TRABAJOS ORIGINALES
ARTÍCULO ESPECIAL PUBLICADO EN EL LIBRO
"EL GUARDIÁN DE LOS VIENTOS. Reflexiones Interdisciplinarias sobre Ética en Medicina". Compilación y Prólogo de Alicia I. Losoviz
Editorial Catálogos. Buenos Aires, junio de 1998
MENOPAUSIA,
ÉTICA Y PSICOANÁLISIS
o
Sobre el arte de la Coincidencia en el Acto Médico
Alicia
I. Losoviz
(*) (**)
(*) Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)
Miembro de la Asociación Argentina para el Estudio del Climaterio (AAPEC)
Miembro de la Asociación Argentina de Ginecología y Obstetricia Psicosomática (AAGOP)
Miembro Fundador de la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica de la AMA
Ex – Coordinadora Secc. Menopausia, Div.
Endocrinología, Área Psicología, Hospital Durand
(*)
E-mail: ailosoviz@intramed.net.ar
INTRODUCCIÓN
Todo acto
médico constituye un punto de encuentro entre tres instancias:
un Paciente que pide ayuda
un
Médico que intenta responder a dicha demanda
y
una Medicina que promete esperanzas frente al dolor.
Dadas sus
múltiples determinaciones y su estrecha imbricación , entre cada Médico y cada
Paciente, se pone en marcha un proceso comunicacional de innegable compromiso.
Proceso
estructurado por una dimensión afectiva en la que más allá del original motivo
de consulta y de los roles prefijados para ésta, suelen circular corrientes de
diversos matices: ternura, tristeza, temores, miedos, fastidios, incertidumbres
,esperanzas, como así también fantasías. Sentimientos mutuos cruzados,
exclusivos para cada vínculo y no siempre concientes, que pueden llegar a
incidir en el resultado final del tratamiento instaurado.
Dice
Meeroff (25) que las ciencias de la vida han quedado dominadas por la biología
mecanicista del modelo newtoniano que condujo a la idea de que un organismo
vivo puede ser considerado como una máquina construída por partes separadas,
modelo expuesto inicialmente por Descartes. Gracias a esta medicina que
tradicionalmente se ha ocupado del síntoma y signo corporales, y merced a los
notables progresos que actualmente la ciencia y la técnica permiten, se logran
sobre la enfermedad de base, resultados impensables hasta hace pocos años.
Dada la
perspectiva de dimensión humana con la cual se intenta actualmente acompañar a
la expansión científica, y con ánimo de abrir nuevas lecturas tendientes a mejorar
la calidad de acto médico, podemos establecer las siguientes reflexiones:
Es frecuente que en el marco del diálogo médico -paciente,
aquello de lo cual se hable sea lo atinente al síntoma y órgano enfermo.
Que
tanto hay médicos que decodifican la demanda del paciente con el lineal
criterio de devolver la función al órgano, como también hay enfermos que se
tratan a sí mismos desde un enfoque cuerpo-máquina.
Dicho
de otra forma, el mismo paciente puede entregar su cuerpo a la Ciencia, si
identificado con los ideales propuestos por la medicina (4) se refiere a sí
mismo como de un tercero, sin poder incluirse desde su propia singularidad como
sujeto.
De esta
manera, quien resulta protagonista de la Escena médica, es el Cuerpo Biológico
visible, explorable y manipulable, objeto de una actual tendencia de
medicalización del síntoma.
Si la
dimensión subjetiva del paciente queda desvanecida, en favor de una dimensión
objetiva del saber, el acto médico podría convertirse en un proceso
sin sujeto (17). Si la medicina
se empeña en adaptar al aparato biomédico, a un paciente despojado de
referentes subjetivos y simbólicos, abordándolo como un conjunto
de piezas separadas, más que
nunca a fin de siglo, se corre el riesgo de practicar una "Medicina de
órganos".
