas puro estilo Mafalda de hoy.
Enseguida apareció el fútbol, y junto con Mario Boyé, Marcos Busico, Angel Labruna, etc, aparecieron las tres palabras que todo "centrofobal" que se preciara tenía que pronunciar con acento de Oxford: "Au redy?"- decía uno- "Die" -le contestaba el otro- El sábado siguiente, cu
ando volvimos de jugar a la pelota, yo ya era un poliglota que hablaba el Inglés a la perfección; ya decía "fau", "insai","augol", "jan", "orsai", y hasta descubrí que el jugador que atajaba y que tenía una camiseta amarilla con un uno en la espalda se llamaba "golquiper". Recuerdo que el lunes siguiente, mientras tiraba del hilo del pote de cartón para abrir el
Dulce de Leche, hasta le llegué a preguntar a mi padre porqué a la cancha le decían "el fil". Después de eso, tardamos mucho tiempo en dejar de llamar "la bol" a la pelota, para continuar llamándola "el balón", "el esférico", o "la redonda".
Con
el devenir del tiempo, empezaron los "espisodios" (con ese) en el conocido cine San Martín de Flores. Había tiempo justito para volver de la escuela a la casa, almorzar, y salir corriendo para hacer la cola que a esa hora ya daba la vuelta por Pedernera y Rivadavia. Una vez adentro, había que aguantar desde el caballito y el gaucho de Sucesos Argentinos, pasando por el No-Do, los documentales que mostraban "estas hermosas bañistas chapoteando en la Costa Brava", y luego de disfrutar los dibujitos animados donde aprendimos a decir "di end", comenzábamos a galopar con "El Jinete Escarlata", a renquear como "La Araña", a taparnos la cara como "La Sombra", a vendarnos como "La Momia", o a saltar de roca en roca como "Brick Bradford".
Y
entonces nuestra dicción de fonética inglesa se mejoró. Ahora decíamos: -"Jans ap"- apuntando con el revolver de juguete.
-"Oh,
no, mai darlin! Uat iu set abaut- se sorprendía nuestra futura novia de escuela.
-"Teique
mani"-ordenaba el del revolver pidiendo plata.
-"Teiq
dis"-respondía la damita arrojando un puñetazo que nunca llegaba a destino.
-"pug,
pug, pug"-contestábamos tirando tres tiros a quemarropa y guardando los otros tres para matar al compañero que estaba escondido en el zaguán de la casa de al lado.
Solía discutir con mi madre
cuando ella me insistía que estudiara Inglés por si alguna vez conseguía una
beca. - Pero si yo ya lo se hablar !!!- decía
yo.
Para esa época nosotros
ya nos habíamos mudado a Haedo, y como yo seguía yendo con mi guardapolvito blanco en el tren a la es
cuela en Plaza Flores, el día de episodios tenía que quedarme a almorzar en la casa de una tía mayorcita, profesora de Francés, que siempre me recibía de la misma forma:
-"Comán
talé vu, mon petí?"
-"Ye
ve bien, e vú?" -contestaba yo, apurado por comer rápido y disparar para el cine.
-"Bon
apetí, mon yerí!" -me deseaba contenta por la compañía.
-"Mercí
bocú, ma tante" -respondía yo, pensando en la cola que me esperaba. Si no le contestaba en francés, no me daba de comer.
A
esa altura de mi vida los cables neurológicos de mi pobre cerebro estaban empezando a chisporrotear por la mezcla de idiomas, cuando un día en la radio se armó un tremendo alboroto, y un señor llamado Nicola Paone empezó a contagiarnos su "dialetto" con aquello de
"La
cafetiera, de mia vichina, per la matina, fa glu glu glu".
No
nos perdíamos ninguna de sus actuaciones. Cuando cantaba
"siñora
maestra, usté que tiene allí",
vibrábamos de alegría picaresca.
Pero
nuestro padre amenazaba con cambiar de estación porque él quería escuchar un señor muy elegante que con voz de barítono decía:
"uer
de blu"
"of
de nait"
"mix
de gould"
"of
de dei"
"samuan"
"uei
for mi"
Con
el tiempo Bing Crosby también me llegó a gustar a mí, pero para ese entonces ya el cortocircuito fonético era total. Porque la mejor música se pasaba por LR6 Radio Mitre, en el programa de Rodriguez Luque "Música en el Aire", y para poder usar el saco con tajitos había que saber decir algo más que palabras en fonética inglesa sin saber su significado. Por eso la época de petiteros fue fugaz, porque la falta de fondos para solventarla hizo volver a la realidad a mas de uno, incluyéndome a mí.
