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La ofrenda de arroz |
| Presentación de La Escalera:
En el siglo XIII el monje budista japonés Nichiren Daishonin llevó a cabo una profunda reforma del budismo tal como se transmitía y comprendía en su época. Basado en las enseñanzas de la escuela china del monte Tien Tai, a cuya cadena de transmisión espiritual pertenecía, Nichiren estableció una enseñanza adecuada a los hombres de su época.
Época de la cual puede decirse, a pesar de la distancia temporal y cultural que nos separa de aquel monje, que también es nuestra época.
Pues la noción de 'época' no depende, en este contexto, de la cronología sino de una concepción espiritual de la historia. Es decir de la historia entendida como el curso de la relación consciente que los hombres mantienen con la Ley Mística (Dharma) que fundamenta y da sentido a sus vidas. La historia, así entendida, no es un desarrollo lineal y progresivo, como soñaron algunos pensadores occidentales ya desde fines de la edad media y particularmente durante la modernidad, sino que, al contrario, es la historia de un ciclo: el alba, el mediodía y finalmente el crespúsculo o alejamiento de la verdad originaria. Así, la época de Nichiren -como la nuestra- se caracteriza por ser un tiempo de máximo debilitamiento de la luz de la verdad. Es una época de oscuridad, y por lo tanto también de confusión, en la cual los hombres han perdido su lazo consciente con la Ley Mística que ordena el universo; o bien cuando dicha conciencia se mantiene está contaminada por profundas distorsiones y serias limitaciones de concepción y práctica. Nichiren, conforme a la terminología de su tradición, llamaba época de 'mappo' (época del 'fin de la Ley') a ese tiempo de ignorancia de la Ley Mística, de desorden social y natural, de conflicto exterior e interior, de confusión y violencia. Sin embargo, ese tiempo de oscurecimiento es también, paradójicamente, el momento de la revivificación y encumbramiento de la Ley budista. El tiempo final es un tiempo de recomienzo... La misión de Nichiren en la tierra fue, según el mismo la comprendió y sus discípulos asintieron, la de restaurar la posibilidad, para toda la humanidad, de mantener una relación genuina y efectiva con la Ley Mística a partir de una enseñanza y un método que sean adecuados a la época. En la carta que aquí publicamos el monje Nichiren (nombre simbólico que significa 'sol' y 'loto') se dirige a un discípulo para agradecerle el envío de unos víveres. Víveres sin los cuales el monje no hubiera podido sobrevivir dado que, debido a una condena de la autoridad política, se hallaba desterrado a una inhóspita isla del norte del Japón donde vivía solo. Pero, junto a la expresión de agradecimiento el monje le entrega también a su discípulo una enseñanza que es característica de su visión del budismo: la enseñanza de la total unidad e identidad última entre el corazón del hombre, el mundo y la Ley Mística o Dharma. Esa unidad entre la Ley del universo, el universo mismo con todas sus manifestaciones, y el espíritu humano, unidad expresada a su modo en la frase de Böhme que elegimos como epígrafe, está oculta a la mirada ordinaria a consecuencia de una radical ignorancia constitutiva de la condición humana. Ahora bien, el budismo es el camino que conduce, justamente, a la superación de dicha ignorancia separadora y al reconocimiento de la unidad, a la vez subjetiva y objetiva, de todo lo viviente en el interior del hombre. En fin, preferimos dejar que sea el propio Nicheren quien conduzca al lector por el camino de la unidad. Y de nuestra parte esperamos que quien lea la carta encuentre en la misma alguna inspiración y tal vez el estímulo para profundizar el significado del budismo tal como fue transmitido por ese monje iluminado. Aclaración sobre esta publicación: La versión en español de la carta que publicamos la tomamos de Los Principales escritos de Nichiren Daishonin (tomo I, pag. 273.), editados por la asociación Soka Gakkai Internacional de la Argentina. Pero hemos omitido las notas de dicha edición y las hemos reemplazado por otras de nuestra autoría, asumiendo por entero la responsabilidad de la decisión. La razón del cambio en las notas es que, a diferencia de la edición de Soka Gakkai, este sitio de Internet (La escalera) no se dirige específicamente a los practicantes de budismo sino a quienes se interesan en las enseñanzas espirituales de todas las tradiciones, budistas y no budistas. Así, nuestras notas intentan brindar aclaraciones, comparaciones y reflexiones para el mejor aprovechamiento de la carta por parte de dicho público. Sin embargo, y dado que las notas, por su extensión y contenido, pueden distraer del sentido central de la carta de Nichiren, sugerimos leer en principio la carta completa y dirigirse recién después a las notas si se desea contar con más instrumentos de interpretación. Máximo Lameiro
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La ofrenda de arroz
{Carta de Nichiren Daishonin a un discípulo. La fecha exacta de la carta y la identidad del discípulo se desconocen. Se calcula que fue escrita durante el exilio de Nichiren a la isla de Sado, en el norte del Japón, alrededor del año 1270 (Ref. 1) }
