[ Home ] [ Theosophia ] [ Escatología ] [ Budismo ] [ Cuadernos de observaciones ] [ Textos y recensiones ] [ Música sacra ] [ Sitios interesantes ]

Observaciones sobre la interioridad y el cuerpo
-Máximo Lameiro-

"Man has no Body distinct from his Soul
for that call'd Body is a portion of Soul discern'd by the five Senses
"
William Blake

Aclaraciones preliminares:

Las observaciones que siguen intentan expresar ciertas intuiciones y pensamientos acerca de la corporalidad y la vida interior que fueron tomando forma en nosotros con ocasión de la lectura, casi simultánea, de dos autores: William Blake y Emanuel Swedenborg.

Por supuesto, otras lecturas, intuiciones y experiencias, tanto cercanas como lejanas en el tiempo, forman parte del horizonte de comprensión que orienta el presente trabajo.

Dicho horizonte de comprensión puede expresarse sintéticamente diciendo que, para nosotros, la pregunta ¿qué es el cuerpo?, como otras preguntas que conciernen a nuestra modalidad existencial concreta, por ejemplo la pregunta por el tiempo, no pueden ser respondidas más que si se las subordina a esta otra: ¿quienes somos?

En lo que sigue y a pesar del tono conclusivo de muchas de las observaciones, no se pretende contestar cabalmente a dichas preguntas sino sólo incitar la reflexión y el debate sobre el tema.

Observaciones fragmentarias:

  • La modernidad puede ser caracterizada, entre muchas otras formas de hacerlo, como la cultura que llevó a cabo la objetivación del mundo. Y esa objetivación no sólo involucra un modo de comprender el mundo sino también de relacionarse con él.

    Entre las muchas consecuencias de ese proceso cultural, de reducción del mundo a la categoría de objeto, una que nos interesa tratar aquí es la forma en que afectó la comprensión de la relación entre el alma y el cuerpo.

    Y para no entrar en extensas consideraciones sobre el significado de la palabra 'alma' diremos solamente que alude al ser humano individual en lo que éste tiene de esencial e irreductible a cualquier concepto genérico.

    La objetivación del mundo operada por la modernidad involucró también una objetivación del cuerpo. Y una de las consecuencias de dicha objetivación es la separación entre alma y cuerpo. Separación que, por cierto, fue operada en abstracto puesto que no corresponde a ningún nivel de experiencia concreta.

    La fórmula más emblemática de esa separación entre alma y cuerpo es la famosa división cartesiana entre res cogitans y res extensa.

    Pero, por supuesto, la objetivación del cuerpo va mucho más allá del marco filosófico explícito del cartesianismo y sus derivados. De hecho esa separación sigue afectando a la cultura hoy mismo bajo formas que hubieran resultado inconcebibles en los primeros siglos de la modernidad. Por ejemplo, sigue presente en la práctica masiva de cirugías estéticas...

    La mutilación y deformación de la estructura anatómica del cuerpo para ajustarlo a los estereotipos de belleza consagrados por el imaginario social, es también consecuencia de la objetivación del mundo y del cuerpo.

    Y ese es sólo un ejemplo simple y legitimado socialmente, pero es claro que cuestiones mucho más críticas, como la clonación humana, están ya en la agenda de los próximos años dentro de esta cultura de la objetivación.

  • La separación del alma y el cuerpo se ha expresado en diversas concepciones tanto ingenuas y cotidianas como científicas y también ideológicas.

    A nivel del sentido común la fórmula cartesiana se suele traducir en la noción espontánea, pero no por eso menos artificial y construida culturalmente, de que el alma habita o vive dentro del cuerpo.

    Por otra parte, en la ciencia ha tenido expresiones distintas. Desde la antigua fisiología y la psicología mecanicistas hasta las teorías actuales que intentan hacer derivar el pensamiento y el psiquismo en general a partir de la bioquímica cerebral.

    En cuanto a las teorías de orientación 'psi', desde la Gestalt a las diversas ramas de la psicología profunda, han aportado cierto grado de correlación y unificación entre alma y cuerpo pero sin llegar nunca a superar de raíz la aporía cartesiana.

  • Pero la modernidad no es un todo homogéneo. Y a la par que el racionalismo materialista se apoderaba de todos los campos de la cultura, una corriente subterránea de pensamiento e imaginación continuaba con las tradiciones de sabiduría premodernas y de tanto en tanto irrumpía abiertamente en la sociedad.

