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La encrucijada |
Introducción
Vivimos en una época de globalidad, pluralismo y convergencia cultural. Todo lo cual, sin ser falso, no deja de ser engañoso; ya que permite esconder, muchas veces sin superarlas, las proverbiales desconfianza, incomprensión e íntima hostilidad que los hombres han tenido siempre con respecto a aquellos otros hombres que no encuadran en sus mismos códigos identitarios, sean estos étnicos, religiosos, nacionales, ideológicos o cualesquiera otros. Hoy es políticamente correcto y además natural, si se nos permite expresarlo así, aceptar y convivir con lo distinto, lo variado, lo múltiple y hasta lo 'raro' en materia de creencias, hábitos y modos de pensar y de ser. Pero, esa aparente libertad está lejos de ser el paraíso de tolerancia, humanismo y apertura mental que se nos quiere hacer creer. Pues, el pluralismo postmoderno no sólo no elimina la raíz del egoísmo y la soberbia, sino que en él la apertura mental ha sido alcanzada al precio del debilitamiento intelectual y espiritual de la cultura mundial. La clave de dicho proceso de debilitamiento es la reducción de todo a la dimensión del discurso. Por supuesto no del discurso en el sentido elevado del antiguo Logos, tendido como un arco entre el hombre y lo trascedente, sino como un puro parloteo y juego semántico donde ya nada es real ni verdadero porque todo es real y verdadero dentro del juego social del lenguaje. Ese es el estado de las cosas. Ahora bien, y para ir llegando a la cuestión que nos ocupa, no siempre fue así. Pues, hasta no hace tanto tiempo la elite intelectual de Europa al observar las culturas orientales y arcaicas hacía gala de una soberbia sólo comparable a la ignorancia que la acompañaba. Así, Kant, el famoso y muy estudiado filósofo alemán a quien se supone que el mundo le debe una suerte de giro copernicano en la dirección de la 'tarea del pensar' humano, decía en una de sus obras {1}: 'Los negros del África carecen por naturaleza de una sensibilidad que se eleva por encima de lo insignificante' Y unos renglones después aclaraba su idea en lo referido a las prácticas y creencias espirituales de los 'negros': 'La religión de los fetiches, entre ellos extendida, es una especie de culto idolátrico que deja caer en lo insignificante todo lo hondo que parece posible en la naturaleza humana. Una pluma de ave, un cuerno de vaca, una concha o cualquier otra cosa vulgar, una vez consagrada con algunas palabras, se convierte en objeto de reverencia y de invocación en los juramentos' Algún tiempo después, Hegel, con una argumentación más amplia y un modo de expresión menos agresivo pero en definitiva no menos ignorante de la cuestión que trataba, decía respecto a las imágenes zoomórficas y naturales de la religión egipcia {2}: 'Es así como lo heterogéneo, lo natural, se enlaza con el espíritu en un solo nudo' Y en el contexto de su argumento, que no vamos a desarrollar aquí, queda claro que dicho 'nudo' se establece por una relación de analogía. Es decir, lo natural, en la concepción 'animista' (la expresión es de Hegel), deviene símbolo de lo espiritual. Sin embargo, para el filósofo un tal anudamiento constituye una limitación a la plena auto revelación del espíritu. Por eso un poco más adelante dice: 'A nosotros nos repugna la idea de venerar cualquier espécimen zoológico. Aceptamos en cierto modo la adoración del cielo porque la abstracción del firmamento nos parece más generalizada y, por lo tanto, más propensa a la veneración' Es curioso que tanto Kant como Hegel mencionen explícitamente, sin poder escucharlo ellos mismos, aquello que les hubiera dado la clave de los fenómenos que comentaban. Pues Kant dice con todas las letras que los elementos 'insignificantes', como la pluma o la concha, son 'consagrados' antes de convertirse en objetos de culto. Por su parte Hegel aclara, y hasta cierto punto analiza, el valor simbólico de la naturaleza en tanto imagen de las realidades espirituales a las cuales se halla integrada en el mundo 'animista' de Egipto antiguo.
