| [ Home ] | [ Theosophia ] | [ Escatología ] | [ Budismo ] | [ Cuadernos de observaciones ] | [ Textos y recensiones ] | [ Música sacra ] | [ Sitios interesantes ] |
|
Crítica a los doce principios formulados por Christmas Humprey en la Buddhist Society de Londres. 1. Estos "Principios" van incluidos en el folleto Buddhism and the Buddist Movement To-Day publicado por la Buddhist Society de Londres.
2. El folleto en sí es de indudable utilidad informativa:
contiene una somera introducción sobre el Buda, su Enseñanza
la Orden budista, las dos principales escuelas históricas (Theravâda
y Mahâyâna - considerando al Vajrayâna como parte de
esta última), así como cortos extractos de textos budistas,
y secciones sobre "Concentración y meditación" y "El movimiento
budista hoy". Todo muy breve, y a título preliminar. Concluye con
los "Doce principios" que vamos a examinar, y los introduce de este modo:
"Estos Principios, redactados para uso de los budistas
de Occidente, han sido traducidas a diecisiete idiomas. En el Japón,
han sido aprobados por las diecisiete sectas principales; el difunto Venerable
Tai Hsü los aprobó en representación de millones de
budistas chinos; el Patriarca Supremo de Siam los aprobó previa
consulta con la Orden Budista; en Birmania y Ceilán han sido aprobados
por budistas seglares que ocupan posiciones de responsabilidad. Están
siendo adoptados por organizaciones budistas en varios países europeos
y en los Estados Unidos. Es posible que lleguen a constituir una plataforma
común para un budismo de alcance mundial".
3. ¿Qué duda cabe de que el esfuerzo por
realizar una plataforma común, aceptable para todos los budistas
del mundo, se inspira en un laudable deseo de plasmar, por encima de sectarismos,
el espíritu de universalidad que caracteriza el Buddha Damma, la
enseñanza del Buda? Desgraciadamente, los "Doce Principios" no consiguen
lo que se proponen ni son, en su forma actual, aptos para conseguirlo,
por alejarse en una aspecto fundamental -si no en más- de lo que
el Buda enseñó. Tanto es así que no sólo resultan
inaceptables, en este aspecto, para los budistas Theravâda, sino
que van aun más allá de lo admisible en el Mahâyâna
clásico.
4. Efectivamente, los "Principios" están lejos
de haber tenido la aceptación que se declara en el párrafo
introductorio, que acabamos de citar en nuestro párrafo 2, por lo
menos en lo que se refiere a los países Theravâda del Sudeste
asiático. A este respecto, el Venerable Nyânaponika Mahâthera,
de Kandy, Sri Lanka (reconocido en todo el mundo budista como uno de los
grandes jefes espirituales del Theraváda, gran maestro y propagador
de la Enseñanza -fundador de la benemérita Buddhist Publication
Society de Sri Lanka, y autor de la celebrada obra sobre meditación
Vipassanâ, "El corazón de la meditación budista", generalmente
reconocido como persona de espíritu abierto y mentalidad ecuménica
(su libro sobre la meditación, por ejemplo, incluye abundantes citas
de textos Mahâyâna), escribió en marzo de 1981, contestando
a mi consulta sobre esta cuestión:
5. "Los extremos que Vd. señala en los "Doce Principios"
de Christmas Humphreys" (que son los que vamos a ver enseguida) "y aun
otros más, son, desde luego, irreconciliables con el Dhamma, e incluso
el Mahâyâna clásico rechazaría algunos de ellos.
Los antiguos "14 Principios" de Olcott eran mucho mejores, aunque en realidad
no hay ninguna necesidad de formulas de esta clase. En todo caso, las pretendidas
aprobaciones de esos "Doce Principios" son más bien dudosas pueden
sólo haber ocurrido porque los que aprobaron el texto no comprendían
bien el lenguaje o no apreciaron el verdadero alcance de algunas de las
aseveraciones que se formula. Yo no puedo contarle más que lo que
sucedió en Ceilán: en una reunión pública,
unos cuantos ignorantes (que eran sólo budistas "organizacionales",
pero sin experiencia del pensamiento budista crítico) se dejaron
evidentemente impresionar por el ilustre budista de Occidente" (es decir
Christmas Humphreys) "y aceptaron ciegamente lo que él les proponía;
pero a ello siguió un rechazo categórico por parte de los
budistas bien informados. Me dicen que en Birmania sucedió algo
similar."
