Historia del Submarinismo

por el Sr. Daniel Prieto

 

La primera referencia sobre una inmersión se relaciona con Alejandro Magno, de quien se decía, tenía una campana de cristal con la que podía observar el fondo marino. Por descontado, no se puede considerar este hecho como un paso en el desarrollo del submarino, sin embargo, nos demuestra que la inquietud del hombre sobre los misterios del mar se remonta muy atrás en el tiempo.

Casi dos siglos después, el genial inventor, escultor y artista Leonardo Da Vinci hizo varios bocetos sobre distintas maquinas, entre ellas, una nave para viajar bajo el agua. Probablemente sus bocetos superaban las posibilidades de su época y no llegasen a realizarse.

Un siglo después, concretamente en 1578, aparece un libro llamado “Inventions and Devices” del ingles Willian Bourne, en el que se describe con detalle un artilugio con capacidad para la inmersión. Su diseño, completamente estanco, tenia la capacidad de desplazarse bajo la superficie utilizando remos como medio de propulsión. Para sumergirse utilizaba unos tornillos que hacían disminuir el volumen de la nave, haciendo que esta se encogiese o se agrandase a voluntad del tripulante. Teóricamente a menor volumen menor flotabilidad. No se tiene constancia de que Bourne llegase a realizar su  idea, ni tampoco del fin que perseguía.

En 1605, se lanzó al agua un aparato similar que tuvo muy poco éxito. Sus diseñadores abandonaron el proyecto cuando la nave terminó en el fondo del río durante su primera prueba.

El primer prototipo que lograría un cierto éxito, llegaría de la mano de un físico residente en Inglaterra, Cornelius Van Drebel. Él diseñó un bote de remos cubierto con cuero, propulsado mediante remos que sobresalían de la nave a través de unas piezas de cuero flexibles. Se dice que basó su diseño en los bocetos de Da Vinci.

En 1620 demostró el funcionamiento de su submarino en una serie de viajes por el río Támesis. Unos tubos se mantenían sobre la superficie gracias a flotadores y permitían un tiempo de inmersión de varias horas. Según las crónicas de la época, su nave transportó a doce remeros y varios pasajeros. Entre ellos, el Rey Jaime I, quien subió a su navío para demostrar su seguridad. En cuanto a la inmersión se realizaba a golpe de remo, lo cual resultaba agotador.

Drebel construyó otros modelos aun más grandes. Aunque basados en los mismos principios, sus inventos no despertaron interés en la armada británica. Eran épocas en las que la guerra submarina estaba aun muy lejos.

Una idea sobre el mecanismo de inmersión surgió en 1680 de la mano del inventor Giovanni Borelli. Borelli recurrió al aumento o la disminución del peso para la maniobra.

Su diseño, tomaría agua del fondo de la nave con la que llenaría unas bolsas de piel, consiguiendo así una flotabilidad negativa. Posteriormente, recurriendo a unas presillas, ejercería presión sobre las bolsas para expeler el agua y así recuperar la flotabilidad. Su diseño no pasó del plano, pero esta idea con posteriores modificaciones, constituye la base de lo que hoy conocemos como tanques de lastre y se utiliza en todos los submarinos actuales.

La siguiente reseña histórica nos lleva a 1773 a Plymouth. Un carpintero de barcos llamado Day, utilizando un novedoso sistema de inmersión, desarrolló un aparato que utilizaba lastres desechables. Su idea terminó en desastre. Durante su segunda inmersión, el casco implosionó a 40 metros de profundidad. Lord Sandwich, primer Lord del almirantazgo, ordenó lo que sería la primera operación de rescate submarina de la historia, por supuesto infructuosa.

En 1776, vería la luz el primer submarino diseñado para el combate. En Norteamérica el bloqueo naval británico oprimía al ejercito de colonos que no disponía de una flota capaz de hacerles frente. Ante esta desigual situación una idea y un diseño surgirían de la mente de un graduado de Yale llamado David Bushell. Su idea, una nave capaz de realizar ataques furtivos desde debajo del agua. Su diseño, una especie de barril con capacidad para un solo tripulante.