Así, consagración y símbolo, es decir las dimensiones excluidas y mal comprendidas por Kant y por Hegel respectivamente, son, precisamente, las que hacen de la naturaleza otra cosa que aquello que la estrechez racionalista es capaz de reconocer en ella. Dicho sea de paso, aquí no se trata de atacar a Kant y Hegel, pues los hemos citado mucho más como emblemas de un modo de pensar que a causa de su propio pensamiento en lo que tiene de singular. Ese modo de pensar es el racionalismo moderno. Del cual nuestra relatividad postmoderna es una suerte de hijo bobo; es decir la versión soft y decadente de aquél.
Pero la estrechez racionalista no resulta de una falta de inteligencia, no al menos de 'inteligencia' en el sentido vulgar de la expresión, sino de la ignorancia de la ciencia de las correspondencias. Una ciencia que, excepto en ciertos ambientes esotéricos, se perdió en Occidente ya desde fines del Renacimiento. Y cuando se ignoran las correspondencias, por un lado, las realidades empíricas quedan reducidas a su 'insignificancia' mundana; y es esa insignificancia lo que veía Kant allí donde los negros a los que despreciaba eran capaces de ver otra cosa; y por otro lado, el espíritu deviene puro concepto; como sucede en Hegel. Que Kant no comprendiera que la consagración, a la cual hizo alusión, transmuta las insignificancias en soportes de realidades superiores, y que Hegel creyera más digno de adoración el cielo, por ser general, que los animales, por ser individuales, a pesar de que él mismo declara que esos animales son analogías de realidades de otro tipo, demuestra claramente el imperio de la aporía racionalista entre la naturaleza, reducida a su exterioridad aparente, y el espíritu, reducido a las construcciones de la razón abstracta. Pues bien, justamente los negros y los egipcios, los primeros despreciados abiertamente por Kant y los segundos subestimados por Hegel, conocieron dos grandes dioses del nexo entre la naturaleza, la vida humana y los reinos superiores del espíritu: Papa Legba y Hermes. Aquí, en lo que sigue, los caracterizaremos brevemente y señalaremos su notable convergencia. Pero, aclaramos, esa convergencia no es, para nosotros, del mismo tipo que la que caracteriza a la mentalidad postmoderna que admite todo tipo de afinidades porque previamente lo ha reducido todo al nivel de un juego semántico. Muy al contrario, pensamos que la convergencia entre Legba y Hermes existe porque los dioses mismos están vivos. Es decir, esos dioses no son fenómenos del discurso, como quiere el racionalismo debilitado y frívolo de la postmodernidad, ni tampoco son metáforas de unos sujetos metafísicos abstractos. Esos dioses son las teofanías de una realidad divina operante en el interior del alma humana y de la naturaleza, y gracias a las cuales nos es dado elevarnos a los estados superiores de existencia. Hermes La teofanía de Hermes aparece atestiguada con certeza por lo menos desde el siglo III a.C. en la confluencia entre las culturas egipcia y griega. En Alejandría, el gran centro cultural de dicha confluencia, Hermes es asimilado al antiguo dios egipcio Toth del cual hereda, si puede decirse así, ciertas funciones esenciales. Por ejemplo, el arte mágico de la palabra, el poder del encantamiento, por el cual crea y domina los diferentes niveles de la realidad. Y sin esa magia de la palabra, asociada a Toth-Hermes y revelada a los hombres por ese dios, el ejercicio del sacerdocio, cuya función es ligar el mundo terreno a las realidades espirituales, sería imposible. A propósito de esta función mágica y mediadora de la palabra, dice Jámblico {3}: 'El dios que es el señor del lenguaje fue considerado en otro tiempo como común a todos los sacerdotes; aquel que preside la verdadera ciencia de todos los dioses, es uno e idéntico en todos; es a él a quien nuestros antepasados dedicaban todos los hallazgos de su sabiduría, dando el nombre de Hermes a todos sus escritos' Hermes es ahí, entonces, señor del lenguaje y de la 'ciencia de los dioses'. Así, el carácter de dios mediador e intérprete (hermeneuta) entre el cielo y la tierra de Hermes es evidente en