Libro I
1. De mi abuelo un carácter afable y apetecible.
2. De la memoria que dejó mi padre y de lo que recuerdo de él, la modestia y la virilidad.
3. De mi madre, la veneración de lo divino y la generosidad; y no solo apartarme de las malas acciones, sino también de pensar en hacerlo; también una vida sencilla, alejada del modo de vida de los ricos.
11. De Frontón, haber aprendido cuán maligna, arbitraria e hipócrita, es la tiranía, y cómo, en general, los que son llamados entre nosotros 'patricios' de algún modo carecen en buena medida de afectos.
15. De Máximo, el gobierno de uno mismo y el no ir dando rodeos; conservar la buena disposición de ánimo en todas las circunstancias, incluso en las enfermedades; la moderación del carácter, entre amable y serio; también hacer sin quejas las tareas que uno tiene delante. Todos confiaban en él: en lo que decía, porque era lo que pensaba, y en cómo obraba, porque no obraba con mala intención. Ni asombro, ni turbación; jamás mostrar precipitación, indolencia, perplejidad, abatimiento, ni risa falsa, ni a continuación cólera o desconfianza; actuar generosamente, indulgencia sin mentira; dar la impresión de que era inflexible, no de haber sido enderezado; que nadie jamás pensara que él lo había mirado.
Libro II
1. Al amanecer, repítete: me voy a encontrar con un entrometido, con un desagradecido, con un soberbio, con un falso, con un envidioso, con un insociable: esas cosas les suceden por su desconocimiento de los bienes y los males. Yo, que he comprendido la naturaleza del bien, que es bella, y la naturaleza del mal, que es fea, y la naturaleza de aquél que yerra, que es mi semejante, no por participar de una sangre y una semilla, sino de un intelecto que es parte de la divinidad, no puedo recibir daño alguno de ellos, pues nadie me hará caer en vergüenza, ni tampoco puedo encolerizarme con un semejante ni odiarlo; hemos nacido para una tarea en común, como los pies, como las manos, como los párpados, como las filas de dientes superiores e inferiores. Por ello, actuar unos en contra de otros es contrario a la naturaleza; y obrar en contra de la naturaleza es también indignarse y mostrar aversión.
8. No es fácil encontrarse con alguien que sea desgraciado por no atender a lo que pasa en el alma de otro; en cambio es necesario que sea desgraciado quien no sigue atentamente los movimientos de su propia alma.
17. Que el tiempo de la vida humana es un instante; su sustancia, un flujo; sus sensaciones, confusas; la unión de todas las partes de un cuerpo, corruptible; el alma, una peonza; la fortuna, indeterminable; la fama, incierta. En suma: lo corporal es un río; lo relativo al alma, sueño y humo; la vida, guerra y peregrinaje; la fama después de la muerte, olvido. ¿Qué puede acompañarnos? Solo una cosa, la filosofía. Esto es, mantener el genio interior sin cólera e indemne, gobernando sobre placeres y dolores, sin actuar al azar, al margen de falsedades y máscaras, sin preocupación acerca de lo que haga o deje de hacer otro, aceptando lo que sucede y le toca en suerte, porque todo eso proviene de ese mismo lugar de donde él proviene; y, sobre todo, aguardando la muerte con ánimo propicio, porque no es nada más que la disolución de los elementos que constituyen un ser vivo. Si para estos elementos no es en absoluto terrible estar continuamente cambiando a otra cosa, ¿por qué uno ha de temer el cambio y la disolución de todo lo que existe? Sucede conforme a la naturaleza: ningún mal conforme a la naturaleza.
Libro III
3. Hipócrates enfermó y murió después de haber curado muchas enfermedades. Los caldeos vaticinaron muchas muertes, y también a ellos los atrapó el destino. Alejandro, Pompeyo y Cayo César, que tantas veces arrasaron ciudades enteras y que aniquilaron a miles de jinetes y caballos en el campo de batalla, también salieron de la vida. Heráclito, después de una investigación como la que hizo sobre la deflagración del universo, murió hinchado de agua por dentro y cubierto de estiércol. A Demócrito lo mataron los piojos y a Sócrates otra clase distinta de piojos. Entonces, ¿qué? Subiste al barco, navegaste, llegaste a puerto: desembarca; si a otra vida, tampoco estará vacía de dioses; si a la privación de la sensación, cesarán entonces placeres y dolores y tu servidumbre a este recipiente inferior a aquello que lo guía. Entonces, por un lado, razón y genio interior; por otro, tierra y sangre coagulada.
4. No pierdas la parte de vida que te queda en imaginaciones sobre otros, a no ser que tengan alguna relación con el interés común. Pues harás que cualquier otra tarea sea vana; quiero decir, cuando empiezas a imaginar qué hace alguien, por qué, qué dice, cuáles son sus pensamientos, qué trama, y cosas de esas, lo que haces es apartarte de la observancia de tu propio principio rector.