    Así irrumpieron, por ejemplo, las visiones y teorías de Swedenborg y William Blake. Ambos tuvieron con respecto al tema que nos ocupa unas ideas dignas de atención.

    Blake con su talento de artista destruyó en un solo verso fulgurante la aporía cartesiana; mientras que Swedenborg con su meticulosa argumentación de científico y teólogo la integra en sus concepciones sobre el hombre interior y exterior.

    En ambos casos y a pesar de sus agudas diferencias es posible reconocer que los guía el pensamiento de la interioridad. Y la interioridad, como decía Kierkegaard, es una categoría inasible justamente porque no se deja objetivar...

  • Blake expresó su concepción del asunto de modo conciso pero lleno de resonancias metafísicas, al decir que "{...} lo que llamamos Cuerpo es la porción del Alma discernible por los cinco sentidos".

    En realidad ese reclamo de Blake no estaba dirigido contra el objetivismo moderno sino contra la tradición religiosa y filosófica que separaba el alma del cuerpo denigrando a éste último. Pero para nuestros fines su observación resulta totalmente pertinente ya que pone el acento en lo que consideramos esencial.

    Pensar que el cuerpo no es algo distinto del alma sino la parte de la misma que nos es accesible mediante los cinco sentidos, implica recuperar la unidad del alma y el cuerpo. Y así trascender la objetivación operada sobre éste último.

    Para Blake así como una raíz es a las ramas y hojas de un árbol también es el alma con respecto al cuerpo. La raíz cae fuera de los sentidos mientras que las ramas y hojas son accesibles a los mismos.

    El cuerpo, entonces, no es el fundamento material del alma ni tampoco es un lugar donde habitamos, puesto que alma y cuerpo no son distintos.

    En esta perspectiva el cuerpo no es sino la forma que asume el alma en el nivel de realidad que nos es conocido mediante los cinco sentidos.

    Ese nivel de realidad no es el único del alma pero es aquél en el cual se realizan y expresan ciertas posibilidades que le son propias. Posibilidades que sólo podrían realizarse bajo la forma corporal física.

    A través de una analogía podría decirse que un cuerpo físico para Blake no es sino cierto registro del alma así como la experiencia de un color corresponde a un cierto registro de la luz.

  • Swedenborg en cambio tratará la cuestión en términos espaciales: el cuerpo físico es el aspecto exterior de un cuerpo interior al que identifica con el alma.

    En esa perspectiva puede decirse que el cuerpo físico es una exteriorización del alma misma y no algo de una naturaleza distinta.

    Pero lo interior y su correlato, lo exterior, no designan en este contexto relaciones espaciales concretas sino puramente simbólicas: lo interior de Swedenborg alude a lo íntimo y espiritual y lo exterior a su manifestación en el mundo material.

  • Dicho sea de paso, el simbolismo espacial es especialmente apto, mal que le pese a los seguidores de Bergson, para la articulación de cuestiones metafísicas y cosmológicas. Tal como lo atestigua una amplia y antigua tradición de sabiduría que apela a dicho simbolismo desde los hexagramas chinos hasta los diagramas de los alquimistas del renacimiento.

    Nociones e imágenes como las del centro y la periferia, el punto y la línea, el centro y los brazos de la cruz, la escala, el laberinto, el descenso a los infiernos y el ascenso a los cielos, el hombre exterior y el hombre interior, Etc. Todas ellas contienen representaciones espaciales que permiten aludir a relaciones entre estados del ser así como a diversos dominios de la realidad.

  • Volviendo a nuestro tema y para atacar el prejuicio moderno frontalmente: ¿Qué sería un cuerpo sin alma? Suponiendo que tal cosa pudiera existir..

    Un cuerpo sin alma no es un cuerpo, es un cadáver. Nunca vemos, tocamos, olemos y oímos un cuerpo sino que vemos, tocamos, olemos y oímos un alma corporificada.

    Quien, debido a la fuerte programación ideológica a que se halla sometido, se resista a creer que el cuerpo no es nada sin referencia al alma debería reflexionar sin prejuicios en aquello que el proceso de descomposición cadavérica nos muestra con toda claridad.

    La putrefacción cadavérica que sobreviene en la muerte es la imagen más cruda y clara de la irrealidad e insustancialidad del supuesto cuerpo 'objetivo'.