esas manifestaciones relativamente tempranas. Esta significación de Hermes aparece ya en Homero expresada por la identificación de Hermes como 'mensajero de dioses' y 'amigo de los hombres'. Así, Hermes es, en sus más primordiales epifanías, el intérprete. Hermes hermeneus. El dios que intermedia, interpretando, lo divino frente a los hombres y lo humano frente a los dioses. Con el tiempo la teofanía de Hermes asumirá otras muchas y variadas formas y modulaciones. No vamos a detenernos en todas ellas sino sólo en aquellas que de modo más directo se relacionan con Papa Legba. Sin embargo, queremos dejar claro que en esta selección no hay ninguna argucia de nuestra parte. Es decir no hemos dejado de lado aspectos de la revelación hermética para forzar la convergencia de Hermes con Papa Legba. Sino porque basta con comentar los puntos centrales de dicha convergencia para comprender la afinidad esencial que existe entre ambos. Y eso es así porque las distintas funciones y formas de manifestación de un dios siempre expresan una misma esencia. En el dios no hay dualidad, por más que, eventualmente, sus operaciones puedan aparecer como contradictorias ante la mente humana. Así, Hermes y Papa Legba no podrían tener otras funciones y manifestaciones que aquellas que emanan de su misma naturaleza. Y esa naturaleza es la de mediar entre la tierra y el más allá, entre los hombres y lo divino. Por ejemplo, si la astrología helenística se colocaba bajo los auspicios de Hermes, era porque a Hermes se debía el conocimiento de la unidad entre macrocosmos y microcosmos. Así, el astrólogo, intérprete de la significación de los cielos en el destino terrestre, no podía actuar sino por los favores de ese dios mediador entre las distintas esferas de la existencia. Respecto a este papel mediador de Hermes, dice Seyyed Housein Nasr {4}: 'El propio Hermes era el vínculo entre el mundo corporal y el espiritual y el intérprete de las realidades del plano superior de la existencia para los hombres que viven en el mundo de la generación y la corrupción' Por eso en Occidente, astrología, magia, alquimia, filosofía y medicina herméticas, no son sino formas de sabiduría derivadas de un mismo principio divino identificado con Hermes. Y comentarlas a todas no sólo escapa de nuestras posibilidades sino que además no es de ningún modo necesario a fin de reconocer la afinidad esencial entre Hermes y Papa Legba. Volviendo al tema, entre las diversas formas teofánicas de Hermes se encuentra la de ser el dios de las puertas, los caminos y las encrucijadas. Al respecto dice Walter Otto {5}: 'Numerosos epítetos honran a Hermes como dios de los caminos y de las entradas, conductor e indicador' Por eso, las 'hermas' (estatuas monolíticas de base paralelepípeda y coronadas por un busto de Hermes en su parte superior) se colocaban en las entradas de las casas, junto a los caminos y en las encrucijadas. Otra función esencial de Hermes es la de psicopompo o guía de las almas en su peregrinaje post mortem. Ese aspecto escatológico de Hermes no es 'una más' de sus funciones, como si sus funciones pudieran ser sumadas o restadas arbitrariamente, sino la expresión de su esencia mediadora entre la tierra y el cielo. Por último, queremos mencionar que entre las representaciones sensibles de Hermes se encuentran dos particularmente importantes para nuestros fines: el caduceo y las estatuas fálicas. Y de ambos símbolos puede decirse lo mismo que de sus otros aspectos: que no son sino expresiones de su naturaleza mediadora. Pues el caduceo, la vara hermética, es un símbolo axial; es decir un eje que vincula los diversos dominios de la existencia. Y por su parte el falo, en este contexto, es la expresión del mismo principio operando en otro plano: la potencia divina capaz de concretarse en el cosmos. Ahora bien, todas esas epifanías y símbolos de Hermes se encuentran en la tradición vudú asociados a Papa Legba. Pues, como Hermes, Papa Legba es el mediador entre los hombres y los dioses. Y, consecuentemente con esa naturaleza mediadora, la tradición lo considera también dios de las puertas y las encrucijadas, padre de