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Vigilia e infinito en Angel Vassallo
-por Máximo Lameiro-

"..donde quiera que alguien se reconoce a sí ese eres tú"
Macedonio Fernández 1

Elogio de la Vigilia de Ángel Vassallo, en su tercer edición que es también la más completa, reúne, junto al trabajo que da título al volumen, una serie de reflexiones filosóficas breves pero profundas y concisas en las cuales, a pesar de su carácter fragmentario y asistemático, se reconoce una unidad conceptual y de propósito. Esa unidad puede definirse como una apertura a la trascendencia, a lo infinito, a lo Otro de nuestra finitud. En definitiva, se reconoce en sus textos, aparentemente independientes entre sí, una orientación metafísica que los unifica y les da sentido como obra.

Pero esa orientación metafísica del pensamiento de Vassallo tiene un sesgo particular: el de situarse en la subjetividad finita del hombre y no abandonarla nunca en favor de una metafísica abstracta. La subjetividad es, podría decirse, su lugar de trabajo filosófico en la medida en que la reconoce como puente tendido entre lo universal eterno y lo temporal individual.

Para Vassallo la subjetividad es el lugar de la toma de conciencia de la propia finitud -de la muerte y de la precariedad y contingencia de la existencia- pero a la vez  y por lo mismo  el lugar de apertura a la infinitud. Lo peculiar de esta tensión entre dos dimensiones que, cuando se las considera de manera abstracta, parecen inconmensurables e irreconciliables entre sí, es que son indisociables e inherentes a la modalidad más esencial de nuestra conciencia que es la de ser autoconciencia.

La autoconciencia desborda los límites de la simple conciencia entendida como conciencia del ambiente y los objetos, incluidos los pensamientos y estados subjetivos de orden psicológico. Pues la autoconciencia enfrenta al sujeto con el misterio de su propia existencia así como con la angustia de su finitud. Pero eso todavía no alcanza para que se produzca una apertura hacia la trascendencia; pues la autoconciencia de la existencia y la finitud puede derivar en diversas formas de desesperación, es decir de negación de la trascendencia, tal como lo constatamos a diario en la vida mundana y en diversos campos de la cultura.

Si para Vassallo la autoconciencia es la ocasión de un encuentro con la trascendencia es porque esa autoconciencia, a veces, se agudiza y como dice Vassallo "sabe experimentar hasta el fin la contingencia", es decir su finitud, hasta abrirse a esa trascendencia que es fuente de todo ser.

En definitiva es legítimo interpretar que para Vassallo, y en lo personal nos identificamos totalmente con este matiz de su pensamiento, la conciencia de la finitud no es lo opuesto de la conciencia de la infinitud sino que es su anverso inseparable y, en cierto sentido, su signo.

Pero Vassallo se cuida muy bien de no caer en ninguna forma de "objetivación" de esta verdad de la conciencia; y deja en claro que esa paradójica dualidad y unidad de lo finito e infinito en la conciencia no es un dato de hecho ni una evidencia que se tenga a nivel de la conciencia ordinaria o "natural" como la llama él. No basta con tener conciencia del entorno, "conciencia natural", ni conciencia de sí, "autoconciencia", para acceder a la experiencia de lo trascendente. Esa experiencia de lo trascendente o de la infinitud, si bien es una posibilidad inherente a la autoconciencia, implica que la conciencia ha sido "regenerada". A esa conciencia regenerada Vassallo la llama en uno de sus textos "vigilia".

En este punto cabe preguntarse acerca de las condiciones y vías de dicha regeneración. Vassallo no da indicaciones al respecto, y si bien deja entender que la vigilia de la conciencia no es una experiencia solipsista, no desarrolla explícitamente la cuestión de cómo y por cuales vías esa conciencia llega a despertar a una dimensión más profunda de sí misma. Nos parece que aquí se abre un espacio para otro tipo de indagaciones que en rigor no pertenecen a la filosofía. La alusión de Vassallo, casi escondida en su obra, al Tao, al Brahman-Atman, al Nirvana y al Maestro Eckhart como nombres emblemáticos de lo que llama una 'sabiduría secreta' de la que se siente, a su manera, partícipe, nos hace pensar que nuestro autor había llegado a través de su quehacer filósofico a vislumbrar algo que se situa más allá del dominio de la filosofía...

Volviendo al tema, la vigilia no es algo dado aunque tampoco se trata de algo que deba adquirirse como viniendo del exterior de la conciencia misma. La vigilia constituye una suerte de agudización, de depuración, de exaltación de la autoconciencia sin que por eso le añada nada extraño a ésta misma, sino que, al contrario, implica una recuperación de su dimensión más radical o como lo expresa Vassallo "originaria".