Hasta aquí el Ven. Nyânaponika. Añadamos
que, también en Occidente, y concretamente en la misma Inglaterra,
distan mucho de gozar de una aceptación general. Más particularmente,
no son reconocidos por la British Mahâbodhi Society, rama inglesa
de la Mahâbodhi Society de Calcuta que, fundada en 1881, es la más
antigua y prestigiosa de todas las asociaciones budistas modernas. La British
Mahâbodhi Society, fundada en 1926, es a su vez la más antigua
de todas las asociaciones budistas que existen actualmente en la Gran Bretaña,
y mantiene el principal centro budista en aquel país, el London
Buddhist Vihára, bajo la dirección del Venerable H. Saddhâtissa,
Sanghanâyaka Thera (Superior de la Orden Budista) para Gran Bretaña.
6. Después de estas indicaciones preliminares sobre
el verdadero grado de aceptación de que disfrutan los "Doce principios",
pasemos ahora a ver su aceptabilidad. Para lo cual empezaremos por situar
rápidamente el problema, y pasaremos luego (En el Apéndice
I) a examinar algunos pasajes del texto de los "Doce Principios". Resumiendo,
diremos que la dificultad principal es una que ha sido objeto de repetidas
polémicas entre Theravâda y Mahâyâna a lo largo
de la historia del budismo, y estriba en lo que se entiende concretamente
por Anatta.
7. Literalmente todos sabemos que Anatta significa "no-yo",
"no- entidad". Pero, ¿qué yo? ¿Qué entidad?
Es decir, ¿Cuál es, exactamente, esta entidad, este "yo",
o "personalidad", que el Buda afirma ser sólo una ilusión
sin realidad alguna?
8. A esta pregunta, el budismo primitivo, basándose
en las declaraciones del Bienaventurado según se conservan en los
más antiguos textos en lengua pali, contesta categóricamente
que no hay absolutamente NADA que se pueda considerar un ente en el sentido
filosófico de la palabra. Nada, en absoluto, es. Y esta afirmación
se aplica no sólo a todo lo que constituye el samsâra, es
decir los cinco agregados, sino también al nibbâna (nirvana).
La tantas veces citada, enfática afirmación del Buda no deja
lugar a duda:
Sabbe sankhâra aniccâ, sabbe sankhâra
dukkhâ, sabbe dhammâ anattâ. (Todo lo constituido es
impermanente, todo lo constituido entraña sufrimiento, todo es sin
entidad).
9. Es ésta una formulación fundamental,
y vale la pena detenerse un momento en ella. Obsérvese que dos de
las tres características de la existencia, la impermanencia (anicca)
y el sufrimiento (dukkha) se predican de los sankhârâ, los
agregados. Sankhârâ (derivado del verbo karoti: hacer), abarca
todo lo que, a cualquier nivel de la cadena de causas y efectos que es
el origen condicional de las cosas (paticca samuppâda); es decir,
que abarca todos los constituyentes posibles, psíquicos materiales
de la existencia. Por esta razón, sabe sankkkhârâ se
traduce por "todo lo constituido".
Dhamma, en cambio, es una categoría universal que
subsume la de sankhârâ, ya que comprende, no sólo "todo
lo constituido", sino también lo que no es constituido, originado
o condicionado, es decir el nibbâna. Es por esta razón que
la impermanencia y el sufrimiento se predican de todos los sankhârâ,
pero no de todos los dhammâ, ya que el nibbâna dhammâ
es permanente, y es el fin del sufrimiento.
La no entidad, en cambio, es decir la no existencia de
un "yo" o una característica verdaderamente universal, que se aplica
igualmente a "todo lo constituido" y a lo no constituido. La frase sabbe
dhammâ anattâ tiene, pues el más alto grado de generalidad.
Se traduce por "todo es sin entidad" para conservar el paralelismo del
original (sabbe...sabbe...sabbe), pero igual sería (y quizá
en español más claro) decir "nada tiene entidad".
10. Ahora bien, la doctrina de la NO-ENTIDAD, del NO-YO,
es la base misma del budismo. Parte del reconocimiento de la radical impermanencia
(anicca) de todo lo que existe (los cinco agregados): es harto evidente
que, si "todo lo constituido" es impermanente, es un constante fluir, transformarse,
combinarse recombinarse de procesos todos ellos cambiantes, no hay nada
en lo que percibimos como "existencia" de lo cual se pueda decir con propiedad
que tenga la identidad perdurable que nos representamos cuando hablamos
de un "yo", una "personalidad", un "alma" o un "ente". Pero además,
como acabamos de ver, el Buda también afirma que tampoco lo que
no "existe" ( por transcender nuestra conceptualización de lo que
es la "existencia"), es decir el nibbâna, a pesar de tener permanencia
y estar libre de sufrimiento, no tiene ninguna de las características
que nosotros asociamos con un "yo", "personalidad" o "ente".
