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Sobre la metafísica de Leibniz y el budismo
-por Máximo Lameiro-

Aclaración: Cuando escribimos y publicamos el escrito siguiente por primera vez, lo hicimos bajo el impacto que nos produjo reconocer en la metafísica de Leibniz la presencia de una idea que desborda el marco del racionalismo filosófico moderno occidental. Hoy, varios años después de su publicación, nuestro tratamiento del tema nos parece demasiado esquemático, así como nulo en la exploración de referencias, por ejemplo del hermetismo y de la gnosis occidental, que hubieran permitido integrar mejor la idea de Leibniz en el contexto universal de la 'sabiduría perenne'. Sin embargo, lo dejamos en el ciberespacio por si a alguien le sirviera de estímulo a la investigación de las cuestiones aludidas en el mismo.

"¡Cómo todo se entreteje en el todo y lo uno obra y vive en lo otro!"
Goethe, Fausto

En la tesis Nro. 9 de su Discurso de Metafísica, Leibniz expresa una idea cuya intuición de fondo se corresponde con un principio central del budismo sino-japonés conocido como Ichinen Sanzen; principio en el cual se resume la concepción budista de la vida según uno de los más altos desarrollos doctrinales dentro de la corriente del Mahayana.

El enunciado de la tesis de Leibniz dice así:

'Que cada sustancia singular expresa todo el universo a su manera, y que en su noción todos sus acontecimientos están comprendidos con todas sus circunstancias y toda la serie de las cosas exteriores.'

Pero, por si el enunciado no fuera lo suficientemente claro en sí mismo, leamos también las siguientes líneas del desarrollo que Leibniz hace de su tesis:

'..toda sustancia es como un mundo completo y como un espejo de Dios; o bien, de todo el universo que cada una de ellas expresa a su manera (...) Puede decirse, incluso, que toda sustancia lleva en cierta manera el carácter de la sabiduría infinita y la omnipotencia de Dios y lo imita en cuanto es capaz. Pues expresa, aunque confusamente, todo lo que sucede en el universo, pasado, presente o futuro, lo cual guarda cierta semejanza con una percepción o conocimiento infinito.'

Por más que en otros contextos de la obra de Leibniz la cuestión de la relación de cada sustancia singular con cada una de las otras pueda volverse problemática, aquí en la tesis Nro 9 se expresa con todas las letras la idea de un universo en el cual cada parte es análoga al Todo y a su modo lo contiene íntegramente.

Bien, decíamos que esa tesis leibniziana nos recuerda el principio budista de Ichinen Sanzen por lo tanto deberemos aclarar, al menos a grandes rasgos, en qué consiste dicho principio:

Ichinen Sanzen es una frase que se compone de los ideogramas ichi, nen, san y zen que significan respectivamente (en una traducción literal, hasta donde eso es posible) : uno (ichi), intención (nen: ideograma que se descompone a su vez en 'presente' y en 'espíritu' o 'corazón'), tres (san), mil (zen). Donde 'tres mil' es la abreviatura de 'tres mil mundos' y alude a la totalidad del mundo manifestado. La traducción española más habitual de dicha frase en los ambientes budistas dice: un instante de la vida contiene tres mil mundos. Y con ello se alude a la correspondencia que existe, para el budismo, entre cada existencia particular y la vida universal.

Para una mayor explicitación del principio de Ichinen Sanzen su enunciado podría formularse así :

"Cada cosa particular (ichi: un sujeto o cosa) en su presente inmediato (nen) incluye en su ser a toda otra cosa pasada, presente y futura (san zen). De modo que existe una suerte posesión mutua entre cada cosa particular y la totalidad"

Esta explicación o interpretación del principio budista es muy sintética -demasiado- y es claro que no da cuenta de toda su profundidad e implicaciones. Pero, creemos, sirve para señalar la correspondencia o analogía que nosotros reconocemos entre el principio budista y la tesis de Leibniz.

En ambos casos se trata de la intuición de una implicación del Todo en cada una de sus partes y por lo tanto de una posesión mutua de cada una de ellas (las partes) con todas las otras.