    El desorden, la disgregación y la disolución final del cuerpo físico tras la muerte, es decir la completa pérdida de su entidad e identidad, son lo suficientemente indicativos de que el cuerpo que consideramos objetivo no es otra cosa que la expresión de algo que lo sustenta e informa interiormente. Y a ese 'algo' que se sustrae a los sentidos físicos lo llamamos 'alma'.

    Y si se prefiere pensar que lo que se sustrae del cuerpo en la muerte es la 'vida' y no el alma, se debería reparar en el hecho de que la vida que ahí deja de manifestarse no es una entidad genérica sino una realidad individual.

    La vida no abandona un cuerpo como, por ejemplo, una corriente eléctrica deja de activar un artefacto. Lo que deja de manifestarse tras la muerte es algo individual. Ese algo individual no sólo hace que un cuerpo sea un cuerpo sino que sea justamente ese cuerpo y no otro.

    Pues un cuerpo es siempre el cuerpo de alguien.

  • Por lo tanto, la objetivación del cuerpo considerado como realidad per se, con prescindencia del alma, supone cierto grado de necrofilia.

    Y en este punto no podemos dejar de recordar que la medicina y biología modernas progresaron en sus comienzos, y hasta entrado el siglo XX, a partir de experiencias de disección de cadáveres.

    Y si se quiere justificar esa vocación necrofílica de la ciencia por razones de tipo instrumental y utilitario, basta con mencionar la medicina china para desmentir la estricta necesidad de esas razones.

    Mientras que los chinos concibieron el cuerpo como una estructura energética en la cual el cuerpo físico es sólo una suerte de cristalización exterior del cuerpo sutil formado por canales de energía, los occidentales por su parte lo concibieron como un cadáver capaz de actividad o en el mejor de los casos como una máquina accionada por esa misteriosa entidad abstracta llamada 'vida'.

    Pero, en realidad, los modernos occidentales no diseccionaban cadáveres porque ese fuera un medio necesario para el conocimiento del cuerpo sino que lo hacían porque previamente habían concebido al cuerpo como un cadáver. Puesto que lo concebían como una estructura objetiva independiente o al menos separable del alma.

  • Así, lejos de pensar que el cuerpo es un receptáculo del alma, ni mucho menos su causa o fundamento, podríamos afirmar, volviendo al simbolismo espacial, que el cuerpo está dentro del alma.

    El alma envuelve al cuerpo, que es un aspecto de sí misma, y también lo trasciende.

    Generamos nuestro cuerpo físico a partir de nuestra realidad interior como la araña genera a partir de sí misma la tela de la que se sirve para desplazarse, aparearse y cazar.

  • El alma está siempre supuesta en los procesos corporales considerados naturales.

    Y que se puedan objetivar y aislar fragmentos de dichos procesos para describirlos y explicarlos en sí mismos con prescindencia de todo factor anímico o espiritual, a nosotros no nos dice nada. Puesto que esas descripciones y explicaciones son tributarias justamente de la perspectiva que estamos criticando aquí.

    Y a esa perspectiva podríamos oponer las atinadas palabras de Jaspers quien consideraba que lo humano está siempre antes y como trasfondo de todo proceso natural:

    "Todas las dependencias mundanales y los procesos biológicos de desarrollo afectan, por decirlo así, a la materia del hombre, no a él mismo."

    Esas 'dependencias', entre las cuales están los procesos biológicos de formación del cuerpo material, están subordinadas al hombre, a su alma, y no a la inversa.

  • Volviendo a Swedenborg, éste visionario planteaba que hay un hombre interior y también una proyección o mejor dicho una prosecución de ese hombre en el exterior. Esa prosecución es un desarrollo. El hombre interior prosigue en el cuerpo. No hay ninguna autonomía de naturaleza del cuerpo con respecto al interior del que proviene y le da sentido.

    Así el hombre interior es el verdadero hombre. Pero 'verdadero' aquí no se opone a lo falso en sentido lógico sino que se refiere a aquello que constituye la esencia. La manifestación exterior, la corporalidad física, no es falsa pero no es verdadera tampoco puesto que no agota en sí misma la esencia de aquello que a su modo y dentro de sus límites manifiesta.

  • Si reconocemos el interior del cuerpo, el alma, somos conducidos a reconocer también el interior del mundo.

    Ese mundo interior no es excluyente del mundo exterior, ya que en rigor no es 'otro' mundo, pero trasciende los límites de lo que convencionalmente se nos ha enseñado a concebir como real.