Sus características hacen afirmar a muchos entendidos e historiadores que se trata del primer submarino. El Tortuga, fue bautizado así por su forma similar a dos caparazones de tortuga unidos entre sí. Aunque fue destruido por los colonos cuando los ingleses tomaron Manhatan, Bushnell nos ha dejado en una carta de 1787 dirigida a Thomas Jefferson una explicación muy detallada de su diseño. Su mecanismo de inmersión utilizaba tanques de lastre colocados en el fondo que podían vaciarse por medio de unos pedales. Disponía de unos tubos por los que entraba el aire, estos conductos tenían un dispositivo mediante el cual, al sumergirse, quedaban herméticamente cerrados impidiendo la entrada del agua, esto hacia que el periodo máximo de inmersión fuese limitado por el aire disponible en la cabina. Se calcula una media hora aproximadamente. Una de sus características mas destacadas fue su propulsión. Lo que Bushnell llamaba “remo rotatorio”, era lo que hoy conocemos como hélice, se dice que fue la primera vez que se utilizó. Esta hélice era manejada manualmente por el tripulante, lo cual debía resultar agotador. En un espacio tan reducido, con el esfuerzo físico que debía realizar además de carecer de aire fresco, el interior del Tortuga no debía ser un lugar muy acogedor.

Bushell pensó en un taladro como medio para adherir al buque enemigo una carga de pólvora que se activaría pasado un tiempo. La persona elegida para realizar la primera misión del tortuga fue un voluntario del ejercito el sargento Erza Lee.

 La fecha 7 de septiembre de 1776 y su objetivo el buque de guerra británico de 64 cañones HMS Eagle anclado en Nueva York. El sargento lee se aproximó al objetivo y se coloco bajo su quilla. Una vez en posición, trató de penetrar el casco con el taladro, pero no lo consiguió. Con su reserva de aire agotándose y extenuado por el esfuerzo, se vio obligado a soltar el explosivo y retirarse. Durante mucho tiempo se pensó que no pudo penetrar el casco debido a que este tenía un recubrimiento metálico, ya que muchos  barcos utilizaban estos recubrimientos consiguiendo mejoras en cuanto a su velocidad. Posteriores investigaciones demuestran que el HMS Eagle carecía de ese recubrimiento, lo que induce a pensar que pudo topar con una lámina de metal del timón, o quizás, estaba demasiado cansado para poder realizar la operación. A pesar de no tener éxito, la carga  explosionó pasado el tiempo determinado, lo que obligo a los ingleses a reforzar la vigilancia y alejar sus barcos. El tortuga realizó otros intentos, pero el clima o las corrientes los convirtieron en fracasos.

 

En 1800 otro americano, Robert Fulton, botó su submarino el Nautilus. Obtuvo la financiación de los franceses y realizó pruebas de inmersión en el rió Sena antes de su demostración en Ruan. Con Fulton entre sus tres tripulantes, se sumergió a una profundidad de 8m y hundió un pequeño barco con una carga explosiva. Los franceses no quedaron satisfechos y tampoco convenció a los ingleses cuando trato de venderles su invento.

Mas tarde, Fulton aplicaría su ingenio a otro proyecto que sí le daría el éxito deseado, el barco de vapor. Aunque el Nautilus no convenció a nadie, tenia en su diseño novedades muy importantes, como timones horizontales, dos propulsiones distintas para superficie e inmersión (para la primera utilizaba una vela que se plegaba y en inmersión se propulsaba gracias a una hélice manual) y por ultimo, la utilización de botellas de aire comprimido para permitir a los tripulantes respirar durante cinco horas. También fue el primero construido en metal.

La historia se repitió una vez mas cuando en 1850, en la guerra entre Prusia y Dinamarca, un artillero alemán llamado Whilhelm Bauer tuvo la misma salida al problema de un bloqueo naval, el submarino. Los daneses bloqueaban el puerto de Kiel y Bauer construyó el Brandtauchen, un sumergible de metal de forma rectangular que se propulsaba gracias a una hélice movida por una gran rueda en el interior de la nave. Su primera inmersión a finales del mismo año tubo éxito y obligó a los daneses a retirar el bloqueo.