Parte
I. Menopausia
La
menopausia forma parte de un proceso que, a partir de las modificaciones
endocrinas del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal, condiciona en la mujer el cese
de la menstruación.Es una época que constituye en la mujer un período de gran
complejidad por la indisociable interacción de las siguientes dimensiones:
biológica, psíquica, socio-cultural y médico-social. (20)
A partir del relato de una paciente cursando esta etapa, estableceré una serie de consideraciones sobre el trípode "paciente-médico-medicación" a fin de ejemplificar, a través de su articulación, las cuestiones que nos ocupan.
MATERIAL CLÍNICO *
Antonella,
es una mujer muy bonita, elegantemente arreglada y de expresión sensual. Más
bien delgada, no representa su verdadera edad, que es de cuarenta y siete años,
sino impresiona un poco más de treinta. Viuda desde hace quince años, tiene un
hijo recientemente recibido de ingeniero y una hija, que está por hacerla
abuela. Pero ella no puede disfrutar de estas alegrías y llora desconsolada,
pues cuenta que cuando por fin sentía que le estaba empezando a llegar el
momento tan deseado de "hacer
su vida", la Menopausia
irrumpió trayéndole
"calorazos demoledores"
además de molestas sudoraciones, dolores óseos y articulares, de los que
refiere que la hacen sufrir mucho.
Dice de sí:
" Me siento vieja. Me veo fea, arrugada. Me miro al espejo y se me cae la
cara. Es espantoso lo que siento".
Tiene un novio cuatro años
menor, ante el cual sus sofocos y rubor consecuente, le hacen sentir una
profunda verguenza.
Evidentemente,
Antonella, a pesar de su edad cronológica, no estaba emocionalmente preparada
para cursar esta crisis vital. Dice:
"Siento que me vino a
arruinar la vida. Me siento como
que soy menos de media mujer, que no soy nada"
Fue medicada
en el hospital con terapia hormonal de reemplazo (parches) por los síntomas
derivados del hipoestrogenismo actuante. Por otra parte, su tradicional médico
clínico le recomendó que los suspendiera, dado que él no era partidario de "cosas
raras". Contradictorias
posiciones médicas que generan en la paciente un cierto espíritu de duda
respecto a su decisión de tratarse con la estrogenoterapia.
Antecedentes
familiares:
Madre: fallecida a los 55 años por un doloroso cáncer de
páncreas. "Le vino un soplo
al corazón" cuando la
menopausia se le presentara a la misma edad que a Antonella.
Padre:
fallecido a los 64 años por un infarto agudo de miocardio.
Estos
antecedentes condicionarán en Antonella ciertas vivencias subjetivas en
relación al bio-proceso que cursa.
Ella narra tener ciertos
conflictos insolubles cuando por un lado, los médicos le dicen, que ella podría
tener problemas cardíacos si no se medica con la hormona y por otro, ella le tiene
tanto miedo al cáncer como a la vejez....
Dice:"Me
miro al espejo y siento que no voy a gustar a nadie. Y yo que quisiera poder
seducir... Veo mi piel que se me cae, que envejezco. Me siento mal. Siento que
no sirvo para nada". Su
realidad psíquica en cuanto cómo ella dice verse, no coincide con la imagen
externa que ella muestra de sí. La fundamentación de sus propias creencias, la
conducen a una intensa desvalorización que la
hacen sufrir mucho.
Dice de la
información recibida sobre los efectos de la terapia hormonal de reemplazo
(T.H.R.): "Los médicos me
dijeron que cuida el corazón, los huesos, y que es buena para el sexo". Información
que se funde con otras ilusiones
más personales. "
Quiero verme joven, sentirme
joven, recuperar el placer. No quiero tener ni pocitos ni arrugas en la piel.
Me angustia verme vieja". E
iniciada la THR: "Me
puse los parches y fue como tocar el cielo con las manos".