    El mundo exterior, el que nos es accesible a los cinco sentidos, es el lugar de la guerra, la soledad y el malentendido. Porque en esa dimensión exterior la propia identidad y la relación con los otros está siempre marcada, en mayor o menor medida, por el antagonismo y la exclusión.

    Pero, en el mundo interior, al contrario, la alteridad no supone separación ni fricción entre los seres relacionados entre sí. En el mundo interior la alteridad supone interpenetración y unidad entre las almas.

    Pues en el mundo interior la identidad del alma no se determina por oposición a la identidad de los otros sino que la supone y la incluye de manera inherente.

  • La Biblia permite intuir algo de ese orden en su simbolismo de la caída. Pues desde cierto ángulo la caída involucra una exteriorización del alma y por lo tanto también una exteriorización de la relación de alteridad entre Adán y Eva.

    El Génesis enseña que Adán y Eva estaban desnudos pero no sintieron vergüenza hasta que lo supieron. Y sin pretender de ningún modo agotar el sentido del relato bíblico podemos asumir que si se avergonzaron cuando supieron que estaban desnudos fue porque tras la caída sus cuerpos quedaron expuestos, es decir exteriorizados el uno para el otro.

    Diríamos que hasta ese entonces el cuerpo y la identidad de cada uno era interior a sí mismo y a ambos, y por lo tanto no les causaba turbación puesto que no se hallaban separados. De modo que los cuerpos anteriores a la caída no eran cuerpos físicos sino que eran la expresión del alma en un plano de existencia, o un estado del ser, anterior a la constitución del mundo material y de la exterioridad de la cual proviene la separación.

    Muy por el contrario del espiritualismo abstracto que criticaba Blake, en el relato bíblico no se dice que antes de la caída Adán y Eva no tuvieran cuerpos o fueran alguna clase de alma sin forma y descarnada. Pues el relato deja en claro que Adán y Eva tienen cuerpos y que además esos cuerpos son interiores el uno al otro, es decir están interpenetrados. Por eso Adán llama a Eva "hueso de mis huesos y carne de mi carne".

    El estado edénico no suponía la existencia de almas en un estado incorporal sino almas corporales que no eran exteriores entre sí y por lo tanto no tenían nada que temer u ocultar la una de la otra.

    Pero esos cuerpos no eran accesibles a los sentidos físicos como lo son para nosotros los nuestros. Por eso el relato dice que tras la caída se les 'abrieron los ojos' y así supieron que estaban desnudos y se avergonzaron. Sólo después de que se les abrieron los ojos, sólo después de que sus cuerpos se hicieron cognoscibles a través de un nuevo sentido, se sintieron extraños el uno del otro.

    Por otra parte, es claro que estar 'desnudo' en sentido bíblico no es estar 'sin ropa' pues entonces los animales se avergonzarían también. Estar desnudo es saberse expuesto a una mirada que se experimenta como exterior a uno mismo.

    {Al respecto, una persona sabia nos ha indicado que la tradición judía enseña la relación entre la exteriorización y la desnudez y a su vez de ambas con la caída entendida como el comienzo del exilio (la expulsión del paraíso de la unidad). Según nos ha mostrado dicha relación es patente en lengua hebrea por la proximidad de las palabras 'nigléh (abierto, externo, desnudo), 'galut' (exilio) y 'golem' (forma corporal).}

  • En definitiva, queríamos señalar que hay en el relato de la caída toda una serie de ideas-símbolos que podrían enseñarnos mucho acerca de la relación entre el alma y el cuerpo: Eva emergiendo de la costilla, Adán en estado de sueño durante la extracción de Eva de su costado, la dualidad del bien y el mal, la apertura de los ojos, la percepción de la desnudez y la vergüenza, la aparición del antagonismo del hombre y la mujer, y finalmente la entrada de la muerte.

    Esa serie simbólica por sí sola, si supiéramos aprovecharla, nos revelaría mucho más que todo el conjunto de torcidas ideas sobre el cuerpo a la que nos ha acostumbrado la cultura moderna, desde la res extensa hasta la craneología criminalística de Lombroso, desde las especulaciones de la psicología profunda hasta las fantasías futuristas de quienes se sienten alentados por los experimentos de bioquímica cerebral.

  • El alma del hombre moderno es un alma identificada a su cuerpo material y a su yo psicológico. Por lo tanto es un alma que ha perdido su referencia más interior.

