Una madrugada de julio -aquellos julios en que la temperatura oscilaba entre 5 y 10 grados bajo cero-reclamaron mi presencia "Los Hernandez" ya que la mujer estaba por tener familia. Era el octavo de la serie ; tuvo 13 en total. Llegué al rancho y encontré a la parturienta en un camastro, en un trabajo de parto avanzado. Uno de los hijos más grandes mantenía empeñosamente alimentado un brasero con "bosta seca de vaca" (la leña de los pobres) que proveía al rancho de poca calefacción y mucho humo. Quién no ha tenido la experiencia de inhalar humo de bosta de vaca no puede hacerse la idea de lo penetrante de su olor y de lo irritante que es para la vista y el aparato respiratorio.
Felizmente, el humo se escapaba por una de las paredes que tenía algunos agujeros, por donde también entraba el frío, lo que hacía que existiese un nivel inferior " no ahumado", donde, agachado, era más fácil respirar. Sentado en un pequeñ:o asiento cuyas patas se hundían en el piso de tierra y con la ayuda de mi linterna comencé a atender ese parto que no se borrará de mi mente ni de mi nariz.
Completado el alumbramiento cuál no sería mi sorpresa!- descubro que era un embarazo gemelar. El panorama era tentador ! Había que esperar y seguir ahumándome en mi cómodo asientito. Por eso sugerí que viniera Doña Carmen para "acompañarla" como había sucedido con sus hijos anteriores. La "comadrona" tenía por misión recibir al chico al nacer (sólo para que no se cayera), atar el cordón con doble nudo antes de cortarlo, cosa que hacía con un hilo "choricero" prolijamente esterilizado "hirviéndolo en una olla en el brasero de bosta", y después de salir la placenta, enterrarla en el fondo de la casa.
Almorcé, dormí una siesta reparadora, atendí el consultorio de la tarde y antes de ir a cenar quise verificar la evolución del parto que había dejado en manos de Doña Carmen.
Al llegar al rancho me encontré con la parturienta en el mismo camastro, sin los chicos -que ya se habían levantado-, el mismo humo, la mismas bosta y la "comadrona" dándole agua con azúcar al niño que había atendido yo.
- Y el otro?- pregunté.
-Todavía no nació!
Tomé el asunto con preocupación y a los pocos minutos conseguí que naciera feliz y contento el segundo niño. Habían pasado 14 horas desde el primer nacimiento!
El asunto quedó así y todos nos olvidamos del episodio.
Un año y medio después yo me había trasladado a Tres Lomas, un pueblo vecino con hospital! donde trabajaba en grata armonía con dos colegas que tenían una amplia experiencia en medicina rural. Había dejado el pueblito a cargo de un médico italiano sin reválida que precariamente solucionaba los problemas.
Cierta noche golpearon en mi nueva casa a las dos de la mañana! Fichera, el médico italiano, anunciaba que traía a la mujer de Ignacio con un segundo niño que no nacía de un embarazo gemelar cuyo primero había llegado al mundo hacía l0 horas.
Conocedor del antecedente, nos dirigimos al hospital y a la media hora. todo solucionado!
Aquí lo insólito de esta complicada anécdota: un niño había nacido en Garré -partido de Guaminí-, y el otro en Tres Lomas -partido de Pellegrini-.
No conozco otro caso en el que dos hermanos mellizos tengan como lugar de nacimiento dos Partidos distintos !