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Una mirada al Kalama Sutta
-Bhikkhu Bodhi -

Aclaración:
El texto que publicamos a continuación es traducción de un artículo aparecido en el boletín de la Buddhist Publication Society de Sri Lanka. El original puede encontrarse en la siguiente dirección de Internet: www.what-buddha-taught.net/Books/Bhikkhu_Bodhi_Kalama_Sutta.htm. Agradecemos a la persona que lo tradujo por haber puesto desinteresadamente a disposición de La Escalera el fruto de su trabajo.

Una mirada al Kalama Sutta

En este número del boletín hemos incluido un ensayo en la columna "Estudio de Suttas" para echar una nueva mirada a un discurso de Buda citado con frecuencia, el Kalama Sutta. El discurso - se encuentra traducido en Wheel No. 8 - se ha descrito como la "autorización de Buda a la libre investigación”, y aunque el discurso ciertamente contradice el dogmatismo y la fe ciega con un enérgico llamado a la libre investigación, es problemático que el Sutta puede apoyar todas las posiciones que se han adscrito a él. Sobre la base de un solo pasaje, citado fuera de contexto, Buda ha sido convertido en un empirista pragmático que descarta toda doctrina y toda fe, y el pasaje en un kit para uso de librepensadores que invita a cada uno a aceptar o rechazar todo lo que le parezca.

Pero, ¿justifica el Kalama Sutta realmente esas opiniones? ¿O en estas posturas tan solo se trata de otra modalidad de esa vieja tendencia a interpretar el Dhamma según cualesquiera de aquellas nociones que son más afines ya sea a nosotros mismos o a aquéllos a los que nos dirigimos? Daremos una cuidadosa mirada al Kalama Sutta, en la medida en que la limitación de espacio asignado a este ensayo lo permita, recordando que a fin de entender correctamente las expresiones de Buda es esencial tener en cuenta su propia intención al formularlas.

El pasaje que se ha citado tan a menudo es el siguiente: " ¡Vamos Kalamas! No se atengan a lo que ha sido adquirido mediante lo que se escucha repetidamente; o a lo que es tradición; o a lo que es rumor; o a lo que está en escrituras; o a lo que es conjetura; o a lo que es axiomático; o a lo que es un razonamiento engañoso; o a lo que es un prejuicio con respecto a una noción en la que se ha reflexionado; o a lo que aparenta ser la habilidad de otros; o a lo que es la consideración: ‘Este monje es nuestro maestro.’ ¡Kalamas!, cuando ustedes por sí mismos sepan: ‘Estas cosas son malas; estas cosas son censurables; estas cosas son censuradas por los sabios; cuando se emprenden y se siguen, estas cosas conducen al daño y al infortunio,’ abandónenlas …Cuando ustedes por sí mismos sepan: ‘Estas cosas son buenas, estas cosas no son censurables; estas cosas son alabadas por los sabios; cuando se emprenden y se siguen, estas cosas conducen al beneficio y la felicidad,’ entren y permanezcan en ellas."

Ahora bien, este pasaje, como todo lo dicho por Buda, fue pronunciado en un contexto específico – teniendo en cuenta una situación y público particulares - y es en relación con ese contexto que debe entenderse. Los Kalamas, ciudadanos de la ciudad de Kesaputta, habían sido visitados por varios maestros religiosos con puntos de vista divergentes, cada uno de los cuales exponían sus propias doctrinas y destruían las doctrinas de sus predecesores. Esto dejó perplejos a los Kalamas, y por lo tanto, cuando "el asceta Gotama," que era considerado un Despierto, llegó a su pueblo, se acercaron a él con la esperanza de que disipara la confusión en que se hallaban. Desarrollos posteriores del Sutta, pusieron en evidencia que las cuestiones que ponía perplejos a los Kalamas era la realidad de la reencarnación y la retribución kámmica de las buenas y malas acciones.