Su
expectativa sobre la hormona es aún mayor que los prometidos beneficios
farmacológicos. No sólo la tranquiliza la divulgada prevención de osteoporosis;
también afirma que la hormona "es"
ante su pareja como una "prueba
de juventud" pues se hace la
"ilusión de menstruar",
y como que "podría darle un
hijo". Aunque también tiene "terror
a que pase algo malo",
aludiendo al cáncer.
Ante la aparición de un efecto colateral, Antonella interrumpió la medicación hormonal al cabo de unos pocos meses.
Parte
II: ÉTICA EN MEDICINA
Un análisis
de la interacción recíproca de ciertos componentes que integran el acto médico
constituirán, a mi entender, un aporte para adentrarnos en el concepto de ética
en medicina.
La compleja
encrucijada de síntomas orgánicos y funcionales, enlazados a su vez a los
conflictos derivados de la estructura psicopatológica, suelen generar un problema
diagnóstico y terapéutico, ya que no
siempre hay coincidencia entre:
lo que la paciente demanda
el
objetivo terapéutico del médico
el
efecto farmacológico de la medicación
La
instalación de una relación médico-paciente adecuada en el marco del acto
médico, daría la posibilidad de crear lazos armónicos entre estos 3 puntos,
mejorando las posibilidades terapéuticas
1) La demanda de la paciente
La "queja" que inicialmente Antonella lleva a la
consulta médica, al igual que la de otras mujeres en climaterio proviene, en
tanto "hecho biológico", desde un privilegiado plano de síntomas
neurovegetativos. Sus discursos pueden impresionar como semejantes, si lo que
se jerarquiza son los efectos de la menopausia sobre el organismo femenino (8).
Pero también cada mujer, según la forma de expresarse, dá cuenta de una
particular subjetividad, construída por múltiples determinaciones causales:
además de la dimensión biológica, la presencia de otros órdenes también constituyentes de la
estructuración del ser humano (órdenes psíquico, simbólico, histórico(29).
Clasificación:
Antonella
reclama alivio de sus síntomas, con tendencia a idealizar a la medicina, al
médico y a la hormona que le es ofrecida. Pero ¿cuál es la esencia de la
queja-síntoma de su demanda? ¿Son los calores y dolores osteo-articulares? ¿Es
el deseo de ser deseada, de verse joven, de reparar las frustraciones de una
vida difícil? ¿De qué la curará la medicina?
Según los
contenidos revelados o inferidos de la consulta médica (18) (21), propongo una
clasificación en 3 niveles de demanda:
A) Demanda
explícita
Es aquella
constituida por los contenidos verbalmente explicitados. Antonella consulta en
lo manifiesto por calores, sofocos y dolores osteo-articulares, que la hacen
sufrir mucho. Pero ¿todo lo que
ella dice es lo que ella demanda? Estos síntomas, además, a ella la acongojan y
desesperan.
Es
frecuente que los médicos tiendan a registrar de forma exclusiva los contenidos
que aluden al protagonismo del cuerpo biológico, despojando a la paciente de
lecturas sobre sus sentimientos. La demanda explícita de la paciente suele
encubrir dimensiones más subjetivas.
B) Demanda
implícita
Constituída
por contenidos "conocidos" por la paciente y no explicitados de forma
espontánea, pero que pueden ser verbalizados en tanto sea invitada a expresarse
libremente.
Por
ejemplo, el comentario de Antonella en alusión a su menopausia: "Siento
que me vino a arruinar la vida",
recién aparece en las entrevistas psicológicas realizadas, poniendo al
descubierto que su problema ante la reciente crisis vital no consisten
solamente en los calores como síntoma neurovegetativo. Que también la expresión
por ella vertida en cuanto "demoledores
calorazos" tanto en lo
implícito como corroborado por sus asociaciones, aluden a un demoledor
sentimiento que ella siente de sí en su fuero más íntimo, dada la
"irrupción" de la menopausia y las frustraciones que la misma le
acarrea, haciéndola sufrir mucho.
