Un joven de 20 años que estaba detenido en la comisaría 3ª de Avellaneda murió el martes a causa de una golpiza que le habrían dado policías de esa dependencia, minutos antes de trasladarlo a otra seccional junto con otros siete presos. Por el hecho, el subcomisario Rubén Gómez, el oficial inspector Marcelo Fiordomo y el sargento ayudante Julio Silva fueron puestos en disponibilidad preventiva y detenidos. Una alta fuente judicial afirmó a Página/12 que el motivo por el cual se los apresó fue el resultado de las pericias de la autopsia: Diego Adrián Gallardo murió por un traumatismo de cráneo efectuado “por un elemento rígido”; además tenía el estómago “destrozado” y “entre 40 y 50 equimosis” en distintas partes del cuerpo producidas por golpes de puño y palos, según la declaración de sus ex compañeros de celda, quienes presentan lesiones similares.
Todo comenzó el lunes al mediodía en la comisaría 3ª de Dock Sud
(Avellaneda), ubicada en Debenedetti al 1700. Durante una requisa se descubrió
un boquete en uno de los cuatro pabellones donde estaban ocho de los 44 presos
alojados en ese lugar. Advertido de esa irregularidad, el personal policial
desalojó ese sector, inició un sumario por tentativa de evasión y decidió el
traslado de los ocho involucrados a otras comisarías.
Cuando la situación estaba aparentemente controlada llegó el descontrol.
Mientras los detenidos estaban en el patio, se los hizo entrar de a poco para
que buscasen sus pertenencias. Una vez adentro se los trompeaba y golpeaba con
palos, según declararon las mismas personas en cautiverio. El grupo fue sacado
en móviles de la tercera, con la orden de trasladarlos a distintos sitios.
Junto a ellos viajó un informe médico que dio fe del buen estado de salud de
cada prisionero, pero los investigadores precisaron a este diario que “logró
determinarse que ese informe era trucho, ya que no se había revisado a
nadie”. Según se estableció, el papel fue firmado por un médico que “ni
siquiera pertenece a la jurisdicción de los tribunales de Lomas de Zamora, sino
a la de Morón”, señaló la misma fuente.
Diego Gallardo vivía en Villa Tranquila, Avellaneda. Había caído por “robo
con arma” en la comisaría primera, pero por la superpoblación de sus celdas
se lo trasladó a la tercera. El titular de la tercera, Damelio Alvarez, precisó
a Página/12 que el chico fue alojado en el pabellón “donde están los más
peligrosos, acusados de homicidio y robo calificado”. El comisario dijo que
“si algún policía cometió un delito tiene que ir preso y punto”, pero
también que “el chico salió caminando de aquí y llevando el bulto con sus
pertenencias y posteriormente se descompuso... Lo que quiero decir es que hay
una transición que desconozco, no sé lo que pasó durante el traslado, tampoco
conozco la autopsia. Lo único que sé es que hay tres policías presos y nadie
tiene elementos para decir que ese chico fue lesionado durante su estadía en
Dock Sud. Ahora, no sé lo que habrá pasado después”, dijo apuntando sobre
la comisaría primera.
La hipótesis de que Diego haya sido golpeado en su nuevo destino fue
desestimada por los investigadores, porque al llegar a la primera se comprobó
que no había entrado en contacto con otros detenidos porque la disposición era
ubicarlo en un sitio apartado. Además, los otros siete presos que habían
intentado fugarse presentaban lesiones del mismo tipo que las que terminaron con
la corta vida del joven, con lo cual puede afirmarse que todos estuvieron en un
mismo espacio cuando fueron golpeados.
La causa está caratulada como “homicidio calificado y severidades
reiteradas”. Interviene la fiscalía uno de Lomas de Zamora a cargo de Andrés
Devoto. Por disposición del juez de garantías Javier Maffucci Moore, los
implicados en la golpiza fueron reconocidos por los presos, pero otros agentes
también estarían involucrados. Pese a que los conoce desde hace un mes, el
comisario Alvarez calificó a sus ex subordinados como “buenos muchachos”.
“Hay cosas lamentables de una persona que uno desconoce –agregó–. Mis
directivas siempre fueron el buen trato tanto al público como a los presos. Pero, bueno, son cosas que pasan...”