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Breve nota sobre el mundo como epifanía
-Máximo Lameiro-

El mundo como epifanía

La sugestión social, ese venenoso y constante parloteo en torno nuestro, junto a la pedagogía racionalista a la que nos ha sometido la cultura, nos estorban habitualmente para reconocer al mundo como un tejido de signos y analogías a través del cual se insinúan realidades de orden suprasensible, sean celestiales o tenebrosas. Sin embargo, esos signos y analogías están allí para quien quiera reconocerlos.

Al decir 'analogías' y 'signos' no hablamos, en éste caso, de algo que sea el resultado de una codificación social que asigne convencionalmente significados trascendentes a las cosas terrenas, sino de símbolos vivos: incitaciones, alusiones y guiños del más allá en el más acá.

Por lo mismo, porque no se trata de convenciones dependientes de una cultura sino de realidades vivientes, para ser involucrado por ellas hay que estar dispuesto a hacerse cómplice de lo invisible. Hay que estar abierto, orientado y despierto.

A la orilla del mar, en la noche, escucho el bramido y el romper de las olas. El horizonte tiene una peculiar profundidad, oscura y cerrada, en la que se fusionan y se pierden el cielo y el mar.

Allí, frente a mí, de modo sensible pero insondable, la presencia de algo primordial. Algo a la vez fascinante y terrible. Presencia que escapa al sentido del tiempo y de todas las mediaciones que habitualmente me sostienen dentro del mundo y de la conciencia de mí.

Contemplar el mundo como epifanía es reconocer en su aparecer una dimensión sobrenatural y una alusión escatológica.

Contemplar el mundo como epifanía es aprehender, como ha dicho el pseudo Dionisio Areopagita en una frase cuya supuesta ilegitimidad histórica no afecta en nada su verdad transhistórica, que "lo visible es realmente la imagen de lo invisible". Realmente.

Máximo Lameiro
maxlameiro@fibertel.com.ar
Cariló, Buenos Aires
Agosto-Septiembre 2006