C) Demanda
inconsciente
Vinculada
al llamado "deseo inconsciente"(16) está constituida por contenidos
psíquicos profundos, inconscientes y por ende desconocidos para la misma mujer,
y que parecen escapar al objetivo de la consulta médica: como por ejemplo los
determinantes inconcientes de la vergüenza, culpa o sufrimiento
mental.
2) La respuesta médica
Ingresamos
al tema de la coincidencia entre
la demanda del paciente y el ofrecimiento médico: ¿Qué escucha el médico de la
demanda del paciente? ¿Y qué ofrece por ende?
A través
del relato de Antonella se pueden observar distintas posiciones médicas, las
que pueden incurrir en actitudes extremas: desde considerar la menopausia como
un simple proceso natural en el que no cabe intervención medicamentosa hasta
adeptos a la Terapia Hormonal de Reemplazo con un exclusivo objetivo biológico
de tratamiento.
Una
posición aún más extrema estaría dada por la utilización en mujeres
menopáusicas de la técnica de transferencia embrionaria de la fertilización
asistida, quebrándose un límite que marcaba la naturaleza.
Si un
profesional, fiel a un discurso lineal de la medicina se ocupara de la paciente
, solicitando exclusivamente los análisis y estudios correspondientes al
funcionamiento de sus órganos y aparatos, descontextualizando otros componentes
que provinieran de un plano psico-socio-cultural y privilegiando la
medicalización de síntomas: ¿No perdería acaso su condición de médico, para
convertirse en un mero técnico?
No son
simples de abordar (19):
La sensación de catástrofe con que ciertas mujeres, pueden
vivenciar el alejamiento de patrones culturales propuestos como modelos por el
imaginario social, como la jerarquización de la maternidad, juventud y belleza.
Los
interrogantes de la condición femenino-existencial de la mujer que acompañan el
cimbronazo endógeno de la misma.
3) La medicación
El
climaterio se inscribe en una tendencia consumista de la sociedad (27), que
promueve la medicalización del síntoma y la venta de medicamentos. A la
hormona, frecuentemente idealizada por el médico, el paciente y la sociedad de
consumo, se le suele dar carácter de panacea. Recetada por ciertos efectos
farmacológicos que posee (alivio de síntomas del sistema nervioso vegetativo y
protección de los aparatos cardiovascular y óseo), suele quedar también al servicio
de ciertas fantasías.
Antonella
creyó que ser medicada era la solución a sus conflictos. Su aceptación inicial
a la estrogenoterapia no sólo respondía a los beneficios sugeridos por los
médicos. Ella además tenía extraordinarias expectativas de la T.H.R.:
fantasías de juventud y belleza: para Verse, Ser vista,
Sentirse y "Ser" más joven y bella
fantasías de fertilidad: a través de una seudomenstruación,
ilusión de ser fecunda
fantasías de maternidad: ilusión de ofrecer un hijo a su
actual pareja
fantasías de renovada sexualidad: desear, ser deseada;
mejorar su placer sexual
reparar su narcisismo herido y autoestima devaluada
Más allá de
su acción farmacológica, ¿llegaría la hormona a cumplir en Antonella el efecto
mágico deseado, en tanto fuera implementada para "recuperar el ciclo,
retener la pareja, o rescatar la juventud"?
¿Pueden las
diferentes variaciones hormonales satisfacer en general los distintos niveles
de demanda, esperándose un rendimiento superior a su específico efecto
farmacológico, en tanto se den la coexistencia de fantasías encubiertas?
Pensemos en
la paradoja que este caso plantea: desde un punto de vista estrictamente
médico, la T.H.R. fue eficaz respecto a la momentánea resolución de síntomas
neurovegetativos. Hubo coincidencia
entre la demanda explícita de la
paciente, el ofrecimiento médico y la T.H.R. ofrecida.
Pero ¿qué
sucede con el ofrecimiento médico respecto a los otros niveles de demanda?