Si bien un análisis correctamente contextuado demostraría rápidamente importantes diferencias entre la teoría leibniziana y el principio budista, lo que queremos enfatizar es que en ambos casos se deja percibir la intuición de una misma verdad. Verdad metafísica que fue alcanzada en contextos culturales totalmente distintos y en el seno de sistemas de pensamiento inconmensurables entre sí, como lo son el budismo sino-japonés y la filosofía de Leibniz, apoyada en este punto en la tradición gnóstica y la Kábbalah judía.(1) .

Pero dicha verdad por tratarse de una enseñanza metafísica, es decir una que trasciende toda contingencia histórica y cultural, puede reconocerse en muchos otros contextos igualmente inconmensurables entre sí. De hecho, enunciados análogos al de Leibniz y al principio budista se encuentran también en diversas doctrinas orientales, así como en Plotino y también en Giordano Bruno.(2) .

Se verfica la recurrencia, en distintos contextos de época y lugar, de la noción de un Todo infinito y universal que habita 'integramente' en cada una de sus partes. Y al estar el Todo en cada parte, también, cada parte está implicada en todas las otras. El todo en cada cosa y cada cosa en correspondencia con todas las otras. Un universo donde existe a la vez unidad, multiplicidad, y reciprocidad de todo con todo.

Bellísima idea. Obviamente hay que saber entenderla: el estar 'todo entero' en una cosa y 'todo en todo' no significa que eso se verifique en los hechos considerados en su exterioridad aparente. No se está hablando del mundo manifiesto (espacio/temporal) y es por eso que se trata, justamente, de una intuición metafísica. En términos espacio-temporales un hombre es un hombre, no es ni una piedra ni una abeja... Pero virtual o potencialmente (se podría decir 'interiormente') contiene tanto a la piedra como a la abeja y al universo en su totalidad. Un abordaje materialista -y/o fenomenista- del mundo jamás podría aceptar una idea como esa, pero la metafísica tanto en Oriente como en Occidente enseña que el mundo manifiesto (espacio/temporal) es apenas un aspecto ínfimo de la totalidad de lo real o del Ser.

A esa dimensión no manifestada en el budismo japonés se la conoce como "Ku", y en español se la suele traducir, peligrosamente, como 'vacío'. Sin embargo, el ideograma correspodiente a Ku es el mismo que se utiliza para cielo (en japonés 'sora'). Lo cual sugiere que en Ku no se trata sólo del vacío como opuesto a lo 'lleno', como cuando se piensa en un lugar o recipiente vacío, sino de algo del orden de lo 'celestial': espíritu, infinitud y Principio superior.

Entonces, volviendo al tema, la analogía o correspondencia entre la tesis de Leibniz y el mencionado principio budista sugieren la existencia, no tanto de un préstamo de ideas (ya que Leibniz conoció sólo un budismo distorsionado y empobrecido por los testimonios de los misioneros cristiandos en China), sino de una transmisión por distintas vías de un conocimiento metafísico único que ha servido de fuente a ambas expresiones.

Pero mientras que la experiencia de Leibniz se ha articulado exclusivamente en una filosofía teórica -lo que no es poco-, el principio budista se inscribe en una tradición teórico-práctica en la cual el enunciado del principio metafísico es inseparable de la instrucción en los caminos que conducen a su realización efectiva. Pues, Ichinen Sanzen es un principio metafísico pero también designa el eje de una práctica espiritual trasmitida a lo largo de los siglos por una línea de enseñanza que va desde la escuela del monte Tien Tai en la China del siglo VI a Nichiren Daishonin en el Japón medieval, y que sigue viva en nuestros días a través de la Soka Gakkai.

