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Sor Juana Inés de la Cruz |
| Acerca del autor : Jonathan Ellis se doctoró en español en la Universidad de Oklahoma en 2000. Escribió su tesis doctoral sobre los Sueños de Quevedo, enfocándose en el trasfondo filosófico y literario de estas obras satíricas. Ha publicado varios ensayos sobre Quevedo y Sor Juana Inés de la Cruz, pues su tarea como académico en el ámbito universitario anglosajón está centrada en el estudio del Barroco español. Actualmente es profesor visitante en Oklahoma State University (Ver abajo su dirección de e-mail para contactarlo directamente). |
Aunque unos pocos hechos biográficos e históricos se conocen en cuanto a Sor Juana, y existe en la crítica una tremenda cantidad de conjeturas e invenciones imaginativas para tratar de ampliar estos pocos hechos, todavía la monja mexicana no es para nosotros mayormente una figura histórica sino artística; su fama se basa en su obra literaria. En sus escritos Sor Juana presenta muchos autorretratos, y tal vez por eso dicen algunos que existen muchas Sor Juanas para poder entender a un individuo que es a la vez poeta, teóloga, mujer, monja, etc. En realidad son la misma Sor Juana; simplemente son facetas de la misma joya. Los autorretratos varian según las necesidades y las inspiraciones creativas de cada instante, pero siempre es la misma Sor Juana.1 Sea ella la amante de Fabio en los poemas de amor o la monja que defiende sus derechos de estudiar en la Respuesta, toda su obra contiene ciertos elementos y temas consistentes los cuales llaman la atención y pueden convencer al lector de que los escritos de la Fénix de México deben considerarse como una totalidad y no como obras fracturadas. Dos de los más importantes elementos que se encuentran con consistencia son la flaqueza humana y la ausencia del amado. Primero, hay que advertir que no todas la facetas de la poesía de Sor Juana deben tomarse por instancias del autorretrato, creativamente ligadas a la vida de ella. Bastantes críticos han caído en esta trampa biográfica, pero, como ha notado George H. Tavard, lo que muchas veces parece ser experiencia personal más bien indica la tremenda capacidad que la poeta tenía de empatía: As her poetry abundantly shows, she could empathize with women of all kinds, qualities and experiences. She sings of human love, of the waxing and waning of happiness, of the absence of the beloved, of the sorrows of widowhood, of the plight of despised and abused women, of the great heroines of the past, of the ideal woman who was raised by God to become the queen of heaven. (Tavard 13) No obstante, sabemos que buen porcentaje de los poemas de Sor Juana sí reflejan intereses sumamente personales para ella. Por ejemplo, un tema de importancia en muchos poemas es la famosa “ansia de saber” de la monja. En sus versos, Sor Juana describe dos obstáculos mayores que le impiden en su búsqueda del conocimiento. Uno consiste en las limitaciones que impone la época en que vive, algo que se ve claramente en el soneto “En perseguirme, mundo, ¿qué interesas?” (N. 146)2 en donde Juana dice “... sólo intento / poner bellezas en mi entendimiento”. El otro obstáculo de que se queja es la flaqueza humana que no la permite llegar a su meta de saber. Este tema, normalmente pero no totalmente relacionado con el saber, aparece en unos contextos relevadores para la obra de Sor Juana. No se sabe la fecha de composición de la mayoría de los poemas cortos de Sor Juana, y por lo tanto, no se puede establecer un orden cronológico que sea confiable. En cuanto al orden temático, sin embargo, parece notable que el primer poema en las Obras completas, después del “Prólogo al lector” (N. 1), es un romance que da relieve a la condición humana con respecto a la imperfeción de las facultades intelectuales. Sor Juana empieza en la primera línea con “Finjamos que soy feliz, / triste Pensamiento...” (N. 2) y sigue para hablar de la “aprehensión”, el “entendimiento” y en especial del desacuerdo intelectual que existe entre todos.
Todo el mundo es opiniones Este desacuerdo casi completo crea una situación donde resulta imposible llegar a saber los que es la verdad.
Todos son iguales jueces; Sor Juana no se excluye de este problema, llamando a su propio entendimiento “torpe” (líneas 59). El problema aflige a todos. Una sección larga del romance parece comunicarnos la idea de que el conocimiento puede abusarse, que el saber es un “vicio” (vv. 89). Después regresa a lo difícil que es para “los hijos de los hombres” emplearse el ingenio imperfecto que Dios les ha dado.