A la conciencia no regenerada, una conciencia que todavía no es vigilia, esa posibilidad metafísica inherente a la autoconciencia se le escapa. Esto es claro en ciertas tendencias dominantes en la cultura occidental moderna y contemporánea; tendencias que expresan una voluntad, conciente y tenaz, de pensar al hombre como un ser desligado de cualquier principio metafísico. Tanto es así que sólo en éste particular ambiente cultural que es la modernidad, y en ninguna otra cultura conocida, se intentó de modo razonado y sistemático reducir la conciencia a no ser sino un epifenómeno de la materia y la autoconciencia una función del organismo biológico o un efecto secundario de las operaciones del lenguaje. ¿Cómo puede comprenderse que tales groserías hayan gozado y gocen aún hoy de legitimidad intelectual? Es que la posibilidad metafísica intrínseca al ser autoconciente es eso mismo: una posibilidad, y no una evidencia.

Por lo tanto, esa "certeza de una Trascendencia, fuente de toda consistencia de ser y de todo valor" como decía Vassallo, no es algo dado sino un conocimiento que debe ser realizado por cada subjetividad en su singularidad y en el seno mismo de su finitud y justamente porque se ha reconocido como tal, como finita.

Por otra parte, al decir que esa realización no es objetivable en ningún sentido, Vassallo toma distancia del idealismo y de la metafísica teórica y deja claro que la "experiencia de la eternidad" no se sintetiza en ninguna totalidad cerrada, ni supone una apropiación de lo absoluto, ni disuelve los límites de la subjetividad en tanto personal y finita. La conciencia depurada, la vigilia, implica una apertura a lo trascendente que no excluye la finitud y contingencia de nuestra condición humana. Pues es al mismo tiempo conciencia de nuestra finitud y certeza de lo que está infinitamente más allá de nosotros y sin embargo presente en nosotros como fundamento último.

Para terminar diremos que el pensamiento de Vassallo supone una revalorización de la subjetividad más profunda, a nuestro juicio, que las filosofías de la existencia que estaban en boga en su tiempo, y sin duda más profunda que la subjetividad evanescente y narcisista de la actual posmodernidad. La subjetividad es entendida en Vassallo como profunda intimidad del ser finito con la trascendencia que lo funda.

La subjetividad es un lugar de recogimiento donde puede darse un primer paso en el descubrimiento de nuestra identidad más esencial y un retorno a la fuente misma del ser. La invitación subyacente a la obra de nuestro autor es la de volver a la subjetividad; pero no para perderse en las veleidades del yo social y psicológico, ni para extraviarse en los callejones sin salida del nihilismo o en la circularidad autocomplaciente de las teorías del discurso, sino para que cada uno de nosotros sea, como escribió "..protagonista de su propio drama incomparable en el que están comprometidos el cielo y la tierra, el ser y la verdad".

Máximo Lameiro
Agosto, 2005
maxlameiro@fibertel.com.ar

Notas:

1) Macedonio Fernández fue otro argentino contemporáneo de Vassallo, y como él también fue un filósofo de la Vigilia. Aunque son innegables las diferencias de estilo entre ambos, ni se puede negar tampoco la tosquedad de las reflexiones de Macedonio en comparación con el sutil pensamiento de Vassallo, lo cierto es que ambos, Macedonio y Vassallo, reconocieron en la vigilia cierta clave filosófica, el signo de otra vigilia... De una "vigilia espiritual" y "transida de ser" como la llamaba Vassallo, una vigilia que no es "la de los ojos abiertos" como advertía Macedonio, sino que consiste en un profundo despertar con respecto al cual la vigilia ordinaria es sólo una conciencia dormida.

Los textos de Macedonio Fernandez son caprichosos, desbordantes, desprolijos y deliberadamente provocadores. Macedonio se incluye a sí mismo en sus escritos convirtiéndolos en un escenario donde personaje, pensamiento y autor estan entremezclados hasta confundirse. Los textos de Vassallo, en cambio, son racionales, austeros, elegantes, y revelan un meticuloso cuidado de la expresión. Por su parte, Vassallo no se incluye a sí mismo en sus textos más que en el grado justo y necesario para dar a entender que la fuente de sus ideas fue una experiencia viva y no una pura especulación conceptual. Pero a pesar de las enormes diferencias de expresión y personalidad entre ambos pensadores, en las "entre líneas" de sus escritos se reconoce una afinidad de fondo; se reconoce una experiencia de la vigilia, de la vigilia espiritual no la de los ojos abiertos... (Volver al texto)

Bibliografía y referencias:

Elogio de la Vigilia, Angel Vassallo, Ed. Catálogos, Bs. As.

En ¿Qué es filosofía?, Angel Vassallo, Ed. Losada, Bs.Bs., el autor desarrolla la cuestión de la subjetividad como punto de partida del filosofar y su relación con la trascendencia.

Un sitio web con abundantes datos de la obra y biografía de Vassallo se encuentra en: www.angelvassallo.com.ar

La cita de Macedonio Fernandez que nos sirve de epígrafe se encuentra en su principal obra filosófica No todo es vigilia la de los ojos abiertos, Centro Editor de América Latina, Bs. As.