la magia y de las iniciaciones. A lo cual debe agregarse que sus símbolos característicos, en perfecta consonancia con los herméticos, son las representaciones fálicas, ciertos diagramas de estructura axial y el bastón. Hasta la picardía amoral de Hermes, quien siendo un niño robó ganado a su hermano Apolo por lo cual devino dios de los ladrones, hasta esa astucia que suele perturbar a las mentes apolíneas de los moralistas, hasta esa clase especial de inteligencia que no se deja atrapar en las convenciones sociales acerca del bien y del mal, se encuentra asimismo en Papa Legba. Pues de este último se dice {6}: 'Algo picaresco y siempre presto a revelar su inteligencia y hasta alguna maldad' Sin embargo, ya que Legba en definitiva es, al igual que Hermes, el amigo de los hombres, también se dice de él que:'se apiada con mucha facilidad y se deja dominar con rezos y sacrificios' Papa Legba Este dios es, en el vudú haitiano, el intermediario ineludible entre el mundo humano y el mundo divino. De Legba depende toda comunicación entre el hombre y sus dioses, puesto que a él corresponde abrir las puertas que hacen posible dicha comunicación. Debido a esa prerrogativa de Legba, su invocación es necesaria e irremplazable para la realización del ritual vudú. Es Legba quien, por su acción mediadora, propicia y garantiza la presencia efectiva del mundo espiritual en el orden humano. Presencia que constituye el alma del ritual puesto que sin esa presencia el mismo devendría una pura representación 'teatral' (en el sentido mundano de la palabra). De ahí que toda celebración vudú se inicie con una invocación a Legba. Es a él a quien se invoca y se pide que abra las puertas del cielo y permita al oficiante del rito, el houngan o iniciado con grado de maestro, cumplir la tarea bajo su dirección y protección y en su nombre. Dicho se de paso, de Legba se dice que domina el lenguaje de los dioses y los muchos idiomas de los hombres. Por eso es intérprete entre unos y otros. Legba, entonces, es el dios hermeneuta del universo espiritual vudú. Tal como Thot, tal como Hermes, Legba conoce la magia de la palabra y por eso posibilita para el hombre el acceso a la ciencia de los dioses. En cuanto a su dominio sobre las puertas del mundo espiritual; por supuesto, así como las abre también las cierra. De modo que es el dueño del umbral entre este mundo y el más allá. Y en cierto sentido puede decirse que él mismo es la puerta. Por eso Legba, o 'papa' Legba como lo llaman sus fieles, es también la divinidad que, en virtud de la correspondencia cielo y tierra, protege las puertas y umbrales de las casas y de las moradas terrestres, de las ciudades y de los cementerios. Así, la función mediadora de Legba es homóloga a la de Hermes, tanto en un sentido general, es decir en su condición de 'mensajeros de los dioses', como en una serie de sentidos específicos. Legba, como Hermes, es mediador, mensajero, iniciador, mago, guardián de las puertas y también el guía póstumo de quienes mueren a la vida terrestre. Ahora bien, un rasgo esencial de la identidad divina de Papa Legba es el de ser el dios de las encrucijadas. La encrucijada es un símbolo sumamente importante dentro de la vida vudú, y se halla presente en la cosmogonía y en los ritos. Y podría decirse que constituye el símbolo teúrgico por excelencia del vudú. El símbolo de la cruz, diagrama de la encrucijada, interviene en la vida ritual vudú de modo central y constituye un organizador del espacio sagrado y del rito mismo. Así, el lugar donde se realizan los ritos replica la cruz. Pues ese espacio está definido por un eje central, el 'poste', y un plano que lo rodea y que se encuentra delimitado a su vez por los cuatro puntos cardinales. De ese modo la relación entre el poste, eje vertical, y el plano, eje horizontal, simboliza la relación entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres. De modo que la cruz del plano, definida por los cuatro puntos cardinales del espacio geográfico, es el espejo de reflexión terrestre de la cruz cósmica resultante de la intersección de dicho plano con el poste que simboliza el eje vertical de