Mandragora's Little Cave
"Aquel que no siente temor ante nada, no es valiente; es inconsciente...
El valor surge de vencer al miedo y conseguir sobreponerse."

mandragora@fibertel.com.ar
Escritos
 
Hermano Sol

Esta semana hubo días frescos en Buenos Aires. Volví de Córdoba el viernes, 
y me alegró saber que Febrero me recibía con brisa y sol. El lunes empecé a 
trabajar de nuevo. Hoy es martes. Llegué una hora más temprano al trabajo. 
Qué hacer con sesenta minutos de total libertad, y que resulten productivos? 
Se me ocurrió que estudiar sería algo propicio y muy útil... pero aburrido. 
Qué entonces? 

Aquí en Saavedra tengo un bonito parque a dos cuadras de mi trabajo, donde 
la gente va a correr y a pasear sus mascotas, y en verano, por qué no, a 
tomar sol. Eso hice... 

El problema fue, como siempre, la ropa. Blusa negra hasta el cuello, pollera 
negra hasta las rodillas... mmm...  No sería un atuendo apropiado, pero para 
tomar color en las mejillas, no resultaría un impedimento. Así que busqué un 
rinconcito alejado de las calles, detrás de una palmera frondoza y enana, me 
recosté boca arriba, y vi el sol con los párpados cerrados por unos minutos. 
Los zapatos, descansando de mi a un costado. Los pies descalzos sintiendo la 
picazón del pasto y el viento en los dedos. 

Había otras chicas en maya, con reposeras y crucigramas. Y yo, con mi blusa 
negra, mi pollera negra, mi mochila negra... y mi lencería negra, claro. 

Sentí el pasto y las hormigas en las pantorrillas y en los brazos, 
extendidos y abiertos de par en par... y el sol quemándome la frente y las 
rodillas. El calor era extremo. La espalda llena de sudor. "Tengo los brazos 
muy quemados, necesito tomar sol en el pecho". Asi que decidí hacer de 
tripas corazón, y sacarme la blusa. Quién notaría algo? Y si lo notaran, qué 
consecuencias dañinas podría traer aquello a la sociedad? Ninguna. 

Me quité la blusa, y volví a recostarme, satisfecha, sobre el pasto. A los 
pocos minutos pude darme cuenta de que, de no haber nadie a 30 metros a la 
redonda, empezaron a circular varias personas paseando sus perritos por el 
parque. Al principio me dio mucha bronca pensar, que hombres grandes hayan 
estado desviando el paseo feliz de sus perros por los areneros para tratar 
de fizgonear qué hacía la chica rubia vestida de negro, tirada boca arriba 
sobre el pasto... después se transformó en algo muy gracioso, ver la torpeza 
que demostraban cuando trataban de disimular, cuando trataban de que no se 
note, cuando fingían que... (completar con la excusa preferida). 

También me entretuve detectándolos cuando se acercaban, y dándoles la 
espalda, justo cuando llegaban al otro lado, y se perdían de curiosear de 
cerca lo que esperaban ver. Los perros con collares hacen ruido desde lejos, 
y te das cuenta de que alguien viene aunque tengas los ojos cerrados y la 
mente en las nubes. 

Fue injusto también para las otras chicas, que estaban muy monas con sus 
bikinis de triangulito (y alguna que otra señora con corpiño marilyn). Es 
que, aunque mi corpiño era mucho menos revelador que aquellas prendas, 
indudablemente, el hecho de que alguien exponga su ropa interior, es 
completamente atrayente para los curiosos! 

Como ocurre en los lugares de veraneo también; una chica con minifalda o 
minishort llama más la atención en la costanera de San Bernardo que Pamela 
Anderson en la playa bañandose con micro bikini. Fenómeno extraño, para mí, 
aunque siempre le encontré mil explicaciones. 

A la media hora me di vuelta y volví a ponerme la blusa. The show is over. Y 
tomé un poco de sol en las pantorrillas, subiéndome la pollera lo más 
posible sin parecer "promiscua" (no sé por qué, la idea de sacarme la 
pollera no me pareció tan atractiva como la de sacarme la blusa). Y dandole 
la espalda al Astro Rey, saqué una carpeta del bolso y revisé algunos 
apuntes... 

Vi la cara de desilusión del señor cuarentón de la remera amarilla y el 
perro collie. Indignadísimo. (No, no, esto último lo digo porque sería una 
escena cómica, pero no creo que haya sido así. Aunque pensandolo bien, las 
personas suelen exigir lo que no corresponde y enojarse cuando no se lo dan, 
si alguien a cara de perro y gritos mediante, no les dijo antes que NO LES 
CORRESPONDÍA) 

Debo admitir que fue muy entretenido. No sé si volvería a hacerlo, o si me 
hubiera atrevido a hacerlo habiendo otras personas cerca mío, pero para esta 
mañana, estuvo bien. Una mínima aventura, un poco de sal... algo que uno 
puede hacer solo y no acompañado... darle utilidad a la soledad, es mucho 
mejor que tratar de destruírla. 
							
								Febrero 2003


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