¿Podrá la
hormona hacer callar a toda otra demanda de la paciente? Por ejemplo, ella pudo
"volver a menstruar" dadas sus singulares razones. ¿Qué sucede con la
demanda implícita? ¿y con la inconciente? La hormona que sí puede acallar los
ostentosos síntomas provenientes del SNV ¿podrá resolver otras cuestiones como
los problemas de la vida, la angustia existencial, el narcisismo herido o la
autoestima devaluada? Y si una mujer está deprimida por el proceso en general
¿le devolverá el deseo sexual y neutralizará sus temores de enfermedad,
soledad, vejez y muerte?
¿No
constituirá un reduccionismo biológico atribuir a la hormona la solución de
"todos" los síntomas de la menopausia?
Si la mujer
es medicada "automáticamente", no siendo dicha terapéutica acompañada
del develamiento de lo indecible de la situación particular, la T.H.R. ¿no se
constituirá, en ciertos casos, como una defensa maníaca
en una actitud de desmentida del
inexorable transcurrir del tiempo, si encubre un conflicto por la finitud de la
existencia (10)? ¿Se ponen los médicos a pensar en estas cuestiones?
El
profesional no está obligado a responder siempre con recetas médicas o
soluciones positivas (3) , lo que abriría al paciente a un nuevo espacio en
cuanto las preguntas que podrían llegar a ser desplegadas.
En medicina
se define como Compliance (22), la capacidad de cumplimiento a una medicación.
Lo que el médico ofrece a la paciente, ¿es lo que ella está dispuesta a
recibir? Hay mujeres que aceptan la medicación con naturalidad, pero otras no.
Y otras, como Antonella, que la inician confiadas, para luego suspenderla. La
interrupción de una medicación ¿no alude acaso a que en el recorrido de la
relación médico-paciente hubo alguna situación no decodificada por parte del
médico? La respuesta médica no debería desestimar la cuestión de la
subjetividad y que en ciertos casos los síntomas que ella trae a la consulta
puedan ser relacionados con fantasías exclusivas de su mundo interno.
A veces la
presencia de ciertos miedos pueden configurar un
perfil conflictivo a la medicación.
Por ejemplo, mientras el médico informa acerca de la eficacia del T.H.R.,
Antonella asocia en silencio que su madre falleció por cáncer a una edad
semejante a la que ella tiene en ese momento, lo que la enfrenta a conflictivos
recuerdos. Temor al cáncer que, en tanto continúe en condición de fantasma
junto a la presencia de efectos colaterales que también la asustan, interfieren
en el cumplimiento y resultado del tratamiento instaurado.
¿No es
acaso un tema de la ética médica el no caer en un reduccionismo biológico que
deje al paciente despojado de su trama psíquica, por exigencias del método
científico?
Es
importante ubicar la demanda de la paciente, respecto a un plano subjetivo,
jerarquizando un redimensionamiento psíquico y también más global, respecto a
otros referentes, familiar, social, cultural, etc.
4) Factores que inciden
en la relación médico-paciente
Según Drane
(6) la medicina es cada vez más una empresa ética, que como una forma de
encuentro humano se caracteriza por la ayuda. Se dice que un médico debería
crear una relación empática con un paciente. Pero sabemos que a veces no es tan
simple lograrlo. ¿Qué factores pueden contribuir a delinear la relación
médico-paciente?
a)
Interjuego de posiciones en el desempeño de los roles respectivos:
Si el rol
profesional fuera desempeñado desde un lugar de certeza, entonces un médico
puede llegar a manifestar con criterio paternalista: "Con
esto va a andar bárbaro", "Unas hormonitas y listo" o "No
soy partidario de cosas raras".
Si el rol
del paciente quedara jugado desde un lugar de "indefensión",
complementando al anterior, la relación creada generaría el encuentro entre un
paciente sumiso, dependiente del saber médico, y un médico que
"sabe".