11. Esta aseveración fundamental es privativa del
budismo, y no se encuentra en ninguna otra filosofía o religión:
no hay "yo" de ninguna clase, ni el que nosotros consideramos nuestro "ego"
o "personalidad", ni tampoco un "Yo" transcendental o universal que constituya
la esencia o alma del universo, un Brahman en el sentido del hinduismo,
o cosa por el estilo.
12. De la última realidad, lo único que
el Buda nos dice es que es inconcebible y, en todo caso, irreducible al
concepto de un "yo" o "ente" en cualquiera acepción de la palabra.
El budismo primitivo, el Theravâda, así lo acepta.
13. El Mahâyâna, en cambio, comenzándose
a desarrollar después de cuatro o cinco siglos de Theravâda,
tiende a retornar a la concepción de un espíritu universal,
de un Brahman (que podemos conocer introspectivamente como Atman), característica
de la espiritualidad hindú tradicional (para la cual, no lo olvidemos,
el Buda fue, y sigue siendo, un heterodoxo, un iconoclasta), y de los Upanishads
en particular.
14. Esta tendencia, más marcada en ciertas ramas
del Mahâyâna que en otras, se caracteriza por mantener que
el Buda predicó la doctrina de Anittâ sólo con respecto
a la creencia en un "yo" individual, pero que nunca negó la existencia
de un "Yo", de un Ente o Ser absoluto y transcendental.
15. Basta una mirada a los "Doce Principios" para ver
que se integra claramente en esta corriente. Y no sólo pertenecen
a ella, sino que la concretan en forma más bien extrema, como puede
verse por los pasajes que examinamos en el Apéndice I. Basta el
somero análisis que allí se hace para demostrar que unos
principios que contienen tales afirmaciones no son aceptables para quien
tenga bien presente la Enseñanza concreta del Maestro, volviendo
a las fuentes dejando de lado las exégesis, adiciones y ampliaciones
que se le hayan podido adherir en el transcurso de los siglos.
16. Ahora bien, aunque la antigua polémica entre
el Theravâda y el Mahâyâna se caracterice por la mutua
tolerancia (signo distintivo de todo budismo), y sin querer nosotros ahora
ponernos a juzgar los méritos de las distintas interpretaciones
y actitudes, una cosa es más que evidente: unos "Principios" del
budismo que aspiren a una vigencia universal no pueden contener elementos
que los hagan inadmisibles para muchos budistas. Al contrario, lo que tales
"Principios" tienen que tratar de conseguir es la formulación del
mínimo denominador común de todos los budistas. Lo esencial
que uno, no lo más o menos accesorio que separa.
17. Los "Doce Principios" de la Buddhist Society, con
todo lo laudable del esfuerzo que representan, no cumplen, en su forma
actual con este requisito, por contener diversas aseveraciones que al postular
implícitamente un Espíritu o Principio Universal que actúa
y se manifiesta con deliberada conciencia, van mucho más allá
de lo que el mismo Buda enseñó.
18. Para empezar a dar a los "Principios" la universalidad
que persiguen, habría que eliminar de ellos, por lo menos, esos
pasajes que manifiestamente rebasan el denominador común, y que
son los que se analizan en el Apéndice I.
19. En el Apéndice II se adjunta un texto completo
de los "Principios", enmendado a la luz de estas consideraciones, que se
propone como base de discusión. hay que tener muy en cuenta que
las enmiendas de fondo que se proponen en el Apéndice II son las
estrictamente imprescindibles para eliminar las objeciones más fundamentales.
Hay aun bastantes cosas, en el texto enmendado que muchos budistas expresarían
de forma distinta y en general más prudente, pero que pueden admitirse
en aras de la conciliación. [Nota de Casi Nada: este apéndice
ha sido omitido ya que se hace innecesario a la luz de las correcciones
que propone A.S.L. en las líneas anteriores]
20. Sin embargo, no podemos concluir sin plantear la cuestión
más fundamental de todas las que plantea el Ven. Nyânaponika
cuando dice (párrafo 5) que "en realidad no hay ninguna necesidad
de fórmulas de esta clase". Efectivamente, la mejor "plataforma",
los mejores "Principios" ¿no son los que formuló el mismo
Buda? Es decir, las Cuatro Nobles Verdades. Yo propongo atenerse a ellas
y vivirlas en su difícil sencillez.
Amadeo Solé-Leris |