REFLEXIONES Y ALGUNAS CONFESIONES..."

Por el Prof. Dr. Francisco Maglio

 Nota de contratapa del editor: 

En este libro están compendiados casi cuarenta años de vida de alguien que aún esta recorriendo un camino. Todo tiene una meta, un fin, pero acá no aparece porque la felicidad está en el caminar; en el sentido que se va descubriendo al andar.

Comienza a caminar desde la Universidad de Buenos Aires, donde se obtiene el título de médico para curar y así lo hace, pero se da cuenta que curar es además cuidar, sanar, compartir el dolor con el otro.

Y allí comienza otra trayectoria, la de lo humano, lo social.

Le lleva mucho tiempo, sacrificio y esfuerzo descubrir que debía zambullirse desde la punta del iceberg para ver lo más profundo: El sufrimiento, la tristeza, la humillación.

En todos los capítulos aparece nuestra sufriente, descarnada y dolorosa realidad. Pero la gran virtud es que nunca lo abandona la esperanza, aún denunciando las injusticias, las discriminaciones, la corrupción.

Es un libro aunque de estilo ameno, de contenido muy fuerte, muy denso, que requiere muchas lecturas, mucha atención y que debe despertarnos de un cierto letargo que está padeciendo nuestra sociedad.

Maglio nos invita a un compromiso, a un cambio, al gran desafío de transformar esta sociedad en más justa, más solidaria, más humana.

 Palabras iniciales del Autor: 

Estimado Lector:

 Quizás nos conocemos, quizás no. Para este último caso va dirigida esta introducción con alguna advertencia final.

Me llamo Francisco Maglio, pero todos me dicen Paco, es la diferencia entre la identidad legal y la Social. Me quedo con la segunda.

Nací el 24 de Abril de 1935 en Buenos Aires, en el barrio de San Cristóbal a dos cuadras del límite con Boedo y me mudé a éste hace más de treinta años.

Con mis abuelos, mis padres y mi hermana tuve una infancia feliz y una mejor adolescencia. Ahora mis hijos son mi orgullo y mis nietos hermosos regalos. Adelita, mi mujer, que es mi todo, es mi yo. Además, y como dice el tango, “la vida me dio en oro un montón de amigos”.

Por eso, gracias a mi familia, gracias a mis maestros, gracias a mis amigos, en fin, gracias a Dios.

Qué más se puede pedir? Cuando uno ya no tiene más que pedir es porque tiene que dar; bueno, ese es el motivo de este libro ( por llamarlo de alguna manera); dar aunque sea en parte a todo lo que la vida me dio.

Si bien soy médico, este no es un libro de medicina; bueno, no es totalmente de medicina, aunque algo de medicina tiene.

Para desentrañar este galimatías permítame que le cuente algo de mi vida.

Decía el Principito, con su habitual sabiduría, que “lo esencial es invisible a los ojos”; pues bien, después de estar treinta y cinco años mirando la medicina con ojos biológicos, lo que en sí mismo no está mal porque es necesario, me faltaba lo esencial, lo invisible.

En medicina en particular y en salud en general eso está en lo social y cuando digo lo social me refiero a lo histórico, a lo ideológico, a lo político, a lo económico y a lo cultural.

Porque las cosas en la vida pasan por algo y también por algo nos enfermamos y por algo nos curamos, no son casualidades ni siquiera causalidades biológicas; nada es al azar, como decía Borges “todo encuentro casual es una cita”.

Entonces, después de 1990 dejé la medicina asistencial ( medida que fue calurosamente recibida por mis pacientes) y concurrí a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires en busca de otros marcos teóricos y metodológicos que me permitieran reflexionar críticamente lo vivido todos esos años y seguir así con la realidad médica actual.

Esa fuente la encontré en el Departamento de Antropología Médica, donde me abrieron otros ojos para que “lo esencial se haga visible”.

En el capítulo “Bioética: “necesidad o moda” hago una especial referencia a mis profesores ( y además amigos) de dicha disciplina, adelantando desde ya para ellos mi total agradecimiento por su dedicación, paciencia y comprensión.

Comenzó entonces otra etapa de mi vida, no solamente médica. En la primera, que tentativamente llamaría bio-médica, me dediqué tanto a lo asistencia como a la docencia y a la investigación. Publiqué como autor o co-autor más de cien trabajos “científicos” y lo entrecomillo porque ahora, a la distancia, confieso que la mayoría me avergüenzan, no porque sean de mala calidad en lo técnico sino justamente por eso, por ser exclusivamente técnicos; eran trabajos socialmente ciegos, y con generosidad miopes.

En esta segunda etapa de mi vida, que la llamo “esencialmente social”, las cosas son distintas; sin despreciar lo técnico, incorporo todo lo aprendido en la reflexión como búsqueda de sentido, parafraseando a Víctor Frankl.

También lo aprendido de mis compañeros de la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica, que conduce con la sabiduría y el entusiasmo de sus 90 años el maestro y amigo Dr. Marcos Meeroff, que propugna una medicina que contemple en forma holística al paciente como ser humano somato-psico-social.

Fruto de esta etapa “esencialmente social” es una serie de trabajos de los últimos años que he compilado en este libro, dos de ellos en colaboración con la Lic. María Isabel del Valle, una exquisita amiga y excelente profesional de la literatura.

Entonces, heme aquí en el campo “La Catita”, en Nueve de Julio ( provincia de Buenos Aires), donde generosamente me han recibido mis entrañables amigos Ricardo y Laura, regalándome la paz y las estrellas para que con una luminosa y nocturna tranquilidad poder ordenar esos trabajos y añadirles reflexiones y algunas confesiones, cuando el caso así lo requiera.

Escribiendo con una birome de tres colores ( mi última adquisición tecnológica), y con Adelita y Laura ayudándome con la computadora, le ofrezco, estimado lector, las siguiente y seguramente aburridas líneas en las que, además, hay conceptos que, si bien se repiten, su solidez ideológica así lo justifica.

Una mención especial con mi más reconocido agradecimiento para Carlos Rodríguez, más que editor un querido amigo, que, sobreponiéndose a las dificultades de la “globalización” encaró generosamente la “patriada” de editar este libro.

Me negué a la habitual corrección de estilo porque quería que este texto llegara al lector con la frescura de las imperfecciones del lenguaje coloquial.

También me he negado a un prólogo, porque, como opinaba Borges, un prólogo debe ser un brindis más que una crítica; entonces prefiero que sea usted, lector, que sin ningún condicionamiento después de haber leído este libro decida si brindar o criticar ( en caso de que se decida por lo primero, avíseme). Si a pesar de todo lo explicado aún tiene el valor de seguir leyendo, adelante, pero no diga que no se lo advertí.

Hasta luego, nos encontramos al final.