Palabra
médica de la certeza ofrecida, que en tanto sea acompañada del uso de ciertas
tecnologías o terapéuticas, parecieran otorgarle a aquélla una mayor
credibilidad. Pero con la consecuente aparición de un riesgo: la obturación de
lugares de pregunta (3) a otros modos de saber, en relación a los
acontecimientos que suceden en los cuerpos (particularmente en el cuerpo de las
mujeres), que acontecen en la propia subjetividad.
b)
Afectos que el paciente transfiere en el vínculo
Tanto hay
pacientes que son incapaces de relacionarse afectivamente con el profesional,
como otros que son demandantes de afecto. Por ejemplo, una mujer con sensación
de desamparo podría buscar inconcientemente y más allá de lo explicitado, un
aspecto protector del médico. En otros casos hay pacientes que exigen
soluciones rápidas o "mágicas", dejando en ocasiones al profesional,
quien a su vez se siente exigido, como depositario de injustificados enojos.
La expectativa hacia una idealizada figura de médico puede en ocasiones ir
transformando un aparente buen vínculo inicial en otros afectos, que llegan a
interferir en la Compliance.
c) Sentimientos
que el médico desarrolla hacia sus pacientes:
Ternura,
exagerada compasión, fastidio, rechazo o exigencia, como sentimientos
contratransferenciales (28) que no siempre quedan bien comprendidos.
De ser activados frente a ciertas
situaciones de consulta, pueden inducir a orientaciones terapéuticas
inapropiadas en la globalidad del cuadro.
d) Psicopatología
del paciente:
No es
sencillo comunicarse con algunos pacientes. ¿Está el médico siempre preparado
para abordar mentes complejas? Trastornos de identidad, conflictos neuróticos o
personalidades infantiles (7) (13), entre otros, pueden llegar a distorsionar
la buena intención del médico de entablar una buena comunicación. De allí la
importancia de que
el profesional
esclarezca tanto modalidades de
fincionamiento mental de ese paciente como
profundice en diagnósticos
psicopatológicos en el marco de interconsultas específicas.
e) El
médico como persona:
El médico debiera estar preparado para poder sostener temas que como la menopausia, la andropausia, el amor, el sexo, la sexualidad, la vida y la muerte, se despliegan en el escenario del acto médico, constituyendo seguramente desde las perspectivas de su propia individualidad, espacios de interrogación o tal vez de conflicto y sufrimiento.
Parte
III: PSICOANÁLISIS
"La razón principal de la existencia de la medicina bajo la forma conocida por nosotros, es sin lugar a dudas el sufrimiento de los hombres".
LUCIEN ISRAËL (12)
Antonella
habla de un sufrimiento que en lo manifiesto queda inicialmente depositado en
los síntomas de su reciente menopausia. Pero también es posible otorgarle a ese
sufrimiento otra significación, en tanto sean considerados otros referentes en
lugar de los conocidos criterios de mensurabilidad de la materia viva.
Sufrimiento que como una dimensión proveniente de los lugares más recónditos
del psiquismo humano, nos invita a la reflexión del dolor psíquico-fantasmático
al que Antonella alude. Espacio que no siendo aprehensible por biotecnología
alguna, se convierte en campo de estudio del psicoanálisis (17) y en punto de
enlace a la cuestión de la ética.
Cuando
Antonella es invitada a hablar sobre sí, despliega en el relato cuestiones que
hacen al sacudimiento establecido en su propia subjetividad. Una multitud de
fantasmas convergen en una compleja encrucijada en la que los síntomas del
cimbronazo endógeno se entrelazan a miedos, ilusiones y fantasías. Las
representaciones construidas irán impregnando el proceso menopáusico de una
trama de vivencias persecutorias, denigrantes y frustrantes, que no la dejarán
disfrutar de otros logros que la vida también le propone. Calor y rubor que
cimbran a Antonella, los que, vivenciados como "vergüenza"
encubren aspectos más infantiles de sí.
La "descascarada"
imagen que el espejo devuelve de Antonella hiere profundamente su narcisismo.
