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Tauromaquia
-por Javier Otaola-

Ritual Masónico y Tauromaquia

Llama la atención, de inmediato en la lidia la cantidad de sugerencias de carácter numinoso y sacro que coinciden con lo que se supone que es un 'simple' espectáculo. Para empezar, nótese que uno de los protagonistas esenciales de ese espectáculo es la Muerte, y además muerte sacrificial. Coincide en este detalle la 'fiesta' de los toros con la pródiga historia de los sacrificios religiosos precristianos, en los que precisamente el Toro y el Buey eran una de las ofrendas mas características (Hecatombe: el sacrificio de los cien toros) .Este primer aspecto "sacrifical" ya rebosa de "religiosidad" (entendida no en un sentido confesional sino psicológico y hasta pagano). Desde luego no es casualidad que el animal sacrificado sea precisamente el Toro. Es sabida la importancia que en la cuenca mediterránea tuvo el mito del Minotauro. Otras resonancias sagradas sobre el toro serían el dios Apis en la cultura egipcia y la vaca sagrada de los hindúes.

La propia palabra desvela su significado SACRI FICIUM: hacer sagrado. La muerte del toro y la eventual muerte del torero en la lidia son "sacralizadas", de ahí que las cosas de la lidia no se puedan hacer de cualquier manera., como todo sacrificio debe hacerse con amor, con escrupulosidad religiosa, atendiendo a un orden en el que el torero, que recibe el nombre de Maestro, actúa como un verdadero "celebrante", vestido de modo casi litúrgico, "vestido de luces", al son de una música de pasión, el pasodoble, actuando en un círculo perfecto dividido por la presencia del sol en dos mitades, sol y sombra, que van evolucionando a medida que transcurre la ceremonia, que comienza a una "hora en punto": las cinco de la tarde "del sol", en una "faena" que se divide en tres tercios que se anuncian con clarines, y que se llaman "suertes": de capote, de banderillas y de muleta. En su origen incluso la lidia terminaba con la "comunión" de los participantes que comían la carne del toro sacrificado: las orejas que se dan como premio simbólico era la señal para recoger el cuerpo del animal muerto

El hecho de que indiquemos un significado simbólico a un elemento o a otro en la Lidia no significa que ese significado sea percibido por todos los espectadores, o que sea percibido conscientemente, pero no por ello deja de estar presente, aunque sea como un significado latente o dormido, percibido inconscientemente. La lidia como verdadero Ritual es toda ella un símbolo dinámico, abierto, polisémico con virtualidad para articular diferentes significados según el momento y según la personalidad de quien lo contempla. Pero como decíamos desde el primer momento hay un dato que a nadie se le puede escapar: la Muerte. La lidia es un espectáculo trágico, lleno de primitivismo, que proviene de un pasado remoto en el que la muerte era más natural e inmediata, mas visible socialmente de lo que es ahora entre nosotros. Que la Muerte sea uno de los componentes esenciales de la tauromaquia ha dado pie a muchas de las críticas que ha recibido, pero creo que podríamos decir que la contemplación ritual de la Muerte, no es por sí misma un valor negativo, y en el caso de la lidia hay que entender que está puesta en relación con la vida, la muerte sacrificial del toro está sometida a la voluntad de realzar la vida del torero, vida que se arriesga para redoblar su valor, para hacerla mas intensa, mas consciente.

A pesar de tratarse de un fenómeno calificado simplemente como un espectáculo, como una diversión social si lo interpretamos en clave simbólica podremos descubrir en la tauromaquia significados que no aparecen explícitos pero que están presentes. el aprendizaje del lenguaje simbólico que llevamos a cabo en la Logia nos debe servir para leer a través del simbolismo la urdimbre toda de la vida social en la que, a poco que reflexionemos nos daremos cuenta de que está, en efecto , en gran parte sobre estructuras simbólicas y rituales: simbolismo político, liturgias religiosas, modas sociales, hábitos personales, imaginario social y personal, tradiciones étnicas, juegos, espectáculos...

¿Cual sería el sentido del simbolismo taurino? Aquí cada uno puede echar su cuarto a espadas y dar su propia vivencia: la interpretación de los símbolos siempre es perspectivista.

En lo que a mi respecta los símbolos de la lidia me provocan una exultante sensación de que la vida, como biografía, es en su esencia un desafío que merece la pena ser vivido, que sólo es verdadero Maestro el que acepta, con alegría de pasodoble, que la vida es radicalmente riesgo, no sólo riesgo físico, sino riesgo moral de tener que vérnoslas con nuestras pasiones, con nuestra animalidad, encarnada en la fuerza oscura del toro, con nuestros miedos. La vida es interpretada en la tauromaquia como "agonía", lucha, de la que cada uno de nosotros es prot-agonista. La estética taurina destila una ética "heroica" del riesgo vivido con alegría, sin mezquindad, con "vergüenza torera", del amor al 'enemigo', pero no del amor cristiano que busca hacer del enemigo un amigo, sino del amor pagano que busca en el enemigo un "grande y digno oponente" que dé la medida de nuestra propia dignidad y grandeza, el aplauso al toro muerto arrastrado por las mulillas es el mejor ejemplo de ese amor pagano al enemigo, la exaltación de la vida como una pasión que se derrocha y no como un cálculo de perdidas y ganancias.

Aún se podría leer el simbolismo taurino según una lectura "erótica" como una representación del amor fatal, en el que el torero vestido "femeninamente" atrae, juega y al final mata al toro, símbolo de los atributos del macho que es víctima de la atracción irresistible que le provoca aquella , y representa así la unión inextricable del amor pasión y la muerte. En el lenguaje ordinario "torear" tiene muchas veces este sentido.

Sea cual sea la actitud con la que cada espectador vaya a contemplar el espectáculo taurino, y su competencia para sentir el valor de sus símbolos. Las implicaciones psicológicas del simbolismo taurino están ahí presentes, y en cierto modo actuantes aunque sea a nivel inconsciente. No sólo recibimos la influencia de lo que entendemos , es decir aquello que pasa el filtro de nuestra racionalidad, sino que recibimos también la multitud de estímulos que eluden el filtro de nuestra conciencia y entran en nuestra ciudadela interior, no por la puerta grande y custodiada de nuestra fachada principal, sino que lo hacen por otros portillos laterales, no tan visibles para nuestro cuerpo de vigilancia, y lo hacen aprovechando "la noche" o sea no siguiendo la vía recta y clara de nuestra "lógica diurna" (Gilbert Durand) sino la vía oblicua y oscura de la lógica nocturna".

Javier Otaola
Junio 2003
Vitoria-Gasteiz