la cruz y que vincula el espacio al mundo inespacial de los dioses. Esa estructura simbólica se reconoce luego en numerosos detalles del rito. Por ejemplo, cada objeto que interviene en el rito es en primer lugar habilitado para ello mediante una orientación hacia los cuatro puntos cardinales. De modo que, por medio de esa orientación los objetos se hacen aptos para integrar el rito; pues son enmarcados por la cruz geográfica que refleja a su vez a la cruz cósmica que vincula tierra y cielo. De ahí que el diagrama simbólico de Papa Legba (su 'vè vè', como se llama a los dibujos simbólicos que se utilizan para invocar la presencia de los dioses) tenga como componente central precisamente una cruz. Pues, como dijimos, Legba es el dios de las encrucijadas y por lo mismo es de quien depende el pasaje del eje horizontal de la tierra al eje vertical de la vida divina y la existencia post mortem. Debido a este papel central de la encrucijada en el universo espiritual vudú, su símbolo mayor, la cruz, está presente en diversos lugares de la vida cotidiana; como, por ejemplo, en los altares, las casas, las entradas de los poblados, los cementerios, etc. Dicho sea de paso, algunos han creído ver en esa omnipresencia de la cruz en la cultura haitiana el resultado de una cristianización de la misma. Al respecto no deja de llamarnos la atención que los estudiosos occidentales y los misioneros cristianos no hayan podido reconocer en la cruz otra cosa que lo que ellos mismos pensaban de ella, y así han creído que su presencia en lugares claves del universo vudú constituía la prueba de un sincretismo 'afro-cristiano'. Pero, lo cierto es más bien lo contrario. Pues de no haber estado cegados por sus prejuicios étnicos, religiosos y académicos esos estudiosos habrían podido reconocer en el vudú los profundos significados cosmológicos y teúrgicos implícitos en el símbolo de la cruz y de los cuales el cristianismo hace ya siglos que no tiene conciencia. Dicho de otro modo, es el significado ritual, teúrgico y cosmológico de la cruz en el vudú el que hubiera permitido a esos estudiosos reencontrar el significado perdido de la cruz cristiana. Pues, si el Jesús histórico murió en una cruz es porque la cruz era, previamente a toda historia y de modo arquetípico, un símbolo cosmológico. Es decir, la cruz no devino símbolo porque Jesús haya muerto en ella sino al revés. Por supuesto, decir eso no implica negar las significaciones específicas de que se reviste la cruz en el cristianismo. Por ejemplo, su dimensión salvífica, la cual está ausente en el vudú. Por lo mismo tampoco creemos que sea legítimo realizar una asimilación entre Cristo y Papa Legba como hemos encontrado en algún lugar. Pero no trataremos ese tema aquí. Como sea, debe quedar claro que no rechazamos la especificidad de la cruz cristiana sino la apresurada calificación de 'sincretismo' aplicada al vudú. Calificación con la cual se continúa, solapadamente, la política de avasallamiento espiritual iniciada por los mercaderes de esclavos, continuada por los misioneros cristianos, y sucedida finalmente por los antropólogos de la modernidad secularizada. Por otra parte, la cruz vudú, según el contexto, puede representar a Barón Samedí, un dios de la muerte. El cual no se identifica ni con Legba, dios mediador, ni con Jesús, dios salvador. Cuando simboliza a Barón Samedí la cruz es de color negro y va acompañada de otros signos característicos de ese dios. Esta mención baste para señalar, como al pasar, la complejidad del símbolo de la cruz y la necesidad de estudiarlo, en cada manifestación, por su función simbólica concreta. Por lo demás, habría varias cosas que discutir con respecto al pretendido 'sincretismo' cristiano-vudú, pero hacerlo nos llevaría lejos de los objetivos que nos trazamos en este caso. En definitiva, lo que importa retener aquí es que si las encrucijadas, junto a las cruces que constituyen sus símbolos gráficos, son particularmente importantes en el vudú, es porque representan la proyección en el espacio terreno de la correspondiente encrucijada cósmica entre la tierra, con todos sus seres, y los estados de existencia situados por encima de la misma. El dios psicopompo