Terrorífica representación mental que la hace sentir desvalorizada, que nada
sirve, que ella misma no sirve y que realimenta conflictos con su femineidad y
su identidad. Sexualidad amenazada por un ultrajado sentimiento de femineidad,
que no le permite sentirse ni atractiva ni deseable, que favoreciendo su
angustia y disminución del deseo.
Temor de
Antonella a la pérdida de amor, que en última instancia la aproxima a un tema
más arcaico de su sexualidad femenina, desde un lenguaje del deseo inconciente
en relación a las figuras edípicas de su mundo imaginario, que definen su
posición como sujeto psíquico.
Antonella
debiera poder establecer lugares de pregunta en relación a sí; pero no en un
estilo autorreferencial, preocupada solamente por su cuerpo, sino creando una
conciencia reflexiva de sí, con una tendencia hacia el afuera, que abarque un
compromiso también con sus vínculos inmediatos y con la sociedad.
Resulta de
capital importancia para enfrentar el acto médico, que con la ayuda de un
psicoanalista avezado, de forma individual o grupal, la mujer realice un
trabajo de elaboración psíquica
(16), que le permita:
Adquirir conciencia de la etapa que atraviesa.
Actualizar imagen corporal y representación de sí.
Resolver sus aspectos de exigencia y de desvalorización.
Madurar en nuevos ideales e intereses.
Cursar una tarea de duelo, en un tiempo de renuncias.
Reflexionar sobre su sexualidad femenina.
Interrogarse sobre enigmas que la vida propone: diferencia
de sexos y finitud de la existencia.
Más allá de
la universal modificación hormonal, la experiencia subjetiva del climaterio
será única e irrepetible para cada caso. (20)
Dice G. Bar
de Jones:
"Los grandes valores humanos, el amor en sus distintas
manifestaciones, la amistad, la solidaridad, la ética, la creatividad y sus
formas de expresión en la cultura pueden volverse más accesibles –para aquellos
que no los mamaron– gracias al psicoanálisis". (1)
Todo lo cual
permitirá acceder a un nivel más simbólico del bio-proceso que la mujer cursa
en esta etapa de la vida.
CONSIDERACIONES
FINALES
Sin duda, constituye un arte inteligente lograr
Que en el acto médico, se vayan engarzando planos de
coincidencia entre:
La demanda del paciente.
El ofrecimiento del médico.
Lo que el paciente está dispuesto a recibir.
Lo que al paciente le conviene recibir.
Que la medicina ofrezca su generoso aporte tecno-científico
inmerso en la trama de un proceso comunicacional entre médico y paciente,
paradigma de una relación Sujeto-Sujeto.
Que
la mirada médica sea capaz de deslizarse desde el hecho biológico del cuerpo
"enfermo", al acontecimiento subjetivo del padecer de ese paciente,
en una armoniosa integración de lecturas, que también contemple la dimensión
cultural en sus aspectos político-socio-económico.
Que
el psicoanálisis (que nos habla de la existencia de ciertas fuerzas
psíquico-pulsionales capaces de dirigir tanto el lenguaje del cuerpo como las
conductas humanas) haga su aporte, abriendo el discurso del paciente en
relación a la existencia de exclusivas fantasías, que aproximan a una
comprensión más profunda del padecer del mismo.
Que
el médico pueda plantearse interrogantes, reconocer limitaciones y establecer
diagnósticos más abarcativos, en coherentes marcos interdisciplinarios, lo que
orientaría mejor en los límites éticos de la consulta.
Terminaré
con palabras de Sigmund Freud (9), quien ya hace un siglo, en 1887, seguramente
ya intuyó el perfil de la ética de la cual hoy hablamos, cuando refirió: "Ser
médico, en vez de especialista; aplicar todos los recursos semiológicos y
abordar al paciente en su totalidad. He aquí por cierto, el único método que
promete reales satisfacciones y éxitos materiales".
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