Por
El Dr. Carlos O. Petrini MD
Hace muchos años, quizás fuera en aquel en que murió Gardel, yo era un adolescente estudiante del bachillerato en mi recordada Ciudad de Bragado (Pcia de Buenos Aires): aquella a la que su vate "Enrique P. Maroni" le cantó:
"Bragado de mis amores. El de las chicas bonitas. El de las plazas chiquitas. Llenas de novias y flores".
Un grupo de amigos, de "mas de dieciocho" decidieron que los más chicos de la "barra" teníamos que conocer el prostíbulo. Por aquel entonces, en todos los pueblos existían "casas de tolerancia", vulgarmente llamados quilombos, hoy palabra tan en boca de nuestros jóvenes para expresar tantas cosas!. Se ubicaban en las afueras de la zona poblada y reconozcámoslo eran muy visitadas por la población masculina. Para mí, hasta entonces, eran un tabú de aquellos!.
Elegimos la hora de la siesta, porque había poca o ninguna vigilancia y hacia allá fuimos. Recuerdo todavía la emoción y la mezcla de temor y curiosidad por la transgresión de poder ingresar a ese misterioso mundo de los mayores, y a ese aún más misterioso y distorsionado mundo del sexo. Todo fé muy rápido y simple, pues la intención era nada mas que conociéramos de adentro esa casa que para "mi" imaginación de adolescente era todo un misterio.
En mi menoria quedaron marcadas estas imágenes: Un gran salón, lleno de espejos, con una decoración de colorinches de terrible mal gusto, un piano (pianola, que funcionaban automaticamente al introducir una moneda), una ventanilla de cobro, y una seria de sofaes donde descansaban displicentemente un grupo de mujeres, las famosas prostitutas, iguales a las que después de mucho tiempo encontré plasmadas en las telas de Tolousse-Loutrec. Eran tan iguales a todas las mujeres que yo conocía, que no podía creer que mi febril imaginación las hubieran distorsionado tanto.
Allí me enteré como era el modus operandi: El cliente elegía una de las mujeres que estaban expuestas. Previamente había adquirido una ficha (un pequeño disco de latón al que llamaban "la lata") en el esccritorio donde estaba "la madama", y luego se dirigía con la elegida hacia las habitaciones interiores, donde supuestamente tenía lugar el encuentro sexual. En ese momento debía entregarle la correspondiente "lata" a la mujer. Esta las coleccionaba para luego, semanalmente presentarlas al cobro a la Madama, la que logicamente se quedaba con una muy buena parte del valor asignado a las mismas.
Todo quedó así, pues la intención como dije era nada mas que lograr que el grupo de los mas chicos conociera cómo era "eso". Hoy hago memoria de estos recuerdos de la infancia por un sueño que tuve. En él se me representaron las Obras Sociales y demás Financiadores de la Medicina como la Madama del recuerdo; las "latas" similares al bono que juntamos y periódicamente (previa fila) intentamos cobrar ya depreciado. Y también porqué no, en el mismo ensueño onírico se me representó alguna mala Clínica que intermedia entre nosotros y los Entes, como si fuera "el fiolo (El chulo) que inicuamente explota a la pobre prostituta. Humildemente pido perdón a los que no tienen representaciones oníricas.
Dr. Carlos O. Petrini MD
Protesorero del Círculo Médico de Morón, Hurlingham e Ituzaingo.
Buenos Aires, Argentina
(R) CLINICA VIRTUAL GINECOLOGICA, Buenos Aires (Argentina)