Un mes mas tarde, la euforia de Bauer terminaría en el fondo a 60 metros de profundidad. Bauer tubo la sangre fría necesaria para convencer a los dos marineros que le acompañaban, e inundó el submarino, permitiendo la apertura de la escotilla. Cinco horas después del naufragio, aparecieron flotando en la superficie. En ese instante se convirtieron en los primeros en escapar de un submarino hundido. Bauer siguió construyendo e inventando nuevos navíos. En 1855, diseñó el Seeteufel, en el que transportó varios músicos a Kronstaldt para tocar el himno nacional durante la coronación del zar Alejandro II. Tras la segunda guerra mundial como homenaje a este inventor, se le dio su nombre, al por aquel entonces más moderno submarino de la armada alemana, un tipo XXI modificado y mejorado.

A finales del siglo XIX, muchos inventores pusieron sus talentos en el mismo objetivo. La carrera aumentaba su ritmo y los competidores hacían grandes avances. En España, un político e inventor Narciso Monturiol, botó en 1858 su primer prototipo para la

navegación submarina, se trataba del Ictíneo. Su nave media 7 metros de eslora y su tripulación la componían 6 hombres. Monturiol no pensaba en la capacidad bélica de su invento y el objetivo de su construcción era la pesca del coral y la recuperación de restos de naufragios.

Efectuó pruebas en Barcelona y Alicante que resultaron exitosas, sin embargo, la financiación prometida por el gobierno no llegaría nunca. Monturiol recurrió a otros tipos de financiación, gracias a una suscripción popular consiguió botar su segundo prototipo el Ictíneo II. Este proyecto incluía una innovación asombrosa. Por primera vez se construyó un submarino con propulsión no manual.

Su ingenio, utilizaba una máquina de vapor alimentada con carbón en la superficie y con una mezcla especial de clorato potásico, cinc y dióxido de magnesio durante la inmersión. Esta mezcla especial liberaba oxigeno durante su combustión que los tripulantes aprovecharían. En 1867, realizó la primera salida con esta propulsión y efectuó trece inmersiones a una profundidad de 30 metros y hasta 7 horas de duración. Increíblemente, la falta de apoyo del gobierno continuó, pareciendo no darse cuenta de sus posibilidades militares. Tristemente un año mas tarde, la falta de medios impidió que el proyecto continuase y su nave fue embargada y vendida como chatarra. Tras su muerte se publicó en 1891 su obra “Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua”.

 

Al otro lado del Atlántico, en 1864, en plena guerra civil americana, acontecería un hecho que despejaría las dudas de la posibilidad de un ataque submarino. Otra vez se repetiría la historia, un bloqueo naval y un intento desesperado para romperlo. Los estados de la unión bloqueaban el puerto de Charleston y la idea del ataque submarino apareció de la mano de un latifundista confederado llamado Horace L. Hunley. Hunley utilizó una gran caldera de vapor que transformó en un sumergible. Tenia 13 metros de eslora y algo mas de un metro de diámetro.

Su interior estaba atravesado de proa a popa por un gran cigüeñal que ocho hombres a modo de pistones harían girar para propulsar al submarino a una velocidad de 4 nudos. Se sumergía embarcando agua en sus tanques y disponía de timones de profundidad y dirección. No tenía ningún medio para regenerar el aire en la cabina, lo que limitaba el tiempo de inmersión. En un principio, su táctica de ataque sería pasar por debajo del objetivo llevando a remolque una carga explosiva que permanecía flotando en la superficie y que chocaría contra el casco del enemigo. Mas tarde, se sustituyó por un “torpedo pértiga”. Este consistía en un poste de madera con una carga explosiva en la punta que a modo de arpón se ensartaría en el objetivo chocando contra él.

