Buenos Aires, Argentina
LA SEXUALIDAD DE LA MUJER EN LA EPOCA DEL "VIAGRA"
Por
el Dr. Carlos Alberto Porta
El
hombre encendió la luz de cabecera, y con un suspiro enmohecido y ahogado tomó la decisión...
- Mañana la compro !- dijo acariciando alternadamente la receta de Sildenafil y los muslos desgastados de la esposa yacente a su lado, en medio del sueño desvastador producto del "anochecer de un día agitado"...
Su urólogo se había doblegado pacientemente ante sus requerimientos para conseguir la ansiada receta. Al apagar el velador de su mesita de luz, volvieron a su memoria los momentos difíciles en que debió dar explicaciones sobre su disfunción eréctil, lo suficientemente valederas como para que el médico le tendiera la receta salvadora.
Como un torbellino circulaban por su mente todos los esfuerzos realizados anteriormente, los fracasos cosechados, la tremenda indulgencia conyugal que lejos de ayudar castigaba sin lástima sus recónditas fibras machistas... en fín, que el momento había llegado y ya se había transpuesto el punto de "no retorno".
También el urólogo le había machacado el cerebro con la lectura prolija de todos los "warnings" que existían en el prospecto, como si tratara de encontrar el justificativo necesario para suspender la medicación.
- Claro ! Lo que ocurre es que se trata de un producto recién salido, con poca experiencia en manos de los médicos. Al menos en Argentina !- Masculló en silencio mientras se introducía lentamente en la cama tratando de no tocar con los pies helados las no menos heladas rodillas de su esposa.
- Yo no tomo nitritos, y el único nitrato que uso es el "nitrato de hacerlo"! - Rezongó triunfante como despedida asociada al besito comprometido de las buenas noches.
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Entró a la farmacia con timidez, pero a medida que miraba a los demas parroquianos del lugar, se fortalecía su ego mientras pensaba que él estaba menos canoso que don Ismael; y que a pesar de que él era mayor, estaba mucho mas erguido que Bartolomé, su vecino. La voz del despachante lo sacó de su ensimismamiento:
- Sin receta no le puedo vender el Sildenafil- Le espetó el empleado de la farmacia con palabras impersonales y no involucradas mas allá de su profesionalismo.
- Acá está !- Exclamó el hombre blandiendo la receta y la hoja de indicaciones como exhibiendo un envido de 33 de mano en la partida de "TRUCO" mas reñida de su vida.
- Cuántas quiere? - Siguió atormentándolo el despachante.
- Deme dos...- Respondió automáticamente el hombre, hasta que su cerebro recuperó la vitalidad y tomó conciencia de que estaba actuando como cuando compró su primer cigarrillo a escondidas de sus padres.
El "deja vu" inconcluso lo dejó de vuelta en su casa, listo para el almuerzo. Pero faltaba lo de siempre.
- Te miraste al espejo? Decime una cosa; no tenés zapatos para ponerte que salís a comprar cosas en pantuflas? Me vas a matar a disgustos ! - Exclamó una esposa en deshabille que blandía una espumadera amenazante.
- (No está el horno para bollos!; mejor lo dejo para esta noche)- Pensó rapidamente el hombre, abandonando la idea de reeditar las siestas eróticas de sus mocedades.
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La siesta lo dejó al borde de la cama con una saliva espesa y un reflujo gastroesofágico mayor que lo ordinario. Al levantarse tropezó con los tacos de 7 cm que la mucama había quitado para limpiar debajo de la cama, y jurando venganza contra la fámula comenzó el diseño experimental de una noche de amor.
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La cena preparada con esmero por la esposa mientras él hacía que leía la revista de su club de futbol, le cayó pesada y debió caminar por la casa y la vereda hasta que pudo respirar mejor. Le dolía la cabeza enormemente, a pesar de que no había tomado vino. Un ensordecedor eructo trajo a la esposa la realidad de un marido con una dispepsia mayor que la de todos los días. Era hora de declarar las reglas del juego.
- Negra... el Doctor Moreira me recetó el Viagra...- Dijo timidamente el hombre, como abrazado a los recuerdos.
- Hay, José... Yo no sé por qué no te serenás un poco... Estás seguro que no es de peligro? - Preguntó la esposa como dejando en claro que sería mejor evitarlo.
El hombre tomó la pastilla. Su pié derecho tropezó con la rodilla gélida de su esposa. Se acercó despacito. El hombre sabía lo que venía encima de la rodilla. La mujer también. Cuando los besos y caricias produjeron su efecto, la mujer recién reparó en las bromas que se hacían las amigas cuando se contaban que desde la menopausia, y la próstata de los respectivos maridos, ellas estaban oxidadas y con telas de araña. Al fin y al cabo, su ginecólogo no le había dicho nada sobre maridos tomando Viagra, ni si estaba en condiciones de hacerlo!
Ya era tarde. Con una mirada maliciosa, con la lascivia brotando por sus poros, y con todos sus órganos erguidos a mansalva, el hombre ya estaba dirigiendo las acciones bélicas sobre el tablero del teatro de operaciones.
El hombre no se había olvidado de nada. Había aprendido muy bien todas las cosas de juventud y adultez, y ahora lo quería reeditar. Para algo había pagado la bendita pastilla. Con mirada extraviada y ojos enrojecidos, decidió sumergirse en la vorágine reseca de su amor de toda la vida
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Las luces azules intermitentes de la ambulancia de "Mediciencia" penetraban por la ventana del dormitorio. La cefalea del hombre se transformó en algo desmesuradamente insoportable. El esfuerzo físico realizado, y la disnea obtenida, asustó a la esposa, quien con infinito cariño y susto olvidó sus dolores pelvianos para dedicarse a atenderlo y llamar al servicio médico.