Todo lo que venimos diciendo de Legba y de Hermes converge y se expresa en su peculiar función escatológica: Legba Hermes es el dios que conduce, en el inquietante viaje por el mundo sutil, a las almas de quienes han muerto a la vida terrena. Esa función, en el contexto de la epifanía griega del dios, aparece clara y bellamente expresada por Homero en su Odisea {7}: "Hermes llamaba a las almas de los pretendientes, el Cilenio, y tenía entre sus manos el hermoso caduceo de oro con el que hechiza los ojos de los hombres que quiere y de nuevo los despierta cuando duermen. Con éste los puso en movimiento y los conducía, y ellas le seguían estridiendo. Como cuando los murciélagos en lo más profundo de una cueva infinita revolotean estridentes cuando se desprende uno de la cadena y cae en la roca -pues se adhieren unos a otros- así iban ellas estridiendo todas juntas y las conducía Hermes, el Benéfico, por los sombríos senderos" Por su parte, en el vudú, Legba conduce el alma del difunto por peligrosos parajes donde habitan dioses y todo tipo de demonios, tanto benéficos y luminosos como dañinos y tenebrosos. Pero, esa función escatológica no es judiciaria. Legba, como Hermes, no es un juez del destino humano. El alma que conduce no le pertenece pues debe ponerla, a su vez, en otras manos. Así, Legba Hermes no es el dios que salva o condena sino específicamente el dios que conduce en el pasaje por la encrucijada que separa este mundo y el más allá. A este respecto queremos enfatizar lo que decíamos más arriba respecto de Hermes: que la función escatológica, y más específicamente la función del psicopompo, no es una atribución más de Legba Hermes que podría ponerse a cuenta de la riqueza de sus posibilidades sino una expresión directa de su identidad. Es decir, por ser, justamente, el dios de la encrucijada cósmica es también el dios que recibe y conduce las almas en esa forma particular de encrucijada que es el paso de la vida terrena al más allá. Así, la coherencia de la teofanía de Legba Hermes, en sus diversas funciones, es total. La necesidad de la escatología Para terminar queremos señalar la enorme importancia que, a nuestro juicio, tiene la función del psicopompo. Pues sin la mediación con el más allá, este mundo permanecería separado, para la conciencia, de su finalidad ultra terrena; y por lo tanto reducido a no ser sino un mundo mutilado y empobrecido. Y efectivamente eso es lo que se constata, en buena medida, actualmente por todas partes. Pues, por haber perdido la visión escatológica de la existencia, el mundo ha devenido una mezcla de circo y jungla. Y el llamado 'imaginario social', es decir el universo de representaciones sociales que atraviesa y dirige la vida cultural, se ha convertido en una casi completa imbecilidad. Sucede que en ausencia de una visión escatológica el mundo deviene, para el hombre, un fin en sí mismo. Pero, como realizar ese fin es imposible, pues el mundo es por esencia una encrucijada y no un fin, entonces, la existencia se precipita en la desesperación y/o la banalidad. La vida humana se hace ruin y estúpida. El hombre mete la cabeza bajo la almohada del consumismo, de la religión exterior y sentimental, de la ideología y de las tentaciones de la poderosa industria del 'entertainment', para no mirar de frente el abismo del cual, de todos modos, nunca podrá escapar. Así, lo que enseña el dios psicopompo no es tanto que nos espera un viaje más allá de la muerte, sino la certeza de que ese viaje ha comenzado. Dicho de otro modo, el mundo del otro lado de la muerte no es 'otro' mundo, no si 'otro' quiere decir ajeno y exterior, sino una dimensión esencial de 'este' mismo mundo. A nuestro entender, la encrucijada es una forma simbólica esencial que define el sino del alma humana en la tierra. Y la toma de conciencia de sus significados implícitos, para quien se abra sin prejuicios a sus incitaciones, puede ser el punto de partida de una nueva visión de la realidad. Una visión que nos salve no mañana sino ahora y no del pecado sino de la desesperanza y la estupidez.