Sus pruebas fueron desastrosas, naufragó en cinco ocasiones llevándose la vida de sus tripulantes, incluido el propio Hunley. La situación desesperada de los confederados, su tenacidad y su convicción en el potencial del arma hizo que estos no cejasen en su empeño. Reflotaron el submarino, lo llamaron CSS HUNLEY, buscaron nuevos voluntarios y encargaron al teniente George Dixon que continuase con los planes. El 17 de febrero, Dixon realizó un ataque contra el barco USS Housatonic que pasaría a la historia como el primer navío de guerra hundido por un submarino. Sin embargo la victoria no fue completa ya que el Hunley desapareció con su presa. Durante 131 años se pensó que la explosión lo había destruido. Recientemente, en 1995, se localizaron sus restos y se ha podido saber que no fue así. En la actualidad existen planes de reflotarlo para su restauración y exposición al público.

Posteriormente, con la ayuda de un millonario, realizó otros tres prototipos que armados con un tubo lanzatorpedos consiguió vender a Turquía y Grecia, quienes tenían dificultades para encontrar a alguien que sirviese en ellos. Su cuarto diseño, se iba a vender a Rusia, pero se hundió cuando lo trasladaban a Kronstadt y los rusos lo rechazaron Al mismo en tiempo que Garrett luchaba por mejorar su invento, otro competidor, Jhon P. Holland, realizó varios prototipos empleando distintas propulsiones, vapor, petróleo etcétera ninguno de ellos resultó operativo.

De pronto, al otro lado del Atlántico un Teniente de Navío de la Armada española, reflexionando sobre la defensa de los puertos, comienza a diseñar un navío submarino. Isaac Peral era un experto en electricidad y se dio cuenta que ésta sería ideal como medio de propulsión. No producía calor como el vapor, ni era peligroso como el petróleo, además no consumía  oxígeno.

Las obras comenzaron en Cádiz, en el  arsenal de La Carraca el 23 de octubre de 1887, y fue votado el 8 de septiembre de 1888. Su diseño, bautizado como Peral, estaba construido en acero, y tenía forma de torpedo. Dos  hélices impulsaban al submarino por la acción de dos motores eléctricos de treinta caballos alimentados por 480 acumuladores y tenía una autonomía de 396 millas a 3 nudos. Su velocidad en superficie era de 10 nudos y 8 nudos en inmersión Armado con un tubo de torpedos, podía lanzar un total de tres. Fue este submarino el primero en el mundo en disparar un torpedo en inmersión 26 agosto 1889. 

Utilizaba unos tanques de lastre para sumergir casi por completo la nave y después accionaban eléctricamente dos hélices situadas en la quilla a proa y popa para sumergirlo por completo. Peral también  incorporó a su diseño un periscopio para ver y apuntar al enemigo sin salir a la superficie. Al periscopio Peral lo llamaba “anteojo marino”, este podía mediante un sofisticado sistema mostrar en la mesa de derrota la posición del enemigo. Estos y otros sistemas de los que disponía el submarino de Isaac le hacían estar muy por delante de su época y no serían igualados hasta mucho después. La presentación oficial llegó el 7 de junio de mil ochocientos noventa. Desde su botadura, Peral enfrentó muchos problemas como el robo de planos, el sabotaje y la envidia.

Se llegó a acusarle de despilfarrar los recursos públicos. Aún así, afrontó con éxito el protocolo de pruebas. A pesar de ello recibe un informe negativo del ministerio de marina que acaba por arruinar el proyecto al retirársele los fondos. Una vez más, España dejaba pasar el tren del progreso.

Su influencia en los siguientes inventos es innegable, ya que hasta la propulsión nuclear, y aún hoy, su idea de utilizar la electricidad se aplicó a todos los submarinos posteriores.

Resuelto el problema de la propulsión bajo el agua, sólo faltaba que alguien consiguiese el apoyo necesario para perfeccionar el invento. Y ese alguien sería John P Holland, quien en su Holland VI, reunió sus conocimientos y las ideas de Peral y muchos otros, consiguiendo que su nave fuese adquirida por la marina de los Estados Unidos. Diseñó un navío con motor gasolina para navegar en superficie y motores eléctricos para la inmersión. Además, podía recargar las baterías haciendo girar unas dinamos con la fuerza del motor de explosión. Al igual que el Tortuga, utilizaba tanques de lastre para la inmersión.