    Así el alma moderna deambula por el mundo que ella misma ha generado buscando soportes materiales y simbólicos que le otorguen el sentimiento de identidad perdido: amores, dinero, objetos, logros profesionales o deportivos, ideologías, religiones, terapias, métodos de autoayuda, Etc.

    Pero su verdadera identidad siempre se le escapa justamente por estar esa alma proyectada, como ego y como cuerpo físico, hacia el exterior de sí misma. Esa parece ser la condición existencial de la gran mayoría de las personas hoy.

  • ¿Cómo salir de esa trampa que, cada uno a su modo, denunciaron Swedenborg y Blake? ¿Cómo salir de la trampa de la exterioridad y la objetivación?

    Todo parece indicar que no hay otro camino que aquél que las tradiciones espirituales han indicado desde siempre: el desarrollo de una vida interior. Y vivir interiormente significa en éste caso comprender que el cuerpo, el mundo y nuestros semejantes están unificados a nuestro propio ser. Pues en nuestro ser más interior, nuestra alma, no hay lucha ni oposición ni separación porque allí la identidad no es opuesta a la identidad de los otros seres sino que la supone y la incluye.

    Por lo tanto en la interioridad hay paz.

    Pero, una realización de ese tipo puede parecernos a priori una posibilidad inalcanzable. Sin embargo, hay vías de aproximación accesibles a una persona ordinaria. Es decir vías que no suponen que uno sea ni tenga necesariamente que llegar a ser un iluminado o un santo.

    Una forma viable de acceso a la realidad interior del alma es, como enseña la tradición platónica, la contemplación de la belleza. Pues la belleza es la manifestación sensible de la interioridad de los seres y las cosas.

    Otra forma de cultivo de la vida interior, sobre la cual no han dejado nunca de insistir los diferentes caminos espirituales y de sabiduría, es el ejercicio de la caridad. Pues la caridad, en su expresión más profunda y no puramente ideológica o moral, no es otra cosa que el reconocimiento en acto de nuestra unidad con los otros.

    Máximo Lameiro
    maxlameiro@fibertel.com.ar
    Buenos Aires, Abril 2007

Algunas referencias:
  • El verso de Blake que utilizamos de epígrafe y al cual nos referimos luego, está tomado de su obra Matrimonio del Cielo y el Infierno. Puede encontrarse en idioma original en: Dark Lyrics

  • Sobre el proceso de objetivación del mundo puede leerse el ensayo de Heidegger La época de la imagen del mundo, incluido en la antología Sendas perdidas, Losada. Hay una versión digital del mismo en la web del Centro Enrique Eskenazi (Pinche para ir a texto).

  • En un interesante blog, también de Enrique Eskenazi, se puede encontrar una inquietante denuncia de la pesadilla a que nos está llevando lo que aquí llamamos 'objetivación del mundo' y que ahí es planteada como 'secularización' y 'triunfo del empirismo' (Pinche para ir).

  • Una lúcida crítica de la modernidad, que lamentablemente ha servido de justificación doctrinal a algunos imbéciles con vocación hegemónica, se encuentra en René Guenón La crisis del mundo moderno, Ed. Obelisco. Y también del mismo autor El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, Cs Ediciones.

  • También en Guenón se puede encontrar la idea de que la existencia corporal es sólo una entre indefinidas posibilidades de realización de un ser. El autor la ha tratado en "Los estados múltiples del ser", Obelisco Ediciones; y en "El hombre y su devenir según el Vedanta", CS Ediciones.

  • Las palabras de Jaspers están tomadas de "La fe filosófica", tercera conferencia "El hombre", Ed. Losada, Bs.As.

  • Swedenborg ha escrito sobre el hombre interior y el hombre exterior prácticamente a lo largo de toda su obra visionaria y teórica. Para una aproximación rápida y completa a la misma hay un website excelente con muchísimo material gratuito de Swedenborg en inglés en: Heavenly doctrines

  • Acerca de la concepción platónica y neoplatónica de la belleza hay tanto material accesible para cualquiera que lo busque, que aquí sólo queremos llamar la atención sobre algunos autores: Henri Corbin, de quien puede leerse vinculado al tema, entre otros, su ensayo "Maniqueísmo y la religión de la belleza", incluido en "El Imán oculto", editorial Losada. También Pierre Hadot en su Plotino o la simplicidad de la mirada, Ed. Alpha, Bet & Gimmel. Y Plotino mismo en Sobre la belleza, Eneada I (I, 6).