Dicho de otro modo; mientras que la tesis de Leibniz es un punto de llegada, el principio budista es un punto de partida. La tesis de Leibniz es -a nuestro juicio- un punto de llegada derivado de una 'iluminación' personal propiciada por el trato con algunas modalidades de enseñanza metafísica tradicional. Pero el camino que condujo a Leibniz a la intuición enunciada en su tesis, permanece fuera de la misma tesis. Lo de Leibniz es sólo un discurso. Nos ha legado una esclarecedora teoría pero sólo eso. No nos ha legado un camino (somos concientes de no es legítimo exigírselo; sólo estamos haciendo comparaciones a fin de subrayar ciertas ideas).

Por su parte, el principio budista es un punto de partida. Pues ha sido establecido, precisamente, para hacer posible la realización efectiva de la intuición que lo funda. Realización por la cual, podría decirse, el individuo se eleva a lo universal. Y es, justamente, esa trascendencia de lo individual en lo universal, la fusión del uno en el Uno, el sentido -al menos uno de los sentidos posibles- de la palabra buda: Buda es el despierto (de budh: despertar, volver en sí), es el que ha despertado de la pesadilla de la multiplicidad y la individualidad y se ha reintegrado en lo Universal sin dejar de ser él mismo.

Esa diferencia de alcance y de propósito entre la tesis de Leibniz y el principio budista es la que corresponde a una 'filosofía metafísica' con respecto a una 'vía de realización' espiritual. Diferencia que podrá constatarse siempre que se compare una filosofía de autor con un camino tradicional de transformación del hombre. En el budismo, como en otros caminos auténticos, la exposición de los principios doctrinales está siempre orientada a propiciar y orientar la realización concreta de las verdades que el discurso filosófico articula sólo de manera abstracta.

Máximo Lameiro
Bs. As. Julio de 2002.
maxlameiro@fibertel.com.ar

 
Notas:

1) Nuestra amiga Lourdes Rensoli Laliga, especialista en Leibniz, nos ha enviado una nota aclaratoria sobre las fuentes de la metafísica de Leibniz. La misma puede leerse en: Leibniz y sus fuentes - Nota aclaratoria Volver al texto

2) Compárese con estas líneas de G. Bruno: "..el universo es todo centro y todo circunferencia. Del mismo modo que Jove (según lo llaman) se halla en el todo más íntimamente que como pueda imaginarse lo está la forma del todo (ya que él es la esencia por la cual todo lo que es tiene ser, y estando él en todo, cualquier cosa contiene el todo de modo más íntimo que la propia forma), se concluye que todas las cosas están en cada una, y en consecuencia que todo es uno". Volver al texto

Bibliografía y referencias:
  • El Discurso de metafísica de Leibniz puede hallarse en la colección 'Biblioteca de iniciación filosófica' de Editorial Aguilar, Madrid, Bs. As., México.
  • Una exposición del principio de Ichinen Sanzen adaptada a la cultura moderna y occidental se encuentra en La vida un enigma (esp. cap. VI y VII) de Daisaku Ikeda, Ed. Emecé, Bs. As.
  • Sobre la doctrina del maestro Chi-hi ver el libro del mismo Daisaku Ikeda en El Budismo Chino (esp. cap. VI y VIII), Ed. Emecé, Bs. As.
  • Sobre Leibniz y el pensamiento chino puede leerse, en esta misma website, el trabajo de Lourdes Rensoli Laliga: Leibniz busca un alter ego para la Europa cristiana. Esta misma autora en varios artículos sobre Leibniz menciona y analiza, con referencia a diversos contextos y problemáticas, la relación de Leibniz con las tradiciones de sabiduría y el esoterismo. A los interesado en este filósofo les recomendamos la página personal de dicha autora: Lourdes Rensoli Laliga.
  • De Plotino puede leerse la Enéada IV sobre la esencia del Alma, y también sus ideas sobre la contemplación y el Uno (Idem, I y V). En español hay una edición completa 'Las Enéadas' de Aguilar, Buenos Aires; y también una excelente selección comentada del Padre Ismael Quiles, Plotino, Depalma, Bs.As.
  • De Giordano Bruno, 'De la causa, principio y uno', traducción al español de Ángel Vassallo, Ed. Losada. Bs. As. (ver otros trabajos de Vassallo en esta mism web)