La adquisición de este por la U.S. Navy provocó que otros países empezasen a considerar la adquisición o el desarrollo de modelos similares para incluir a sus flotas.

Desde entonces y hasta hoy, se han continuado las mejoras sobre este invento y a medida que se descubren nuevas tecnologías se aplican en beneficio de sus capacidades. Prueba de ello fue la sustitución del peligroso motor de gasolina, por uno más fiable y de mayor autonomía, el motor diesel, que fue introducido por los alemanes en 1906.

Algunas naciones veían a los submarinos como embarcaciones subordinadas a la flota de superficie y sus misiones se limitaban a la protección de  puertos y zonas costeras, sin embargo, Alemania apostaría ya en la primera guerra mundial, por el submarino como una plataforma independiente creyendo en su tremendo poder destructivo. Como todas las teorías, habría que demostrarlo. Cuando el 22 de septiembre de 1914, el submarino U-9, al mando del capitán Otto Weddigen, hundió tres cruceros blindados de la armada británica en un mismo ataque, muchos conceptos cambiaron,incluido la misma naturaleza de la guerra.

Atrás quedarían los tiempos en los que los buques enarbolaban sus banderas y se preparaban para el enfrentamiento  La propia condición del submarino impedía este tipo de ataque. Su táctica se limitaba al ataque furtivo debido a sus limitaciones operativas. Su lucha se calificó de acto de piratería, de actuar cobardemente etcétera. Sin embargo, todas las naciones adoptaron para sí este tipo de navío. En dos guerras mundiales los alemanes llevaron el asalto submarino hasta límites que a punto estuvieron de hacer capitular a los británicos en otras tantas ocasiones. Sus ataques se centraron principalmente en los buques mercantes. Al igual que al asediar un castillo medieval, la imposibilidad de reabastecerse, obligaría al enemigo a rendirse. Las demostraciones de dos guerras mundiales, provocaron que toda marina que se precie tenga su flota de submarinos. Pero sin lugar a dudas, la llamada guerra fría fue la que aceleró aún más el desarrollo de estas naves. Al finalizar la segunda guerra mundial, americanos y rusos rivalizaban en la frenética carrera por el poder mundial, en 1945, rápidamente inspeccionaban y saqueaban todas las invenciones nazis, reclutaban a los ingenieros y científicos alemanes que por entonces estaban en la cabeza de muchas materias. Una de éstas, era la construcción

En una época de tensiones entre bloques, la amenaza de una guerra nuclear estaba latente. Ambos bandos alardeaban de su capacidad de lanzar mísiles intercontinentales de destrucción masiva. Los soviéticos disponían de mucha más cantidad que los americanos y la respuesta de estos últimos fue una tríada nuclear, que consistía en mísiles terrestres, bombarderos de largo alcance y submarinos balísticos.

Era lógico suponer que en un ataque preventivo los silos de mísiles y los aviones podían ser destruidos a un tiempo. Colocar estos mísiles donde nadie supiera su paradero era una solución ideal. Los americanos en 1960 colocaron en un submarino nuclear mísiles Poseidón con capacidad intercontinental y crearon el concepto de disuasión nuclear. Esto consistía en que si alguien atacaba primero, sabía que un solo submarino perdido en el océano podría devolver el ataque destruyéndole a él también. Desde ese momento todos se lo pensarían dos veces. Así el submarino pasó a la cabeza de la lista como el arma más poderosa construida por el hombre.

Son varias las naciones que cuentan con este tipo de potencial, y esperemos que jamás lo utilicen. En este último siglo los submarinos han patrullado en todos los mares del mundo. Sus misiones se han mantenido envueltas en misterio y sus últimos modelos constituyen las máquinas militares más complejas jamás construidas. Todo esto unido a los actuales proyectos de construcción existentes en muchos países indican que su presencia está asegurada en las marinas del futuro.