Crisis hipertensiva, le dijeron.
Otras palabras se transformaron en el eco de una pared que hablaba de "rales crepitantes", "fue un aviso", "a quien se le ocurre! ", "no se por qué quieren hacer cosas de pendejos", "... y fue despues de comer !... vio?", y muchas mas.
Pero el susto no la amilanó. Debía estar fuerte para mañana, porque además de atender al hombre, se le vendría encima la cistitis, la uretrotrigonitis, las ragadíes perineales, el flujo sanguinolento que ya estaba apareciendo, y el recuerdo de la tozudez del hombre que insistía en querer hacerlo "de aquella forma" y en "aquella posición" a pesar de los lamentos femeninos.
- Si por lo menos hubiera tenido esa emulsión "Coitex"... la que usa Florencia ! - Se lamentaba la mujer con disimulo, mientras le llevaba agua de orejones al hombre.
- No me dió tiempo de nada! - Se preguntaba en silencio - Cuántas pastillas le quedarán? . La que me espera!
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El tiempo pasó; se cerraron las heridas; curaron las cicatrices del cuello para arriba y del cuello para abajo... y la mujer se continuó preguntando porqué no le habrían explicado a ella que la sexualidad de la postmenopausia alejada luego de tanto tiempo, requería una preparación y una educación de normas tendientes a evitar el deterioro de su experiencia personal.
Y como todo en esta vida, gracias a las indicaciones del médico la mujer pudo comenzar una nueva vida junto a un hombre que pretendía ejercer sus derechos a mejorar la calidad de una vida que tendría dos épocas: antes del Viagra y después del Viagra.
El estriol, la estrona, los emolientes, los lubricantes, las posiciones coitales que el médico le recomendó y/o le prohibió, las vitaminas, las cremas vaginales, en fín, todo eso, le devolvió a la mujer el recuerdo de épocas pasadas, donde la dedicación hacia su persona daban sus frutos. El ginecólogo se desvivió explicándole que a la atrofia vaginal lógica de la menopausia se agrega la atrofia por desuso, y que entre las dos pueden hacer estragos en una mujer.
Y junto con el recuerdo llegaron tambien los resultados, las sonrisas, el saberse deseada y agradada, y la vecindad del hombre que sigue tomando Viagra pero que se hizo un Holter, una ergometría y unas radiografías para saber si estaba en condiciones de seguirle la corriente al Viagra. Porque el Cardiólogo le explicó, que el peligro no es tanto la acción de la pastilla, sino lo que viene después, cuando se apagan las luces, y el hombre quiere aprovechar lo que ha logrado después de tantos esfuerzos.
El urólogo se asustó un poco cuando le contaron. Con chispitas de malicia en la mirada recordó:
- Era verdad ese aforismo popular latinoamericano que dice: "a pico parao no hay poto cagao" !- Y para sus adentros pensaba - (Por qué me habré dejado convencer!)
Y luego, con paciencia infinita y delicadeza sin horario, se dedicó a hacerle entender al hombre que no es cuestión de que porque la pastilla está pagada y la erección lograda, hay que aprovecharla como cuando éramos jóvenes, en medio de un torbellino imposible de contener.
Fueron felices. No comieron perdices... pero comieron juntos del plato del amor y de la sexualidad sin tapujos, en medio del reencuentro amoroso y del diálogo sin fronteras. Pero además, comprendieron que la sexualidad en épocas del Viagra, incluye también a la mujer, la cual debe ser preparada convenientemente para evitar deterioros que solamente logran que la sexualidad femenina decaiga ante el dolor, el temor, y el peligro.
El ginecólogo y el urólogo, acusaron el golpe, y a los consejos "de amigo" agregaron el diseño de un protocolo para "las parejas del Viagra", con el cual establecer criterios de admisión y de exclusión que permitieron muchas horas de felicidad sin el temor de la luz azul parpadeando en la puerta de las casas.
Y como corolario de este ensayo médico-cyber-literario, surge la necesidad del diálogo, de la precaución prescriptiva y del análisis minucioso ante el requerimiento del fármaco, sea cual fuere, como medida destinada no solamente a mejorar la calidad de vida, sino a inculcar un accionar criterioso en los actos de los pacientes que se asoman al siglo XXI a caballo de la tercera edad.
Los tiempos nos ayudan. No dejemos que nos perjudiquen. Pensemos, eduquemos, enseñemos...
No dejemos que se nos polaricen las ideas. Sentémonos un ratito del otro lado del escritorio y hagamos el role-playing que nos demostrará hasta donde nos meten las ideas en nuestras cabezas sin que tengamos tiempo de razonar.
Y pensemos que lo que está escrito en los "warnings" se refiere a la acción del fármaco, y persigue solamente una función de protección legal. Lo otro, lo que no está en los "warnings", EL SENTIDO COMUN, es de fabricación casera, corre por cuenta de quien lo dice, y lo peor aún... tambien responsabiliza por omisión al que no lo dice.
Y finalmente, rindamos un sentido homenaje a quienes de una forma u otra, luchan por conseguir algo mas que mejorar una simple respuesta sexual inadecuada.
Para ellos; para quienes buscan sinceramente mejorar un acto de amor...
Para ellos está dedicado este cyber-ensayo médico-literario.
1997 CLINICA VIRTUAL
GINECOLOGICA, Buenos Aires (Argentina)