El Buda comienza asegurando a los Kalamas que en tales circunstancias es apropiado dudar, dándoles confianza y alentándolos a la libre investigación. Luego, en el pasaje citado anteriormente, aconseja a los Kalamas a abandonar las cosas que por sí mismos saben que son malas y a realizar aquellas que por sí mismos saben que son buenas. Este consejo puede ser peligroso si es dado a aquellos cuya ética está poco desarrollada, y podemos suponer que Buda consideró que los Kalamas eran personas de refinada sensibilidad moral. En cualquier caso, Buda no los dejó por completo liberados a sus propios recursos, sino que al cuestionarlos los llevó a ver que la codicia, el odio y el engaño, que sólo producen daño y sufrimiento para sí y para otros, deben ser abandonadas, y sus opuestos, al ser beneficiosos para todos, deben ser desarrollados.

A continuación Buda explica que un "discípulo noble, carente de codicia y mala voluntad, sin impurezas", vive impregnando al mundo con misericordia y compasión ilimitadas, alegre agradecimiento y ecuanimidad. Así, purificado de odio y maldad, disfruta, aquí y ahora, de los "cuatro consuelos": Si hay un más allá y hay un resultado kámmico, entonces tendrá un renacimiento auspicioso, mientras que si nada de eso existe entonces vivirá feliz aquí y ahora; si los resultados negativos sólo sobrevienen al que hace daño, entonces ningún mal caerá sobre él, y si los malos resultados no sobrevienen a los que hacen daño, de todos modos él se purifica. Con esto, los Kalamas expresan su reconocimiento al discurso de Buda y toman refugio en la Triple Joya. .

Ahora bien, ¿el Kalama Sutta sugiere, como a menudo se sostiene, que un seguidor del camino budista puede prescindir de la fe y de la doctrina, que debe hacer de su propia experiencia personal el criterio para juzgar las enseñanzas de Buda y para rechazar lo que no encaje con ellas? Es verdad que Buda no le pide a los Kalamas que acepten cualquier cosa que diga basados sólo en la confianza que le tienen, pero vamos a señalar un punto importante: los Kalamas, al comienzo del discurso, no eran los discípulos de Buda. Se acercaron a él simplemente como a un consejero que podría ayudarles a disipar sus dudas, pero no se acercaron a él como el Tathagata, el Conocedor de la Verdad, como aquel que podría mostrarles el camino para el progreso espiritual y la liberación final.

Por lo tanto, debido a que los Kalamas aún no habían llegado a aceptar a Buda en términos de su misión específica, como el revelador de la verdad liberadora, no era el momento adecuado para que Buda les expusiera el Dharma exclusivo a su propia Dispensación: enseñanzas tales como las Cuatro Nobles Verdades, las tres características, y los métodos de contemplación basados en ellas. Estas enseñanzas están destinadas específicamente para aquellos que han aceptado a Buda como su guía para la liberación, y en los suttas él las expone únicamente a aquellos que "tienen fe en el Tathagata", y que poseen la perspectiva necesaria para comprender y aplicarlas. Sin embargo, al comienzo del discurso, los Kalamas todavía no eran suelo fértil para que él sembrara las semillas de su mensaje liberador. Todavía confundidos por las reivindicaciones en conflicto a las que habían sido expuestos, incluso no tenían claridad sobre los fundamentos de la moral.

Sin embargo, tras comunicarles a los Kalamas no confiar en la tradición establecida, el razonamiento abstracto, y los gurúes carismáticos, Buda les propone una enseñanza que es inmediatamente verificable y capaz de sentar una base firme para una vida de disciplina moral y purificación mental. Les muestra que haya o no otra vida después de la muerte, una vida de restricciones morales, de amor y compasión para todos los seres trae sus propias recompensas intrínsecas, aquí y ahora, una felicidad y un sentido de seguridad interna muy superior a los placeres frágiles que puede ser ganada violando los principios morales y satisfaciendo los deseos de la mente. Para aquellos que no están interesados en buscar más, que no están convencidos sobre la vida futura y los mundos más allá de esta vida y de este mundo, tal enseñanza les asegura su bienestar presente y su paso seguro a un renacimiento auspicioso - siempre y cuando no caigan en la visión equivocada de negar el más allá y la causación kámmica.