8. En el pensamiento de alguien disciplinado y purificado no encontrarás purulencia ni úlceras ni gangrena. El destino no se apodera de una vida incompleta, como se diría de un actor trágico que se retirara antes de terminar la función. Es más, no hay servilismo ni afectación, dependencia ni variación, no tiene cuentas pendientes ni escondrijos.
9. Trata con veneración a tu facultad de entendimiento. En ella está todo: así, en tu principio rector no habrá ningún pensamiento que no siga a la naturaleza y a la constitución de tu ser racional. Es ella la que asegura que no te precipites, que tengas familiaridad con los hombres, que obedezcas a los dioses.
13. Al igual que los médicos siempre tienen a mano sus instrumentos y sus bisturíes para hacer frente a los tratamientos imprevistos, ten tú también tus doctrinas preparadas para el conocimiento de lo divino y de lo humano, y actúa en todo, incluso en las cosas más insignificantes, con la idea de que ambos están unidos entre sí; nunca obrarás bien en lo humano a no ser que lo vincules con lo divino, y viceversa.
Libro IV
1. El soberano interior, cuando es conforme a la naturaleza, se comporta de modo tal ante los acontecimientos que siempre se pone con facilidad en lo posible y en lo dado. No ama ninguna materia asignada de antemano, sino que dirige su impulso hacia lo que está en su poder, pero con la necesaria cautela; convierte lo que se pone ante él en su propia materia, al igual que hace el fuego, cuando domina las cosas que caen en él: cosas que podrían hacer que una pequeña llama se apagara, pero un fuego radiante se apodera por completo de lo que se le hecha encima, lo devora y, por ello, crece más alto.
2. No actúes a la ligera, ni de modo distinto al principio que lleva al arte a su plenitud.
14. Subsistes como parte. Desaparecerás en lo que te engendró: mejor dicho, te reintegrarás en la razón seminal mediante un cambio.
15. Muchos granos de incienso sobre un mismo altar: uno cae antes, después otro; ninguna diferencia.
20. Todo lo que es de algún modo bello es bello por sí mismo y cesa por sí mismo de serlo, y el elogio no forma parte de ello. Lo que es objeto de alabanzas no se vuelve, en verdad, ni mejor ni peor. Esto también lo afirmo respecto de todas las cosas de las que comúnmente se dice que son bellas, como de las cosas materiales y de los objetos realizados mediante un arte. Mas lo que es realmente hermoso, ¿qué necesita? Lo mismo que la ley, lo mismo que la verdad, lo mismo que la benevolencia, que el respeto. ¿Cuál de estas cosas es bella por ser alabada, o pierde su belleza por ser vituperada? ¿Es que una esmeralda se vuelve peor si no se la alaba? ¿Y el oro, el marfil, la púrpura, la lira, el cuchillo, el florero, un árbol pequeño?
31. El humilde arte que aprendiste ámalo, descansa en él. Lo que te queda de vida transítalo como si hubieras puesto en manos de los dioses todo lo tuyo, de todo corazón, como un hombre que no se presenta como dueño y señor, ni como esclavo de nadie.
34. Abandónate voluntariamente a Cloto, deja que te urda en los acontecimientos que desee. {Nota: Cloto es 'la Tejedora', nombre de una de las parcas, responsable de urdir y tramar los 'hilos del destino'}
35. Todo es efímero, tanto el que recuerda como lo recordado.
40. Aplícate una y otra vez a pensar el universo como un único ser vivo, como una única sustancia y una única alma, cómo todo se pone delante para una sensación única, cómo todo sucede a través de un único impulso, cómo todas las cosas son causa de todo lo que ocurre y cuál es la trama y la conexión.
41. 'Eres una pobre alma que carga con un cadáver' como decía Epiceto. {Nota: Epiceto era un famoso sabio estoico. Puede decirse que Epiceto y Marco Aurelio conforman un par simbólico que sugiere la relatividad del orden temporal. Pues el primero era esclavo y el segundo emperador, pero ambos vivieron conforme a los mismos principios de doctrina.}
51. Corre siempre por el atajo, pues el atajo es lo conforme a la naturaleza, y así dirás y harás todo de la manera más sana. Tal propósito vale para olvidarse de fatigas y peleas, de todo plan y refinamiento.
Libro V
7.
Una oración de Atenas: 'Haz llover, haz llover, Zeus nuestro, sobre los campos atenienses y sus llanos'. O no rezar o hacerlo así, llana y libremente.
21. Honra lo más poderoso del mundo: lo que se sirve de todo y lo que pasa través de todo. Por lo tanto, honra lo que es más poderoso en ti: es de la misma clase que aquello. Pues en ti está eso que se sirve de todo y tu vida está regida por ello.
