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Vodú (de Alfred Metraux) * |
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Se trata de un clásico de la antropología 'etnográfica' europea de la primer mitad del siglo XX, y tal vez el libro más completo que existe sobre el vudú (*) haitiano dirigido al público no especialista.
En 1941, Alfred Metraux, de origen suizo, siendo ya un experimentado antropólogo de 'campo', conoció Haití y quedó profundamente impresionado por su cultura y por la vida espiritual que conforma su núcleo. Así, tras algunos viajes preparatorios, se radicó en Puerto Príncipe entre los años 1948 y 1950 para dedicarse al estudio de dicha cultura. El fruto de esos años de observación de la vida haitiana, y de participación directa en la misma hasta donde eso era posible para un blanco, es el libro que comentamos. En el mismo, a lo largo de 330 páginas escritas en un estilo ameno y claro, Metraux nos introduce en el inquietante mundo de los iniciados vudú y de sus adeptos. Recorre sus prácticas, sus símbolos, sus espacios sagrados, sus ritos y las varias operaciones mágicas y teúrgicas que forman parte de lo que se ha dado en llamar, por una analogía un tanto abusiva, la 'religión' haitiana. Es interesante observar que el antropólogo suizo, por un lado, demuestra tener cierto respeto por ese mundo cuyas puertas le fueron abiertas por la buena voluntad de los amigos lugareños que supo ganarse en Haití, pero, por otro lado, da claras pruebas de su incapacidad para reconocer aquello que, sin embargo, tuvo el privilegio de observar de modo directo: la raíz auténticamente sobrenatural de las epifanías del universo espiritual vudú El respeto que mencionamos se reconoce no sólo por el tono general del discurso de Metraux, discurso que pretende ser el de un observador 'objetivo', sino también por las agudas críticas que realiza en relación al deplorable papel desempeñado en Haití por los representantes religiosos, intelectuales y políticos del mundo europeo. Entre esas críticas algunas tienen, a nuestro juicio, un particular interés. Por ejemplo, el problema de las relaciones entre catolicismo y vudú. Al respecto, entre otras valiosas observaciones, Metraux deja en claro que el tan mentado 'sincretismo' entre catolicismo y vudú no es, en el fondo, tal cosa. Pues, bien entendido, y más allá de que el mismo Metraux utilice por comodidad la palabra 'sincretismo' en varios pasajes, lo que define al vudú no es el sincretismo en el sentido propio de la expresión sino la utilización de ropajes simbólicos tomados del catolicismo para representar a los seres y las funciones de su propio mundo espiritual. No se trata, entonces, de yuxtaposición de ideas, creencias e imágenes procedentes del catolicismo y del vudú, aunque de hecho esa yuxtaposición exista a nivel de la apariencia inmediata, sino de vudú revestido, disfrazado, de símbolos católicos. Dicho de otro modo, lo que Metraux señala es que el sincretismo católico-vudú es en realidad un juego de transposiciones de sentido entre la simbología cristiana y la espiritualidad vudú. Es decir, se trata de una suerte de recreación simbólica del propio vudú mucho más que de la auténtica asimilación de elementos de una religión distinta. En ese punto, como en muchos otros, el libro de Metraux permite reconocer hasta qué punto el vudú es una fuerza viva. Por otra parte, y volviendo a aquella mezcla de respeto e incomprensión por parte de Metraux que mencionábamos más arriba, en ciertos momentos de su discurso se hace patente que el antropólogo no contaba con categorías intelectuales que le permitieran situarse correctamente frente a los fenómenos que investigaba. Por ejemplo, cuando relata los ritos de posesión, en los cuales un iniciado es poseído por un ser sobrenatural que se expresa a través suyo, y tras explicar el carácter fuertemente 'teatral' (la expresión es de Metraux) de dichos ritos, se plantea el siguiente interrogante: 'Los trances rituales plantean un problema fundamental. ¿Se trata de verdaderos desdoblamientos de la personalidad, comparables a los que sufren ciertos histéricos, o son estados simulados que forman parte de un culto tradicional y responden a imperativos rituales? En otras palabras: cuando alguien se convierte en el receptáculo de un dios, ¿ha perdido el sentido de la realidad o es simplemente un actor que representa un papel?' Esas preguntas revelan los prejuicios racionalistas en los cuales, por lo menos con respecto a algunas cuestiones, estaba atrapado Metraux. Pues al reducir la teatralidad del vudú a la disyuntiva entre 'pérdida del sentido de la realidad' o 'simulación', demuestra no comprender que la representación, en el vudú como en cualquier rito espiritual auténtico, no es sino la realidad misma, es decir la realidad del mundo espiritual con el cual se está interactuando, manifestándose a nivel de la conciencia terrena y mediante las formas que le resultan accesibles a esta última. Dicho de otro modo, la teatralidad del vudú no es sino el aspecto que asume para la mirada ordinaria la epifanía de las realidades sobrenaturales efectivamente presentes en el rito. Pues esas realidades permanecerían incognoscibles para el hombre si no pudieran ser representadas. Sin embargo, esas representaciones no son simulacros ni 'actuaciones' (en el sentido que esa palabra tiene en el teatro profano) sino que son las propias realidades del mundo espiritual actualizándose en un nivel de manifestación que está al alcance de la experiencia humana. Ahora bien, con esto no queremos impugnar la validez del libro de Metraux, puesto que se trata, ante todo, de un trabajo descriptivo de campo y no de una hermenéutica espiritual sobre el vudú. Además, se trata de un trabajo excelente por su seriedad y claridad, así como por la abundancia de referencias de distinto tipo acerca de los muchos aspectos que hacen a la vida de la espiritualidad haitiana. Entre esos aspectos se incluye también una breve historia así como varias referencias a las violentas luchas que el alma haitiana tuvo que librar contra las potencias extranjeras que intentaron, de muchas maneras distintas, sojuzgarla y reducirla a sus propios parámetros de valor. Para terminar diremos, por si alguien ha entendido mal algunas de nuestras expresiones y cree que alentamos la práctica del vudú entre quienes no pertenecen al mundo dentro del cual el mismo tiene verdadera vida, que Metraux se suicidó a los cinco años de publicado su libro sobre el vudú haitiano. Dato que resulta perturbador cuando se sabe que en su libro le dedica cierto espacio al 'fenómeno' de los suicidios causados por operaciones de hechicería... ¿Tuvo el suicidio de Metraux alguna relación con el libro y/o con su relación con el vudú? No lo sabemos. Pero, estamos en condiciones de afirmar que hay puertas que no se abren sin consecuencias. Y puede suceder que el mero respeto, aunque sea preferible al desprecio, no alcance para proteger a quien por esas puertas ingresa a un mundo que, en rigor, no comprende. ¿Qué podría sucederle, entonces, a quien se acercara al vudú con la frívola curiosidad y sed de experiencias extraordinarias tan típicas de esta postmodernidad? (*) Mantenemos en el título de la reseña la forma 'vodú' utilizada en la edición de Sur. Pero, como en nuestra lengua es más familiar la forma 'vudú' en el cuerpo del texto hemos preferido utilizar esta última.
Ficha Bibliográfica: -Vodú, por Alfred Metraux. Versión en español de Jorge Eneas Cronberg. Editada en 1963 por la ya desaparecida revista y editorial Sur, Buenos Aires. No conocemos otras ediciones en español. El original fue publicado en francés con el título Le Vaudou haitïen, Gallimard, 1958. |