Para aquellos de visión amplia, capaz de abarcar el amplio horizonte de nuestra existencia, la enseñanza dada a los Kalamas, más allá de sus consecuencias inmediatas, apunta al núcleo mismo del Dharma. Ya que los tres estados examinados por Buda - la codicia, el odio y la ignorancia - no son meramente el terreno propicio para una conducta incorrecta o manchas morales sobre la mente. En el marco de su propia enseñanza son las impurezas raíz - las causas primarias de toda esclavitud y sufrimiento - y prácticamente la totalidad del Dharma puede considerarse como la tarea de erradicar estas raíces perversas mediante el desarrollo hasta la perfección de sus antídotos - ecuanimidad, bondad y sabiduría.

Así, el discurso a los Kalamas ofrece una prueba de fuego para poder confiar en el Dhamma como una doctrina viable de liberación. Empezamos con una enseñanza inmediatamente verificable cuya validez puede ser acreditada por cualquier persona con la integridad moral de extraer todas sus conclusiones, a saber, que las impurezas causan daño y sufrimiento personal y social, que su eliminación trae paz y felicidad, y que las prácticas enseñadas por Buda son medios eficaces para lograr su eliminación. Al someter esta enseñanza a una prueba personal, con sólo una confianza de carácter provisional en Buda como garantía, uno llega finalmente a una confianza, afirmada en la experiencia, en el poder liberador y purificador del Dharma. Este aumento de la confianza en la enseñanza trae consigo una profunda fe en Buda como maestro, y por lo tanto predispone a aceptar confiadamente los principios que él enuncia, que son relevantes para la búsqueda del despertar, incluso cuando superan nuestra propia capacidad de verificación. Esto, de hecho, marca la adquisición de la comprensión correcta, en su papel previo como precursora de todo el Noble Óctuple Sendero.

En parte como reacción a la religión dogmática, en parte como subordinación al paradigma reinante del conocimiento científico objetivo, se ha puesto de moda sostener, mediante la apelación al Kalama Sutta, que la enseñanza de Buda exime de la fe y de la doctrina formulada y nos invita a aceptar sólo lo que personalmente puede ser verificado. Esta interpretación del Sutta, sin embargo, no sólo olvida que el consejo que Buda dio a los Kalamas estuvo supeditado a haber comprendido que todavía no estaban preparados para depositar su fe en él y su doctrina, sino que también se olvida que el Sutta omite, por esa misma razón, toda mención a la comprensión correcta y a toda la perspectiva que se abre cuando esa comprensión es adquirida. Lo que Buda ofrece es el consejo más razonable para llevar una vida lo más sana posible cuando el tema de las creencias fundamentales ha sido puesto entre paréntesis.

Lo que con justicia se puede mantener es que los aspectos de la enseñanza de Buda que entran dentro del ámbito de nuestra experiencia ordinaria pueden ser confirmados en nuestra experiencia personal, y que esta confirmación proporciona una base sólida para tener fe en los aspectos de la enseñanza que necesariamente trascienden nuestra experiencia ordinaria. La fe en la enseñanza de Buda no es considerada como un fin en sí mismo ni como una garantía suficiente de la liberación, sino sólo como un punto de partida para un proceso evolutivo de transformación interior que llega a su realización en la propia visión interior. Pero para que estos conocimientos puedan ejercer una función verdaderamente liberadora, deben desarrollarse en el contexto de una comprensión exacta de las verdades fundamentales acerca de nuestra situación en el mundo y el ámbito en el que la liberación se ha de buscar. Estas verdades fueron impartidas a nosotros por Buda como resultado de su comprensión profunda de la propia condición humana. Aceptarlas confiadamente después de un análisis cuidadoso es dar el primer paso en un viaje que transforma la fe en sabiduría, la confianza en seguridad, y culmina en la liberación del sufrimiento.

Bhikkhu Bodhi
Año 1988