Máximo Lameiro
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| Referencias generales y fuentes de las citas:
La significación de Hermes es imposible de comprender en toda su profundidad sin atender a la larga y rica tradición de sabiduría hermética que ha permeado el Occidente desde Escoto de Erígena hasta Goethe y Von Baader, pasando por nombres de la talla de Proclo y Nicolás de Cusa. Así como tampoco se tendría una idea cabal de su envergadura si se pasara por alto su influencia dentro del Islam. Sin embargo, como aquí nos referimos solamente a Hermes mismo, en tanto teofanía con una identidad determinada (hasta donde es posible hablar de la 'determinación' de una identidad divina) nos limitaremos a dar algunas referencias mínimas a partir de las cuales el lector podrá seguir explorando el asunto por sí mismo si lo desea. En principio nos parece que el trabajo de René Guenón titulado 'Hermes', puede servir de punto de partida para situar la función específica del dios en la perspectiva metafísica dentro de la cual cumple, justamente, su función intermediaria entre el mundo terreno y los estados superiores de ser. Hay una versión digital de dicho trabajo en la website de la revista Symbolos: http://www.ciclologia.com/guenonhermes.htm Dicho sea de paso, en la website de Symbolos se encuentran varios materiales, de distinto valor y alcance, sobre Hermes y el hermetismo: http://symbolos.com/index.html En el campo del helenismo es interesante el capítulo que Walter Otto dedicó a Hermes en su famosa obra 'Los dioses de Grecia' (editado por Siruela, Madrid). Si bien Otto restringe excesivamente, a nuestro juicio, la significación del dios; abunda, en cambio, en datos y caracterizaciones útiles sobre la forma en que el mismo era concebido en Grecia antigua, y más particularmente en la época homérica. Con respecto a la presencia de Hermes y la sabiduría hermética en el Islam, se puede consultar el libro de Seyyed Hossein Nasr 'Vida y pensamiento en el Islam' (editado por Herder, Barcelona). Con respecto al vudú podemos recomendar en primer lugar, y a pesar de la incomprensión que su autor demuestra con respecto a la esencia sobrenatural de aquél, el clásico estudio de Alfred Metraux titulado 'vudú' (publicado en español por la desaparecida editorial Sur, Buenos Aires, 1963). Pues, ese libro, más allá de sus limitaciones, contiene una descripción bastante detallada y clara de los diversos aspectos del vudú; es decir de sus facetas cosmológicas, teúrgicas, rituales, mágicas, folklóricas, etc. Un intelectual haitiano, Milo Rigaud, especialista en vudú, ha escrito estudios sobre el mismo desde la perspectiva de la Tradición primoridial; destacando las muchas correspondencias entre el vudú y otros caminos esotéricos de sabiduría como la kabbalah y el hermetismo. En internet se encuentra una edición digital gratuita de su libro Ve-Ve dedicado a los diagramas simbólicos del vudú: www.scribd.com/doc/30305497/Ve-Ve-by-Milo-Rigaud Un libro que nos parece interesante y hasta cierto punto despojado de los típicos prejuicios seculares y cristianos sobre el tema, es el titulado 'Vodou in haitian life and culture. Invisible power', de varios autores. Existe una versión digital disponible en Internet: www.scribd.com/doc/25033260/Vodou-in-Haitian-Life-and-Culture-Invisible-Powers El librito de Valentín Tejada, 'vudú' (editado por Proa, México, 1941), a pesar de su apariencia de simple relato de ficción, da muestras de comprender el carácter iniciático del vudú y contiene referencias que hacen suponer que el autor se acercó más al vudú de cuanto puede hacerlo un simple curioso. En una revista de semiología hemos encontrado un interesante artículo, aunque dentro de las limitaciones propias de una concepción secularizada de la vida espiritual, titulado 'La frontera mitológica y su guardián'; en el cual se analizan las figuras 'mitológicas' de frontera, puerta, camino, encrucijada, y otras cuya noción contiene la idea de límite, con respecto a Legba y otras manifestaciones suyas en las culturas de raíz afro-americana (como Cuba y Brasil por ejemplo). La revista en cuestión se llama 'Entretextos' y está disponible en Internet www.ugr.es/~mcaceres/entretextos.htm Con respecto a las citas dentro de nuestro trabajo, las mismas corresponden a:
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