Para entonces, la fonética se había transformado en algo concreto, tangible con una realidad insoportable en la persona de una señora gorda que vivía frente al Colegio
, que con un puntero en la mano nos obligaba a recitar:
"de
rous is red"
"de
vaiolet is blu"
"janei
is suit"
"an
sou ar iu"
intercalando
la historia de ese personaje con forma de huevo llamado "Salomon Grandy", el que "born on e mandi"...etc, y haciendo la mímica de cómo se abre la boca para decir "iu ar". Y subitamente, cuando creíamos que éramos expertos porque cantábamos "roc araun de cloc", "If iu ñu Susi", y nos balanceábamos al compás de "fai fit tu ais of blu", enternecidos por el banjo de Smith y sus Pelirrojos, tuvimos el cambio de mentalidad. La señora gorda del puntero dejó paso a otra señora latina que para dar clase se sacaba el "shapó" y con acento parisino cantaba a voz en cuello:
"alón
sanfán de la patríie"
"le
jur de gluar e...tarrivé"
-Dos
años más, y después..."la liberté" -pensábamos con optimismo y mentalizándonos hasta en francés.
Pero,
los dos años fueron interminablemente difíciles, porque en los recreos, nuestros compañeros que habían elegido "la armoniosa lingua italiana", nos atormentaban explicándonos que "io me esbeglio con lesbegliarino, me calzo lescarpe, e me ne vado a la escuola".
Y
así transcurrían los días, repitiendo sin cesar cosas incomprensibles.
Un
buen día recuperé la libertad, y creí tocar el cielo con las manos.
-Se
acabó la fonética! -pensé, y me sumergí en la Medicina, ese mundo al que se llega a través del viaje a lo desconocido mas hermoso y humanístico.
El
jolgorio duró poco, lo que dura un lirio, porque no sólo se repitió la fonética, sino que a la "complians", el "checap", al "clirens", y al "ternover", se agregaron las "mastzellen", el "mitelschmertz", y el "espinbarqueit", con lo que nuestra pobre mente latina quedó ya totalmente descalabrada con el advenimiento de la fonética teutona.
Lo
demás es ya bien conocido. Llegar, llegamos, pero con la mente hecha un cocoliche.
Muchos
años después, cuando un día se cumplió la profecía de mamá, llegó un telegrama de Baltimore aceptándome para una beca en el Johns Hopkins Hospital. Y allí brotó todo lo aprendido. Pero no fue suficiente. Contraté entonces a una viejecita irlandesa (En Haedo hay muchas de ellas, casi todas educadas en el Colegio "Saint Briggitte") pera que me hablara en inglés, y hoy cuando la recuerdo me parece estar viendo a Miss Daisy, la del film, y mi emoción es el reconocimiento por todo lo que hizo por mí.
El
resto en fonética inglesa lo hizo la vida, el trato con la gente, las publicaciones, el American Journal of Ob & Gyn, la supervivencia. Y qué curioso! ahora los cables no chisporrotean a pesar de los años cronológicos y celulares. Es como si a la vejez viruela hubiera comprendido todo el significado que esa fonética llevaba escondida dentro de su corazón utilitario e internacionalmente abierto para todos.
Por
eso, a veces escribo en gauchesco; porque nuestro hombre nativo también tiene su dialecto de campo con su respectiva fonética. Y créanme, también eso me hace volver a la infancia, a la juventud, y porque no decirlo, a un pasado reciente del cual todavía no me he olvidado.
Vean ustedes la vuelta que tuve que dar para demos
trarles porqué a principio de este relato les dije que no creía totalmente en la falta de memoria. Tal vez ahora es el momento de finalizar este ensayo con aquellas palabras que Los Plateros entonaban magistralmente:
-"Thanks,
for the memory"-
Por
las dudas, esta vez no fue en fonética.
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1997 CLINICA VIRTUAL
GINECOLOGICA, Buenos Aires (Argentina)