HE RECIBIDO el saco de arroz, el saco de taro y la cesta con plantas de río que usted tuvo la bondad de enviarme por intermedio de sus servidores. El hombre posee dos clases de tesoros: la ropa y los alimentos. Un sutra señala: "Todos los seres animados dependen del alimento". Para subsistir en este mundo, el hombre necesita comida y vestimenta. Para los peces, el agua es el mayor de los tesoros; para los árboles, lo es la tierra en que echan raíces. La vida del hombre se sustenta en lo que come. Por eso la comida es su tesoro. Sin embargo, la vida, en sí, es el más preciado de todos los tesoros. Ni siquiera todas las riquezas del universo podrían compararse con el valor que posee una sola vida humana (Ref. 2). La vida es como una lámpara, y el alimento, como el aceite. Cuando el aceite se acaba, la llama se extingue. Del mismo modo, la vida perece cuando no hay con qué alimentarse. Las personas ponen la palabra Nam por delante de los nombres de las deidades y los budas, en el acto de venerarlos. ¿Pero qué significa Nam? Este término deriva del sánscrito y quiere decir 'consagrar la vida' (Ref. 3). En última instancia significa ofrendar nuestra vida al Buda. Según su condición social, algunos poseen esposas, hijos, vasallos, fincas, oro, plata y demás tesoros. Hay quienes no tienen nada. Pero, aunque uno sea rico o pobre, la vida sigue siendo el más valioso de todos los tesoros. Por eso, los sabios y venerables de la Antiguedad ofrecían su vida al Buda y así podían lograr la Budeidad (Ref. 4). Sessen Doji ofreció su cuerpo a un demonio para recibir una enseñanza compuesta por ocho caracteres. El bodhisattva (Ref. 5) Yakuo, al ver que no tenía aceite, se quemó el codo para poder ofrendar luz al Sutra del Loto (Ref. 6). En nuestro país, el príncipe Shotoku se arrancó la piel de la mano para copiar sobre ella el Sutra del Loto. Y el emperador Tenji se quemó el dedo mayor como ofrenda al buda Shakyamuni (Ref. 7). Estas prácticas austeras son para los sabios y venerables, pero no para las personas comunes. Y, sin embargo, los hombres y mujeres comunes pueden manifestar la Budeidad si atesoran una cosa: la fe sincera. ¿Qué significa esto? En cierto modo, quiere decir que ofrendar nuestro único manto al Sutra del Loto es lo mismo que arrancarnos la piel y, en los tiempos de hambre, ofrecer al Buda el único tazón de arroz, del cual depende nuestra subsistencia, es consagrar la vida al Buda (Ref. 8). Los beneficios que brinda esta ofrenda son tan grandes como lo que obtuvo el bodhisattva Yakuo cuando se quemó el codo, o Sessen Doji cuando ofreció su carne a un demonio. Por lo tanto, los venerables se consagraban entregando hasta el propio cuerpo, mientras que las personas comunes pueden consagrarse mediante la sinceridad con que hacen sus ofrendas. El precepto de la donación (Ref. 9), expuesto en el séptimo volumen del Maka Shikan (Ref. 10), enseña efectivamente el espíritu de ofrenda. El verdadero camino de la vida yace en los asuntos de este mundo. El Sutra Konkomyo (Ref. 11) señala: "Poseer un profundo conocimiento de este mundo es, en sí, el Budismo". El Sutra del Nirvana (Ref. 12) sostiene: "Todas las escrituras o enseñanzas, sea cual fuere su origen, son, en última instancia, revelaciones de la verdad budista. No son enseñanzas no budistas". En cambio el volumen sexto del Sutra del Loto dice: "No existe ningún asunto de la vida o del trabajo que se diferencie de la realidad última en ningún sentido". Al analizar el significado profundo de estas citas, Miao Lo (Ref. 13) enseñó que los primeros dos sutras eran profundos, pero aún superficiales, si se los comparaba con el Sutra del Loto. Mientras aquellos relacionan los asuntos seculares con el punto de vista budista, el Sutra del Loto explica que las cuestiones mundanas son el Budismo, en última instancia (Ref. 14). Las enseñanzas expuestas antes que el Sutra del Loto afirman que todos los fenómenos derivan de nuestro corazón. El corazón es como la tierra, y todos los fenómenos son como las plantas que brotan de ella. Pero el Sutra del Loto explica que no es así, sino que corazón y tierra son una misma cosa, y que la tierra y sus plantas también constituyen una unidad inseparable. Los sutras provisionales (Ref. 15) dicen que una mente serena es como la Luna, y un corazón puro es como una flor, pero el Sutra del Loto dice que no es así y enseña que la Luna y la flor son, en sí mismas, mente y corazón. Por lo tanto, es obvio que el arroz no es sólo arroz, sino la vida en sí. Ya que el Regente no se mostró dispuesto a probar el suntuoso manjar (Ref. 16), yo no tuve nada más que hacer y me retiré al bosque. Soy un hombre común, y me cuesta resistir el frío del invierno o el calor estival. Tampoco tengo comida suficiente. Jamás podría igualar la hazaña del hombre que, según se dice, caminó diez mil ri con una sola ración de comida, o la de Confucio y su nieto, quienes sólo comieron nueve raciones en cien días. Sin alimentos, no podría seguir recitando el sutra ni concentrarme en la práctica durante mucho tiempo más. Por eso, sus ofrendas son más que meros obsequios. Quizás el Buda le haya aconsejado que cuidara de mí, o podría ser, también, que su karma (Ref. 17) del pasado lo haya movido a hacerlo. Es imposible decir en esta carta todo lo que siento. Con mi profundo respeto. |
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Referencias:
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