|
|
TRABAJOS ORIGINALES Buenos Aires, Argentina |
LA
VERDAD SOBRE LAS MAMOGRAFIAS
Por
el Dr. Carlos Alberto Porta (Prof. Aux. Ginecología UBA.)
La década del 70 nos encontró a los ginecólogos alborozados por el
advenimiento de la Mamografía como método de excelencia para el diagnóstico
de las lesiones mamarias. Los equipos y técnicas empleadas en aquella época
distaban mucho de ser la perfección increíble lograda con los equipos de última
generación. Sin embargo, la posibilidad de contar con un método auxiliar de
diagnóstico destinado a aclarar la naturaleza benigna o maligna de los nódulos
de mama detectados por la palpación, contribuyó a que el profesional de la
Salud se hiciera cada día mas amigo de poder contar con un diagnóstico donde
las lesiones pudieran tener no sólo nombre, sino también apellido.
Pero hay algo que en las anteriores líneas quedó implícito: siempre
se indicaban cuando en la palpación se detectaba algún nódulo. Es
decir, cuando las posibilidades de tener un cáncer de mama ya eran manifiestas.
De donde se desprende que el verdadero rol protagónico de la detección precoz
siguió siendo la auto-revisación mamaria y la consulta de control anual con el
ginecólogo.
El tiempo pasó bastante rápido, y la tecnología en equipos y la
calidad en placas permitió que se llegara al estado actual, donde las burdas imágenes
de antaño sucumbieron en aras de mamografías donde la definición y la calidad
llegan a un grado superlativo. Y como si fuera poco, la Ecografía mamaria también
se perfeccionó hasta lograr obtener imágenes que permiten establecer una
correlación estrecha con las mamografías. La mente del ginecólogo fue
comprendiendo que estábamos cerca de la “verdad” diagnóstica, aún ANTES
de palpar nódulos. Las pacientes también entendieron el mensaje.
Hoy, la mamografía de control cada dos años en mujeres sanas después
de los 40 años se ha constituido en una rutina similar a la realización del
Papanicolaou y la Colposcopía. Gracias a ella hoy los ginecólogos podemos
detectar ya no solamente el cáncer instalado, sino sus lesiones previas o
precursoras, con lo cual las medidas tomadas a tiempo permiten obtener mejores
resultados terapéuticos.
Obviamente,
si la paciente posee algún tipo de lesión que merezca un control mas estricto,
la mamografía se deberá hacer anualmente. Toda mujer debe saber que las imágenes
mamográficas que merecen atención son las microcalcificaciones, las fibrosis
en estrella, los nódulos irregulares, y otras características más que escapan
a esta nota. Y todo ginecólogo debe saber que ante este tipo de imágenes se
impone a veces una biopsia que puede ser encarada para descartar
una posibilidad de tumor, o para confirmar una sospecha de cáncer.
También
debe saber la mujer que no ha tenido hijos, que los controles con el ginecólogo
y con la mamografía debe ser mas cuidadoso en cuanto a la frecuencia de las
visitas. Este simple concepto epidemiológico fruto de la experiencia mundial ha
permitido que la conciencia sanitaria de la mujer se consolide, y que entienda
que junto con el Papanicolaou, la Mamografía de rutina constituye una forma de
luchar contra lo intangible antes que se transforme en algo real.
Ninguna
mujer se levanta una mañana con un tumor de mama sin que haya habido alguna
lesión previa. Lo que ocurre es que esa lesión generalmente no es palpable.
Por ese motivo, y con la mamografía como instrumento, hay que buscar o
descartar esas lesiones previas.
Recuérdele
a su ginecólogo la fecha de su última mamografía, y si puede, llévelas con
usted cada vez que lo visite. No pretenda que él se acuerde de las imágenes
radiográficas de sus mamas.
Se
va a sentir muy bien sabiendo que sigue sana. Y si hay algo que no está claro,
seguiremos buscando la “verdad” diagnóstica hasta conseguir saber no sólo
el nombre y el apellido, sino también el sobrenombre y toda la filiación
posible de la lesión que padece. Sin riesgos y sin temores. La mamografía es
inocua.
Y
finalmente, debemos recordar que la realización de mamografías cada dos años
no invalida ni subestima el auto-examen mensual de las mamas, el cual debe
seguir haciéndose para detectar una singular cantidad de lesiones benignas que
obviamente deben ser tratadas como cualquier enfermedad.