Libro VI
6. La mejor manera de protegerse es no volverse semejante.
28. La muerte es el cese de la impresión sensorial, de los impulsos que nos dirigen como muñecos, del recorrido del pensamiento y del servicio de la carne.
28. ¿Acaso el sol pretende hacer lo mismo que la lluvia? ¿Acaso Asclepio lo mismo que la diosa de las cosechas? ¿Y los astros? ¿No son diferentes y colaboran para lo mismo? {Nota: Asclepio es el dios de sana las enfermedades humanas}
Libro VII
21. Cerca está ya que olvides todas las cosas; cerca que caiga el olvido sobre ti.
28. Repliégate en ti mismo; el principio rector racional tiene la naturaleza de ser suficiente para sí mismo cuando actúa conforme a la justicia y de conseguir en esto mismo la calma.
32. Sobre la muerte: disipación, si átomos; si unidad, ya apagamiento o cambio de estado.
Libro VIII
19. Cada cosa ha nacido para algo: el caballo, la vid. ¿De qué te asombras? También el sol se dice a sí mismo: he nacido para una tarea. Y los demás dioses. Y tú, ¿para qué cuál? ¿Sentir placer? Piensa si ese pensamiento se sostiene.
52. El que no sabe qué es el mundo tampoco sabe dónde está él mismo. El que no sabe para qué ha nacido, no sabe quién es, ni qué es el universo. El que pasa por alto una de estas cuestiones tampoco podrá decir qué es él por naturaleza. ¿Qué piensas de alguien que persigue el elogio de los que van detrás dando aplausos, que no saben dónde están ni quiénes son?
61. Entrar en el principio rector de cada hombre: dejar a todos entrar en tu principio rector.
Libro IX
26. Has sufrido un millar de veces por no limitarte a que fuera tu parte rectora la que hiciera esas cosas para las que está constituida: ya basta.
Libro X
5. Lo que te sucede estaba dispuesto desde la eternidad: la trama de la causas ya ha tejido desde siempre tu condición y ese suceso concreto.
38. Recuerda que lo que tira de los hilos es aquello que está oculto en el interior: eso es el camino, la vida, el ser humano, si cabe decir. No consideres en tu imaginación el receptáculo que lo rodea y los pequeños instrumentos que modelan su forma. Son semejantes a una azada, solo se diferencian de ella en que están unidos por naturaleza. No son útiles sin la causa que los pone en movimiento y los mantiene en su lugar: como la lanzadora para que teje, el cálamo para el que escribe y el látigo para el que conduce el carro.
Libro XI
12. La esfera resplandeciente del alma, cuando no tiende hacia algo ni se repliega hacia dentro, ni se dispersa, ni se contrae, sino que brilla con la luz con la que ve la verdad en todas las cosas y en sí misma.
14. Mientras se desprecian mutuamente, se adulan. Cuando se postran unos ante otros, desean quedar por encima.
27. Los pitagóricos: al amanecer, mirar el cielo, para acordarnos de los que llevan a cabo su tarea de acuerdo siempre con un mismo modo, al igual que del orden, la pureza y la desnudez. Las estrellas no llevan velos.
35. 'Uva verde, uva madura, uva pasa: todos cambios, no hacia el no ser, sino hacia el ahora no ser' {Nota: Marco Aurelio cita una enseñanza de Epiceto}
Libro XII
8. Contemplar desnudas de cortezas las causas; los referentes finales de las acciones, qué es el dolor, qué el placer, qué la muerte, qué la fama, cuál es la causa de la intranquilidad de uno mismo, cómo a nadie le puede estorbar otro; que todo es suposición.
19. Se consciente de que hay algo en ti mismo más poderoso y divino que aquello que origina las pasiones y que hace de ti una marioneta. ¿Qué es ahora mi inteligencia? ¿Miedo? ¿Sospecha? ¿Deseo? ¿Otra cosa?
30. Una es la luz del sol, aunque quede separada por muros, montañas y mil cosas más. Una es la sustancia común, aunque esté separada en miles de cuerpos particulares. Una el alma, aunque esté separada en miles de seres individuales. Una es el alma intelectiva, aunque parezca estar dividida en elementos. Las partes restantes que han sido mencionadas, como los alientos vitales y los objetos materiales, no tienen sensación ni vínculos de familiaridad mutua. Aun así, también las mantiene la facultad intelectiva y la gravitación que hay sobre ellas. La inteligencia tiende particularmente hacia lo semejante y se une a ello y no separa el sentimiento de la comunidad.
33. ¿Cómo se sirve el principio rector de sí mismo? En esto está todo. El resto de las cosas están a tu elección o no, cadáveres y humo.