Este pésimo ejercicio, Ante “este duro afán” y “loca ambición” Sor Juana se dirige a su Pensamiento de nuevo en la última estrofa: “Aprendamos a ignorar,” pero esto tiene que entenderse como el toque irónico que es, porque la monja nunca aprendió tal cosa. Se ha comentado en la crítica este desengaño que Sor Juana expresa sobre la pena del intelecto imperfecto. Observa Victoria Urbano que “la imposibilidad de adquirir el conocimiento –en el sentido bíblico y metafísico– satura el espíritu de Sor Juana de una intensa melancolía que la hermana con los románticos” (Urbano xii). A pesar de esta imposibilidad y la frustración que la poeta comparte en el romance dirigido a su Pensamiento, la actitud compartida en otros poemas es una de atrevimiento ante cualquier obstáculo que se presenta. Todo parece imposible hasta que se intenta, como se ve en este soneto:
Si los riesgos del mar considerara, Se destaca en este soneto la actitud atrevida de Sor Juana que no acepta limitaciones. Interesantemente, aunque no tan obvio, el mensaje de este soneto está directamente relacionado con el deseo de saber de Sor Juana y el obstáculo que es la flaqueza humana. Tiene que ver con el uso de la imagen del carro de Apolo, es decir el sol. Las palabras “gobernar con atrevido mano el rápido carro [de Apolo]” evocan el mito de Faetón, lo cual aparece también en la única obra que Sor Juana admite haber escrito por su propia voluntad, el Sueño (N. 216). Georgina Sabat de Rivers acierta bien cuando afirma que el Sueño "is an epistemological dream that reveals the impossiblilty, for human beings, of comprehending the universe and at the same time urges persistence in the face of defeat as a compensation for that impossibility” (Merrim 157). Ya se puede ver aquí la consistencia entre esta obra personal de Sor Juana y las demás obras que escribió “por insistencia de otros.” En esta consistencia temática reside gran parte de la singularidad del Sueño entre semejantes obras del mundo occidental. El Sueño pertenece a una larga tradición de “sueños de anabasis”. A pesar de esta tradición, Octavio Paz ha observado, que “hay que subrayar la absoluta originalidad de Sor Juana, por lo que toca al asunto y al fondo de su poesía; no hay en toda la literatura y la poesía española de los siglos XVI y XVII nada que se parezca al Primero sueño. Tampoco encuentro antecedentes en los siglos anteriores”. (Paz 474) Definativamente el “asunto” que toca el Sueño es sumamente un asunto propio a Sor Juana. En el poema, la escritora reune intereses e imágines esparcidas por muchos de sus poemas menores, algunos de los cuales ya se han indicado. Lo relevante se verá en el atrevido intento de subir a una comprehensión del universo y la caída y el fracaso que resultan de la flaqueza humana. Para dar resumen a la obra, empieza con una descripción de la llegada de la noche con el mundo natural durmiéndose, a la par del cuerpo humano. Por fin queda el “alma suspensa” (v. 192) libre del cuerpo para emprender su vuelo. Más de una vez Sor Juana había utilizado en sus romances la imágen de la carcel para describir el cuerpo. (Ns. 52, 57). Al librarse del cuerpo es el Alma, el intelecto humano sin género, que emprende el vuelo. La flaqueza humana a que alude y describe Sor Juana se refiere a lo común para todo ser humano; no se trata de cuestiones de género sexual. Sólo al final del poema, cuando regresa el día al mundo y el alma al cuerpo, entra Sor Juana como persona identificable con voz femenina: “y yo despierta.” (v. 975) En lo esencial, la acción de la obra se concentra en los intentos del Alma de escalar al completo conocimiento del universo para llegar finalmente a Dios mismo. El Alma trata de discurrir el universo por distintos métodos filosóficos: por la intuición, por las Diez Categorías de Aristóteles, pero siempre termina derrotada. Hacia el final se desanima por completo dándose cuenta de que nunca llegará a discurrir todo el universo cuando ni siquiera puede entender la forma y fragancia de una “breve flor” (vv. 730-756); “un solo objeto” vence al “pensamiento” (757, 758). El pensamiento siempre resulta inadecuado. Tomando en cuenta este hecho, se puede entender el desámino que le provocó a Sor Juana para que dijera al Pensamiento, “Aprendamos a ser ignorantes”. Esto no es la última palabra de la poetisa, sin embargo. Como ya se ha mencionado, ella vuelve a la imagen de Faetón para reflejar su actitud atrevida:
Otras –más esforzado–, El “joven [...] del ardiente carro” es Faetón, el que quiso tomar el lugar divino de su padre, Apolo, y dirigir el carro del sol por su ruta diaria en el cielo. Conceptualizando este mito, Sor Juana cuidadosamente utiliza las palabras “osado” y “atrevimiento” de acuerdo con su actitud ya comentada. Obviamente el mensaje es, otra vez, que el intento vale la pena por imposible que sea. La pregunta tiene que hacerse, sin embargo, ¿a qué se debe el fracaso del joven en el mito? Según Gracián en El Criticón, fue porque no siguío el dictamen de Horacio de seguir el medio [del camino] y no ir por los extremos.3 En cierto sentido esto es cierto. Faetón no siguió el medio porque no pudo aguantar la riendas, y el carro del sol se le desviaba de tal manera que casi destruyó el mundo. Tuvo que intervenir Júpiter, que destruyó a Faetón con un rayo para salvar el mundo. Pero el rey de los dioses no destruyó al joven porque fue atrevido. El fracaso y la destrucción ocurrieron porque él no era capaz de dirigir el carro como hacía su padre diariamente. Su padre era divino, pero su madre era mortal. Hay ciertas cosas que sólo pertenecen al dominio divino. Faetón es una imagen a la vez del atrevimiento y la flaqueza humana. Esta flaqueza tiene consecuencias no solamente para el deseo de saber, sino también para el deseo que Sor Juana tiene de amar como debe. En su romance “Traigo conmigo un cuidado” (N. 56) la poeta exclama: ¡Oh humana flaqueza nuestra,adonde el más puro efecto aun no sabe desnudarse del natural sentimiento! (vv. 41-44) El “puro afecto” y el saber perfecto se reconocen como inalcanzables por los defectos inatos en la naturaleza humana. Las limitaciones que Sor Juana encuentra en su propia naturaleza son aun más formidables que las limitaciones de una época que no solía favorecer el estudio en las mujeres. No puede ser más claro esto cuando ella escribe en el mismo romance, “Bien sabe que soy yo misma / verdugo de mis deseos” (vv. 61-62). El “cuidado” que Sor Juana trae en este romance y a que alude con “puro afecto” es amor, el amor que siente para Dios. Aquí surge el otro hilo que se ve con consistencia en la obra de Sor Juana, la ausencia del amado. Esparcidas por los romances, las endechas, los sonetos y liras de la monja se encuentra verso tras verso que se trata del amado ausente, el amante que se va, o el amado que no corresponde el amor. En todo caso el resultado es igual. Sor Juana se encuentra sola. Este aspecto de soledumbre ya es algo muy comentado en la crítica.4 El interés muchas veces se concentra en especulationes sobre cuáles eran las relaciones verdaderas entre Sor Juana y personajes como “Fabio” y “Lysi”, a quienes ella se dirige en tantos versos. Sin embargo, es la actitud en general que ella demuestra en cuanto al amor que revela la consistencia en su pensamiento y temática. Siguen estos ejemplos: Vén, pues mi prenda amada: que ya fallece mi cansada vida. de esta ausencia pesada; vén, pues: que mientras tarda tu venida, aunque me cueste su verdor enojos, regaré mi esperanza con mis ojos. (N. 211, vv. 85-90)
Y puesto que me ausento, Jon Ellis |
| NOTAS: 1 Véase el artículo de Sylvia G. Carullo, "El autorretrato en Sor Juana", donde se explica que "Por su parte, el autorretrato consiste en la representación de sí mismo, pero en un momento fijo. Por esta razón, la imagen reproducida muestra un ser diferente del artista mismo, quien con el paso del tiempo y ubicado en su espacio distinto, ha dejado de ser el que era en el momento de la representación", (93). 2 Se señalará el número de los poemas como aparecen en las Obras completas, edición de Alfonso Méndez Plancarte, 1951. Todas la citas vienen de esta edición. 3 "Éste fue, declaró Critilo, un mozo que entró muy orgulloso en un gobierno y por no atender a la mediocridad prudente, como le aconsejaban sus ancianos, perdió los estribos de la razón y tantos vapores quiso levantar en tributos que lo abrasó todo, perdiendo el mundo y el mando", El criticón, (46). 4 Véase por ejemplo el estudio de Victoria Urbano, Sor Juana Inés de la Cruz, amor, poesía, soledumbre. 5 "The number of Sor Juana's poems written on religious themes far exceeds that of her profane love poems", A Woman of Genius, (3). 6 Obras completas, (IV, 438). 7 El estudio de Ludwig Pfandl, por ejemplo.
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| Bibliografía: Carullo, Sylvia G. “El autorretrato en Sor Juana”. Hispanic Journal 11, núm. 2 (1990): 91-105. Gracián, Baltasar. El criticón. Edición de P. Ismael Quiles. Madrid: Epsasa-Calpe, 1975. Juana Inés de la Cruz, Sor. Obras completas. Ed. Alfonso Méndez Plancarte, 4 tomos (I: Lírica personal. II: Villancicos y letras sacras. II: Autos y loas. IV: Comedias, sainetes y prosa; este tomo se debe a Alberto G. Salceda), México: Fondo de Cultura Económica, 1951. Merrim, Stephanie. ed. Feminist Perspectives on Sor Juana Inés de la Cruz. Detroit: Wayne State UP, 1991. Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. 3ra ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1988. Peden, Margaret Sayers. A Woman of Genius. The Intellectual Autobiography of Sor Juana Inés de la Cruz. Salisbury: Lime Rock Press, Inc., 1982. Pfandal, Ludwig. Die zehnte Muse von Mexico, Juana Inés de la Cruz; ihr Leben, ihre Dichtung, ihre Psyche. München: H. Rinn, 1947. Tavard, George H. Juana Inés de la Cruz and the Theology of Beauty. Notre Dame: The University of Notre Dame Press, 1991. Urbano, Victoria. Sor Juana Inés de la Cruz: amor, poesía, soledumbre. Potomac: Scripta humanistica, 1990. |