 

SSN, SSGN Y SSBN SUBMARINOS NUCLEARES

Tras dos guerras mundiales y numerosas demostraciones, los submarinos se habían ganado una reputación como cazadores. Pero sus limitaciones de velocidad y tiempo de inmersión impedían que se convirtiesen en auténticos depredadores.

Afanosamente se buscaba una propulsión que permitiese al submarino permanecer sumergido indefinidamente y le diese una autonomía mayor.

Los ingleses encaminaron sus pasos en la dirección que había marcado el profesor Walter con su turbina de gas. Construyeron dos submarinos con dicha propulsión, el HMS Excalibur y el HMS Explorer, que consiguieron records de velocidad bajo el agua superando los 27 nudos, pero unas prestaciones limitadas y un coste excesivo impidieron el desarrollo del sistema.

La energía nuclear despertó el interés de la marina americana, quien rápidamente pensó en ella como el método de propulsión ideal para submarinos. Las investigaciones del reactor submarino comenzaron en 1948 de la mano del capitán Hyman G. Rickover.

La construcción del primer prototipo se aprobó en diciembre de 1951 y se botó el 21 de enero de 1954. Fue bautizado “Nautilus” y constituyó un avance tan grande que se le llego a denominar el primer submarino verdadero. En las pruebas que se realizaron, los expertos quedaron asombrados con el submarino.

Con un pequeño núcleo de uranio estos submarinos pueden navegar durante años sin repostar y pueden hacerlo a velocidad máxima, solo limitados por la cantidad de comida que logren almacenar y la resistencia de sus tripulaciones, ya que son capaces de generar toda el agua y el oxígeno que precisen.

 

En una época de constante pulso entre las dos superpotencias, los rusos no quisieron quedarse atrás y emprendieron sus trabajos en el reactor nuclear en 1952 de la mano de V.M.Peregudov y N.A.Dollezhal. Su diseño entró en servicio con el nombre K3,  pero posteriormente se cambió por Leninskii Komsomol. Este submarino y los de su clase fueron conocidos en occidente como la clase Noviembre.

En 1958 los americanos estaban dispuestos a mostrar al mundo el poderío de su nuevo submarino y nada mejor que un viaje que nadie hubiese realizado jamás.  Su viaje por debajo del Polo Norte pasaría a los libros de historia como un gran logro y los rusos dieron su replica en 1962. Lo mismo sucedió con la vuelta al mundo en 1960 por el submarino

 

americano Triton y su replica en 1963 por parte del K 113. Todas esas proezas y las características que podían desarrollar, hicieron q en el  mas poderoso, haciendo que los americanos desechasen para siempre la construcción de submarinos diesel, sin embargo, los soviéticos nunca dejaron de hacerlo.

La idea de colocar mísiles en submarinos surge a finales de la Segunda Guerra Mundial, de la mano de los alemanes quienes tenían planes de remolcar con un submarino lanchas sumergibles, que se convertirían en plataformas de lanzamiento una vez alcanzado el perímetro de alcance del misil, lanzando así un devastador ataque sin posibilidad de reacción por parte del enemigo. Los soviéticos emplearon esta idea y vieron en el submarino nuclear una plataforma perfecta para colocar en ella misiles de largo alcance.

Así nació una nueva clasificación los SSGN. Los americanos no siguieron este patrón y dedicaron sus energías en el diseño de un misil intercontinental capaz de ser instalado en un submarino nuclear y así disponer de silos lanzamisiles móviles y ocultos. Nació así una nueva clasificación los SSBN, que fueron construidos por las dos potencias y posteriormente por Franceses, Ingleses Y Chinos.

A diferencia de los submarinos SSN los SSBN deben evitar a toda costa la detección y el enfrentamiento con el enemigo, ya que si es detectado, su poder de disuasión desaparece.

Hoy día siguen construyéndose submarinos nucleares y mientras no se consigan características semejantes o superiores con otro tipo de propulsión, seguirán surcando los mares ostentando el titulo de soberanos del océano. Prueba de ello es que en los más prestigiosos libros de marina se sitúa a los submarinos nucleares por delante incluso de los portaaviones.