Conductores
onsiderado el hecho objetiva e imparcialmente, se podría decir que la prioridad de paso la tenía el conductor de la coupé, quien venía por la derecha. Sin embargo, no cabe duda de que ambos vehículos ingresaron en la bocacalle a alta velocidad. No se alcanzaron a oír ruidos de frenadas ni quedaron huellas de neumáticos en el pavimento.
Prudente, alguien del tumulto de curiosos que se agolparon alrededor, indicó que nadie los moviera hasta que llegaran los paramédicos. Los comentarios generalizados subrayaban la locura de la gente, la falta de conciencia, el poco respeto por la vida ajena, la imprudencia al conducir...
Ya ubicados en sendas camillas, ambos conductores se miraron.
—Doblo la apuesta —dijo, desfalleciente, el de la coupé.
—Acepto —respondió, semiconsciente, el otro.
® Juan Romagnoli