Huella
ítida, dibujada frente a mí, fresca aún en la arena, la huella del lento y pesado andar de una tortuga, hasta perderse en el mar. No me asombra -en principio-, descubrir por claros indicios que las huellas no se pierden en realidad en el mar, sino que, por el contrario, surgen del mar, para adentrarse extensamente en la arena blanca hasta confundirse con mi ancha, redonda sombra.
® Juan Romagnoli