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Stephen A. McKnight: The Modern Age and the Recovery of Ancient Wisdom.
A Reconsideration of Historical Consciousness, 1450-1650
-Por Lourdes Rensoli Laliga-

La abundante bibliografía sobre el pensamiento de los albores de la Modernidad constituye un reto, pero no un obstáculo, para quienes aspiren a aportar una nueva contribución al esclarecimiento de su origen, y sus presupuestos y características. Uno de los problemas que más han atraído la atención de los estudiosos ha sido el de las señas de identidad del pensamiento moderno en relación con el medieval, distinción que en ciertos casos obliga a análisis extremadamente sutiles debido a la profusión de interpretaciones que destacan como, sobre todo la etapa conocida como Renacimiento, es deudora de corrientes y/o figuras de la Edad Media, en particular la tardía, y los elementos trancisionales entre ambas.

El libro de S. A. McKnight--profesor asociado de historia en la Universidad de la Florida y director de la Oficina de programas académicos de la Agencia de Información de los Estados Unidos--se dirige precisamente a dicha cuestión. Ha sido estructurado en contrapunto con la conocida tesis de Hans Blumenberg, expresada en obras como Die Legitimität der Neuzeit (Frankfurt:Suhrkamp, 1976) o Die Genesis der kopernikanischen Berg (Frankfurt: Suhrkamp, 1975), según las cuales la característica fundamental del pensamiento moderno es la autoafirmación del hombre como reacción al agotamiento de la teología medieval, la que se expresa y evoluciona junto al gnosticismo, o mejor, como un dualismo gnóstico cuyo impacto el Cristianismo no logró eliminar ni superar definitivamente, pese a la labor de los Padres de la Iglesia, pues en la Edad Media renació bajo la forma del nominalismo, de modo que el Deus absconditus nominalista privó al mundo de su fundamento racional, que la gnosis renacentista habría recuperado desde sus perspectivas, tesis atractiva y fundamentada que ha ganado muchos partidarios.

En contraposición con Blumenberg, McKnight argumenta la idea de que el pensamiento moderno se origina, desde el punto de vista teorético, como recuperación y desarrollo de la prisca theologia. En pocas palabras, la tradición antigua no fue asimilada--al menos en la mayor parte de los casos, que definen sus contornos--como dualismo gnóstico, sino como inmanentismo teológico, que da lugar a una divinización del universo y establece la autonomía y libertad humanas y con ellas, "la dignidad del hombre como un co-creador con Dios" (p. 3). Disociado del pensamiento religioso ortodoxo, este nuevo enfoque del hombre y del mundo estableció una interacción muy enriquecedora con las ciencias y con programas utópicos de reforma social. El racionalismo y el empirismo modernos continuarían esta línea en su desarrollo durante largo tiempo.

A lo largo de siete capítulos, el autor critica las tesis de Blumenberg y muestra el papel desempeñado por la prisca theologia a partir de textos fundamentales como los atribuídos a Hermes Trimegisto y a la tradición hermética y su influencia en figuras como Pico, Ficino, Agrippa, Bruno, Campanella o F. Bacon.

Particularmente interesante es el capítulo dedicado a Ficino y su concepción del hombre como microcosmos que se impone al destino a través de la magia, idea condicionada por las doctrinas herméticas. Debe también resaltarse el proceso--para cuya caracterización el autor apela también a la iconografía de la época--de confluencia entre una corriente del Cristianismo, que ponía especial énfasis en la Encarnación, y la prisca theologia, fusión que en la obra artística de Miguel Angel alcanza una expresión especialmente clara. Junto a ella, la tendencia más inmanentista de Boticelli, sin faltar los filósofos más rebeldes frente a la autoridad religiosa, que contraponen el oscurantismo teológico con el conocimiento esencial y eterno contenido en la prisca theologia y la atención prestada por muchos de ellos al sistema de Copérnico como el punto de partida de una nueva era.

La primera gran síntesis resultante de todo este proceso es la Instauratio Magna, de F. Bacon.

Constituyen elementos muy positivos los recursos multidisciplinarios empleados en la construcción de este libro, difícil de clasificar y dirigido, según el autor, a un público interdisciplinario. Aunque el trabajo no pretende ser exhaustivo, se echan en falta un análisis más profundo del escepticismo renacentista, sobre todo de Montaigne, de tan importantes consecuencias en la cultura epocal y en el devenir del pensamiento, y de las primeras interpretaciones europeas acerca de las culturas de otros pueblos y las discusiones generadas por ellas, algunas de las cuales se remontan al siglo XVI y principios del XVII. Pues ya avanzado éste, una figura tan singular como A. Kircher expondría sobre el pensamiento chino ideas basadas en la prisca theologia, línea que seguirían J. Bouvet, Ph. Couplet o Leibniz, entre otros. Por otra parte, los proyectos de reforma social de V. Andreae y Comenius estarían, como Bacon, en deuda con la tradición hermética. Apuntar las líneas de devenir futuro de la asimilación y reinterpretación de la prisca theologia hubiera sido muy deseable, puesto que la universalidad de esta última encontró un poderoso argumento a su favor en los primeros estudios europeos acerca del Oriente, sobre todo de China. En todo caso, la obra de McKnight no pasará inadvertida para ningún estudioso interesado en dicha etapa y su riquísima herencia.

Lourdes Rensoli Laliga
Sociedad Española Leibniz
Madrid, marzo 2002